12/28/2006

PERONISMO Y TERRORISMO DE ESTADO II

El periodista Pablo Mendelevich realizó hace unos años una breve pero muy contundente descripción de la extensión , poder de fuego y articulación estatal de la organización terrorista Triple A creada durante el interinato de Raúl Lastiri en 1973 ( probablemente el 8 de octubre de ese año en una reunión posterior al festejo del cumpleaños 77 de Perón) y en pleno funcionamiento a partir del 12 de octubre de 1973, durante el último gobierno del jefe del justicialismo. Las versiones sobre las responsabilidades de Perón en la formación de la Triple A son múltiples y pasan de la que le asigna ninguna atribuyéndole desconocimiento o cierta senilidad que limitaba su conexión con la realidad, hasta los que suponen como Ricardo en un comentario a un post de Ramble que "la trple A tuvo en su origen la bendición de Peron cuando las orgas mataron a Rucci". Esta discusión igualmente en perspectiva estructural de caracterización al formato de régimen del peronismo tardío resulta irrelevante, puesto que las responsabilidades del caudillo son insolayables siendo que los crímenes de la organización terrorista se perpetraron durante su gobierno. A la luz de la significancia histórica de la declaración de imprescriptibilidad por parte de la justicia nacional de los crimenes cometidos por la organización paraestatal, creemos importante reproducir este fragmento del trabajo de Mendelevich cuya nota completa se puede leer acá:
" Una parte de la Triple A funcionaba en el propio Ministerio de Bienestar Social, sobre la Plaza de Mayo. Allí se descubrió el 19 de julio de 1975, cuando el Cuerpo de Granaderos desarmó la guardia de López Rega , un verdadero arsenal de guerra: escopetas Itaka, fusiles Hight S, ametralladoras Ingram, revólveres Magnum, granadas, silenciadores y munición de grueso calibre, nada demasiado vinculado con el bienestar social, desmesurado, en el mejor de los casos, para asistir a la custodia personal del ministro, como argumentaban sus escasos defensores. La Triple A se completaba con policías retirados y en actividad, como el comisario Alberto Villar (designado jefe de la Policía Federal por Perón, luego asesinado por los Montoneros), militares (se cree que entre ellos estaba el capitán Mohamed Alí Seineldín), matones sindicales, extrema derecha peronista y delincuentes, como Aníbal Gordon. La impunidad era ilimitada. Confirma hoy Solari Yrigoyen que a nadie le interesó investigar su atentado. Tampoco hubo voluntad política de esclarecer las amenazas ni las bombas colocadas en locales partidarios, una acción modesta al lado de las mutilaciones de algunas de las víctimas cuyos cadáveres -otra diferencia con el Proceso- aparecían luego y esparcían el espanto. Aunque sin una configuración orgánica definida, la Triple A giraba en torno a las revistas Cabildo, abiertamente nazi, y El Caudillo, financiada por Lorenzo Miguel. La reciente desclasificación de documentos de aquella época pertenecientes al Departamento de Estado norteamericano permitió confirmar que la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires conocía entonces el concurso gubernamental en la Triple A, aunque reconocía que era difícil de probar. Uno de los muchos informes secretos en inglés dice que algunos atentados se hacían "por cuenta propia" mientras que otros estaban "dirigidos oficialmente". No todos llevaban el sello de la Triple A. Según la Conadep, está acreditado que la Triple A cometió 19 homicidios en 1973, 50 en 1974 y 359 en 1975. Sí supo todo el país en su momento que la Triple A había asesinado a Silvio Frondizi, hermano del presidente, a Rodolfo Ortega Peña, abogado de guerrilleros y socio del actual secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, o, entre muchos más, a jefes policiales legalistas como Julio Troxler y Rubén Fortuny. No tuvieron la suerte de Jorge Taiana, médico y ministro de Perón, a quien alguien le avisó que la Triple A planeaba matarlo y se puso a resguardo. Ese alguien era Antonio Benítez, otro ministro, el de Justicia. De triste recuerdo, los crímenes de la Triple A tampoco fueron demasiado removidos cuando renació la democracia. A casi nadie le pareció indicado revisar responsabilidades penales engarzadas con responsabilidades políticas nunca bien aclaradas".

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