Cuando Antonio Machado escribió en su enorme "Retrato": Desdeño las romanzas de los tenores huecos . Y el coro de los grillos que cantan a la luna... Pensé qué suerte la del poeta que expresa como un flash profundo, sentimientos complejos. Porque a muchos nos pasa el ser criticados por parciales, subjetivos, por tomar posiciones de sector, finalmente responder a "intereses". En nombre de una supuesta objetividad, y muchas veces refugiado bajo la piadosa manta inmaculada de la "opinión pública" materia gelatinosa, difusa y desde luego inexistente, buena parte del discurso periodístico e intelectual de filiaciones variopintas, tanto a la izquierda como a la derecha del arco ideológico, hace un culto al distanciamiento de lo real como condición necesaria del pensamiento "verdadero". Sobrevolando estos temas, encontré esta posición de otro gran Antonio, Gramsci , probablemente el más contemporáneo de los pensadores de tradición marxista , que quiero compartir. Vaya también dedicado como bonus track además, a todos los "anónimos" que golpean duro los post y merodean la blogósfera creyendo que están interviniendo vaya a saber en que gesta. Prometo finalmente que mañana Ramble será rock, como corresponde a un fin de semana.
"Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería, no vida. Por eso odio a los indiferentes.
La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes, que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado?
Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con ellos mis lágrimas.
Soy partidista, estoy vivo, siento ya en la consciencia de los de mi parte el pulso de la actividad de la ciudad futura que los de mi parte están construyendo. Y en ella, la cadena social no gravita sobre unos pocos; nada de cuanto en ella sucede es por acaso, ni producto de la fatalidad, sino obra inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y la sangría de los pocos. Vivo, soy partidista. Por eso odio a quien no toma partido, odio a los indiferentes".
Antonio Gramsci



