
El gobierno guiado seguramente por las lisonjeras y obscuras encuestas elaboradas en las catacumbas de
artemiópolis acaba de (ay!)
redoblar su apuesta para enfrentar el desafío ya estrictamente y notoriamente político de los productores de carnes. La
derecha vernácula ha intentado sin argumentos pero con algún despliegue mediático oponerse a las medidas oficiales. Llueven las críticas entonces , desde la vieja derecha procesista
acá hasta la nueva derecha postmenemista
aquí, que en reciente
nota del diario La Nación firmada por el Arista Alejandro Rabinovich secundado por la inefable "Lilita" Carrió - que no caza un fútbol pero ve luz y entra- afirma rudo :" Este es el "modelo productivo" del
Presidente para la ganadería: retenciones del 15%, prohibición de exportaciones y arbitrariedad en su manejo, debilidad de controles aduaneros y sanitarios e inexistencia de medidas de fomento a la producción. Así, la ganadería argentina está condenada a la
postración". Mala cosa si señores las retenciones y sin embargo como lo señalara Alfredo Zaiat recientemente " los ganaderos tiene hoy ganancias crecientes porque son poseedores de un bien escaso ante una demanda, en especial, externa creciente. El precio que se marca en el
Mercado de Liniers en lo que va del año ha mejorado sustancialmente el ya elevado margen de rentabilidad bruto". Por otra parte según lo señalan estudios recientes del
Area de Economía y Tecnología de Flacso, la ganadería
“sigue teniendo una rentabilidad extraordinaria y nadie piensa en liquidaciones de stock porque las exportaciones no se frenarán para siempre”. Desde la megadevaluación, el precio de la carne
más que duplicó el índice de inflación y los valores de exportación se ubican en niveles muy elevados. Los márgenes de ganancia aumentaron casi dos veces y media respecto de los existentes durante la convertibilidad y aún en medio de llantos, nadie va a dejar de criar vaquitas ni abandonar tan próspero negocio por una medida de emergencia de un Gobierno que trata de ordenar un mercado que no es perfecto ni mucho menos transparente y tiene fuerte déficit de oferta. Otra cuestión central es establecer el nivel de concentración de tierras y los dueños del negocio ganadero. Al respecto en
Estudios de Historia Económica Argentina desde mediados del siglo XX a la actualidad, publicada por la editorial Siglo XXI y Flacso se observa que pese a la irrupción de los
Fondos de Inversión Agrícola y
Pools de Siembra, los niveles de concentración de la tierra no se ha alterado en las últimas décadas pero , para encubrirla se ha expandido la subdivisión en parcelas como estrategia de elusión fiscal. Se dice en el estudio citado que “El 40 por ciento de la producción ganadera bonaerense es generado por 1250 propietarios de unidades de más de 2500 hectáreas”. Se trata de conspicuos integrantes de la oligarquía argentina, como los Duhau, Larreta-Anchorena, Leloir, De Apellaniz, Gómez Alzaga,
Blaquier, como también las familias de los grupos Bunge & Born, Pérez Companc, Bemberg, Werthein, entre otros. “Las violentas modificaciones en la propiedad del capital (durante los noventa) no se expresaron en el sector agropecuario pampeano y específicamente en el agro bonaerense, aunque sí lo hicieron con alguna intensidad en la región extrapampeana”, destaca el Director del Área de Económia de Flacso
Eduardo Basualdo. Los grandes propietarios controlan el 32 por ciento de la superficie de la provincia de Buenos Aires. así las cosas el escaso o nulo grado de concentración de la tierra que los pobrecitos ganaderos hoy dicen tener y, por lo tanto, también la baja centralidad del negocio agropecuario, el mosaico de propiedades ficticio que presentan como prueba de sus dispersión en cientos de miles de familias gauchas, es funcional y complementa la inalterable vocación de esa cúpula del poder económico de eludir y/o evadir sus responsabilidades impositivas. Es el caso del Impuesto Inmobiliario Rural, especialmente en sus dominios bonaerenses :
Mediante la matufia de subdividir las propiedades a lo pavote esquivan el carácter de progresividad del impuesto, como lo señalan las alícuotas bajas en los primeros estratos que, como se observa
acá , van aumentando a medida que crece la valuación fiscal de la parcela. Zaiat informa en esta misma dirección que "Para no sobrecargar su presupuesto los hacedores de la Patria subdividen en diversas partidas sus campos y así abonan menos por el impuesto, ya que la suma de los gravámenes pagados por cada una de ellas es inferior al monto que debería pagar por una propiedad única de igual extensión.
Por lo tanto, el proceso de subdivisión catastral en nada afecta la concentración de la tierra, ya que las parcelas en que se parten las grandes propiedades siguen perteneciendo, directa o indirectamente, a los dueños originales. De esa forma, los principales señores de la tierra convierten un impuesto progresivo en regresivo, puesto que las alícuotas medias del Inmobiliario Rural ejercen una mayor presión sobre pequeños y medianos propietarios, y no sobre los grandes, que
eluden el pago mediante la mencionada subdivisión de partidas. Si alguien quisiera, además, encontrar el punto de partida de la actual crisis, que es de deficiencia de oferta, debería mirar hacia adentro de la propia oligarquía ganadera. Fue uno de sus máximos exponentes el que diseñó la política más devastadora para el sector, que impulsó una liquidación masiva de hacienda en el período 1977-1982 que redujo de 61,1 a 52,7 millones de cabezas en ese lapso:
José Alfredo Martínez de Hoz. Desde entonces no se pudo recuperar el stock ganadero. Son tan pocos y poderosos como antes , ganan mucho y pagan menos impuestos que lo que debieran". Por otra parte el supuesto mal negocio les resulta hoy tan rentable que un indicador central de nivel de utilidades comno el precio de la tierra ha mutado a niveles extraordinarios. Como señala Horacio Verbitsky ,"
Esta altísima rentabilidad hizo crecer el valor de la tierra, medido en dólares constantes, un 77,2 por ciento en la región de invernada y un 51,5 por ciento en la de cría. Un dato notable es que la evolución del precio de la tierra en la Cuenca del Salado superó a la del estado de Montana, en los Estados Unidos."
Que la oposición política de derecha vieja y reciente presente a los ganaderos como víctimas por una medida que busca atenuar el impacto del incremento en el precio de la carne sobre el índice de la canasta básica de alimentos, impacto que por otra parte es enorme y superior a ningún otro rubro, resulta al menos una imbecilidad , pero esta vez, gracias al tirano hegemónico, será muy probablemente, después de muchos años de "gentil democracia", una
imbecilidad irrelevante.
Artemio López