9/22/2014

poulantzas y el estado


La situación histórica que vivimos hoy está caracterizada, entre otros aspectos, por un rechazo cotidiano de la ideología neoliberal de un “mundo sin fronteras” (Kenichi Ohmae) y de la desaparición del Estado. La realidad muestra algo diferente: el actor militar más dinámico a escala mundial es el gobierno de Estados Unidos, en México tiene lugar una lucha feroz por la Presidencia, en Argentina podemos observar una reconstitución del Estado después de una explosión social y China es el modelo actual de un capitalismo periférico con un papel enorme del Estado.

En estos tiempos el pensamiento de Nicos Poulantzas, quien hubiera cumplido 70 años el jueves pasado, da impulso a los debates sobre el Estado actual. El teórico griego-francés no argumentó solamente en contra de un concepto del Estado que lo supone un actor neutral ni lo entendió como instrumento de las clases dominantes. Además, él criticó a la entonces estrella de los debates intelectuales en Europa occidental, Michel Foucault, por su enfoque de los micropoderes sin tomar en cuenta la estructura de dominación del Estado.

El profesor de sociología de la Universidad de Vincennes, de París, desarrolló el famoso concepto de que el Estado es una “condensación material de relaciones de fuerza”. Quiere decir que el Estado capitalista es parte de la división social capitalista, cuya principal función es asegurar el modo de producción capitalista y las relaciones que conforman su estructura social. Pero las luchas de las clases dominadas y las relaciones de fuerza están presentes en los aparatos estatales. El Estado de bienestar, para dar un ejemplo, es parte de estas relaciones de fuerzas de la posguerra y su transformación de las últimas décadas es parte de las luchas sociales en las cuales las clases dominantes persiguen estrategias neoliberales e imperiales.

El Estado es un terreno de lucha muy asimétrico y parte integral del capitalismo. Para promover “transformaciones radicales”, lo que para Poulantzas significa ir hacia un socialismo democrático, hay que cambiarlo desde afuera y desde adentro, es decir, transformar las relaciones de fuerzas sociales y los aparatos mismos. No queda claro qué significa esto último, pero Poulantzas nos hace una pregunta importante. Hacia el final de su vida –Poulantzas se suicidó en 1979– él consideró más los nuevos movimientos sociales y criticó una perspectiva que se enfocaba a los partidos políticos.

Otro concepto importante de Poulantzas era su entendimiento de la internacionalización del capitalismo. El argumento era que la internacionalización es sobre todo una “interiorización”, o sea un proceso que intenta cambiar las relaciones de fuerza en favor del capital y tiene lugar dentro de las sociedades y de los aparatos estatales nacionales.

Joachim Hirsch desarrolló el concepto del “Estado nacional de competencia”, cuya tesis principal es que no vivimos una disolución del Estado sino su transformación. Esta noción está presente en las discusiones críticas y hasta en el mainstream. Este argumento está relacionado con el concepto de Poulantzas del “estatismo autoritario” y sostiene que el Estado se orienta cada vez menos a la “supuesta” mediación de la democracia liberal entre la sociedad y los partidos políticos, para concentrarse en garantizar las reglas del capitalismo global, tales como garantías para el capital, recortes en los derechos sociales y control político-policíaco de las sociedades.

El Estado nacional como actor, terreno de lucha y discurso, sigue siendo crucial para la reproducción del capitalismo global, pero es también importante para estrategias emancipatorias. No se trata de una “fetichización” (John Holloway), sino de un intento de conceptualizar críticamente las condiciones de luchas sociales.

Intentos de pensar las instituciones políticas internacionales como la OMC o el Banco Mundial en términos de “condensaciones materiales de relaciones de fuerza” están al inicio pero orientan investigaciones innovativas. La OMC no es solamente un momento crucial del capitalismo globalizado, sino también un terreno donde actores gubernamentales (que son a su vez condensaciones de fuerza en el ámbito nacional) y no gubernamentales, como el capital transnacional, luchan para dar continuidad a sus intereses.

Si pensamos la política actual de esta manera podremos abrir espacios analíticos y estratégicos para pensar la necesidad de luchas en la “sociedad civil”, y así cambiar las relaciones de fuerza, sin olvidar que las transformaciones radicales tienen que modificar los aparatos estatales, y con eso las políticas de militarización, de flexibilización laboral o de la integración al mercado mundial a cualquier precio.

* Profesor investigador en la Universidad de Kassel, Alemania, trabaja sobre una teoría crítica de la política internacional y del Estado internacionalizado.

software libre


Julian Assange: "No hay elección, tenemos que pasarnos al software libre para nuestra mejor protección"

El fundador de Wikileaks consideró que es necesario como sociedad "hacer un cambio al software libre" para "poder mantener la privacidad y la libertad de las comunicaciones".

Mássa

chuick! chuick!

poulantzas sobre el estado y el futuro de "la cámpora", sin ir más lejos : ni monolítico ni contradictorio


Publicada originalmente en la ya desaparecida Critique Communiste, nº 16, junio de 1977 esta entrevista a Nikos Poulantzas demarca bien el estado de desarrollo de sus apuntes sobre una teoría del Estado, apuntes inacabados, que sin embargo siguen siendo el intento de reflexión sistemático de filiación marxiana más importante sobre el Estado capitalista después de Gramsci. Poco no es, tanto tampoco, de ahí el sentimiento de "escombro teórico" que lo envolvió al final? Misterio.

– H. Weber: En un texto reciente mantienes que hay que romper definitivamente con las concepciones esencialistas del Estado, concepciones que lo consideran bien como un simple objeto-instrumento, bien como un sujeto dotado de voluntad, de racionalidad propia, que somete a la(s) clase(s) dominante(s). Esta concepción esencialista ¿es, según tú, la de Marx y la de Lenin?

– N. Poulantzas: Para empezar habría que ver qué se entiende por teoría marxista del Estado. ¿Acaso se puede decir que en Marx y Engels se encuentra una teoría general del Estado? Creo que no se puede hablar de una teoría general del Estado, como tampoco de una teoría general de la economía. Porque el concepto, el contenido, el espacio de lo político y lo económico cambian según los distintos modos de producción.

Lo que se encuentra en Marx y Engels son, efectivamente, unos principios generales de una teoría del Estado y unas observaciones sobre el Estado capitalista, sobre la transición, pero no realmente una teoría, ni siquiera del Estado capitalista.

En Lenin el problema es más complicado. En las observaciones de Marx y Engels no hay huellas de una concepción instrumentalista de Estado: pienso ante todo en los textos políticos sobre Francia, etc. Pero en Lenin es menos evidente: no me parece dudoso que ciertos análisis de Lenin correspondan a una concepción instrumentalista de Estado, es decir, del Estado como bloque monolítico sin fisuras, que apenas está afectado por contradicciones internas y que sólo se puede atacar global y frontalmente, construyendo totalmente fuera el contra-Estado que sería el doble poder, los soviets centralizados, etc.

¿Acaso ello es debido a que Lenin tenía que enfrentarse con el Estado zarista? (porque incluso cuando Lenin habla de las democracias occidentales siempre está pensando en el Estado zarista). ¿O a que Lenin escribe El Estado y la Revolución en polémica contra las concepciones socialdemócratas, contra las concepciones del Estado-sujeto? Quizá Lenin se vio obligado, como él mismo dice, a «doblar demasiado el bastón  en el sentido opuesto» y a decir: no, no es un sujeto autónomo, es un instrumento, una simple herramienta para las clases dominantes.

Así pues, en lo que respecta a Lenin pongo un punto de interrogación, pero parece evidente que en sus textos hay una concepción instrumentalista del Estado.

Los Marxistas y la Teoría del Estado

–– H. Weber: A esta concepción esencialista del Estado, tú opones una concepción diferente: dices que, así como el capital no es un objeto, el Estado tampoco es una cosa; como el capital, es ante todo una relación social, es –cito textualmente– «la condensación material de una correlación de fuerzas entre las clases sociales según se expresa de forma específica en el seno mismo del Estado». Según dices, la ventaja, entre otras, de esta concepción es la de poner de relieve un hecho preñado de implicaciones estratégicas: el hecho de que el Estado no es un bloque monolítico, sin fisuras, al que las masas se enfrentan desde el exterior en todos los terrenos y al que deban destruir en bloque, tras un choque frontal insurreccional aprovechando una crisis de derrumbamiento del Estado, sino que, al contrario, ya que el Estado es «una condensación material de una relación de clases», este Estado está afectado por las contradicciones de clase, es lugar de contradicciones internas, y esto en el conjunto de sus aparatos, tanto en los aparatos donde las masas están físicamente presentes (la escuela, el ejército…) como en los aparatos en los que en principio están físicamente ausentes (la policía, la justicia, la administración…). Esta es, esquemáticamente resumida, tu concepción.

Ahora voy a plantearte una serie de cuestiones: primero quisiera preguntarte en qué reside realmente la novedad de este enfoque. Me explico: tengo la impresión de que ni Lenin mi Marx –y esto nos remite a tu primera respuesta– consideran el Estado como una realidad intrínseca, independiente de la lucha de clases, que la rige. Uno y otro afirman claramente por una parte que la forma de Estado remite a las relaciones de fuerza entre las clases (basta recordar el análisis marxista del bonapartismo). Así pues, el Estado, sus instituciones, sus miembros, su tipo de organización, su tipo de relación con las masas, etc., está directamente determinado por la estructura de clases, la relación de las clases entre sí, la dureza de las luchas… Creo que es una idea fundamental de la problemática marxista del Estado.

Por otra parte, ni uno ni otro, desde mi punto de vista, defienden una teoría del Estado monolítico, sin «contradicción ni fisura» tal como tú la combates. Por ejemplo, Lenin, del que acabas de hablar, incorpora perfectamente a su estrategia la lucha en el seno de las instituciones, incluso en el seno de las instituciones zaristas. Preconiza la actividad de los comunistas en la Duma, la escuela, el ejército… En el famoso folleto ¿Qué hacer? es el primero en denunciar la reducción economicista del marxismo, y explica que el partido revolucionario debe enviar sus destacamentos militantes a todas las instituciones, a todas las esferas de la sociedad. Así pues, concibe que sus instituciones no son solamente el objetivo, sino también el lugar de la lucha de clases.

La diferencia entre estas concepciones y las actualmente «de moda» –pienso sobre todo en las teorizaciones de los dirigentes del PCI acerca del carácter contradictorio del actual sistema estatal– es que para Marx, para Lenin, para los marxistas revolucionarios, las clases sociales no ocupan ni pueden ocupar posiciones equivalentes en el Estado. Las clases dominantes controlan los puntos estratégicos del Estado, tienen la realidad del poder; las clases dominadas ocupan o pueden ocupar posiciones subalternas, como miembros de los diversos aparatos del Estado o como representantes populares elegidos en asambleas, pero posiciones en general con un poder extremadamente limitado. En consecuencia, el Estado, utilizando tus fórmulas «condensación de una relación de clases», el Estado «afectado por contradicciones internas», «lugar de la lucha de clases», etc., deja de ser el instrumento de dominación por excelencia de la burguesía y por tanto queda en pie la cuestión estratégica clave de toda transición al socialismo: ¿cómo arreglárselas con este Estado? ¿Cómo romperlo?

Si quieres, no hay tanto una concepción instrumentalista de un Estado monolítico como la concepción de que, por contradictorio que sea –y puede serlo relativamente mucho–, Lenin no desconoce ni el Estado suizo, ni el Estado británico, ni el Estado americano; conoce perfectamente los textos de Marx sobre el eventual paso pacífico al socialismo en ese tipo de Estado, etc. No creo que estuviera obnubilado por el Estado zarista y que desconociese cualquier otra realidad; explica que todo esto no impide que el Estado siga siendo un instrumento de dominación de una clase sobre otra, sea cual fuere la forma que esta dominación revista.

Por eso la segunda pregunta que quiero hacerte es: ¿acaso el hecho de acentuar, de subrayar el carácter contradictorio del Estado hoy día no tiene la función –creo que éste es evidentemente el caso de corrientes como el PCI, el CERES , etc.– de difuminar su carácter de clase y, por consiguiente, de ocultar el problema clave de toda estrategia de paso al socialismo: el problema de la destrucción del Estado como instrumento de dominación de la burguesía?

El Estado no es "monolítico" 

– N. Poulantzas: En primer lugar, para volver sobre la novedad de esta concepción: nos topamos siempre con el mismo problema. Creo que en Marx y Engels, y también en Lenin, por no hablar de Gramsci, cuya aportación es sin embargo muy importante, hay ciertamente elementos de eso que yo intento desarrollar. De todas formas, en Lenin sigo creyendo que subsiste algo más que una ambigüedad, pues Lenin no concibe tanto una lucha interna en el aparato del Estado como una presencia de revolucionarios en el aparato del Estado. Es algo diferente. El eje dominante de la batalla política de Lenin es la centralización de los poderes paralelos y exteriores al Estado, la constitución de un contra-Estado, frente al Estado oficial, sustituyendo este contra-Estado en un momento determinado al Estado burgués.

Así pues, es cierto que Lenin habla de la presencia de revolucionarios en el Estado, pero es más en el sentido de una presencia que debe contribuir, llegado el momento, a la sustitución de un Estado por un contra-Estado, y no se ve cuál es el peso propio de esta intervención.

Lo que de todas formas es cierto, es que en el seno de la III Internacional, creo, hay tendencia a considerar el Estado como un instrumento manipulable a voluntad por la burguesía, y si bien se reconoce que existen contradicciones en el seno del Estado, la idea que ronda siempre por la cabeza es que una lucha revolucionaria consecuente no puede ser llevada a cabo también en el seno del Estado sobre la base de estas contradicciones.

Pero tampoco le cabe la pavada "contradictoria" 

– N. Poulantzas: Ahora, por el contrario, tienes efectivamente la postura de los dirigentes italianos, ilustrada por el último artículo de Luciano Gruppi  sobre la naturaleza contradictoria del Estado. Bien, esto es algo totalmente diferente a lo que yo digo. Esta teoría de la naturaleza contradictoria del Estado la encontramos también en el PCF. Dicha teoría estipula que hay toda una parte del Estado correspondiente al famoso desarrollo de las fuerzas productivas, que encarna por tanto funciones neutras, cuando no positivas, del Estado, porque no corresponden a la famosa socialización de las fuerzas productivas. En definitiva, habría dos Estados: uno «bueno», que correspondería al ascenso de las fuerzas populares en el seno del Estado mismo. Y otro «malo». Ahora bien, el aspecto «malo» del Estado prevalece hoy día sobre el aspecto «bueno». Hay que eliminar el super-Estado de los monopolios, que es el lado malo, mantener el aspecto del Estado actual, el que corresponde a la socialización de las fuerzas productivas y al ascenso popular.

Esta es una concepción radicalmente falsa. Estoy de acuerdo contigo: el Estado actual en su conjunto, tanto la seguridad social como el aparato de sanidad, escuela, administración, etc., por su propia estructura corresponde al poder burgués. Pienso que las masas populares, en el Estado capitalista, no pueden ocupar posiciones de poder autónomo, ni siquiera subalternas. Existen como dispositivos de resistencia, como elementos de corrosión o de acentuación de las contradicciones internas del Estado.

Por tanto, esto nos permite, creo, salir de los falsos dilemas en los cuales nos estamos encerrando actualmente: o concebir el Estado como un bloque monolítico (estoy esquematizando), y considerar entonces que la lucha interna es un problema totalmente secundario y que el objetivo principal, si no exclusivo, es el intento de centralización de los poderes populares, la creación del contra-Estado que sustituirá al Estado capitalista; o concebir el Estado como contradictorio y considerar que la lucha esencial se lleva a cabo en el interior del Estado, es decir, en el interior de sus instituciones; en resumen, caer en una concepción socialdemócrata clásica de una lucha integrada en los aparatos del Estado.

Por el contrario, creo que es preciso conseguir articular por una parte, una lucha interna dentro del Estado, no simplemente en el sentido de una lucha encerrada en el espacio físico del Estado, sino de una lucha situada en el terreno del campo estratégico que es el Estado, lucha que no trata de sustituir el Estado burgués por el Estado obrero a base de acumular reformas, de tomar uno a uno los aparatos del Estado burgués y conquistar así el poder, sino una lucha que es, si quieres, una lucha de resistencia, una lucha de acentuación de las contradicciones internas del Estado, de transformación profunda del Estado.

Y al mismo tiempo, una lucha paralela, una lucha fuera de los aparatos y las instituciones, engendrando toda una serie de dispositivos, de redes, de poderes populares de base, de estructuras de democracia directa de base, lucha que, aquí también, no puede estar dirigida a la centralización de un contra-Estado del tipo de doble poder, sino que debe articularse con la primera. Creo que hay que superar la estrategia clásica del doble poder ...
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Henri Weber (n. Khodjent, Tayikistán, 1944) político, filósofo y politólogo francés. Nació en el seno de una familia de relojeros judíos originaria de la Alta Silesia, de una zona situada a pocos kilómetros del tristemente célebre campo de exterminio de Auschwitz, y trasladada a la URSS durante la Segunda Guerra Mundial. En su juventud fue miembro de una organización sionista de izquierdas. Emigrado a Francia, en su época de estudiante ingresó en la Unión de Estudiantes Comunistas (UEC), organización vinculada al PCF. Fue expulsado en 1965 de la misma junto a un importante sector en el que se encontraban figuras como Alain Krivine, dando nacimiento a las Juventudes Comunistas Revolucionarias (JCR), embrión de la futura LCR francesa. En la Liga dirigió su semanario, Rouge, y su revista, Critique Communiste, entre 1968 y 1976. Fue uno de los principales líderes estudiantiles del Mayo del 68. En los años 80 abandonó la izquierda revolucionaria, ingresando en el Partido Socialista francés, por el cual fue senador,  y actualmente es eurodiputado. Es  autor, entre  otras obras,  de  Marxismo  y conciencia de clase (Madrágora, Barcelona, 1977) y, junto a Daniel Bensaïd, de Mayo 68: un ensayo general (ERA, México, 1969).
Nicos Poulantzas (Atenas, 1936-París, 1979) fue un filósofo marxista greco-francés, militante comunista desde su juventud en Grecia. Emigrado a Francia en 1960, se doctoró en Filosofía del Derecho, ejerciendo como profesor de sociología en la Universidad de Vincennes desde 1968 hasta su fallecimiento. En 1968, al producirse la escisión en el movimiento comunista griego, ingresó en el eurocomunista Partido Comunista de Grecia (Interior). Es uno de los principales exponentes del marxismo estructuralista, junto a Louis Althusser. Su principal campo de investigación fue la teoría del Estado; así como las características de las clases sociales en el capitalismo occidental, la división entre trabajo manual e intelectual, la crisis de las dictaduras europeas en los años 70, o el análisis del fascismo. Escribió, entre otras obras, Poder político y clases sociales en el Estado capitalista (Siglo XXI, México, 1968), Las clases sociales en el capitalismo actual (Siglo XXI, Madrid, 1977), La crisis de las dictaduras. Portugal, Grecia, España (Siglo XXI, México, 1976) y Fascismo y dictadura: la III Internacional frente al fascismo (Siglo XXI, Madrid, 1979).

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Es por la caída en el precio de la tonelada del poroto de la oleaginosa que se paga en el país, que cayó desde los 331 dólares promedio de mayo a 271 dólares el viernes pasado. Otros cálculos extienden el quebranto a U$S 2000 millones.

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Solicitada del Dr. Carlos Maslatón. 

Mensaje para todos los productores de granos de la República Argentina. Hoy, como nunca antes en la historia nacional, es legítima la evasión tributaria, aunque el gobierno la repute como criminal. Cada peso que se le pague a la dictadura kirchnerista será malversado y puesto al servicio de la consolidación del régimen. Cada peso y cada dólar que ustedes conserven, será salvado del desastre y podrá ser invertido eficientemente en el momento de la redención republicana, que está más cerca que lejos. Las siguientes actividades convienen a los intereses objetivos de la Patria ...

Abastecimiento: votan ley y se judicializa la aplicación

Empresarios anticiparon que recurrirán a la Justicia porque consideran que los cambios promovidos por el Gobierno son “anticonstitucionales”.

sosteniendo el empleo


En la comparación interanual con base en la encuesta permanente de hogares (EPH), el desempleo pasa de 7,1% en el segundo trimestre de 2013 a 7,5% en igual período de 2014.

Un cambio en la tendencia, con una variación a la suba en el desempleo abierto de 0,4 décimas, atribuible a la generación insuficiente de empleo, combinada con un aumento de la subocupación, que alcanzó el 9,4%, 1,5 punto por sobre el nivel en igual período del año 2013 y una caída en la tasa de actividad, que pasa de 46,5% a 44%,8, por efecto desaliento en la comparación interanual.

Se trata de noticias preocupantes en materia de empleo, que a la generación insuficiente agrega una caída en la búsqueda, siempre asociada a las mayores dificultades para conseguir trabajo por las restricciones en las incorporaciones, que por otra parte ya anticipó la Encuesta de Indicadores Laborales del MTSS respecto de la evolución del empleo formal privado en el primer trimestre de este año.

Complementariamente, cabe señalar que en el último año el sector público no compensó la carencia en la generación de empleo privado, como lo venía haciendo de manera muy intensa en el último bienio. A resolver esta carencia, el presupuesto 2015 destina partidas un 65% por sobre el nivel inflacionario anualizado - 28% vs. 46% - para el desarrollo de la obra pública.

Leemos al respecto:

El Gobierno prevé un fuerte aumento del gasto en obra pública en 2015


Contempla inversiones por más de $ 5600 millones, 46% más que este año; además, autoriza al Poder Ejecutivo a emitir deuda para infraestructura por US$ 50.331 millones
Es un clásico: cada vez que se avecina un año electoral, el gobierno nacional prepara la billetera del Tesoro para repartir obras públicas por doquier. El año próximo no será la excepción, aunque lo llamativo esta vez es la magnitud del presupuesto que se destinará a ese propósito, nada menos que un 46 por ciento superior al de 2014.
Así lo confirma el proyecto de ley de presupuesto 2015 que el Gobierno acaba de mandar a la Cámara de Diputados: allí se incluye una extensa planilla con más de 700 obras plurianuales por un total de 5644 millones de pesos.
Pero eso no es todo: en el artículo 41 del proyecto de presupuesto, la iniciativa oficialista autoriza al Poder Ejecutivo a emitir deuda por 50.331 millones de dólares para financiar proyectos de infraestructura, un monto ampliamente superior a las reservas con que hoy cuenta el Banco Central.
Tal es la magnitud de esta cifra que basta compararla con la de este año, prevista en unos 34.000 millones. En pocas palabras, de un año al otro el Gobierno prevé ampliar en un 47,6% el pedido de endeudamiento para obras públicas
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escocia y la unidad : los mismo viejos temores



Escocia: Postmortem de un referéndum histórico
Andy Robinson · · · · ·

Una vez más se ha resaltado el peligro de incordiar a los mercados financieros, dispuestos a tumbar cualquier proyecto nuevo mediante una fulminante fuga de capitales

El no ha ganado al sí por el 55% al 45%. La unión entre el Reino Unido y Escocia sobrevive tras pasar por el momento más precario desde hace más de tres siglos. Pero el postmortem del resultado del histórico referéndum no será muy favorable a la campaña unionista.

Primero, porque hasta sus propios líderes reconocen que la estrategia unionista se ha basado fundamentalmente en el miedo a las consecuencias de romper con Inglaterra. Una vez más, en la política  de la post crisis, se ha resaltado el peligro de incordiar a los mercados financieros, dispuestos a tumbar cualquier proyecto nuevo mediante una fulminante fuga de capitales. Resultó revelador cómo los líderes de los tres partidos británicos -conservadores, laboristas y liberal demócratas- cerraron filas con los grandes bancos, con el Banco de Inglaterra y los consejeros delegados de multinacionales como la BP, para vaticinar la catástrofe en caso de que ganase el sí. Asímismo, la consigna de los últimos carteles electorales de la campaña unionista -“If you don’t know, vote no” (si no sabes qué votar, vota no)- resumió una actitud cínica que caracterizaba gran parte de la campaña del no complaciente al inicio y desesperado al final.

Los grandes medios de comunicación tampoco han salido muy bien parados de la campaña. El único periódico que apoyó la independencia era el dominical Herald en Sunday dejando casi la mitad del electorado escocés sin representación en los medios. La BBC se alineó de forma clara con la campaña del no provocando protestas delante de la sede escocesa de la televisión pública británica. Mientras los directores de la Corporación arremetieron contra los manifestantes por no aceptar una supuesta libertad de los medios, Paul Mason, excorresponsal de la BBC, que hizo un excelente trabajo en su cobertura del referéndum para Channel Four, dio la razon a la protesta: “No había visto desde Iraq un trabajo de propaganda como este en la BBC; estoy encantado de haberse marchado”, dijo en twitter ayer.

El pragmatismo, por un lado, y el miedo, por el otro, han triunfado sobre una visión utópica, inspiradora a la vez que ingenua, que caracterizaba la campaña del si. Pero, tras uno de los sustos más grandes para el establishment británico desde la independencia de Irlanda en 1922, nada volverá a ser igual en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Se palpó el orgullo de perder con honor en los comentarios, ayer, sobre la campaña del independentismo, que entrará seguramente en el fecundo folclore escocés de resistencia vencida y luchas por continuar. Esto, sin duda, volverá a motivar otros retos al estado británico en el futuro. “Armados con poco más que los medios sociales, blogs y creatividad casera, intentamos enfrentarnos al poder y riqueza inmensos del estabishment británico”, se resaltó en el blog independentista Bella Caledonia. “Y durante, unas semanas estaban atemorizados.”

En muchos sentidos, la victoria es del sí. Al inicio de la campaña hace un año, pocos se habrían imaginado que el 45% de los escoceses desafiarían a todos los poderes fácticos del estado británico, los dos grandes partidos políticos, instituciones como el Banco de Inglaterra y la monarquía, la gran mayoría de los medios y casi todos los líderes empresariales y economistas. Cualquier conato de triunfalismo en los tres partidos oficiales -laboristas, conservadores y liberal demócratas- recibió un jarro de agua fría al ver el extraordinario resultado de Glasgow, la ciudad más grande de Escocia, donde el sí ganó al no por el 53% al 47%. El independentismo ganó también en Dundee. 

Al inicio de la campaña el feudo obrero y laborista en los barrios del este de Glasgow parecía garantizar la mayoría para los unionistas frente a un Edimburgo más burgués nacionalista. Pero el resultado final ha sido justo el revés. Edimburgo votó que no. Glasgow que sí. Es la prueba, quizás, de que la campaña independentista -tachado en otros momentos de una operacion del nacionalismo conservador- acabó por  convertirse en un vehículo de la izquierda movilizada contra las políticas conservadoras legisladas en Londres.

En general, estos resultados son otro indicio de que una nueva política de insumisión populista está naciendo en Europa tras la gran crisis económica. “Lo que ha sido asombroso en esta referéndum es el número de personas que jamás estaban interesadas activamente en la política que jamás han sido activos en una campaña y que se han involucrado”, dijo Nicola Sturgeon, la viceprimera ministra escocesa. “Hemos llegado a secciones la comunidad a las que la política jamás había llegado”, dijo Salmon en su discurso el viernes.

Todos saben que Westminster deberá elaborar lo antes posible una acelerada transferencia de poderes a Escocia que, con toda probabilidad, supondría autonomía fiscal. Michael Grove, portavoz parlamentario del Gobierno conservador, reconoce que la derrota del sí no quiere decir que el statu quo sea compatible con el futuro del Reino Unido: “Si hay un voto a favor del No, lo cual ya parece probable, el primer ministro dirá más no sólo sobre la necesidad de atender a los intereses de Escocia sino también como mantener intacto el Reino Unido y qué requiere para Irlanda del Norte y Gales”.

Es decir, que el Reino Unido debe redefinirse para sobrevivir. Todos los diarios en Escocia que pidieron un voto a favor de la unión condicionaban esta posición a una rápida transferencia de poderes a Escocia. Pero David Cameron se enfrenta a una rebelión de muchos diputados tory por lo que perciben como una rendición precipitada ante las reivindicaciones del llamado devo-max, la devolución de más competencias a Edimburgo. Cameron intentó aplacar estas criticas ayer al anunciar que tras el traspaso de más competencia, “los diputados escoceses no podrán votar sobre temas fiscales en Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte de la misma manera que los diputados ingleses no podrán votar sobre estos asuntos en Escocia”.  Pero el referéndum escocés seguramente habrá intensificado el peligro de fragmentación del partido conservador. Asimismo, aunque el resultado resucitará al ex primer ministro laborista Gordon Brown -cuya irrupción en la campaña la semana pasada puede haber frenado la hemorragia de votos hacia la independencia-, el referéndum en general y sobre todo el resultado en Glasgow, ha demostrado la debilidad del laborismo en Escocia.

La lección principal de esta histórica consulta es que aún es posible motivar a la gente para que participe activamente en la política. Si se ofrecen verdaderas alternativas al electorado, como ha sido el caso en este referéndum, la gente votará masivamente. La participación alcanzó un extraordinario 84%. La campaña del Sí ha movilizado a miles de personas, la mayoría jóvenes, en una regeneración de la cultura política que muchos creían imposible en Europa en el siglo XXI. Estos nuevos activistas difícilmente se quedarán callados tras el resultado. No se descarta la creación de nuevas formaciones políticas en Escocia y en Inglaterra tras el éxito movilizador de la campaña por el sí, el nacimiento de una nueva política degrassroots. ”Cualquiera que sea el resultado, no nos pueden ganar: Ya somos la mitad de Escocia y seguiremos creciendo”, dijo Robin McAlpine, fundador de la campaña Commonwealth que ha participado en la campaña del Sí.

Andy Robinson es un corresponsal volante del diario barcelonés La Vanguardia.

sanata y fe: cruje la matrix radical-socialista


Por: Darío H. Schueri – Desde Santa Fe

La necesidad tiene cara de hereje. En la política no hay amigos. Dos apotegmas que activan por esta época el instinto de supervivencia de quienes, legítimamente, hicieron de la política una herramienta para resolver los problemas de la gente, transformándola también en una construcción de vida. Le corresponderá luego a la implacable “sociedad sufragante” opinar mediante el voto soberano, y de acuerdo con los plazos constitucionales, si debe optar por la alternancia o convalidar por otro período a los actuales dirigentes.

Es así como entre los actores del sistema de poder institucional, y quienes pretenden ocupar esos espacios, se agudizan los sentidos y sensibilizan las sensaciones de recelo; se extreman los recaudos, y las expectativas fluctúan entre la esperanza y la cruel incertidumbre. Como alguna vez definiera el actual senador y ex Gobernador Reutemann, “sólo el olfato político te va a salvar de hacer lo equivocado”. Después vienen las endiosadas encuestas. De la gloria al infierno no hay estación intermedia.

“Este año es de trabajo y gestión, en el 2015 hablo de candidaturas”, se excusó un senador sureño cuando le preguntábamos si prefería la reelección en la banca o pelearía por la intendencia de su ciudad. En política, cada cual elabora su estrategia de juego y administra los tiempos según le indique “el olfato” (o instinto); cometido que requiere de gran sabiduría y severa templanza. Un paso en falso podría ser letal.

Por caso, el diputado nacional radical y presidente del Partido Mario Barletta ya decidió junto a su grupo de trabajo enfrentar al socialismo en las Paso; determinación que puso en estado deliberativo a su Partido.

El ex intendente de Santa Fe le marcó la cancha no sólo al socialismo, sino también a sus correligionarios anunciando mediáticamente que sería pre candidato a Gobernador. Hoy visibiliza su candidatura mediante afiches y pintadas, mientras los principales referentes partidarios y legislativos radicales prefieren guardar un prudente silencio. No es hora de atizar situaciones de las que después no se podría volver.

En la ciudad de Rosario la coalición radical socialista crujió la semana pasada con un sonoro escándalo que involucró seriamente por facilitamiento de la prostitución al hijo de un encumbrado funcionario radical de la intendente socialista Mónica Fein (Néstor Trigueros), quien si bien inmediatamente lo echó, dejó una estela de suspicacias en la sociedad rosarina, y a la vez generó un durísimo encontronazo en el seno del radicalismo rosarino entre el disidente concejal Jorge Boasso y el diputado provincial Julián Galdeano, con acusaciones cruzadas muy fuertes que preanuncian la interna por venir, toda vez que Boasso apoyaría a Mario Barletta contra el socialismo, mientras Galdeano – líder del sector M.A.R. junto a Santiago Mascheroni – se encuentra más cercano a los inquilinos de la Casa Gris.

El socialismo se prepara para la interna

Azuzados por los aprestos del radical Mario Barletta, y mientras sigue apostado al consenso para el armado de la fórmula gubernamental, el socialismo, tal como decíamos hace un par de semanas, se pertrecha para dar batalla apuntalando a su challenger Miguel Lifschitz.

Para ello cerraron filas unos trescientos dirigentes de pueblos y ciudades de la Provincia en torno de un Foro de Presidentes Comunales e Intendentes socialistas organizado en esta capital, que recibiendo inflamadas arengas motivacionales con catequizadores discursos doctrinarios a cargo del Gobernador Bonfatti y el Primer Ministro Galassi: “las puertas están abiertas para todos, pero no para cualquiera que no tenga estos principios, valores y coherencia”, predicó Galassi.

El influyente Ministro de Gobierno instó a “no hacer lo que le cuestionamos a los otros” alertando que “se vienen tiempos difíciles con un proceso electoral complejo”, para lo cual “hay que defender el FPCyS como construcción política que ya lleva veinte años”.

Tras el meridiano discurso de Bonfatti, no pocos advirtieron que el Gobernador bien podría pelear en las ligas mayores, por ejemplo dentro del FAUNEN nacional por la Presidencia; pero sorprendió Galassi al señalar enfáticamente que “las corporaciones mediáticas ya eligieron quien quieren que sea el próximo Presidente de la República”, apuntando, sin nombrarlo, a Mauricio Macri.

Reutemann le puso plazo a la unidad

“Desde la Casa Rosada (Mazzón) me preguntaron si estaba dispuesto a darles una mano para la unidad del peronismo santafesino y yo les dije que sí, pero desde mi condición de soldado raso y dentro de un tiempo prudencial; después será imposible porque los candidatos ya estarán en la cancha”, nos confió el senador Carlos Reutemann, quien además insistió en que “yo no le pongo bolilla negra a nadie que quiera jugar” (a Gobernador) insistiendo en su teoría manifestada al propio Sergio Massa, sobre la prescindencia de los armados provinciales referenciados en los candidatos nacionales que tienen posturas encontradas extremas, porque ello condicionaría la unidad provincial.

De todos modos, Reutemann tiene un relativo optimismo, porque es consciente de que la unidad del peronismo es una empresa difícil de llevar adelante con un peronismo nacional enfrentado entre “kirchneristas y Massitas”, hiel que se derramará inexorablemente en las Provincias.

El dirigente gremial chacarero Eduardo Buzzi terminó de abonar las sospechas del “Lole” cuando le avisó que en octubre se lanzará al ruedo como precandidato a Gobernador de Sergio Massa, aspiración que comparte con el otro referente santafesino del diputado tigrense Oscar “Cachi” Martínez, quien dejó trascender que en octubre – igual que el Pro – dará a conocer sus candidatos departamentales.

El lanzamiento de Buzzi junto a Massa, y la decisión el Pro – que acaba de unificar nuevamente el bloque de diputados provinciales - de no hacer alianzas fortaleciendo la “Tercera Vía” Macri Presidente, hace cavilar a los seis senadores “massitas – reutemistas”, que pensaban asociarse departamentalmente con Miguel del Sel, y no apoyar a “Cachi” Martínez ante una posible candidatura a Gobernador. En octubre tendrán también a Buzzi como referencia gubernamental.

El empinado Secretario de Transporte de la Nación Alejandro Ramos ya hizo saber que será precandidato a Gobernador bajo la bandera kirchnerista, insignia partidaria y categoría electoral con la que quizás tendría que competir contra María Eugenia Bielsa, quien la semana que viene estaría definiendo junto a sus colaboradores los pasos a seguir.

Bielsa viene definir de manera meridiana su pensamiento en un reciente reportaje. Por caso señaló que “eso de la unidad me parece una idea un poco antigua (..) espero que la unidad tenga que ver con que podamos construir un sistema de acuerdos que definan un programa de gobierno”; a la vez que comparte la línea conceptual de Reutemann sobre que “las identificaciones nacionales no tienen que impactar en la provincia”.

A la renunciante diputada provincial le parece “prematura toda esta danza de candidatos. Más que candidatos, hay que construir espacios. Tenemos que aportarle a la Presidenta y al proyecto político una idea de continuidad en la transformación”. Finalmente siguió fomentando la intriga sobre su probable candidatura a Gobernadora: “no es un objetivo ni deja de serlo. Si en algún momento las cosas no son a como dé lugar, si hay acuerdos, si armamos un proyecto que recupere un sistema de valores, puede ser”.

Omar Perotti sigue caminando la Provincia convencido de que “la única manera de lograr la unidad del peronismo es con un proyecto superador al actual y decadente gobierno provincial”, mientras pide “provincializar” la campaña siguiendo los postulados reutemistas.

A todo esto, el presidente del PJ José Luis Freyre está tratando de coordinar las agendas de Agustín Rossi, Omar Perotti, María Eugenia Bielsa, Alejandro Ramos y Carlos Reutemann para la cumbre de la unidad; altruista cometido por el cual el gremialismo en esta capital no hace mucho, toda vez que la CGT se dividió en dos sectores: el liderado por el poderoso gremio UPCN de Jorge Molinas, y cuyo titular será el líder la UTA Osvaldo Omar Agrafogo; y la que conduce el bancario Claudio Girardi.

Las luces y sombras de la economía provincial, que absorbe los efectos de la estanflación nacional advertidos por el Ministro de Economía Angel Sciara, seguramente condicionará cada vez más el tono de los discursos, reproches y acusaciones cruzadas; atisbos que ya se vislumbran en la Legislatura, más allá de la madura y serena relación que Antonio Bonfatti mantiene con la gestión de la Sra Presidente de la Nación Cristina Fernández.

Las reglas de juego de la política en la Argentina contemporánea, la fijará la economía y la “mano invisible del mercado” ayudado por la desconfianza social. Y difícilmente haya ley – como la de Desabastecimiento – que pueda detenerla.

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