9/17/2019

industricidio sin parangón en el mundo


Según Naciones Unidas, la Argentina es por cuarto trimestre consecutivo el país en el que más cae la actividad industrial en el mundo

POR OCIPEX

Según las últimas cifras de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), la producción manufacturera local registró un descenso interanual del 8,8 por ciento en el segundo trimestre de 2019, el más alto entre cerca de 80 países estudiados. Le siguen Filipinas (-8,2%), Perú (-6,1%) y Pakistán (-5,7%). Con ello, ya son cuatro trimestres consecutivos en los que la Argentina presenta la mayor caída de la actividad industrial a nivel global.

Ayer la fachada de la Casa Rosada apareció ornamentada con un aro de básquet en celebración de la medalla de plata obtenida por el seleccionado nacional en el Mundial de Beijing. Como en otras oportunidades, amén del enorme mérito del equipo conducido por Sergio Hernández, el oficialismo eligió no recordar ni evocar en modo alguno un hecho que marcó a sangre la historia argentina: La Noche de los Lápices. Como para sumar otra paradoja triste paradoja a estos tiempos, podría decirse que, si el gobierno hubiese pretendido festejar un campeonato mundial o un primer puesto indiscutido, habría podido hacerlo. Aunque probablemente prefiriera evitar la jactancia. Según cifras publicadas por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) el pasado miércoles 11 de septiembre, la Argentina registró por cuarto trimestre consecutivo la peor caída de la actividad industrial a nivel mundial. El dato surge de la comparación trazada entre el segundo trimestre de 2019 e idéntico período de 2018, que ubica a la Argentina con una contracción de la producción manufacturera de -8,8%, seguida por Filipinas (-8,2%), Perú (-6,1%) y Pakistán (-5,7%).

Como sabemos, abril de 2018 fue el último mes con números positivos para la actividad industrial a nivel local. A partir de entonces según consigna el INDEC a través del Índice de Producción Industrial (IPI) Manufacturero, hubo mermas de 1,1 por ciento en mayo; -8,0 en junio; -6,4, en julio; -6,2; en agosto; -12,6 en septiembre; -8,4 en octubre; -13,8 en noviembre; -14,9 en diciembre; -11,1 en enero de 2019, -8,4 en febrero, -14,1 en marzo, -8,9 en abril, -6,9 en mayo, -7,2 en junio y -1,9 en julio del corriente. Lo trágico de este descenso en picada es tanto su persistencia sin solución de continuidad, como el lugar que ocupa en la comparativa global. Una verdadera “inserción en el mundo”, pero que tiene su verdadera y abyecta materialidad en el liderazgo mundial que sin duda ha ejercido Cambiemos, pero ni en llegada de inversiones ni en aumento del comercio internacional, sino en la brutal destrucción de la industria del país que gobierna.

Repasemos las últimas variaciones interanuales sistematizadas por OCIPEx a partir de la base estadística de ONUDI:

Tabla 1: Principales caídas interanuales de la actividad industrial en el mundo, en porcentajes comparados al trimestre del año anterior.

Fuente: elaboración propia en base a estadísticas trimestrales de ONUDI (Quarterly IIP) https://stat.unido.org/database/Quarterly%20IIP%202019%20Q2)

Vale aclarar, para algún desprevenido, que este industricidio sin parangón en el mundo se precipitó muchísimo antes del resultado electoral de las P.A.S.O. Aún peor, varios de los países que corren de atrás a la Argentina en este ominoso ránking atraviesan desde crisis humanitarias hasta conflictos cuasi-bélicos vinculados a disputas territoriales con potencias rivales. Un dato más: América Latina anotó un crecimiento del 0,4% en el 2° trimestre de 2019, gracias a la expansión registrada en México (1,4%) y Brasil (2,4%). Asia-Pacífico por su parte describe un aumento de su producción agregada del orden del 2%, con China creciendo al 5.8%, India al 2,9% y Vietnam al 6,8%.

Si bien el informe de ONUDI reconoce que la coyuntura y las perspectivas a futuro para la industria no son muy promisorias, dada la tensión comercial existente entre Estados Unidos y China, es notorio que la Argentina describe desde hace tiempo un caso absolutamente idiosincrático y autogenerado de contracción y pauperización productiva, en favor de un modelo de valorización financiera igualmente singular en la región y en el mundo. Modelo que parece experimentar sus últimos estertores, pero cuyas consecuencias perdurarán por décadas.

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