
La problemática de la "inseguridad" está hoy al tope de la agenda de los medios, coincide con el inicio del juicio a los asesinos de Axel Blumberg y una secuencia de hechos sanguinarios.
La opinión pública urbana está especialmente sensibilizada y en líneas generales son estos días sí que tremendos para discutir el tema lejos de la lógica del "meter bala a los delincuentes" que inaugurara oficialmente el inefable Carlos Ruckauf hace ya más de un lustro. Sin embargo y en este momento tan duro para las almas sensibles y progresistas, digamos, Mariano
Ciafardini, Director Nacional de Política Criminal por concurso en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos desde el año 1992, acaba de editar un muy interesante libro "Delito urbano en la Argentina, las verdaderas causas y las acciones posibles", donde se analiza el complejo vínculo entre condiciones socioeconómicas, políticas e institucionale con las prácticas delictivas urbanas. De este libro impacta muy particularmente encontrar en las páginas 51 y 52, una extensa cita de Luiz
Eduardo Soares, quién desde Enero de 1999 al 17 de Marzo de 2000, fué Subsecretario de Seguridad Pública del Estado de Rio de Janeiro y entre Octubre de 1999 y Marzo de 2000, Coordinador de Seguridad, Justicia, Defesa Civil y Ciudadanía del Estado de Rio de Janeiro. Allí Soares muestra con la claridad y transparencia que asigna la experiencia empírica, los límites estrictos de las políticas de relajamiento de la sujeción a derecho del accionar policial y la asignación de licencias o cuotas de "libertad para matar" a delincuentes reales o supuestos- no interesa dirimir esto acá - asociadas comunmente no sólo en nuestro país a los sostenedores de los discursos de
"mano dura", "tolerancia cero" y en general a las "inquietantes inquietudes" enancadas en el pavoroso " sentido común " del cual el ingeniero Blumberg es un paradigma mediático eficaz.
Dice Eduardo Soares: "Históricamente , había una especie de aislamiento de la favela:el morro era una cosa, el resto de la ciudad, otra. Esto con el tiempo resultó imposible en una sociedad de masas.Cuando la violencia comenzó a llegar a la ciudad, dos décadas atrás, se le empieza a dar a la policía una especie de
licencia para matar . Durante la década de los años 90, el General Nilton Cerqueira que consucía la poítica de seguridad del municipio,había creado el premio "Far West" para policías.
Consitía en una especie de bonificación salarial por cada delincuente eliminado
.Sin embargo
, al autorizar la eliminación también se le confiere al policía la posibilidad de no matar.
Entonces ,
en una primera etapa , al tener
ambas opciones disponible, muchos agentes pasaron a negociar con el traficante, persona a persona.
A medida que el sistema avanza, se organizaba
la segunda etapa: La favela
Rocinha ya facturaba 5 millones de dólares por mes . Los policías empezaron a alquilar casas para trasladar clandestinamente a los traficantes que detenían y negociaban su vida y liberación a cambio de dinero.
La tercera fase fué, en términos de Max Weber, la de
la racionalización: Como por la escala del negocio se volvía complicado para la policía detener,alquilar casas, negociar rescates , etc,
se paso de un acuerdo inicialmente personal, luego grupal a realizar un arreglo global. Ese arreglo "general" al que se llega en la tercera etapa es el que hoy permite la entrada en las favelas de toneladas de drogas y armas.".
Como se observó en la cita de Soares , la experiencia de Río de Janeiro , a escala enorme, muestra que todo el complejo entramado entre traficantes, polícia y delito cuyo epicentro son las favelas, fué inicialmente promovido por el discurso de" mano dura" que, finalmente resultó absolutamente funcional para dar consistencia y volumen a la red delictiva hasta límites hoy inmanejables ya no sólo para el estado municipal sino para el mismo estado nacional.
La pregunta entonces es pertinente: Más allá de su dolor, a quién beneficia y hacia dónde nos conduce como sociedad el discurso sobre seguridad basado en el muy respetable "deseo de justicia" de Blumberg?.