Una lectura primera de algunos datos de la nueva EPH muestran una baja en la brecha entre el 10% más rico y más pobre, medida por ingreso individual, que pasa de 34,09 veces en el 2 trimestre de 2003 a 25,3 en 2009, como se observa en el cuadro de apertura.
La brecha entre 20% más rico y más pobre medido por ingreso individual muestra una evolución positiva en el lapso 2003/2009, donde pasa de 15,6 veces en 2003 a 12,02 veces.
A partir del segundo trimestre de 2008, en un contexto de fuerte inequidad, se observa un leve empeoramiento en la participación del 20% más pobre, que pasa del 4,3% al 4,1% del total de ingresos.
En Coeficinte Gini muestra mejoras, aunque las mismas pueden resultar controvertidas. Entre las principales limitaciones del Gini hay que señalar la posibilidad de que el valor del coeficiente puede descender (lo que significaría una mejora en términos de distribución progresiva del ingreso) simultáneamente con un aumento de la población ubicada por debajo de la línea de pobreza.
De esta forma, existe la posibilidad de que, aun mejorando el valor del coeficiente, el deterioro de los sectores más postergados resulte más extensivo. Entre sus ventajas, debe considerarse el hecho de que dicho coeficiente posee el importante atributo de unidimensionalidad de la variable que se plantea medir, por lo que es posible registrar en el mismo cualquier movimiento interdecílico que se haya producido. En este sentido, el coeficiente Gini resulta una medida estadística interesante para ser combinada y complementada con las brechas de ingresos que sólo se calculan entre deciles de ingresos seleccionados, aunque según Itzcovich , ese análisis ya no se usa en ningún sitio.
El valor del coeficiente fluctúa entre 0 y 1. En la medida en que éste se aproxima a cero, refleja una distribución del ingreso más o menos igualitaria, es decir, una situación en la que todas las personas obtienen casi el mismo ingreso. En sentido contrario, cuando el valor del coeficiente se aproxima a uno, muestra una distribución regresiva concentrada en pocas personas, acercándose así a una situación de desigualdad absoluta.
Aclarado el alcance del coeficiente, el gráfico que cierra el post muestra con base en el Ingreso Per Cápita Familiar (IPCF) , la evolución del coeficiente desde el año 2003, donde se observa una mejora en la tendencia con un empeoramiento leve a partir del segundo trimestre de 2008, producto fundamental de la pérdida de perceptores de ingreso que impuso el aumento del desempleo y el consecuente deterioro de ingresos salariales y caída en las horas trabajadas de los ocupados, que supuso el impacto de la crisis internacional y la caída del crecimiento económico.