
El eje vertebrador del triunfo electoral del FPV el pasado domingo debe ubicarse en
el segundo cordón urbano bonaerense y las regiones del noreste y noroeste del país. Sobre el 100% de los votos nacionales
en ambas regiones se realiza el 30%. La performance electoral del FPV en estos espacios estratégicos
captó en promedio el 60% del total de votos, por lo cual
sobre los 40 puntos requeridos pare evitar el ballotage, la fórmula oficialista a la salida de estas dos subregiones ya había obtenido 18. Luego fue un cómodo paseo sobre el resto de las geografías electorales en busca de los 27 puntos que separaban a la fórmula Kirchner-Cobos del 45%, que finalmente obtuvo. No cabe duda que tal como está diseñado y
en tanto no existan tres minorías muy competitivas en Buenos Aires, el ballotage nacional es virtualmente irrealizable. Se trata de pura matemática electoral, más que virtudes o defectos de los candidatos en pugna. Sin embargo, más allá de la notable contundencia del triunfo oficialista, que debe recordarse,
obtuvo la diferencia más importante entre primera y segunda minoría desde el año 1983, los comportamientos electorales observados en distritos importantes, muestran con claridad desafíos para el futuro consenso de la gestión de Cristina Kirchner. En líneas generales la hipótesis que señala a los grandes aglomerados urbanos de carácter opositor y a las ciudades de mediana y baja concentración alineadas con el oficialismo, hipótesis frecuente para leer el resultado de la elección,
a nuestro criterio es falsa. Para muestra considérese que el más grande aglomerado urbano nacional, el Conurbano bonaerense y dentro de él la mayor concentración poblacional en relación al territorio luego de la Ciudad de Buenos Aires, el partido de La Matanza,
resultan núcleos duros del triunfo oficial. No hay “teorías de los grandes aglomerados” que expliquen el triunfo opositor, ni su contracara, la derrota oficialista en algunas grandes ciudades. Por ejemplo, la derrota muy extendida en Rosario, en gran parte la explica el inteligente armado electoral de la Coalición Cívica que incorporando a Rubén Giustiniani a la fórmula garantizó la tracción de votos del socialismo santafesino, en una ciudad de gran gestión municipal, que proyectó incluso recientemente a Hermes Binner a la gobernación santafesina. La caída oficial en Mar del Plata, se sostiene en el
descrédito de la gestión municipal del Daniel Katz y el fracaso de la Concertación Plural como estrategia electoral para
ese distrito. La victoria opositora en la Ciudad de Buenos Aires, más que sostenida en el “voto gorila” como estigmatizan
funcionarios perdedores y ligeros
analistas oficiales, expresa la persistente agonía de la vieja política porteña sostenida en las ruinas geológicas del muy googleado
ladriprogresismo distrital ,devenido ya en un cachivache prohijado por exóticos “jóvenes cincuentones y sexagenarios” derrotado sin solución de continuidad desde el juicio político a su gurú Hanníbal Ibarra hasta nuestros días. No hay nada parecido entonces a un voto
gorila opositor y fundamentalista Anti-k en los grandes aglomerados urbanos. Por el contrario, se trata de expresiones electorales opositoras específicas triunfantes que muestran
diseños de política oficialistas equivocados, y nada hace pensar que, cambios mediante, no puedan resolverse, o de persistir el error, agravarse por supueeeestoooo macayaaaa!!.