Ciertamente el achatamiento de la pirámide previsonal es uno de los efectos que indujo la política de aumento de la mínima postergando el resto de la escala, desarrollada por la actual administración. Si en el año 2001, sólo el 30% de los jubilados y pensionados cobraba la mínima, hoy en esa misma condición se encuentra el 70% de los afiliados. Esta es una parte de la verdad y como tal inobjetable . Ahora bien, para tener una perspectiva más amplia de la evolución de los ingresos sobre la población jubilada y pensionada, debe considerarse que tal como lo muestra el gráfico que abre este post (click sobre la imagen para verla mejor) según la Encuesta Permanente de Hogares de Mayo de 2003, el 30% de la población de este segmento etario era pobre, en tanto en cabe destacar que en Mayo de 2006 sólo el 6,9% de los jubilados y pensionados se ubicaba por debajo de la línea de pobreza , que para aquella fecha estaba calculada en $ 377 mensuales, para un hogar tipo de personas mayores de 65 años que supone la existencia de dos miembros, según datos censales de 2001. Esta dinámica aparentemente contradictoria de achatamiento de la pirámide de ingresos y simultanea baja sensible de la pobreza entre jubilados y pensionados, explica los motivos estructurales por los cuales, simultáneamente a la postergación de las jubilaciones medias y altas que induce la actual política de aumentos selectivos sobre la mínima, el sistema resulta superavitario al tiempo que logra incorporar 800.000 mayores de 65 años sin cobertura, comenzando a resolver el gran drama que indujo el desempleo y la informalidad del mercado de trabajo a la hora de justificar aportes y todo , sin mayores pérdidas de legitimidad entre los beneficiarios. Paradojas, postergaciones y oportunidades que suceden a las mega crisis.