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10/31/2008

viernes a la tarde... una historia del 105

Recibimos esta historia de un lector de Ramble, que queremos compartir:

Soy Martín, formoseño con mujer y dos hijos pequeños, dos trabajos (uno solo no alcanza) y futuro estudiante de Sociología. Salgo todos los días de mi casa a las 5:38/39 para tomar el 105 y vuelvo a las 21. Así de lunes a viernes; hace casi 4 años ya que vivo en esta bendita ciudad. No me puedo quejar, vine de Formosa, mi tierra, solo con ganas, libros, CD´s y ropa, y hoy tengo todo lo que quiero y un poco más (soy el ejemplo de la movilidad social ascendente). Dejé allá a mi Mamá, mi Papá (militar peronista y perseguido) mis hermanos y mis amigos ... Arribé siendo afiliado al radicalismo, creyendo en los cimientos de ese partido milenario, pero con discusiones y mucha tertulia familiar entre mi padre , mi hermano mayor y yo.

Fue en Capital que pude palpar, ver y participar de lo que me hablaba mi viejo sobre la tremenda persecución y división que surgió y surge todavía hoy desde y con la figura de Perón y Evita y sus políticas liberadoras de muchas de las cadenas de los trabajadores en particular y de los hombres y mujeres en general. Y fue así y acá que me hicé Peronista, fue así y acá que me reencontré con mi viejo y su visión política desde la distancia y desde lo que me decía y reconocía tiempo después.

Me tocó participar por trabajo en la marcha de la oligarquía sojera y no tuve mejor idea que llamarlo al trabajo en Formosa y contarle por teléfono lo que veía y unir así, celular mediante , años y realidades total y diametralmente opuestas..., y lloré... como un boludo y como un nene que se da cuenta años después de la verdad que no quería o no podía ver. Lloré porque pude sentir la division de siglos entre explotadores y explotados, porque veía la abundancia y el lujo y su acción para no perder un ápice de su poder , y podía escuchar celular mediante, la otra realidad del "otro País", el lejano..., el de 1.800 km de distancia y mucho más de lejanía y dificultades en el acceso a la justicia, al trabajo, a la educación, a la salud.

Mi abuelo fue capataz de La Forestal y me cuenta mi viejo que una vez, uno de los jefes/dueños de ahí, increpándolo cuando salió el Estatuto del Peon, le dijo: "lo único que falta ahora es que estos negros aparte de camisa, quieran usar también reloj...". Esa historia contada por mi papá me marcó y logré comprenderla en toda su dimensión acá en Capital, en barrios como Belgrano o Recoleta o en el pensamiento del promedio de porteños, que todavía hoy siguen pensando en términos de cabecitas negras (ahora bolitas).

En realidad comencé escribiendo por el post de Alfonso y termino pensando en los 25 años de "democracia", en las deudas que todavía tenemos como "Nación" con esos desvalidos, que miran desde afuera ver pasar el tren sin poder hacer nada..., solo mirar , pedir y cartonear.

Martín Argento