Leemos hoy : El Presidente de la hermana República de Honduras, Manuel Zelaya, denunció, la noche del miércoles, la puesta en marcha de un “proceso de golpe de estado”, en el que, estaría involucrada la oligarquía y miembros de la Fuerza Armada.
Honduras, bajo el gobierno del Presidente Zelaya, ha llevado al hermano país, a nuevos proceso políticos, económicos y sociales, con visiones muy democráticas y progresistas. Quizá podríamos decir, bastante en la lógica de la izquierda.
De hecho, en Centro América, antes de que la izquierda salvadoreña triunfara en las elecciones del 15 de marzo pasado, con los sandinistas, en Nicaragua, eran nuestros referentes de gobiernos de izquierda en la región.
Zelaya, no sólo se reveló al temido imperio de los Estados Unidos, comandado por George W. Bush, pues, entabló relaciones diplomáticas con Cuba, sino que también, se sumó al Alba, un proyecto político, económico y social desde la perspectiva bolivariana.
Uno de los procesos democráticos de avanzada de Zelaya es la consulta popular prevista para el domingo próximo, y que le ha causado los problemas de tensión y peligro, aquí comentados. El Presidente Zelaya promueve la realización, el próximo domingo, de una encuesta nacional en favor de la colocación de una cuarta urna en las elecciones generales del 29 de noviembre -junto a las urnas para elegir presidente, diputados y alcaldes- para que se decida si se convoca a una Asamblea Constituyente que apruebe una nueva Constitución.
Ante la negativa de los jerarcas del ejército en la distribución del material logístico para la consulta popular, el mandatario destituyó, como era lógico, al Jefe del Estado Mayor Conjunto, general Romeo Vásquez, y aceptó la renuncia de su ministro de Defensa, Edmundo Orellana.
Inmediatamente, la Corte Suprema de Justicia, en claro desafío al poder constitucional, ordenó la restitución del militar desobediente.
Tanto el accionar del jerarca militar, como de la Corte Suprema de Justicia, sin lugar a dudas, responden a los intereses de la oligarquía hondureña, que ve con temor ciego, los avances democráticos en Honduras.
Y es que para los sectores oligárquicos centroamericanos, los procedimientos de la democracia participativa, son hoy, en los inicios del siglo XXI, una amenaza tan parecida o peor, que el “fantasma del comunismo”.
Esperemos que la voz de alarma del Presidente Hondureño, y de su valiente Ministra de Relaciones Exteriores, Patricia Roda, provoque la solidaridad de los gobiernos de América y del mundo, para salvaguardar la democracia en el istmo.