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8/31/2022

cielos sin glorias

El cuerpo de la pobreza – Por Vicente Zito Lema



A manera de introducción
.

Este trabajo de Vicente Zito Lema es un texto bello y potente, pero además, incómodo; ¿en qué sentido?, bueno, quizá en un plano filosófico remite al concepto de la angustia y al territorio de la pasión triste; la angustia del hombre asomado al precipicio que lo arroja al mundo actual en el que hasta la pobreza, y el cuerpo que le da vida y muerte, fue convertida en un bien de uso, de consumo y de descarte. Desde la tristeza de una pasión, en el mundo donde la pobreza es el horror de este tiempo, no queda mucho espacio para la potencia alegre de la felicidad y su capacidad transformadora, ya que las nubes mueven los cielos sin gloria.

Pero incómodo porque también devela una verdad, que es la siguiente: el cuerpo de la pobreza es el ser de la pobreza en un tiempo caníbal. Por ello, cobra mucha fuerza el acápite del texto, el que trastoco y digo que lo único que este mundo del consumo y el descarte nos ofrece es más pobreza; y en este mundo de pobrezas el ser torna aún más pobre, fatalmente material.

Zito Lema maneja con maestría la fusión entre poesía y prosa poética, el modo más bello (y fuerte, en sentido de realidad) de dar a conocer su visión de este tiempo corrupto en su génesis.

En lo subjetivo, entiendo que hay que estar armado espiritualmente para recibirlo y ver en él que existe, a pesar de la larga noche sin belleza ni piedad del tiempo que vivimos, el último elemento de la canasta de Pandora: la esperanza (aunque haya que quemar las naves)

Texto profundo, filosófico, poético y de una apelación a lo existente amenazado por el hacha de un dios en la orfandad de su soledad.

Conrado Yasenza.


El cuerpo de la pobreza


Por Vicente Zito Lema*

(para La Tecl@ Eñe)


“Nunca olvides
que lo único que un rico
te va a dar
es más pobreza”

Eva Perón


I

El cuerpo de la pobreza es el ser de la pobreza…

No hay pobreza sin cuerpo, tan simple y eterno como que no habrá cuerpos sin muerte…

Sin cuerpo la pobreza es menos que nada, menos aún que esa nadilla de polvo que no flota ni ensucia ni suplica ni suplicia.

O mejor: sin cuerpo la pobreza es el vómito de un viejo dios borracho ahogado de sí, sin ira y sin deseo, apenas huérfano de la soledad…

El cuerpo de la pobreza no tuvo nacimiento beatifico ni tendrá providencia… El Dios se agotó en lo humano.

El cuerpo de la pobreza es el ser de la pobreza ¿Sabrá el cuerpo de la pobreza qué es la vida si sólo construyó la muerte?

¡Quién habló del maldito pecado original!


Cuerpo en la pobreza, en la desmesura sufriente de un ser entre las sombras de su existencia. En la desmesura absoluta de las pasiones tristes que lo desviven y en la desesperación tan ávida como lejana de la felicidad, un territorio más que utópico, apenas ilusorio.

Cuerpo en la pobreza, cabalgando en la irracionalidad de una época de pobreza que deviene por fuera del sentido trasmitido como lo vero humano. Cuerpo en la pobreza, con una lógica y en una estrategia para responder a una necesidad urdida en el consumo de la vida, donde la pobreza también se consume como fruto maldecido, como vacío descarnado del otro, como certeza del peligro que encarna el otro… en tanto espejo de una existencia sólo posible en el horror de devorar un cuerpo día a día, empezando por la lengua que le da palabra.

Cuerpo en la pobreza, ser madera en la hoguera sin límites, donde siempre sopla el viento que aviva las llamas pero también alerta a la vida; cuerpo en la pobreza, como si alguien, pese a todo, pudiera satisfacer un mandato propio de los antiguos dioses, de los héroes sin tiempo…

Cuerpo en la pobreza, cuando la vida y la muerte, en tanto actos del bien y del mal que la corporizan al pie de los altares, la vuelven pensable, tangible, fatalmente material. Cuerpo en la pobreza, estar allí, sin otra salida que quemar las naves (también la sagrada belleza del mascarón de proa…) y decir – entre risas, pánico y desafíos–: ¡vengan por mí, yo ya fui!

Cuerpo en la pobreza, obligado a excavar su nicho en la tierra. Detenido en las puertas del templo de los cielos, triste como esas músicas que nadie escuchará.


II

Hay un aire de incienso que asfixia, un agua de pila bautismal que ahoga, una luz de estrella ciega que quema y oscurece sin escándalo. Sin que se altere el dictado manifiesto de la ley: pulcro en las formas, corrupto en su génesis, siniestro en su anclaje… Se permite una sospecha de la verdad, sólo en los límites que imponen las estrategias legitimadas por el poder sobre el saber científico: impolutas, objetivas, desapasionadas… sin espacio para involucrarse con la verdad de ese cuerpo que se observa y se investiga mientras el cuerpo se martiriza.

Hay, hasta en la coronilla hay, un mundo material que apesta por sus cuatro ventanas del cielo, una luz de lo impuesto de lo real que oscurece la transparencia de la vida, sin que la belleza deje de suspirar entre las nubes de una bóveda que brilla lejos de esa tierra más que yerma, arrasada, privada de amor, en la que apenas acontece el cuerpo de la pobreza, sin más consuelo que una rápida agonía que acorte el estertor.

Es un espacio cotidiano, ganado por el miedo, paralizado por el terror que despierta la sorda melodía del ocaso, igual que el alba cuando el espíritu se cierra, enmudece, acrítico, ese instante feroz donde todo se naturaliza con una ligereza que espanta los espectros, donde la representación de la vida se confunde con la vida misma, en el espasmo tembloroso de la existencia.

El dolor del cuerpo en la pobreza será minimizado, o peor aún, encerrado en la categoría de castigo divino, de aprendizaje cruel pero merecido.

La humillación que sufre el cuerpo en la pobreza provoca un fenómeno de descalificación a partir del propio lenguaje. La palabra ya no es el espíritu que al nombrar crea, sopla los labios, ahora se tensa como un látigo para azotar el alma… sin escándalo.

Más allá de escondrijos y urdimbres del pensamiento, se trata de entender que el cuerpo de la pobreza se manifiesta en la realidad social (esa mesa nacida para el pan y el vino en común) igual que un cuerpo sin ser en el cuerpo (un cuerpo que en armonía bienhechora pudo convertirse en la casa del alma… ¿o imaginan un alma perpetua bajo una lluvia de sal en la intemperie…).

He ahí sin tapujos la realidad del cuerpo en la pobreza, aquello que lo constituye y también lo diferencia: su existencia se da en el espacio y en las prácticas de un cuerpo, que lo produce y lo contiene en sí, el cuerpo de la pobreza.

(Para el ser, puesto allí y sin poder salir de allí, por fuera del cuerpo de la pobreza no habrá existencia. Por más que lo necesite, aunque su deseo se convierta en plegaria, en blasfemia o en demencia “ese camino tan alto y tan desierto…”)

Ese cuerpo, humano y no humano, nunca acabado en su martirio y en su aprendizaje, resulta el verdadero ser, la realidad manifiesta de la pobreza en la construcción trágica de su existencia.


III

El cuerpo de la pobreza, ese sujeto sin metáforas ni lenguaje que lo encubran, es un espacio permanente de la contradicción, donde se produce a cara de perro el histórico combate entre la vida y la muerte (que en algún discurso se personifica en Eros y Tánatos, creando y destruyendo, o si se recurre a la música habrá que memorar los acordes de la luz y las tinieblas… ¿Recuerdan memoriosos, inocentes aquella escena de la Reina de la noche cuando el desvarío es un fuego que sube y sube y se expande y se vuelve sagrado en su propio hermosura?)

Hay un cuerpo como lluvia de cenizas. Hay un cuerpo, carne privada de nombre para que la idea de la pobreza desnude su impotencia. El cuerpo del ser en la derrota: el cuerpo del fracaso de la historia como sueño humano. Ese cuerpo excluido de los atributos de su mismidad, porque el reconocimiento del cuerpo del otro se agotó en las prácticas de la usura (la avaricia hunde la hoja del cuchillo hasta el mango).

Hay un cuerpo que anda por el mundo, sin espacio en el mundo. Sombra y fantasma. Un cuerpo demandado, sometido, desollado, amputado, violado, abusado, despreciado, disciplinado, torturado, condenado en el hacer y en el no hacer. (¡Palos por si bogas y palos por si no bogas!)

Ese cuerpo testigo de la vida como agonía de la vida.

Ese cuerpo sujeto de la agonía, ese cuerpo territorio de la agonía, como si fuera todo el cielo y toda la tierra…

Ese cuerpo que narra –minucioso, exasperante…– la historia del propio dolor humano, allí cuando la carne, superando el ultraje dio nacimiento al espíritu humano.

Ese cuerpo de la pobreza sirviente de otras vidas que brotan y cuelgan con gracia en el aire como racimos, que existen a partir de su vida, (sea la que fuera) y al que se le exige (mientras se lo aleja, se lo exilia, se lo niega) la más preciada conducta de vida en el vivir de otra vida, privilegiada como única y elegida vida, desde el bien de la razón y el bien del corazón. O sea: un espacio de representación, unas reglas de acción legitimadas por sí y en sí, que rechazan drásticamente todo lo que huela a cuestionamiento, a simple diferencias en el saber y en los sentimientos: ni siquiera se podrá imaginar por fuera de lo imaginado sin que ocurra el castigo.

El cuerpo de la pobreza ha sido puesto fuera del espacio, no hay lugar para él por más vasto que sea el universo, y el delirio de querer medirlo, atraparlo. El tiempo tampoco le pertenece, gira y gira sin sostén, sin atadura de un misero hilo; su consuelo es estar fuera de sí sin saber quién lo contiene y donde. Ha sido puesto fuera de sí, sujeto extraño aun en su naturaleza. Es un acontecimiento sin especificidad ni distinción. Amorfo y eterno.

Ese cuerpo pobre, pura desarmonía en el dolor que ni siquiera la belleza socorre…

Ese cuerpo de todos los cuerpos y de todas las identidades, a más rechazadas más castigadas, a más humilladas por los dioses más penadas por la ley, esa ley de la monstruosa normalidad donde el poder y la muerte reflejan su único rostro… perpetuo, inamovible…

Ese cuerpo de hombre, víctima de todos los mandatos…

Ese cuerpo de niño, nacido en el despojo, privado desde el primer aire de la alegría de despojarse…

Ese cuerpo de mujer, en el tiempo y el espacio de la locura atribuida como marca de fuego…

Ese cuerpo irrepetible pasará a ser una ola en el mar, un cuerpo en el sinfín de los cuerpos, en el agotamiento de la pobreza.

Un cuerpo de mujer, maldito y malnacido, objeto de la ira de cualquier dios que se precie, pasto donde come el Maligno, cama donde fornican todos los demonios de la tierra y del infierno.

Ese cuerpo de la mujer de la pobreza, primero violado en la impunidad de la cultura y después despreciado y penado si no acepta los efectos secundarios de “la susodicha violación según la boca de la dicente”, que “aquí fecha la denuncia sin aportar mayores pruebas”, más que “su ropa desgarrada, moretones fuertes en la cara y varias cuchilladas en el cuerpo de la susodicha”…

Ese cuerpo, esa pobreza, esa mujer (y ahora se habla de la figura de Madre y el cuestionamiento de las conductas puestas fuera del imaginario representativo –¡Oh, Mater amantísima!–), que se deberá juzgar, castigar, demonizar, desde la Ley, la religión y la moral, cuando somete su cuerpo sometido a un nuevo sometimiento.

Trastocada la realidad desde su representación cultural la violada violará y la víctima es victimaria; todas las fuerzas del mundo caen sobre el cuerpo de la pobreza, si vende o si alquila su cuerpo, o lo permuta (sea en una parte o en el todo, sea el vientre o la vagina, por hora, por días, hasta que la muerte separe su cuerpo, o hasta la mismísima eternidad), si castiga su cuerpo, si entrega a la muerte su cuerpo o los frutos de su cuerpo…

El cuerpo de la pobreza será el horror –y el alma de ese cuerpo de mujer también será crucificada, por el peor pecado cometido con horror–, si abortó a su hijo aún en el trance del crimen que sufrió, si abandona a su hijo en el terror de la pobreza que la invalida, si lo vende o lo alquila por dinero o por desesperación…

La huella del horror, el horror que trae aquel que pisa la tierra con la seguridad del que todo lo pudo y todo lo puede, lo vuelve delito y pena. (Te cortan la cabeza con el hacha o te despellejen con la paciencia de un santo…)

Así se prolongará el horror, como cosecha arrancada del cuerpo más humilde, cuerpo que deberá rendir más, siempre más, obligado a trabajar, a mendigar, a robar, a dejarse violar y quedarse con las migajas en el tan provechoso, como protegido, comercio de la prostitución… Y si grita o llora a más no poder por ese hijo que pierde su cuerpo de la pobreza, la mujer de la pobreza más pobre, que corre, que se escapa, huye, en el medio de una noche sin belleza ni piedad, será ella la maldita y eterna noche que siempre será noche… sin escándalo… puro olvido…

El que pregunta ya sabe. El que calla también sabe.

¿Quién se arroga lanzar la primera palabra que golpea más que la piedra?

O mejor: ¿quién se arrima al cuerpo de la pobreza para destruir, junto a él, la pobreza que vive para que viva la riqueza, esa riqueza que sólo vive en la riqueza, viviendo de la pobreza, así como el mal vive en el mal y la muerte en la muerte, así como el mal y la muerte existen en la riqueza…?

Hemos vivido y ahora podemos preguntar:

¿Quién habla del amor desde el desamor…?

¿Quién exige lo justo al que fue obligado a sobrevivir en la perpetuidad de lo injusto?

¿Quién trasciende la agonía cuando la soledad llama a la soledad?

¿Cómo pedir palabras al sufriente en su lengua cortada, decisión crítica al que fue saqueado hasta en su conciencia y obligado a bajar la cabeza hasta que sus ojos se confunden con el suelo y allí quedan?

¿Gestos de piedad a quien fue llevado a las rastras al matadero, como si allí lo esperara la pira de la bendición?

¿Qué fue de la dicha? ¿Cómo se perdió la inocencia prometida? ¿Acaso nuestra alma no daba para más…?

Las nubes… Las nubes… Esas nubes que mueven los cielos sin glorias…


*Poeta, escritor, docente y periodista.

1/04/2020

la pobreza estadística o por qué el intento de reconstruir la serie de pobreza “hacia atrás” resulta sumamente complejo?


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La pobreza y la indigencia en Argentina
¿Qué muestran y qué ocultan los índices?

Eva Sacco y Alejandro Moyano

La información de calidad es necesaria para tomar decisiones y el Estado, a través del Sistema Estadístico Nacional, tiene un rol decisivo en la provisión de estos datos. El propio Estado necesita información para diseñar y evaluar políticas públicas, los ciudadanos cuando votan y las empresas cuando deciden sus planes de inversión. Desde hace varios años, coincidiendo con diferentes administraciones políticas, la calidad de los datos que surgen del INDEC fueron puesto bajo tela de juicio. La controversia abarca básicamente dos indicadores relacionados: medición de la inflación y la pobreza por ingresos.

Respecto a la pobreza por ingreso, a fuerza de repetición “30% de pobreza hace 30 años” se transformó en un eslogan que construye sentido común. Pero un debate profundo sobre la pobreza es complejo y multidimensional. Desde un enfoque metodológico es imprescindible entender qué es la pobreza, cómo se quiere medir y cómo se mide, cuáles son los alcances y limitaciones de las diferentes miradas y mediciones. Sin pretender exponer aquí un ensayo académico, intentaremos desarrollar algunos puntos centrales que están muy oscuros en el debate público.

El funcionamiento del Sistema Estadístico Nacional:
Por Ley, el Estado realiza el Censo de Población que es una de las bases del Sistema Estadístico Nacional. Dado el costo en tiempo, recursos humanos y económicos se realiza -o deberían realizarse- cada 10 años. Entre períodos censales se realizan encuestas por muestreo y para garantizar la calidad se deberían cumplir dos condiciones: el diseño y la implementación operativa (Comari y Moyano, 2013). La primera condición hace referencia a las características requeridas para lograr que la muestra sea representativa como así también el margen de error para los indicadores asociados. La implementación operativa, por su parte, tiene que ver con el trabajo de campo: guardar las condiciones para que el relevamiento se aleje lo menos posible del diseño.

En el caso específico de la Encuesta de Hogares, que es la base para el cálculo de la pobreza y la indigencia, se organiza por estratos socioeconómicos. La muestra se diseña para que la encuesta esté integrada por todos los sectores sociales de la población argentina. Desde el punto de vista del trabajo de campo, la estrategia de abordaje utilizada con las personas residentes en las viviendas seleccionadas se basa en la persuasión y explicación de la importancia del operativo. El INDEC y los Institutos de Estadística dedican importantes recursos a la capacitación a encuestadoras y encuestadoras, el envío de cartas y folletos explicativos a los hogares y la sensibilización en medios de comunicación, entre otras estrategias. Sin embargo, el nivel de dificultad no es homogéneo, con lo cual los responsables de los operativos de campos utilizan variados e ingeniosos recursos. Específicamente hay dificultades para relevar las zonas de edificios donde el acceso está mediado por encargados (como la zona del barrio de Belgrano o Caballito), o directamente por un sistema de administración (como Puerto Madero o barrios cerrados). En el otro extremo, también entrañan una mayor dificultad las zonas donde usualmente se encuentra la población de menores ingresos: por factores geográficos, climáticos o de seguridad física de los relevadores.

Mientras menor sea la cantidad de respuestas incluidas en la encuesta, mayor será el error muestral: el valor indicado como dato tendrá una menor precisión y confiabilidad. Pero si la respuesta obtenida a nivel de los estratos originales es muy diferente, el problema ya no es de precisión sino de sesgo. Un grupo no estaría representando o estaría muy poco representado y el dato publicable estará tergiversado por los problemas operativos. Cierto es que gracias a la intervención de estadísticos/as, matemáticos/as y profesiones conexas se han establecidos procedimientos de corrección de no respuesta de manera de “ajustar” dichas estimaciones. Básicamente la operación consiste en ajustar el peso de unos y otros de manera de volver a tener cada estrato el peso que le corresponde a la estructura original (INDEC, 2010). Esta solución ad-hoc involucra un costo importante en la calidad de los datos a medida que la distancia entre la estructura obtenida se diferencia de la población. El problema más importante se da, cuando la respuesta es tan baja en algunas áreas que hay muy pocos “respondentes” para aumentar las ponderaciones y equilibrar la estructura original. Peor aun cuando hay porciones territoriales (áreas) enteras que no son relevadas y sus ponderaciones (peso en el total de la muestra) pasan íntegramente a otras áreas.

La Pobreza y la Pobreza Estadística

En el discurso cotidiano, entendemos que la pobreza es la privación de las necesidades materiales, lo que puede entenderse en términos relativos o absolutos. En concreto, si hablamos de pobreza relativa, una persona es pobre porque tiene menos recursos materiales que el promedio o la mayoría de la sociedad en la que vive y si hablamos de pobreza absoluta, nos referimos a parámetros normativos como que una persona es pobre porque gana menos de uno o dos dólares diarios, porque no puede consumir una cantidad de calorías mínima o acceder a un conjunto de bienes y servicios determinados.
El método de medición utilizado para medir la pobreza (o más bien el porcentaje de población pobre) está íntimamente relacionado a una u otra definición. En este caso, como en muchos otros, la herramienta de medición define el fenómeno de estudio, el alcance y sus límites. Uno de los indicadores que se utilizan actualmente para medir la pobreza son las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), pero también está ampliamente difundido el porcentaje de la población residente en hogares particulares que no cuenta con ingresos suficientes para cubrir una canasta básica de alimentos y bienes y servicios de primera necesidad. A esta medición se refieren los medios cuando se remarca que el 30 o el 40% o xx% de la población es pobre, o mejor dicho el porcentaje de población residente en hogares particulares, pues si un hogar es pobre, entonces todos sus integrantes lo son. Estos guarismos son los que mayor controversia generaron en los últimos tiempos.
La metodología de medición por ingreso constituye una medida indirecta porque no refiere al nivel de privación material -como sí lo hace el método de las Necesidades Básicas Insatisfechas-, sino a los ingresos que sirven para satisfacerlas. Un primer problema de esta medición es que no toma en cuenta el patrimonio, la riqueza, redes de contactos ni estrategias de los hogares para hacer frente a una merma en sus ingresos. Tomemos como ejemplo un hogar cuyo único sostén económico pierde su ingreso, por ejemplo, por ser despedido/a del trabajo. Según el método de la línea de pobreza automáticamente pasa a ser pobre. Pero este hogar podría tener ahorros (que no son ingresos, entonces no se contabilizan) o podría acudir a financiarse con tarjeta de crédito mientras dura el proceso de búsqueda de empleo, sin necesidad de cambiar dramáticamente su estilo de vida si el mismo no se extiende demasiado. También podría ser apoyado por amigos/as o familiares. Pero mientras que el apoyo monetario se contabilizaría como ingresos (aunque en términos estrictos son transferencias del Estado u otros hogares), si se hace mediante bienes o servicios es invisibilizado por la metodología ya que considera sólo ingresos monetarios. También en contraposición a esto, cuando un hogar está ahogado de deudas financieras la parte del ingreso que se destina al pago no se puede dedicar al consumo de bienes y servicios con lo que la pobreza en este caso queda invisibilizada. Más aún, aquellas personas que viven de ingresos estacionales (por ejemplo, la liquidación de exportación de soja), aunque sean muy cuantiosos quedarán como pobres cuando claramente no lo son si en el periodo de toma de datos no se registra ingreso alguno.
Para medir el porcentaje de hogares pobres por ingresos, se utilizan cuatro fuentes de datos diferentes. Primero, se construye y cuantifica la composición de la canasta básica alimentaria. Una segunda fuente de datos está dada por la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares que provee la estructura de consumo de la población de la cual se extraen una serie de productos con los cuales se satisfacen esas necesidades calóricas, los que son medidos y seguidos el costo de comprarlos a través del Índice de Precios al Cosumidor, el que constituye la tercera fuente de datos. La cuarta fuente es la que provee los ingresos y composición de los hogares: la Encuesta Permanente de Hogares; de la cual se obtienen las personas según grupo etario y sexo, las que se transforman en “adultos equivalentes” en función del diferencial de esos consumos calóricos. Se suman todos los ingresos de todos los miembros del hogar y se los divide entre la suma de adultos equivalentes de manera de obtener un ingreso per cápita de los adultos equivalentes. En función de si el hogar supera o no el monto ingresos para cubrir esta canasta básica alimentaria –línea de indigencia-, se decide si el hogar -y por ende sus miembros- es o no indigente. La canasta de pobreza o línea de pobreza, por su parte, se calcula como una proporción de la canasta alimentaria partiendo del supuesto que en todos los hogares la relación entre gastos alimentarios y no alimentarios es constante. Desde la economía feminista se observa especialmente que los hogares monoparentales no cuentan, a diferencia de los hogares con dos adultos, con el trabajo gratuito de uno de los cónyuges (casi siempre una mujer que realiza un promedio de seis horas de tareas de cuidado al interior del hogar) y están obligados a contratarlos en el mercado. En definitiva, si se considerara una canasta adaptada para los hogares con menores y una mujer a cargo, el porcentaje de éstos con ingresos insuficientes sería muy superior. Actualmente el 60% de los hogares monoparentales tienen ingresos por debajo de la línea de pobreza estándar. Un concepto similar puede aplicarse a los hogares que alquilan la vivienda y deben descontar de sus ingresos un monto relevante. Tampoco los que cuentan con algún miembro del hogar con enfermedades crónicas, discapacidad o en definitiva a todos aquellos que difieren de la pareja unigeneracional, con hijos menores, sanos y propietarios de una vivienda que satisface todas las condiciones para una vida digna. Una realidad mucho más cercana a la de las clases medias urbanas que a los barrios populares.
A la luz de lo expuesto, claramente el indicador de pobreza por ingresos no resulta suficiente para dar cuenta de la complejidad de las privaciones materiales y su utilidad como indicador se circunscribe a analizar el poder adquisitivo de los hogares de menores ingresos. Pero su alto nivel de sensibilidad ante cambios en los precios y en los ingresos sirve de termómetro de las condiciones socioeconómicas: lo más importante no es el valor absoluto sino su evolución. Un salto positivo en los niveles muestra un problema grave: los ingresos reales de la población más vulnerable se están deteriorando. Por el contrario, una disminución demuestra una mejora en su poder adquisitivo.
La evolución reciente de la pobreza por ingresos

En función de los dos puntos desarrollados anteriormente, surgen algunos elementos con respecto a los indicadores de indigencia y pobreza que calcula el INDEC. En primer lugar, las dificultades operativas para el relevamiento en los sectores de menores ingresos tienen un impacto determinante en las mediciones socioeconómicas. A los problemas históricos -y para lo cual existe amplia bibliografía- sobre la dificultad de obtener respuesta en los sectores más altos se le suma la ineficiencia operativa y la ausencia elevadísima o casi completa en áreas de estratos bajos. Los deterioros en el relevamiento que se fueron profundizando durante la gestión de Jorge Todesca se suman a los cambios metodológicos en el tratamiento de las no respuestas. La falta de relevamiento en villas de emergencia y zonas de difícil acceso sesgan el indicador de pobreza, y su representatividad esta acotada a los sectores medios. La medición de la pobreza por ingresos a partir de las actuales encuestas a hogares –muy criticada, pero ante la cual nunca se logró implementar una alternativa superadora- se ve francamente cuestionada ya que por un lado se aplasta el techo de los ingresos y se suprime la base de la población que es la que por definición está más cerca de estar inmersa no sólo en la pobreza sino también en la indigencia. Es decir que si se mide la pobreza sin relevar los datos de las personas que se encuentran en la peor situación (de los que residen en viviendas particulares, estando de origen exentos los que están en situación de calle) lo que se termina midiendo, en definitiva, es la pobreza de la clase media.

Por otro lado, dejando de lado las consideraciones sobre los problemas de la Encuesta Permanente de Hogares y volviendo al concepto de pobreza como vara de comparación, en el año 2016 cuando se publican los niveles de pobreza e indigencia luego de haberse discontinuado la serie en 2014 se informa que la población por debajo de la línea de pobreza era de 32%. Si bien el INDEC nunca se pronunció públicamente sobre el valor que la vara tomaba en años anteriores, desde el entonces oficialismo se “empalmó” discursivamente con el 30% de pobreza que la UCA publicaba. Basta notar que comparar los datos de pobreza por ingreso a partir de encuestas de diseño tan dispar, y con canastas tan diferentes como las que utilizan UCA e INDEC consiste en un error teórico sustancial.
Más allá de los debates metodológicos e inconsistencias encontrados en el procedimiento del INDEC, resulta significativo el nulo esfuerzo del organismo para publicar la serie de canastas e indicadores de indigencia y pobreza desde el inicio de la gestión de Cambiemos y reconstruirla hacia atrás. El silencio del instituto al respecto ha dejado instalada la idea de la existencia de un nivel de pobreza del 30% en todo el quinquenio previo a la asunción del gobierno de Cambiemos, y que el punto de partida a partir del cual se debe evaluar su gestión sería el segundo trimestre de 2016. Varios analistas, con posterioridad a la publicación de los datos sobre pobreza e indigencia, se dedicaron a “tirar” para atrás la nueva canasta por INDEC para el segundo trimestre, por medio de diversos índices de precios no oficiales convalidando la hipótesis de un piso para la pobreza de 30% en 2015 (con un nivel de pobreza resultante de 60% en 2002, que desafía el sentido común). El procedimiento de actualización o de deflación de canastas de consumo por períodos largos que cruzan eventos de cambios de precios relativos (como devaluaciones) presenta serios inconvenientes como muestran Pizarro y Sacco (2017).-
En definitiva, el intento de reconstruir la serie de pobreza “hacia atrás” resulta sumamente complejo desde el punto de vista técnico por la falta de información homogénea y el deterioro en términos de calidad de la información que fueron sufriendo los diferentes elementos que intervienen en el cálculo durante el período considerado. En el período 2009-2015 la incertidumbre en el cálculo de la pobreza se asocia a la duda que tiñe los relevamientos de precios, a partir de 2016 el deterioro se asocia al uso de una estructura de consumo añeja provista por la Encuesta nacional de Gastos de los Hogares 2004 y a la calidad de los relevamientos de ingresos de la Encuesta de Hogares.
 Referencias:
Comari, C. y Moyano, A. (2013). El Sistema Integrado de Encuestas a Hogares de Argentina. Claves para el sostenimiento de un sistema de estadísticas sociales abarcativo, robusto, ágil y coherente. XLI Coloquio Argentino de Estadística. Sociedad Argentina de Estadística (SAE)/Universidad Nacional de Cuyo (UNCu). Mendoza, Argentina.
INDEC. Diseño muestral y factores de expansión en encuestas a viviendas, hogares y población: el caso de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo 2009. Serie Metodología Nº 16. Instituto Nacional de Estadística y Censos. Buenos Aires. 2010. 35 p.
Pizarro, Andres y Sacco, Eva (2018). La Pobreza en Argentina: del punto de partida y otras sombras. CEPA. https://centrocepa.com.ar/informes/103-la-pobreza-en-argentina-del-punto-de-partida-y-otras-sombras.html
Pizarro, Andres (2017). Las inconsistencias en la medición de la pobreza: un análisis de la metodología del INDEC a partir de 2016. CEPA. https://centrocepa.com.ar/informes/88-las-inconsistencias-en-la-medicion-de-la-pobreza-un-analisis-de-la-metodologia-del-indec-a-partir-de-2016.html
Pizarro, Andres y Sacco, Eva (2017). Medición de la pobreza en argentina: ¿estratagema de ocultamiento o simple deterioro institucional?. CEPA. https://centrocepa.com.ar/informes/107-medicion-de-la-pobreza-en-argentina-estratagema-de-ocultamiento-o-simple-deterioro-institucional.html
Pizarro, Andres y Sacco, Eva (2016) Medición de Pobreza (Noviembre 2015-abril 2016) CEPA. https://centrocepa.com.ar/informes/114-medicion-de-pobreza-noviembre-2015-junio-2016-gba-y-region-pampeana.html
Relcionado

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Medición

La UCA recortó de 39,2% a 34,1% la tasa de pobreza que espera del Indec

Sorpresivamente, y a través de tuiter, el Observatorio de la Deuda Social modificó la proyección del dato oficial para el tercer trimestre. La propia medición de la UCA, se mantiene en 40,8%.🤷‍♂️


7/19/2019

increíble pero real: la srta. heidi parece que mintió🤷‍♀️


Pobreza: los números desmienten a Vidal

La gobernadora bonaerense sostuvo que los niveles actuales "son similares a cuando terminó el kirchnerismo" pero los datos muestran que la afirmación es incorrecta.

Daniel Schteingart

dany@cenital.com @danyscht?lang=es


Hace unos días, la gobernadora María Eugenia Vidal fue entrevistada por los periodistas María O'Donnell y Ernesto Tenenbaum en el programa "Corea del Centro". Allí, la gobernadora señaló que "hoy los niveles de pobreza son similares a cuando terminó el kirchnerismo". Sin embargo, toda la evidencia disponible refuta esta afirmación. Veamos.

Una aclaración fundamental

Es bien sabido que entre 2007 y 2015 el INDEC no tuvo estadísticas confiables, principalmente en lo que concierne a inflación y -concomitantemente- pobreza. En 2016, el organismo recuperó credibilidad y volvió a medir la pobreza. No obstante, implementó un cambio metodológico importantísimo del cual buena parte de la población no está al tanto: modificó la canasta básica. Hoy, la canasta básica es más grande que en el pasado (por ejemplo, tiene más kilos de comida que antes) y, por tanto, es más cara. Por tal razón, hay muchas familias que compraban la canasta tradicional (que se usó desde fines de los '80) pero no compran la canasta nueva. Aproximadamente, este cambio metodológico introdujo 10 puntos nuevos de pobres. ¿Qué significa esto? Que si, por ejemplo, en 2002, la pobreza con la metodología tradicional había tocado el récord de 57%, con la nueva metodología tal cifra superó el 67%. Del mismo modo, en el segundo semestre de 2017 hubo 26% de pobres (el mínimo en 30 años), lo cual equivale a 16% con la canasta vieja.

¿Existe una metodología más verdadera? No: siempre la forma en que medimos pobreza tiene cierta dosis de arbitrariedad, dado que tenemos que tomar una decisión respecto a qué es necesidad básica o no (hoy por ejemplo la canasta básica tiene vino y cerveza: ¿es eso una necesidad básica?). Por tal razón, más que ver el número suelto de pobreza, lo más importante es ver tendencias: "hoy estamos como en tal año" es más ilustrativo que decir en abstracto "hoy la pobreza es tanto por ciento".

Vale aclarar que entre 2007 y 2015 la metodología de pobreza siguió siendo la misma que en los años previos. Lo que ocurrió es que se manipularon los precios del changuito y, por lo tanto, el INDEC mostraba un descenso de la pobreza mucho más acelerado que el real. En otros términos, la canasta siguió teniendo las mismas cosas que antes (no es que se cambió la forma de medir pobreza): lo que ocurrió fue que el precio de tales cosas estaba adulterado.

La pobreza en tiempos de Cambiemos

De acuerdo a estimaciones que hicimos con los economistas Guido Zack y Federico Favata, en el segundo semestre de 2015 la pobreza, medida con la actual metodología del INDEC, fue del 26,9% (y 29,5% en la Provincia). En términos absolutos, esto equivalía a poco menos de 12 millones de pobres en el país. En los primeros meses de gobierno la pobreza trepó más de 4 puntos, pero entre el segundo semestre de 2016 y fines de 2017 bajó significativamente, incluso perforando la marca de 2015. Para el segundo semestre de 2017, la pobreza se ubicó en 25,7% de acuerdo al INDEC, lo cual se debió a la recuperación del poder adquisitivo de los hogares y el crecimiento económico (que impulsó el empleo tanto formal como, sobre todo, precario). Es difícil entender la contundente victoria de Cambiemos en las legislativas de 2017 sin la importante baja de la pobreza ocurrida ese año. Tal como se ve en el Gráfico 1, la tendencia de la provincia de Buenos Aires (línea roja) es en general muy parecida a la del conjunto del país, aunque el nivel es ligeramente mayor [1].


Gráfico 1





Sin embargo, a partir de la crisis cambiaria iniciada en abril de 2018, la inflación -y por consiguiente la pobreza- se disparó. La última medición oficial se refiere al segundo semestre del año pasado y arroja 32% de pobres. No obstante, hace unas semanas, el INDEC dio a conocer datos de distribución del ingreso del primer trimestre de 2019, que permiten que investigadores puedan estimar -con alta precisión- de cuánto fue la pobreza en ese período. Nuestra estimación -a tono con la de otros colegas- es de 35% a nivel nacional y del 38% en la Provincia [2]. (El lector seguramente se esté preguntando por qué el INDEC no dio este dato: la respuesta es que el organismo publica datos de pobreza cada 6 meses en lugar de 3 -siempre fue así-. El próximo informe del INDEC se dará a conocer a fines de septiembre y comprenderá el primer semestre de 2019).

Es decir, la pobreza hoy es 8 puntos más alta que cuando asumió Cambiemos, y 9 puntos mayor al mejor momento de 2017. El actual 35% de pobres es comparable con los niveles del año 2008. En tanto, en términos absolutos, pasamos de unos 12 millones de pobres en todo el país a fines de 2015 a casi 16 en la actualidad (ver Gráfico 2). Los 4 millones de nuevos pobres se explican íntegramente por lo ocurrido desde 2018.

Gráfico 2


Otros estudios van en la misma dirección. La diferencia de estas estimaciones es que llegan hasta el primer semestre de 2015 en lugar de hasta el segundo (como hicimos con Zack y Favata), en el cual la pobreza bajó un par de puntos respecto al primero [3]. A modo de ejemplo, la UCA calculó -con la misma metodología que el INDEC hoy- una pobreza del 29% en el primer semestre de 2015; misma cifra estimó elCentro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA), en tanto que el Centro de Estudios Distributivos y Sociales (CEDLAS) calculó alrededor del 30% [4].

¿Por qué subió la pobreza? Básicamente, porque los ingresos de los hogares perdieron contra la inflación [5]. El grueso de dichos ingresos se explica por los salarios (las jubilaciones y la AUH tienen un volumen menor), de modo que en general cuando sube el salario real baja la pobreza y viceversa. Tal como se ve en el Gráfico 3, el poder adquisitivo de los trabajadores cayó 16,4% desde noviembre de 2015. Con tamaña contracción del bolsillo, es muy aventurado concluir que la pobreza se mantuvo estable. 


Gráfico 3


Fuente: Instituto Estadístico de los Trabajadores (UMET-CITRA-CONICET).

Es fundamental discutir cómo bajar la pobreza sosteniblemente. Pero para eso primero es requisito comprender la tendencia reciente de la pobreza. Creer que "acá no ha pasado nada" como dice la gobernadora es un punto de partida muy malo para la discusión.

[1] El dato del primer trimestre de 2019 está estimado para la provincia de Buenos Aires, asumiendo que se mantuvo la brecha de niveles con el total nacional del período 2008-2018.

[2] En sentido estricto, el 35% de pobres corresponde al semestre comprendido entre octubre de 2018 y marzo de 2019. La razón de medir siempre semestral obedece a que siempre haya comprendido un medio aguinaldo en la medición. Si se tomaran solo trimestres, tendríamos una serie mucho más irregular, producto de que en aquellos con medio aguinaldo la pobreza baja aproximadamente 1,5 puntos respecto a los que no tienen medio aguinaldo.
[3] La razón por la cual llegan hasta el primer semestre tiene que ver con que no hay microdatos disponibles de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del segundo semestre de 2015 (y tales microdatos son insumo clave para estimar pobreza). Con Zack y Favata realizamos un sofisticado trabajo de simulación de la EPH a partir de datos secundarios como ANSES y SIPA, e interpolación de la EPH entre las últimas ondas del período 2014-15 y las primeras del período post normalización del INDEC (2016-17). A quien le interese más información, puede leerla aquí.
[4] Nuestra estimación es del 29,6% para el primer semestre de 2015, completamente en línea con las otras.
[5] Acá nos estamos refiriendo exclusivamente a la pobreza por ingresos, que surge de comparar los ingresos de los hogares contra una canasta básica. Existen otras formas de medir la pobreza, y que van más allá de los ingresos, al incorporar cuestiones como los materiales de la vivienda, hacinamiento, acceso a servicios públicos, salud, educación, etcétera.

4/01/2013

la pobreza en el sube y baja !


 Leemos en Télam:

Piedra libre al OSO - Observatorio Social de la Opo

Los datos sobre la pobreza, publicados en distintos momentos en varios medios de circulación nacional, son arbitrarios y contradictorios. Un recorrido por la divulgación de esas cifras, firmadas siempre por instituciones ligadas a la Iglesia, muestra la incongruencia en datos tan sensibles.


Me tienes en el sube y baja
me vuelvo loco ya no sé qué hacer
Lalo Fransen


La utilización del discurso opositor bajo el formato estadístico es otro fetichismo de estos días sin oposición político-partidaria sólida. Una de las más prolíficas en visibilidad en medios opositores advierte sobre la evolución de la pobreza reciente y puebla habitualmente diarios y revistas que adversan al gobierno nacional.

Es “la Iglesia” la que divulga cifras de pobreza generadas en la universidad privada UCA, aprovechando el imaginario que supone a la institución católica “comprometida con los que menos tienen” y el impulso adicional que, según suponen, se sucede tras la asunción del papa Francisco.

Marketing celestial, pero arbitrario y contradictorio, veamos. En noviembre de 2011, el Observatorio de la Deuda Social de la UCA le hacía decir al diario opositor La Nación: “Un cóctel preocupante de pobreza, inseguridad, riesgo alimentario, empleo precario y déficit de viviendas envuelve a gran parte de los 12,8 millones de personas que viven en el área metropolitana de Buenos Aires, formada por la Capital Federal y treinta municipios aledaños”.

Así lo refleja un informe de Cáritas, brazo social de la Iglesia, y el Observatorio de la Deuda Social, que dice que el 34,9% de la población, unos 4,4 millones de personas en esa área metropolitana, vive bajo la línea de pobreza.

Señalábamos en 2011 al respecto: Se conoció recientemente en la tapa de un importante matutino nacional un estudio sobre pobreza realizado en el área metropolitana de Buenos Aires, formada por la Capital Federal y treinta municipios aledaños, donde residen 12,8 millones de personas. Fue presentado por Cáritas, el brazo social de la Iglesia, y realizado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina. El estudio afirma que actualmente, en esa región metropolitana, el 34,9 por ciento de la población residente es pobre por ingresos.
"Es 'la Iglesia' la que divulga cifras de pobreza generadas en la universidad privada UCA, aprovechando el imaginario que supone a la institución católica 'comprometida con los que menos tienen' y el impulso adicional que, según suponen, se sucede tras la asunción del papa Francisco."

El brazo social de la Iglesia se equivoca. Erraba en 2009 cuando insistía en que la pobreza era del 30,9%, y sigue equivocándose hoy que supone ha trepado cinco puntos adicionales tras descenso en el desempleo y fuerte crecimiento del lapso 2009-2011.

Dejemos de lado la discusión sobre valorización de canasta básica, que para el estudio eclesial es de 2150 pesos para un hogar tipo metropolitano.

Hay inconsistencias tan notables en el nivel de incidencia de la pobreza metropolitana que informa el estudio que hasta pareciera increíble que Cáritas las propale sin medir las consecuencias políticas que supone que una institución de connotación religiosa distorsione datos sobre cuestiones tan sensibles a la comunidad como los niveles de pobreza. Veamos las pifias más de cerca.

Según el Observatorio de la Deuda Social Argentina, una consultora opositora, vinculada con la universidad privada UCA, existe hoy el 34,9 por ciento de pobres en la región metropolitana. Esto es un nivel similar de pobreza que el de 2004, más precisamente la existente en el segundo semestre de aquel año, cuando la pobreza, según el impoluto INDEC de entonces, ascendía a 37,7 por ciento en el Gran Buenos Aires.

En ese momento concurrían tres factores que, analizados en conjunto, desbaratan de raíz el cálculo falaz del Observatorio de la Deuda Social.
1. El 7,3 por ciento de desocupación de hoy en el GBA era del 15.3 en 2004.
2. El trabajo informal, hoy del 34,5 por ciento, en 2004 llegaba al 47,7.
3. Hoy existe la Asignación Universal por Hijo, que transfiere 440 pesos por hogar beneficiario, de alto impacto en ciudadanos bajo la línea de pobreza, cuando en 2004 no existía.

Según Cáritas, apoyada en las cifras de la universidad privada UCA, tendríamos a fines del año 2011 los mismos niveles de pobreza que en el segundo semestre de 2004, cuando se observaba el doble de desempleo abierto, el 30 por ciento más de trabajo informal que en la actualidad y aún no existía la Asignación Universal por Hijo. Un disparate por donde se lo mire.

Seis meses después, el mismo Observatorio Católico privado le hacía publicar al mismo matutino opositor: “Contra lo que dice el INDEC y pese al crecimiento a ‘tasas chinas’ de los últimos años, casi el 22% de la población vive aún bajo la línea de pobreza, con un ‘núcleo duro’ de indigencia del 5,4%”.

Sostuvimos entonces que, al contrario del informe anterior del Observatorio Católico privado que mostraba un nivel de pobreza delirante del 34,9%, no existía ningún ejemplo planetario de reducción tan drástica de la pobreza en tan corto lapso como el que señalan ahora los informes de la UCA que la ubicaban en el 22%: ¡Una baja en la pobreza del 34,9% al 22% de la población en un semestre!

Trece puntos de pobreza menos en seis meses. Según el Observatorio privado en aquel semestre abandonaron la pobreza  5,2 millones de personas. A razón de 860 mil pobres menos por mes, 28.600 por día, 1.192 por hora, casi veinte por minuto. Medalla de Oro Olímpico en baja de la pobreza. Si fuera cierto, pero !ay! Tampoco lo fue.

Ahora, nos enteramos que según la misma entidad vinculada a la UCA, ¡la pobreza volvió a trepar a lo pavo!

Se lee el domingo pasado en el opositor matutino Clarín, que le asigna su tapa catastrófica al informe: Según un relevamiento de la Universidad Católica, a finales de 2012 la pobreza alcanzaba a unos 11 millones de personas, el 26,9% de la población.
Esto supone que en seis meses nuevamente la pobreza ha crecido, esta vez cinco puntos, cifra módica respecto a los barquinazos que nos tiene acostumbrado el Observatorio de la UCA. Se trata ahora de dos millones de personas adicionales respecto al último valor informado por el mismo Observatorio privado a mediados del año 2012, donde decían que había caído 13 puntos respecto a la medición del mismo Observatorio Católico de un semestre anterior.

Para colmo de males, con igual excentricidad lógica que la mostrada en informes anteriores, para el Observatorio católico privado la pobreza habría crecido ahora en el mismo lapso en que el desempleo bajó desde el  7,2% al 5,9%, las convenciones colectivas se pactan en torno al 22% sosteniendo el poder adquisitivo del salario formal privado.

En el mismo período en que las jubilaciones y pensiones treparon un 30,1% y el aumento de la AUH fue del  25,9%, lo que supone una transferencia por hogar beneficiario de $680 promedio, la mayor transferencia de ingresos y el mayor poder adquisitivo del beneficio desde que la Asignación Universal existe.

Desde su primera actualización la AUH acumula ya un 72% de aumento, incremento que se ubica por sobre el nivel inflacionario observado en los últimos tres años, medido por índices oficiales o privados.

Nada de esto parece tener impacto en la evolución desconcertante de los niveles de pobreza que ofrece sistemáticamente el observatorio católico privado, cuyas variaciones recientes se observan a continuación.


Evolución reciente de la pobreza según la Universidad Católica


Como se ve en el gráfico, los saltarines datos de pobreza del Observatorio católico privado, inconsistentes por donde se los mire, constituyen un módico dispositivo retórico a fin de asignarle pretensión de “robustez estadística” al habitual relato opositor. ¡Qué pillos!

En fin, y para darle una salida bien setentista a esta columna, según el Observatorio Social de la Opo (OSO), la pobreza está en un sube y baja que haría empalidecer de envidia a los mismísimos compañeros de ¡¡¡Katungaaaaa!!!!

Katunga sube y baja.

5/01/2007

brecha de la pobreza y núcleo duro. porqué es necesario controlar los precios de los alimentos básicos

A pesar de su mala , muy mala prensa, Ramble sigue manifestándose a favor del control severo de precios de la Canasta Básica Alimentaria. Esta vez vamos a argumentar en función de la situación de ingresos de los hogares del estrato bajo, correspondientes a los dos primeros deciles de ingresos en la pirámide de estratificación. Habitualmente se analiza la incidencia o extensión de la pobreza, respondiendo a la pregunta cuantos pobres hay?. Sin embargo, existe otra dimensión menos analizada de carencia que responde a la pregunta sobre qué tan pobres son los pobres, indaga entonces sobre la profundidad de la pobreza. En este sentido la Brecha de pobreza es un indicador complementario central para analizar la situación de carencia de ingresos de una región o país, pues permite realizar prospectivas acerca de cómo evolucionará el indicador de incidencia a futuro y su elasticidad respecto de otros, como crecimiento, desempleo, etc. La Brecha de pobreza mide la distancia monetaria entre el ingreso real de los hogares pobres captado por la Encuesta de Hogares y el valor de la línea de pobreza elaborado por el INDEC, expresado como porcentaje del valor de la línea de pobreza específica de cada hogar o si es el caso, del hogar promedio de la región o país bajo análisis. Como se observa en el cuadro que abre este post (click sobre la imagen para verla mejor) la Brecha de pobreza nacional alcanzó su punto máximo en mayo del 2002, trepando al 53% del valor de la línea de pobreza , por lo cual en aquel tremendo momento, el ingreso promedio de los hogares pobres requería más que duplicarse para llegar a superar el umbral que marcaba la línea de pobreza de entonces. Luego la brecha comienza a reducirse levemente, en principio por las políticas de transferencias de ingresos (Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados hasta mayo de 2003) y luego a partir del segundo semestre de 2003, continúa el lento descenso esencialmente por la recuperación de los ingresos globales de la población vía mejoras salariales en el circuito formal y de manera decisiva, la notable reducción de la desocupación abierta y la generación masiva de empleo que permite ampliar el número de perceptores en los hogares en general y en los vulnerables muy particularmente. Sin embargo, mientras el desempleo entre mayo de 2002 y el segundo semestre de 2006 cayó 16,5 puntos porcentuales promedio, la pobreza en el igual lapso se contrajo en 27,1 puntos, pero la brecha de pobreza sólo bajó 10,6 puntos porcentuales. La notable asimetría en la evolución de estos indicadores , muestra por otro camino, el tipo de crecimiento económico de impacto muy desigual y encarecimiento generalizado de alimentos respecto al poder adquisitivo local que promovió la salida mega devaluatoria de la convertibilidad y la fijación posterior de un tipo de cambio alto, transparentando sus beneficios y también los límites bien precisos de este supuesto "modelo". Es evidente el impulso a la generación de empleo observada desde el año 2002, situación que permitió una mejoría sustantiva de los ingresos de segmentos medios que se habían deslizado por debajo de la línea de la pobreza tras la crisis de 2001, producto de la masiva destrucción de puestos de trabajo y la caída del salario real en los meses inmediatamente posteriores al estallido. Complementariamente a la generación de empleo, hubo recuperación de ingresos en estos estratos, vía aumentos salariales en el circuito formal, que impactaron muy benéficamente en la estructura de ingresos de los hogares de estratos medios y medios altos. Sin embargo, a medida que acercamos el análisis al estrato bajo, compuesto por hogares ubicados en los dos últimos deciles de ingresos de la pirámide social y que aún hoy permanecen en situación de pobreza la situación da una vuelta de campana. En efecto en los hogares de estrato bajo, cuyos ingresos principales provienen del universo de asalariados informales que, como bien señalara El Abuelo decrece apenas 6,5 puntos porcentuales desde 2003, no se observan cambios sustantivos de ingreso del hogar respecto a sus posibilidades de acceso a la canasta de pobreza. Así las cosas, tras un lustro de crecimiento económico sostenido a tasas del orden del 9% del PBI , con fuerte caída en los niveles de desempleo y pobreza, sin embargo , en aquellos hogares del estrato bajo, que aún permanecen en situación de pobreza y hoy representan el 26% de la población nacional, la distancia entre sus ingresos reales y el valor de la canasta básica de pobreza no se ha acortado significativamente. Esto supone que para un cuarto de la población nacional, en cuyo interior se encuentra el 35% del total de los niños argentinos menores de 14 años , los beneficios del crecimiento económico han estado ausentes de manera casi absoluta y sus chances de superar la línea de pobreza siguen hoy en niveles muy similares a los que tenían en medio del piso de la peor crisis socioeconómica en mayo de 2002. Esta compleja realidad muestra de manera transparente que con buena respuesta a la disminución de la incidencia de la pobreza , a la que primero expandió a niveles insólitos, el modelo post devaluatorio muestra resultados decepcionantes a la hora de modificar la profundidad de la carencia, medida por brecha de pobreza. Esta circunstancia da sustento a la hipótesis que señalamos oportunamente en Ramble , según la cual nos encaminamos en los próximos dos años a impactar sobre un núcleo duro de pobreza del orden del 20% de la población total y 30% de los niños menores de 14 años . En esta perspectiva, de persistir la morfología del mercado de trabajo , el patrón distributivo actual y aunque Mariano proteste, el precio descontrolado de los alimentos básicos que propicia el modelo de dólar alto en un país que exporta básicamente alimentos, este núcleo de pobreza será ya inelástico al crecimiento económico y la suba en los niveles de empleo. Inelasticidad cuyo predictor e indicador central de consistencia es ahora mismo la persistencia de altos niveles en la brecha de pobreza, a pesar de las mejoras notorias y en algunos casos sorprendentes de los indicadores de crecimiento y empleo del último lustro. En este contexto el control de precios de la Canasta Básica Alimentaria que fija el valor del umbral de la pobreza resulta una prioridad social absoluta y aunque puede discutirse quién, cómo , dónde y cuando, los controles, acuerdos, convenios o como se llamen, de precios básicos deben persistir en el tiempo, aunque CARBAP muja ( no demasiado, por lo que se ve en este paro).

4/28/2008

brecha de la pobreza récord - otro aporte de "el campo" al país

Habitualmente se analiza la incidencia o extensión de la pobreza, respondiendo a la pregunta cuantos pobres hay? Sin embargo, existe otra dimensión menos analizada de carencia que responde a la pregunta sobre qué tan pobres son los pobres, indaga entonces sobre la profundidad de la pobreza.
En este sentido la Brecha de la Pobreza es un indicador complementario pero central para analizar la situación de carencia de ingresos de una región o país, pues permite realizar prospectivas acerca de cómo evolucionará el indicador de incidencia a futuro y su elasticidad respecto de otros, como crecimiento, desempleo, etc.
La Brecha de la Pobreza mide la distancia monetaria entre el ingreso real de los hogares pobres captado por la Encuesta de Hogares y el valor de la línea de pobreza elaborado por el INDEC, expresado como porcentaje del valor de la línea de pobreza específica de cada hogar.
En el cuadro que abre este post (click sobre la imagen para verla mejor) a los datos oficiales conocidos sobre Brecha de la Pobreza , y dado que el INDEC no publica actualizaciones , hemos agregado los valores correspondientes al primer trimestre de 2008 medidos tomando como base del cálculo de la Brecha de la Pobreza la Canasta Básica de Alimentos de Consultora Equis del primer trimestre de 2008 para un adulto varón de 30 a 59 años ($180,5) , un tamaño de hogar pobre de 3,68 adultos equivalentes y una actualización de ingresos promedio de los hogares pobres en el período junio 2006/marzo 2008 del 16,6% , incremento proporcional para 21 meses, respecto al observado en la última medición oficial, correspondiente al lapso de 12 meses corridos entre el 1er. semestre 2005 y el 1er. semestre 2006 .
Como se observa, la Brecha de la Pobreza del primer trimestre de 2008 alcanzó el punto máximo de la serie con el 57,1%, superando incluso al valor de Brecha de la Pobreza de mayo del 2002 que fue el equivalente al 53% del valor de la línea de pobreza de entonces.
En el primer trimestre de 2008 y producto del alza en el valor de la Canasta Básica, el ingreso promedio de los hogares pobres requería crecer más del doble respecto al efectivamente percibido, para llegar a superar el umbral de la pobreza.
Así las cosas, tras más de un lustro de crecimiento económico sostenido a tasas del orden del 9% del PBI , con fuerte caída en los niveles de desempleo y pobreza, sin embargo en aquellos hogares del estrato bajo que aún permanecen en situación de pobreza la distancia entre sus ingresos reales y el valor de la canasta básica de pobreza se ha ampliado significativamente.
Esto supone que para al menos un cuarto de la población nacional sus chances de superar la línea de pobreza están hoy empeorados respecto incluso a los que tenían en medio del piso de la peor crisis socioeconómica en mayo de 2002.
Esta compleja realidad social da sustento a la hipótesis que señalamos oportunamente en este blog según la cual nos encaminamos en los próximos años a impactar sobre un núcleo duro de pobreza del orden de al menos el 20% de la población total .
En esta perspectiva, y de persistir el patrón de inequidad distributiva actual, agregado ahora al precio descontrolado de los alimentos que propicia la presión de la demanda internacional , este núcleo de pobreza será ya inelástico al crecimiento económico y la suba en los niveles de empleo que prácticamente rozarán el pleno empleo en 2009, inelasticidad cuyo predictor central se expresa ya en la persistencia de tasas crecientes de Brecha de la Pobreza.
En este contexto el control de la formación de precios de la Canasta Básica Alimentaria que fija el valor del umbral de la pobreza e indigencia resulta una prioridad social absoluta y aunque puede discutirse el método, los controles/acuerdos de precios de alimentos básicos , deben persistir en el tiempo.

4/01/2018

el macrismo creó un colchón estadístico y sobreestimó la pobreza recibida


Cambiemos tiene las ideas más claras que el Vaticano

Con pocas horas de diferencia el Papa dijo que el infierno no existe y el INDEC que la pobreza bajó al 25,7%. Pero el Vaticano no dejó pasar un día sin desmentir a Eugenio Scalfari, el periodista de 93 años que puso entre comillas palabras que le atribuyó al jefe máximo sin que fueran textuales. La inexistencia del infierno arruinaría la creación literaria más bella que la humanidad ha elaborado en forma colectiva durante los últimos 2000 años y dinamitaría las bases conceptuales que sostienen el boato institucional que los gestos campechanos del Papa apenas empañan. En cambio ni Maurizio Macrì ni sus ministros le enmendaron la plana al INDEC. Por el contrario entonaron cantos de alabanza a sí mismos que hubieran hecho enrojecer al propio Walt Whitman. Esto sugiere que el gobierno de la Alianza Cambiemos está mejor organizado, tiene un proyecto más claro y un liderazgo más firme que la Silla Apostólica. No es para celebrarlo porque mientras Bergoglio se consume en la incongruencia doctrinaria y deja perplejos a los propios, Macrì define objetivos, instrumentos y propaganda sin contradicciones para persuadir a los ajenos. El Papa ha logrado incomodar incluso a Benito XVI, quien se negó a encomiar unos libritos destinados a mostrar que entre el principesco teólogo de Ratisbona y el párroco de Flores Sur no hay diferencias, camino ideal para ejemplificar lo contrario. La picardía de adulterar la carta del Papa Emérito culminó con la eyección del encargado de comunicaciones de la Casa Santa Marta, Dario Edoardo Viganò. Si Benito XVI no aceptó firmar en silencio alabanzas a la teología Bergogliana que no comparte, solo personajes menores del INDEC, como Cynthia Pok, fueron apartados por su desacuerdo con los nuevos métodos de medición, que rotan cada vez a mayor velocidad para disimular lo que a un paso más sereno sería evidente. El gobierno también perdió a Graciela Bevacqua, la otra heroína de la resistencia contra la vandalización del INDEC que aniquiló la credibilidad de cualquier palabra pública. Ahora es el turno de Jorge Todesca, con una ventaja para el ex dirigente de la gloriosa JP montonera. Le basta con su pelo gris, su traje al tono y su voz calma para que lo crean un hombre serio.

Su primera vez en el balcón de San Pedro, el Papa Francisco dijo “Buona Sera”, lo cual es un saludo, no un programa. Desde el Congreso Argentino, Macrì inauguró su mandato prometiendo que alcanzaría la mítica pobreza cero, que no imperaba ni siquiera en 1974, al cabo de los 30 años gloriosos del capitalismo. Desde entonces se la pasa aclarando que puede llevar varias decadas lograrlo pero que es el irrenunciable horizonte que acicatea al caminante en la dirección debida.

Lejos de ser un error de comunicación se trata de un plan. Luego de un apagón estadístico de seis meses en los cuales el INDEC sólo trabajó a puertas cerradas, recalculando cada variable para exorcizar la etapa anterior y seguir haciendo lo mismo pero sin jactancias ni insultos, Macrì sobreestimó la pobreza en más de 30 % como consecuencia de la pesada herencia recibida y con esa expresión de candor que tan buenos resultados le ha dado, dijo que quería ser juzgado por el éxito que tuviera su gobierno para bajar esa elevada pobreza. Por supuesto, primero la aumentó, con el lápiz de la contabilidad creativa que encontró en el cajón de un ex. Si cada uno pudiera elegir el terreno en disputa sobre su legado, todo sería más sencillo y la capacidad de asombro sólo duraría los primeros meses.

Para Artemio López, de la Consultora Equis, la baja de 6,5 puntos en la pobreza es parte del discurso de legitimación de la gestión PRO. Sin embargo López no cuestiona el 25,7% suministrado por el INDEC. “Irreal fue el que informara al inicio de la gestión neoliberal como herencia K de 32,2% de pobreza y 6,3% de indigencia. Según Cifra (el centro de FLACSO y la CTA que nunca fue complaciente con la intervención en el INDEC) al asumir Macrí la pobreza por ingresos ascendía a 19,4% y la indigencia al 4,4%.



De ahí al 25,7 actual la pobreza por ingresos creció 5,5% en el bienio de Mací, aumento compatible con la caída en igual lapso de 11% en el poder adquisitivo de la Asignación Universal por Hijo, 7% de jubilaciones y pensiones, y entre 4,2% y 7,3% de los salarios formales, según las estimaciones de CIFRA y de la Universidad Nacional de Avellaneda, UNDAV y el aumento de 2,5% de la informalidad, lo que supone que estos trabajadores reciben un salario que se ubica un 50% por debajo del promedio formal. López proyecta estos datos para una población de 43,8 millones de personas y “la incorporación en el bienio neoliberal de 2,4 millones de personas debajo de la línea de pobreza de los cuales el 24% son menores de 14 años”. Así como en 2016 bajó la inflación al doble, el mismo método le permitió a Macrì anunciar la reducción de la pobreza y el comienzo del crecimiento.

En el mismo sentido, Ricardo Aronskind entiende que al pasar del 19% que midió CIFRA hacia el final del gobierno de Cristina al 29% que informó el INDEC cuando dio por concluido el apagón informativo, el macrismo creó un colchón estadístico de pobres para presentar los incrementos reales de desocupación como logros. Contó para ello con el acompañamiento del Observatorio de la PUCA, cuya metodología sobreestima la pobreza. Todo es cuestión de metodología, dice Aronskind, quien considera una estupidez que algunos organismos internacionales midan la pobreza según si la gente gana uno o dos dólares por día. “Todesca y sus metodólogos pusieron un énfasis enorme en discontinuar las series anteriores. En otros temas están recalculando las estadísticas para comparar, pero en este no”. No hace falta más que un mínimo sentido de observación y sentido común para entender, como Mariano Kestelboim por ejemplo, que si el salario mínimo, que es el horizonte de muchísimos trabajadores, evolucionó menos que la inflación es muy raro que los salarios informales hayan subido el 31%, — como afirma el INDEC”. Aronskind, quien aclara que no es un especialista en pobreza, concluye que “reducirla mediante una generalizada redistribución regresiva del ingreso equivale a descubrir la cuadratura del círculo”.

Para el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) el cálculo de la pobreza estimado por el INDEC adolece de una serie de inconsistencias metodológicas. Son tan gruesas que parecen deliberadas. En agosto de 2016 se modificó la composición interna en las proyecciones poblacionales de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH): al incorporarse más adultos y quitarse menores de 18 años, se agrandó la Población Económicamente Activa y así se subestimaron la tasa de desocupación y la pobreza. También se minimizó el aumento de las tarifas, mediante la desactualización de la Encuesta de Gastos de Los Hogares, que es clave para calcular pobreza porque determina cuánto consumen de cada rubro – cuánto destinan al gasto en tarifas, cuánto en alimentos, transporte, educación, etc. Al desestimar la Encuesta de 2013 elaborada por el gobierno anterior y usar la de 2005, se generó un defecto de origen: la subestimación del peso de los servicios en la canasta básica total (CBT). Si bien se toma la variación de los precios del rubro, la ponderación al origen claramente subestima su significación.

El INDEC oculta la información sobre el mercado de trabajo (desocupación, desigualdad, pobreza) y posterga tres meses la publicación de los microdatos de la EPH, que permitirían cotejar afirmaciones llamativas como que suben más los ingresos de los que menos tienen. Según los datos de ingresos que se publican en la EPH, a nadie le habría ido mejor que a los deciles de ingresos cercanos a la línea de pobreza, un milagro que puede valerle el cielo a quien lo logre realmente. Tampoco están disponibles los microdatos correspondientes al cuarto trimestre del año pasado referidos a la EPH, ni la evolución de los precios de cada uno de los productos que mide el organismo.

También los indicadores socio-laborales contradicen una baja de la pobreza en los dos primeros años de Cambiemos. En 2017 el empleo y los salarios recuperaron una parte de lo perdido en 2016, lo que explica que haya habido una mejora en el índice de pobreza, entiende CEPA. Esa reducción era esperable para el segundo semestre de 2017, pero no su magnitud entre 2016 y 2017. Si se comparan los segundos semestres de 2017 y de 2015 una serie de indicadores socio-laborales muestran un empeoramiento de las condiciones de vida de la población:
Ingresos de los beneficiarios de la AUH: -11%. El 60% de ellos están endeudados con créditos de la ANSES (contraidos desde julio de 2017).
Jubilación mínima: -7%
Salario de los trabajadores registrados (en promedio, según SIPA): -3%
Salario Mínimo Vital y Móvil: -7%
Salarios del conjunto de los ocupados (RIPTE): -3%
Desocupación: 5,9% al último trimestre de 2015; 7,2% el último trimestre de 2017.
Empleo no registrado: de 32,7% en 2015 a 34,6% en el último trimestre 2017.

Es de inferir entonces que la pobreza en el segundo semestre de 2015 era sensiblemente inferior al 25%.

El discurso político oficial busca desdeñar el impacto de las políticas redistributivas del gobierno anterior para reducir la pobreza y pretende instalar que el piso de pobreza “siempre ha sido del 30%”. Emilio Monzó mencionó en febrero de 2017 que “en 33 años de democracia, el peronismo gobernó el 90% y tenemos el 30% de pobres”. Sin embargo, Cambiemos habría logrado reducir la pobreza en casi 5 puntos (4,6 pp) en los últimos 2 años y con políticas de transferencia de ingresos hacia los sectores más ricos.

CEPA advierte que la alianza INDEC-PUCA fue clave para la primera etapa del gobierno de Cambiemos, pero que desde el desembarco de Nicolás Dujovne en Hacienda, el relevo de la PUCA ha sido el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata (CEDLAS). Pero todos coinciden en que Cambiemos recibió el gobierno con el 30% de pobreza. Esa cifra entabla un diálogo con los datos de fantasía que pregona Guillermo Moreno, según quien la pobreza no pasaba de un dígito. Hasta algunos subnormales con micrófono salen bien parados con solo decirle: “Hablemos en serio”. Ese Centro y la carrera de Economía recibieron el perfil de Adolfo Sturzenegger (padre del actual presidente del Banco Central y como él integrante del equipo de Domingo Cavallo hace tres décadas), de Ricardo López Murphy y de Alberto Porto. De allí proviene el viceministro de Hacienda, Sebastián Galiani. Otro de sus integrantes, Guillermo Cruces, recibió un sobresueldo de 150.000 pesos en Unidades Retributivas del Ministerio de Producción. CEDLAS no se había especializado en estudios sobre pobreza, pero en los dos últimos años apoyó con publicaciones propias las de INDEC. En 2010, un informe de CEDLAS sobre “Las asignaciones universales por hijo. Impacto, discusión y alternativas”, firmado por Leonardo Gasparini y Guillermo Cruces se refirió a una pobreza del orden del 20% en 2009, 30 puntos menos que en 2001.

Pobreza Monetaria



Pero en marzo de 2017, recalcula y expone una caída similar de la pobreza (30 puntos) pero en un nivel diez puntos más alto: habría bajado del 60% al 30% al fin del kirchnerismo. De ser así:
en la crisis de 2001 la pobreza habría llegado al 60%, cosa que según CEPA carece de sentido pero tiene buena prensa, por el tiempo transcurrido y por la muy crítica situación vivida en aquel momento, y;
en ningún momento entre 2010 a 2015 habría bajado del 30%.




Esta sofisticada estrategia permite ocultar el salto de la pobreza desde noviembre de 2015. Al fijarse el punto de partida en 30% en abril de 2016 el INDEC midió 32%, sólo dos puntos porcentuales más y descalificó por sus presuntos escasos efectos la política económica del “peronismo”. Sin ninguna preocupación por la comparabilidad de los datos, ese trabajo es un modelo de acrobacia estadística. Con datos de la Encuesta Permanente de Hogares de 2015 miden 21% de pobreza ese año, pero al siguiente dan un salto hasta el 32%. Otro tanto ocurre en el informe de UNICEF sobre el impacto redistributivo de la AUH, que también elaboró CEDLAS.
Ese 21% refleja el valor real de la pobreza al concluir el kirchnerismo, en torno del cual coinciden Unicef, CIFRA, CEPA y CEDLAS. En el caso de CEDLAS publicaron esa estimación en forma despreocupada, porque al tratarse de un trabajo sobre impacto de la AUH y no en general sobre pobreza no se inquietaron por sus consecuencias. El dato coincide además con el 20% que CEDLAS había medido en 2009. Esto permite plantear un análisis con algún rigor, dejando de lado los dibujos insostenibles de quienes creen más en los gritos que en los datos.

Lo que hicieron Macrí y Dujovne fue revisar su serie hacia atrás, hasta llegar a un 60% de pobreza en la post crisis de 2001. De este modo reconocen la caída de 20 puntos de pobreza con el kirchnerismo, pero dejan este dato en la prehistoria de la discusión y afirman lo que verdaderamente les importa para esta etapa: que el punto de partida sea 30%.

Macri pide ser evaluado por la evolución de la pobreza y hace todo lo posible para que los datos oficiales no reflejen la realidad. Ni las jubilaciones, ni las pensiones no contributivas ni la Asignación Universal por Hijo tendrán un aumento en términos reales en el futuro dado el cambio del indicador de movilidad. Peor aún, si en marzo la inflación superó el 1,4%, estos beneficiarios habrán perdido poder adquisitivo en el primer trimestre del año. También los salarios van a perder poder de compra, ya que las estimaciones de inflación superan el 20% mientras que la mayoría de las paritarias se encuentran cerrando en el orden de 15%. Ni hablar del derrotero previsto por las tarifas. Sin confianza en el país, lo único que tiene por seguro el ministro Juan José Aranguren, es que seguirán aumentando.

Ilustración principal: El Bosco, ‘El Triunfo de la Muerte’, fragmento.