10/07/2022

radicales "disidentes" ... : la mirada del último ministro de economía alfonsinista (saquen conclusiones)

   

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Otro gran hito internacional de La Argentina 

"la vaselina no te la puse yo, 
te la pusiste solito hace tiempo"
Actitud María Marta

el bolsonarismo ha mostrado que es también una fuerza subterránea...


Pablo Stefanoni

Luiz Inácio Lula da Silva ganó en primera vuelta con más de 48% de los votos, pero Jair Bolsonaro mostró más resistencia de lo esperado. El 30 de octubre ambos candidatos volverán a medirse en el balotaje.





Jair Messias Bolsonaro no logró ser eyectado del sillón presidencial y del Palácio do Planalto en la primera vuelta por la rebelión electoral contra su gobierno que anticipaban las encuestas. El resultado de Luiz Inácio Lula da Silva estuvo dentro de lo esperado, con más de 48,4% de los votos, pero el actual mandatario superó todos los pronósticos y obtuvo 43,2% y mostró que el bolsonarismo es un hueso duro de roer.

El «frente democrático» que armó el ex-presidente, y que abarcó desde el Movimiento sin Tierra y el Partido Comunista hasta sectores de la elite económica y judicial, visto en el exterior como una suerte de «candidatura del bien», chocó contra una corriente persistente de voto al actual presidente, que incluyó en la campaña los tópicos de la extrema derecha global y volvió a encarnar el antipetismo, pero también mostró flexibilidad ideológica para alejarse del ultraliberalismo de su ministro de Economía y para mantener ciertas políticas sociales, desplegó sus discursos de mano dura, mantuvo sus conexiones con redes locales de poder, legales e ilegales, y batalló sin tregua en las redes sociales.

Además, como destacó el diario Folha de S. Paulo, fue importante el desempeño de varios candidatos bolsonaristas: la ex-ministra de la Mujer Damares Alves, una de las espadas evangélicas ultraconservadoras, que compitió con el apoyo de la primera dama Michelle Bolsonaro, fue elegida senadora por el Distrito Federal, y el ex-ministro Tarcísio Gomes de Freitas quedó primero para disputar la gobernación de San Pablo contra el ex-candidato presidencial petista Fernando Haddad, con amplias chances de triunfo. El ex-juez Sergio Moro, que encarceló a Lula y hoy está distanciado de Bolsonaro, fue electo senador por Paraná, y el vicepresidente Hamilton Mourão ganó una banca por Rio Grande do Sul. Incluso figuras controvertidas, como el ex-ministro de Salud Eduardo Pazuello o el de Medioambiente, Ricardo Salles, ampliamente cuestionados por sus políticas, resultaron elegidos (Pazuello fue el más votado en Río de Janeiro). El Partido Liberal de Bolsonaro sumaba la bancada partidaria individual más numerosa en el Senado y en Diputados, con una división geográfica muy marcada en la que el centro-oeste aparece como bastión de la derecha.

A diferencia de hace cuatro años, cuando podía haber alguna duda sobre Bolsonaro, sus votantes apoyaron ahora, de manera abierta o «vergonzante», su gestión y su estilo, que conecta con diversas «rebeldías de derecha» que se observan en Occidente. Y, si bien Lula queda mejor ubicado para la segunda vuelta, no hubo algo parecido a una contraola de izquierda. Algunos oasis, como las tres diputadas trans o las parlamentarias indígenas electas, muestran algunas acumulaciones político-culturales bajo el bolsonarato.

La elección estuvo lejos de ser una batalla pueblo versus elite. El New York Times señaló que el Supremo Tribunal de Brasil ha ampliado de manera drástica su poder para contrarrestar las posturas antidemocráticas de Bolsonaro y sus seguidores. Por ejemplo, en agosto, por orden del juez del máximo tribunal Alexandre de Moraes, fuerzas policiales allanaron las casas de empresarios bolsonaristas que comentaron en un grupo de WhatsApp que un golpe de Estado era preferible a la vuelta del Partido de los Trabajadores (PT) al poder.

El caso brasileño replica en parte el de Estados Unidos, en el que Donald Trump, pese a encabezar supuestamente un gobierno conservador de «ley y orden», terminó encarnando una derecha inorgánica que se enfrentó a gran parte de las instituciones desde dentro. Por eso tanto Joe Biden como Lula da Silva se presentaron como candidatos de la «normalización» contra dos populistas de derecha que parecen cómodos en su papel de «deplorables» (como llamó Hillary Clinton a los votantes del empresario inmobiliario).

Lula da Silva fue condenado a 12 años de prisión por causas de corrupción, pero fue el mismo tribunal que inicialmente avaló la condena -que ayudó a la victoria de Bolsonaro- el que finalmente, tras 580 días de cárcel, la anuló por razones de forma, y el ex-obrero metalúrgico quedó así habilitado para volver al poder. Pero lo que desarmó la conspiración judicial y volvió a poner en carrera a Lula no fue tanto la movilización social como los reposicionamientos internos en un Poder Judicial que, antes y ahora, juega al límite (entre ser un defensor y una amenaza para la democracia). Esta vez, es Bolsonaro quien ataca a la Corte por «lulista».

Más que un régimen autoritario (como el que, por ejemplo, pudo terminar de edificar Nicolás Maduro en Venezuela), Bolsonaro produjo una brutal degradación de la vida cívica, alimentó diversos grupos lumpen-mafiosos, desplegó discursos negacionistas sobre la pandemia y el cambio climático, y debilitó el lugar de Brasil en el concierto de las naciones. La burda estética de las armas y los exabruptos de Bolsonaro proyectaron una imagen de sordidez política e intelectual. Pero también su carácter pendenciero lo conectó con gran parte del país, que encontró en él una identidad (lo llaman «Mito») y la posibilidad de un voto protesta que puede ser tan potente como impreciso en sus destinatarios. Mantuvo además su alianza con el poderoso mundo del agronegocio, y la ex-ministra Tereza Cristina Corrêa -la «musa do veneno»- ganó una banca en el Senado por Mato Grosso do Sul tras derrotar a otro ex-ministro de Bolsonaro. Y con empresarios que aún ven al PT como el mal absoluto, además de las milicias de Río de Janeiro.

La bizarra toma del Capitolio fue precisamente una constatación de incompetencia estratégica, pero al mismo tiempo, es esa dimensión antisistémica la que atrae a parte de los adherentes de Trump y alimenta la ilusión anti-statu quo; y algo similar ocurrió con Bolsonaro.

Esa realidad degradada fue, más que su programa, el combustible de la resurrección de Lula -y de la resignificación de su figura, asociada por el antipetismo con la corrupción: Bolsonaro lo llama «ex-presidiario»-. Su campaña se basó en la necesidad de reconstrucción institucional y moral del país, apelando a símbolos de amor y esperanza y de vuelta de la felicidad del pueblo. Incluso, al parecer a propuesta de su flamante esposa Rosângela, que tuvo un peso creciente en su entorno, se lanzó una nueva versión de «Lula lá» (Lula allá, en el Planalto), el jingle de los años 80, la lejana época del candidato obrero.

La presidencia de Bolsonaro terminó teniendo un resultado paradójico a escala regional: en lugar de fortalecer a las derechas radicales, en gran medida las debilitó (pocos quisieron mostrarse junto a él). Pero esto podría cambiar: su capacidad de resistencia puede alimentar expresiones de derecha dura que han ido emergiendo en este tiempo, en una región donde las extremas derechas están lejos de los resultados electorales europeos. Por eso, este resultado es incómodo para las derechas moderadas de Sudamérica.

En este tiempo, el progresismo latinoamericano viene ganando una elección tras otra (en parte porque vienen perdiendo los oficialismos). Incluso la Alianza del Pacífico dejó de existir como contracara ideológica liberal-conservadora del populismo «atlántico» tras los triunfos de Andrés Manuel López Obrador, Pedro Castillo, Gabriel Boric y Gustavo Petro. Sin embargo, las izquierdas parecen hoy más eficaces para ganar que para gobernar, y enfrentan diversos obstáculos, internos y externos, que reducen su eficacia político-ideológica.

El carácter rizomático de la nebulosa de la neorreacción actual permite que los puntos de conexión sean múltiples, que discursos de las extremas derechas globales resuenen en el Sur y que se produzcan curiosas formas de recepción y resignificación de esas ideas, como el caso de los libertarios de derecha en Argentina. Los gobiernos progresistas enfrentan, entonces, un escenario diferente al del «primer ciclo» de la marea rosa, en el que las guerras culturales del Norte penetran de diversas formas en la opinión pública y contribuyen a delinear un lenguaje inconformista transversal a diferentes sectores sociales. Las rebeldías de derecha parecen haber llegado para quedarse.

Ahí yacen algunas paradojas de esta victoria relativa de Lula. El resultado electoral de la coalición civilizatoria organizada para frenar el envilecimiento de la política y de la propia sociedad ha dejado un sabor amargo. Su votación, que tiene mucho de vindicación personal, fue el resultado de la capacidad del ex-presidente de tejer acuerdos, con el pragmatismo que ya lo había acompañado en sus dos mandatos anteriores, y de su voluntad de mostrarse absuelto por la Historia. Pero el bolsonarismo ha mostrado que es también una fuerza subterránea.

mentir no nos beneficia...

Estuve ahí

Por Gabriel Fernández * 

Siempre es mejor decir la verdad. Nos favorece. 

La policía bonaerense estaba dispuesta a reprimir. Hice la cola con miles de personas, incluidos familias con pibes muy chicos, para ingresar al estadio. La policía empezó a disparar balas de  goma sin que nadie nadie nadie hiciera nada en su contra, agrediera o generara desmán alguno. Esas personas no habían concurrido a un acto contra las fuerzas de seguridad, sino a ver un partido. 

La cantidad de balas disparadas era gigantesca, al punto que me disuadió de correrme hacia otra puerta de ingreso. Pero allí, además de balas disparaban gases lacrimógenos. 

Le avisé a mi hijo que estaba dentro del estadio. Al rato, eran reprimidos los que querían entrar y recibían gases los que querían salir, encerrados por las puertas que manejaba la policía y Aprevide. 

Era, ostensiblemente, una encerrona preparada. Como me di cuenta, le dije a varios hinchas amigos: Vamos. Esto no tiene nada que ver con entradas ni con desmanes de la gente. Estos vienen a reprimir. Tienen una orden.

Bien.

En mi interpretación inicial, se trataba de una cama para perjudicar al gobierno de la provincia de Buenos Aires. Claro.

Pero resulta que enseguida sale Sergio Berni en los medios. Justifica el accionar de la policía y le carga el fardo a las “barras” y al “mundo del fútbol”.  Dijo que había “violentos que querían romper la cancha para entrar”. 

Todo mentira. La barra de Boca no estaba –habría individuos sueltos por ahí, no más-, la de Gimnasia estaba adentro –íntegra- y nadie intentó violentar nada para entrar. Yo estaba allí: nos empezaron a disparar sin que nadie hiciera ningún gesto agresivo hacia la policía, ni hacia nadie.

Como comprendí, por cierta experiencia, que estaban decididos a reprimir fuerte, me corrí hacia otro acceso, pero allí además de balas estaban lanzando gases lacrimógenos. ¡15 minutos al menos, antes del inicio del partido! Le dije a mis amigos: Vamos, esto va para largo y van a seguir disparando. 

Ningún hincha presente hizo un solo gesto que justificara la brutal represión.

Pero desde ese momento, durante más de 60 minutos, dispararon balas de goma y gases lacrimógenos sin parar.  

Cuando escuché a Berni hablar de las “barras”, las “entradas”, el “mundo del fútbol” y los “violentos”, me dije voy a escribir esto. Esto que usted está leyendo.  Porque al encubrir la operación que, ostensiblemente, se le hizo al gobierno de la provincia de Buenos Aires en el Bosque, el titular de Seguridad colaboraba con los operadores. 

Pensé ¿Este es boludo o es parte del operativo? Pensé: A esta altura, da lo mismo.

Nos cagaron a tiros. Nos llenaron de gases. Miles y miles de triperos dispuestos a ver un partido. 

Compañeros: a veces se encabritan cuando decimos la verdad sobre las operaciones económicas recientes. No se enojen. El tema es el mismo: Decir la verdad nos beneficia; mentir beneficia a quien opera en contra del pueblo y de sus intereses.

Creo que un sector importantísimo del Frente de Todos tiene que poner las barbas en remojo. 

Porque, insisto, mentir no nos beneficia. 

Si hay un apriete económico, judicial, policial, es preciso decirlo en vez de justificarlo para dar idea de “manejamos todo” y “está bajo control”.  La gente lo entenderá. Y acompañará. 

Pero hay que dejar de decir macanas sobre situaciones que están a la vista. Y con testigos.

El operativo en el Bosque estuvo armado.  No tiene relación con entradas, barras, violentos y enfrentamientos entre rivales.

El tema de la verdad no es una cuestión de principios. Es un asunto de beneficios para el espacio nacional popular. 

• Director La Señal Mediosedios

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10/06/2022

no toda ecología es buena para ser defendida

 

Lo que la izquierda le debe a André Gorz


Clara Ruault


André Gorz fue uno de los pioneros en trabajar la cuestión ecológica desde la tradición marxista. Gorz inscribió los problemas ambientales en una concepción social amplia y alertó sobre los peligros del ecofascismo y la expertocracia. Murió hace quince años. Pensar con y contra Gorz nos ayuda hoy a enfrentar los riesgos que afronta el planeta.





Figura poco mediática con múltiples seudónimos, André Gorz no deja de ser una personalidad destacada que podría ser objeto de una historia social de las ideas en el siglo XX. 

El título de la obra colectiva publicada en 2017 bajo la dirección de Christophe Fourel y Alain Caillé sugiere la idea de un «momento» Gorz1. ¿De qué se trata exactamente? 

En la segunda parte de la obra en la cual nos centraremos aquí –«Sortir du capitalisme. Le scénario Gorz» [«Salir del capitalismo. 

El escenario Gorz»]–, los autores explican su aporte a la trayectoria intelectual de cada uno de ellos, con el doble objetivo de mostrar el anclaje de Gorz en los debates de su época y señalar la vigencia de sus palabras. Se trata pues de mostrar el arraigo del pensamiento de Gorz en un campo intelectual poniendo de manifiesto el carácter vivo de este pensamiento actual, confrontándolo con concepciones y problemáticas más contemporáneas. 

El propósito de los autores es pues de reconocimiento y crítica. «Pensar con Gorz y contra Gorz», dice uno de ellos. Nos detendremos aquí en dos aspectos significativos de este pensamiento a través de los cuales Gorz ha innovado verdaderamente: la cuestión del trabajo y la cuestión de la ecología política. 

Al abordar estos dos temas a través del prisma de la filosofía, la sociología y la economía, Gorz es mayormente un «pensador», y un pensador crítico: crítico respecto de la herencia marxista para pensar una sociedad liberada y una nueva relación del ser humano con la naturaleza y la técnica, crítico sobre todo respecto de las sociedades industriales avanzadas reguladas por la «racionalidad económica» hegemónica. Mostraremos cómo esta crítica puede cuestionarse o actualizarse a través de los debates contemporáneos, señalando tanto el aporte del pensamiento de Gorz como su eventual obsolescencia.

¿Es concebible un trabajo autónomo?

La herencia marxista: posicionamiento crítico


Se trata en primer lugar de situar a Gorz con respecto a la herencia marxista que reivindica. En Metamorfosis del trabajo2, señala una similitud entre su visión del socialismo y la de Marx: se supone que el socialismo debe resolver «la escisión del trabajo y de la vida»3. ¿Cómo entender esta fórmula? Debe partirse de la definición del trabajo efectuada por Gorz quien, en consonancia con Marx, parte del principio de que el trabajo, en el sentido que le da su pensamiento crítico, es una invención del capitalismo: se trata aquí del trabajo no como actividad productiva semejante a la del artesano, sino del trabajo-empleo concebido como un vector de integración en el espacio social. 

Se oponen aquí dos tipos de racionalidad: por un lado, la actividad regulada por la «norma de lo suficiente» –actividad de tipo artesanal, basada en una regulación individual y colectiva de los objetivos productivos en función de las necesidades– y, por el otro, la actividad regulada por una racionalidad económica cuyo objetivo es el aumento del capital. El crecimiento productivo se convierte en su propio fin. El capitalismo desplaza el trabajo de una racionalidad a otra y, al mismo tiempo, inventa el trabajo entendido como trabajo-empleo. Del mismo modo, provoca la escisión del trabajo y de la vida, fenómeno que debe entenderse como la pérdida del vínculo a la vez concreto, vivido y epistémico entre el obrero y su tarea, en la reificación del gesto técnico en un acto serial, puntual. El trabajador ya no es dueño de su obra; se opera un distanciamiento radical entre él y el sentido de su trabajo.

Gorz, en Metamorfosis del trabajo, afirma pues que no basta con transformar el proyecto político que sostiene al aparato productivo tecnológico para transformar el trabajo y hacer coincidir el trabajo y la vida. Es fundamentalmente tecnocrítico: es en la forma tecnológica de la producción donde reside el problema de la escisión del trabajo y de la vida. Gorz retoma aquí las tesis de Jürgen Habermas –en Teoría de la acción comunicativa II– y su distinción entre la «integración funcional» y la «integración social», con el fin de distinguir la esfera de la autonomía y la esfera de la heteronomía. Una acción es «funcional», según Gorz, cuando es heterónoma, es decir, cuando su fin no es definido, deseado y comprendido por el individuo que la ejecuta, sino cuando es fijada por un sistema preexistente al individuo y en el cual se inserta. La invención del trabajo descripta anteriormente permite la generalización de este tipo de acción en el marco del trabajo: el trabajo del individuo es, como consecuencia de la división social del trabajo producida por el capitalismo industrial, un trabajo funcional; el capital debe «canalizar el comportamiento de los consumidores (...) hacia una meta que no tendrán necesidad de comprender ni de aprobar para alcanzarla» y así «hacer funcionales las motivaciones y los intereses individuales con vistas a un resultado que les sigue siendo ajeno»4.

Así, en un primer momento, Gorz coincide con Marx en el diagnóstico de la escisión del trabajo y de la vida en el capitalismo, y en esta desposesión del sentido del trabajo y la tarea realizada en «una organización y una división del trabajo que les dictarían la naturaleza, la cantidad y la intensidad del trabajo a realizar como si fueran obligaciones impresas en la materia»5. A través de esta expresión, Gorz adopta una actitud decididamente tecnocrítica, en el sentido de que el maquinismo se caracteriza, según él, por una inversión del vínculo entre la herramienta y el trabajador. El trabajador deja de utilizar la herramienta para maximizar su fuerza de trabajo y mejorar sus objetivos: se pone al servicio de una máquina que dicta el ritmo, el contenido y el sentido del trabajo.

Para remediar esta pérdida de sentido, Marx propone la reapropiación de los medios de producción por parte del proletariado. Observa la solución en aquello que Gorz denomina el «panracionalismo»: en el cuarto capítulo de Metamorfosis del trabajo («De la integración funcional a la desintegración social»), Gorz explica que la sociedad socialista propuesta por Marx supone que la «definición de los fines colectivos y la distribución, así como la división de las tareas que permitan alcanzarlos, se harían sobre la base del acuerdo y de la decisión colectivos, y luego de la autoorganización de los grupos especializados con cuya mediación se sentirían todos pertenecientes a la vez a la comunidad de trabajo y a la sociedad que integraba a todos los subgrupos en la unidad de un proyecto común. Este debía concretarse en el Plan»6.

Es con respecto a este panracionalismo, que en definitiva conduce a Marx a ver en la racionalización capitalista de los procesos de producción las bases de la sociedad socialista, que Gorz toma distancia. Muestra, por un lado, cómo la Razón, lejos de ser reapropiada colectivamente por el proletariado con fines emancipadores, se (re)convierte en un ídolo. No permite al obrero encontrar un vínculo concreto, vivido, con su trabajo. Es lo que señala Jean-Louis Laville en el capítulo «Pensar el cambio social» de Le moment Gorz [El momento Gorz]: «En suma, la creencia simplista según la cual la propiedad capitalista obstaculizaba el desarrollo de las fuerzas productivas tenía como postulado implícito la búsqueda de la acumulación y del crecimiento económico». Gorz observa pues un vínculo de causalidad, que la teoría marxista no logra deshacer, entre mantenimiento del productivismo e integración funcional, entre técnica y alienación.

Por otro lado, según Gorz, el problema fundamental es la no neutralidad de la técnica en este proceso de desposesión. Ninguna reapropiación racional de los modos de producción, cuyo contenido sería elaborado por la resurrección de una racionalidad universal común al proletariado, es posible. La realización de este proyecto se opone de hecho a la «complejidad y la rigidez del aparato productivo», en la medida en que el «trabajo fragmentado y rutinario» asignado necesariamente al trabajador en un sistema productivo complejo se opone a la «visión de conjunto» y la «experiencia concreta del sentido de la tarea en la que se suponía que colaboraba voluntariamente»7. En efecto, en el marco de un sistema industrial-productivo complejo, es necesario tornar «confiable y calculable la funcionalidad de cada uno de los engranajes humanos». La definición y la distribución de las tareas son determinadas por la «matriz material de la megamaquinaria». Así, «el Plan le pide al trabajador que considere su trabajo y su integración funcional como una integración social, fuente de desarrollo individual», pero esta resolución de la escisión no puede, según Gorz, operarse en los «grandes sistemas»8.

La crítica de Gorz se extiende pues del aparato productivo capitalista a la idea marxista de la reapropiación de los medios de producción por parte del proletariado, que opera en el sistema soviético. En este «panracionalismo» marxista, se trata aún de insertar el trabajo en un sistema industrial-productivo que dicta sus propios objetivos y que separa al trabajador de su propia tarea. Existe aún una reificación de la acción, de la relación entre el ser humano y el objeto terminado que produce y al servicio del cual ofrece su tiempo de trabajo.

Capitalismo y alienación

En suma, de lo que Gorz se distancia es de esa incapacidad diagnosticada en el marxismo y visible en el sistema soviético de unir el trabajo y la vida, de desplazar el trabajo de la esfera de la heteronomía (regla de la acción fijada desde afuera por un sistema hegemónico) a la esfera de la autonomía, la necesidad y la libertad: «La utopía marxista de la coincidencia del trabajo funcional y de la actividad personal es irrealizable a escala de los grandes sistemas». La crítica al capitalismo es visible pues en los fracasos del modelo soviético. Opone a los dos sistemas una sociedad socialista basada en la autonomía y la libertad.

Para ello, es necesario liberarse no en el trabajo, sino del trabajo. Para Gorz, es imposible hacer del trabajo-empleo algo distinto de un trabajo alienado y vector de alienación: el distanciamiento entre el obrero y su tarea está acompañado por una alienación en el consumo. Con la sociedad capitalista avanzada, se pasa pues del modelo del artesano al modelo del trabajador-consumidor que busca en su tiempo libre prestaciones compensatorias: en suma, el trabajador se consuela de su alienación en el trabajo con otra forma de alienación, a saber, el consumo de bienes materiales gracias a su remuneración. Se opera una pérdida de vínculo directo con lo que produce en beneficio de un vínculo heterónomo entre su trabajo y los bienes de consumo. Jean-Pierre Dupuy, en el capítulo «Gorz e Illich», identifica tanto en Gorz como en Iván Illich el pensamiento de un «monopolio radical» del capitalismo sobre los valores que destruye. El sistema enrarece lo que nos une a nosotros mismos, a los demás y al mundo, y hace que los sustitutos que propone se vuelvan indispensables. El consumo no ofrece los medios para liberarse e impone su propia necesidad.

Es esta irracionalidad de la racionalidad economicista propia del sistema capitalista la que describe y critica Illich en su principal ensayo, La convivencialidad9. Allí desarrolla justamente su teoría del «monopolio radical». Mediante esta expresión, designa el fenómeno que consiste en tornar un tipo de producto indispensable para la satisfacción de ciertas necesidades fundamentales como la circulación, la salud o la educación: «En un caso semejante, un proceso de producción industrial ejerce un control exclusivo sobre la satisfacción de una necesidad apremiante, excluyendo, con ese propósito, todo recurso a actividades no industriales. Los transportes pueden ejercer así el monopolio de la circulación. Los automóviles pueden moldear una ciudad, eliminando prácticamente el desplazamiento a pie o en bicicleta, como sucede en Los Ángeles». Es posible relacionar esta noción de monopolio radical con la tesis de Illich en su totalidad desarrollada en torno de la noción de convivencialidad. Le da un nuevo sentido a este término, con el cual designa el carácter de una herramienta (entendida en sentido amplio como medio institucionalizado para acceder a un tipo de fin maximizando su energía y su fuerza de trabajo) al servicio del trabajador. En la sociedad industrial avanzada, situada en las antípodas de una sociedad convivencial, esta relación es, tal como vimos anteriormente, inversa. Es el ser humano el que sirve a la máquina que le impone objetivos a priori. Es el ser humano quien se pone al servicio del aumento del capital y del enriquecimiento de la clase dominante con su inserción en el proceso industrial, en lugar de servirse de los avances tecnológicos para satisfacer sus propias necesidades. Así, retomando el ejemplo de la circulación, el ser humano no se sirve del automóvil para ganar velocidad y eliminar las distancias, sino que se pone al servicio de la industria automotriz trabajando con el propósito de adquirir un automóvil que le permita mitigar la expansión urbana y las propias distancias que se han incrementado con el fin de desconcentrar las ciudades, llenas de automóviles.

La extensión de la esfera de la heteronomía, que ubica al sujeto en la incapacidad de actuar según sus propios deseos y máximas, al «mundo vivido» de los individuos se lleva a cabo mediante la captación de las necesidades y los deseos. La noción de mundo vivido, tomada de la fenomenología, designa el conjunto de interacciones que arraigan al individuo a un entorno que es el suyo, que determinan y forjan su espacio cotidiano, el conjunto de cosas comprendidas y conocidas por él. Es pues el mundo en el cual el individuo vive, piensa y se proyecta, pero que delimita también la esfera de sus deseos y necesidades. Es la destrucción de este mundo vivido por la captación de los deseos y las necesidades determinados «desde arriba», hacia un conjunto de productos de la megamaquinaria productiva, a lo que Gorz alude en su crítica de la sociedad industrial avanzada.

El ejemplo de los servicios de asistencia personal

La obra Le moment Gorz nos ofrece un ejemplo de aplicación de las tesis de Gorz a fenómenos contemporáneos, como la llegada de los «servicios de asistencia personal». En su artículo dedicado a este tema10, Florence Jany-Catrice analiza el surgimiento masivo de los empleos llamados «servicios de asistencia personal» como la extensión del neoliberalismo a esferas que antes no eran mercantiles o productivas, a través de la lógica de las «fuentes de empleo». Menciona el eslogan de la Agencia Nacional de Servicios de Asistencia Personal (2008): «la necesidad de uno es el empleo de otro». Estos servicios corresponden en general a dos tipos de actividad: la asistencia a personas mayores o vulnerables y el servicio doméstico, llamado de confort. Los servicios de asistencia personal se ubican pues, según las palabras de la autora, «entre servidumbre y atención». Producen, por un lado, el advenimiento de una «sociedad de sirvientes», y por el otro, reemplazan el verdadero care por la profesionalización de un sector.

En efecto, ello va en la dirección totalmente opuesta a la planteada por Gorz. Los servicios de asistencia personal crean nuevas necesidades reguladas por la esfera económica a través de la creación de nuevos empleos, en lugar de favorecer una definición colectiva de las necesidades requeridas, y la preservación de los bienes comunes que imponen la limitación de la lógica mercantil. El camino por seguir sería el de la preservación de algunas esferas de la vida (especialmente el cuidado) respecto de la lógica capitalista, y no su crecimiento. En su artículo Del izquierdismo a la ecología política11, Patrick Petitjean traduce el pensamiento de Gorz en estos términos: debe restringirse la esfera de la necesidad y redefinirse como la esfera de satisfacción de necesidades suficientes socialmente determinadas. Esto es lo que hace que Gorz esté particularmente atento a los fenómenos de autogestión y autoproducción (definición colectiva), pero también a la lógica del voluntariado (autolimitación).

A través de esta teoría crítica de las necesidades, se observan en Gorz los estrechos vínculos entre crítica del capitalismo y ecología.

Pensador crítico de la ecología

Se trata aquí de ver cómo el pensamiento ecologista de André Gorz se elabora a través de una serie de posicionamientos contra otras versiones posibles de la ecología.

Contra la expertocracia: la ecología es social

El primer riesgo radica en una confusión entre ecología política y ecología científica. En su artículo, Patrick Petitjean muestra a la vez el anclaje y la vigencia de la mirada de Gorz sobre el riesgo de expertocracia que corre el movimiento ecologista, que consistiría en otorgarle a la palabra científica plenos poderes respecto de nuestra gestión de los recursos, al hablar no en nombre de los imperativos humanos sino en nombre de imperativos científicos. Es necesario modificar las estructuras profundas de la sociedad allí donde la expertocracia es una limitación de la explotación de los recursos naturales para las necesidades del sistema. En efecto, se trata para Gorz de formular una crítica ecologista del capitalismo y, más precisamente, de la sociedad de consumo: la ecología no debe perder de vista la alienación del individuo, no solo en el trabajo, sino también en el consumo excesivo, vertiente de la sobreproducción. En la introducción a Ecología y política, se lee: «Por eso, es necesario ante todo plantearse la cuestión con franqueza: ¿qué queremos? ¿Un capitalismo que se adapte a las exigencias ecológicas o una revolución política, social y cultural que elimine las exigencias del capitalismo e instaure de este modo una nueva relación de los seres humanos con la colectividad, el medio ambiente, la naturaleza?»12.

En Ecología y política, Gorz pone también en evidencia la lógica paradojal, contraproducente retomando las palabras de Ivan Illich, de la sociedad de consumo, que crea continuamente nuevos productos, extendiendo así siempre un poco más la esfera de la necesidad. Esta lógica de la innovación se basa en la frustración (creación de nuevos deseos) y la desigualdad (diferenciación por clase del acceso a los bienes materiales). Toma de Illich la siguiente observación: «La innovación alimenta la ilusión de que lo nuevo es mejor (...). La lógica del siempre mejor reemplaza a la lógica del bien como elemento estructurante de la acción»13. Esta lógica en la cual se basa el crecimiento en la economía capitalista es considerada contraproducente en el sentido de que la sobreproducción crea carencia. En el artículo publicado en 1973 y retomado en Ecología y política, titulado «La ideología social del automóvil», Gorz retoma una vez más la crítica de Illich respecto de la función socioeconómica del automóvil, mostrando que se pasa más tiempo en ganar suficiente dinero como para poder adquirir un automóvil y pagar los gastos de mantenimiento que el que se gana con la movilidad que este nos provee: «es matemática»14. Se observa la vigencia de esta crítica social al consumo excesivo a través de las políticas de marketing de empresas como Apple que, en lugar de responder a necesidades reales, proponen continuamente nuevos modelos de smartphones fomentando la necesidad y el deseo mediante la incorporación de nuevas funciones inesperadas. Por otro lado, este pensamiento se inserta en los debates actuales sobre las derivas contraproducentes de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, que crean fenómenos de cortes y distanciamiento allí donde deberían crear un vínculo social a través de la proximidad virtual.

En una sociedad verdaderamente emancipadora y coherente respecto de sí misma y de sus objetivos, el sistema alienante de sobreproducción/consumo excesivo debería dejar lugar a una lógica de preservación del mundo vivido mediante la autolimitación de las necesidades, a la determinación colectiva y local, por parte de la comunidad, de lo que debe producirse. Mediante esta propuesta, Gorz se dirige, según Patrick Petitjean, al público marxista de la época y a la megamaquinaria productivista soviética. Pero puede señalarse nuevamente la vigencia de esta mirada insertándola en los debates que enmarcan el difícil advenimiento de un pensamiento ecosocialista y del anclaje a la izquierda de la ecología política: ¿cómo unir a la vez la causa del pueblo con la causa climática? ¿Cómo, retomando los eslóganes escuchados a menudo en las manifestaciones por el clima, unir el fin del mundo con el fin de mes?

Contra el ecofascismo, la ecología es humanista

El ecofascismo o ecototalitarismo consiste en una deriva autoritaria de la expertocracia. Este riesgo y la solución propuesta por Gorz son analizados en el artículo de Geneviève Azam en el libro Le moment Gorz, titulado «L’aube d’un nouvel humaniste» [El surgimiento de un nuevo humanista]. Este ecototalitarismo puede manifestarse según ella de dos maneras: «Desde luego, es verdad que, frente a las amenazas de desmoronamiento de los ecosistemas, frente a las penurias y a los movimientos previsibles de pánico, puede sumarse un proceso que conduzca a un ecototalitarismo y convertirse en la forma global de organización de las sociedades, en nombre de una naturaleza que debe preservarse y en nombre de la supervivencia de la humanidad»; pero también puede ponerse al servicio de un capitalismo sin aliento. Frente a este riesgo, Gorz propone reubicar al ser humano en el centro de una ecología humanista antinaturaleza, recordando que «la lucha ecológica no es un fin en sí mismo, es una etapa»15. Se niega pues a pensar una ecología sin los seres humanos, y retomando las palabras de Geneviève Azam: «Expresa así una especial atención a los hechos concretos y el rechazo a una ecología abstracta, desarraigada, experta y tecnocrática. Pero esta identificación también contiene el rechazo de la defensa de la naturaleza en sí misma, independientemente de las expectativas humanas».

El socialismo no está pues a salvo del ecofascismo, por lo que debe estar acompañado de un humanismo ecológico y tecnocrítico: «Sería mejor un capitalismo no nuclear que un socialismo nuclear; porque el primero hipoteca en menor medida el futuro»16.

El ser humano está en el centro del pensamiento ecologista de André Gorz, antinaturaleza, antipanteísta, que antepone los derechos humanos a los derechos de la tierra. Sin embargo, sería interesante pensar, tal como lo hace Geneviève Azam, los límites de este humanismo en la actualidad, mostrando cómo puede renovarse asignándole un lugar más importante a la naturaleza per se. Para Gorz, «la naturaleza no es buena para el ser humano»17 y este tiene derecho pues a modificar los ecosistemas para su supervivencia y confort. Sin embargo, en la sociedad posindustrial presa de la catástrofe ecológica actual, el ser humano se da cuenta de que es la modificación de estos ecosistemas lo que suele tornar la vida «radicalmente precaria y problemática en el planeta»18.

Azam propone pues un nuevo humanismo, debido a que ya no es posible actuar contra la naturaleza, dados los medios titánicos y devastadores que el ser humano posee para transformarla. «¿No puede considerarse acaso que el humanismo que André Gorz reivindica ha muerto con la aceptación de la potencia nuclear, (...) que ha sido herido de muerte por la reducción de lo vivo a un recurso privado de toda subjetividad (...)?».

El debate sobre la oposición (o la posible síntesis) entre ecología humanista/ecología panteísta es muy actual, y es posible volver a colocar el pensamiento de André Gorz entre (o en oposición a) pensadores como Bruno Latour y su idea de un parlamento de las cosas. En Políticas de la naturaleza, se trata para Latour de reintroducir la naturaleza encarnada por la ciencia (las «batas blancas»)19 en el debate democrático. Podríamos también tratar de situar a Gorz en relación con el pensamiento ecológico heredado de la antropología, como por ejemplo el pensamiento de Philippe Descola, que podría describirse como una ecología conducida por una visión renovada del animismo que nos incita a reintroducir la naturaleza y lo vivo (los «no humanos») en la cultura, en la política y, en mayor medida, en nuestras relaciones y nuestro entorno moral. Así, podemos observar también cómo hoy la figura de las poblaciones animistas amazónicas se ha vuelto un emblema en ciertas manifestaciones ambientalistas. Observamos también cómo ciertos discursos ecologistas utilizan de manera retórica (con mayor o menor acierto) elementos simbólicos del lenguaje propios del animismo: personificación de los elementos naturales, referencia al alma mater, lazos familiares que unen a humanos y no humanos, etc.

Contra la ecología individualista y la lógica del «gesto» ecológico: la ecología es política

Se observa que el riesgo que se cierne sobre la filosofía ambiental es la deshumanización y la despolitización de la ecología, ya sea a través de una defensa ciega de los «derechos» de la naturaleza, la supervivencia de la humanidad o la del capitalismo.

El objetivo teórico de la ecología política debe alcanzarse a través de una serie de avances. El primer avance es el de lo individual hacia lo colectivo. Es sorprendente ver cómo Gorz se opone a la lógica del «gesto» ecológico o ciudadano. Si bien la privación del mundo vivido por un capitalismo inhumano se siente efectivamente a escala individual, esta escala debe superarse constantemente para alcanzar primero lo colectivo. El pensamiento de Gorz es mucho más sensible a las formas colectivas de organización de la producción que a la idea de ecorresponsabilidad individual, idea muy actual respecto de la cual puede inmediatamente imaginarse su posicionamiento. Permite pues pensar contra las formas estrictamente individuales, incluso individualistas, de una ecología apolítica, es decir, la idea de actitud o de gesto ecorresponsable, pero también las conductas alimentarias como el veganismo.

Si bien la urgencia ecológica puede sentirse perfectamente en el plano individual, el comportamiento correspondiente a esta urgencia vivida debe superar el estadio individual para tender hacia lo colectivo, y luego de lo colectivo hacia lo político.

Tal como vimos, en Gorz la defensa de la naturaleza no es un fin en sí mismo. Sin embargo, la causa ecológica es un elemento entre otros vectores de una sociedad emancipadora: en su artículo «Penser avec et contre Gorz» [Pensar con y contra Gorz], Bernard Perret distingue en la obra de Gorz «una voluntad constante de vincular la cuestión ecológica a las demás contradicciones del sistema»20. Así, «el ecosistema no es solo el entorno físico de la vida humana; es en tanto marco de una existencia autónoma que debe defenderse»21. La ecología es política en el sentido de que se trata de un medio para preservar los recursos, y por lo tanto el mundo vivido, de la lógica alienante del consumo excesivo/sobreproducción.

Así, si bien la acción colectiva a escala de una comunidad de productores/consumidores autónomos es un buen comienzo, no sería suficiente para transformar en profundidad un sistema económico global. En la era de la proliferación de lo «glocal» (actuar localmente, pensar globalmente), la obra de Gorz permite pensar los límites de este modo de acción, su insuficiencia para contrarrestar la lógica hegemónica del sistema capitalista que priva a los individuos de su entorno vital (en sentido amplio, uniendo «mundo vivido» y entorno natural) a través de instrumentos alienantes.

André Gorz nos invita pues a pensar que no toda ecología es buena para ser defendida, ofreciendo herramientas al pensamiento socialista para permitir un anclaje firme y definitivo a la izquierda de la ecología política. Gorz se apropia de conceptos filosóficos como trabajo o incluso naturaleza para producir un pensamiento vivo, nunca cerrado o sistemático, que de esta manera se presta más al análisis del historiador, el sociólogo o el político que al del filósofo.
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Este artículo fue publicado originalmente, en francés, por la Fundación Jean Jaurès. Puede leerse el original aquí. Traducción: Gustavo Recalde

Notas

1. Bajo la dirección de Christophe Fourel y Alain Caillé: Le moment Gorz, Éditions du Bord de l’eau, 2017.
2. André Gorz: Métamorphoses du travail, Folio Essais, 2004.
3. Capítulo 3.
4. A. Gorz: Ecologica, Galilée, 2008
5. Ibíd
6. En Métamorphoses du travail, cit., p. 58.
7. Ibíd., p. 57.
8. Ibíd., p. 60.
9. I. Illich: La convivialité, Seuil, 1973
10. «Va-t-on vers la fin du travail-emploi? Le cas des services à la personne » en Le moment Gorz, cit., p. 219.
11. «Du ‘gauchisme’ à l’écologie politique», ibid., p. 168.
12. Michel Bosquet (André Gorz): Écologie et politique, Arthaud Poche, 2018.
13. Ibíd., p. 61.
14. Ibíd., p. 142.
15. Ibíd., Introducción.
16. Écologie et liberté, cit., p. 36.
17. Écologie et liberté, cit.
18. Ibíd., p. 245
19. B. Latour: Politiques de la nature, La Découverte, 1999.
20. P. 256.
21. Ibíd.

a veces fuimos fuertes y otras fuimos muy débiles

 

La francotiradora soviética Lyudmila Pavlichenko, que había matado a 309 nazis a la edad de veintiséis años, fue enviada por su gobierno a una gira por los Estados Unidos y se hizo muy amiga de Eleanor Roosevelt. (Sovfoto / Universal Images Group a través de Getty Images)

Cinco mujeres comunistas de las que seguro nunca escuchaste hablar

TRADUCCIÓN: VALENTÍN HUARTE

Este libro brinda una semblanza de cinco comunistas extraordinarias. Socialistas dedicadas y defensoras de la igualdad, las vidas de estas mujeres ejemplifican las contradicciones de un sistema definido por la opresión generalizada, pero también por conquistas sociales reales.

Quién tiene el mérito de haber construido las grandes civilizaciones? Últimamente tendemos a considerar en este sentido a muchas más personas que antes.

Por ejemplo, estamos empezando a reconocer que muchas de nuestras ciudades descansan sobre una historia espantosa de trabajo esclavo. Otro ejemplo: una comisión del congreso acaba de recomendar rebautizar algunas bases del ejército que antes honraban a confederados traidores con nombres que encarnan «lo mejor de Estados Unidos», entre los que están los de mujeres y afroestadounidenses poco conocidos. Y los libros de no ficción de la escuela media ahora suelen centrarse más en héroes y heroínas de color —Harriet Tubman o Jackie Robinson, por ejemplo— en un intento necesario de rectificar lo que alguna vez fue un foco casi exclusivo en los logros de hombres blancos.

Pero incluso en esta cultura cada vez más consciente de las múltiples categorías sociales que la constituyen, la que Kristen Ghodsee pone en el centro de su nuevo libro, Red Valkyries: Feminista Lessons from Five Revolutionary Woman (Verso) —a saber, la de las mujeres comunistas— todavía parece poco susceptible de convertirse en objeto de un amplio reconocimiento póstumo.

Las valquirias rojas en cuestión fueron comunistas dedicadas que vivieron en los países del mundo soviético. Las dictaduras de partido único que definieron la vida pública de estos países gobernaron por medio de la represión, pero su legitimidad dependía también de compromiso con la tradicional misión igualitaria del socialismo. Por ese motivo estos regímenes trajeron muchos beneficios concretos que mejoraron las vidas de las mujeres del bloque del Este, y que durante la Guerra Fría ejercieron presión en el mismo sentido en los países de Occidente.

Cada capítulo del libro está dedicado a una de estas dirigentes: Aleksandra Kolontái, militante bolchevique, escritora y diplomática; Nadezhda Krúpskaya, activista incansable, docente progresista y esposa de Lenin; Inessa Armand, intelectual compañera y amiga de Lenin y de Krúpskaya; Liudmila Pavlichenko, mítica francotiradora y cazadora de nazis, y Elena Lagadinova, científica búlgara y activista por los derechos de las mujeres.

Cada una de estas mujeres es tan fascinante que leer el libro implica maravillarse por lo poco que sabíamos de ellas antes, o, más bien, por la magnitud en la que la Guerra Fría asfixió nuestra capacidad de aprender de la experiencia comunista. Armand y Kolontái tenían ideas muy radicales sobre las relaciones sexuales. En efecto, Armand convivía con dos hermanos aristócratas y existía el rumor de que era amante de Lenin (y también de Krúpskaya, aunque Ghodsee piensa que esto es poco probable). En cualquier caso, ambas militantes se tomaban en serio el potencial del socialismo de liberar a las mujeres de la monotonía doméstica y de las relaciones opresivas.

Contra el gris estereotipo del comunismo, Krúpskaya, inspirada en los escritos de León Tolstoi, enfatizaba la importancia de la creatividad y de la libertad individual en la educación. Pavlichenko, que a los 26 años había asesinado a 309 nazis, fue enviada por el gobierno a los Estados Unidos —donde tuvo que enfrentar a una prensa ridícula que la cuestionaba por su falta de maquillaje— y se hizo muy amiga de Eleanor Roosevelt, con quien incluso se fue de vacaciones. (Woody Guthrie llegó a escribirle una canción, «Miss Pavlichenko», donde destacaba el «dulce rostro» de la mujer que había matado a «más de 300 perros nazis»).

Lagadinova fue una icónica y joven heroína antifascista. Inmortalizada célebremente en una foto que la muestra con su pistola y montando un caballo blanco, era conocida como «la Amazona» y estudió para convertirse en una científica centrada en mejorar las vidas de las mujeres y en defender a su país. Habiendo asumido la tarea de elevar la tasa de nacimientos, combatió las políticas de restricción del aborto y, en cambio, decidió entrevistar a las mujeres para saber qué tipo de ayuda estatal necesitaban para hacer de la maternidad una experiencia más atractiva. Además, trabajó con feministas de todo el mundo para mejorar las condiciones de vida de las mujeres.

Ghodsee es una guía lúcida que nos permite conocer a estas cinco mujeres y el contexto histórico en el que vivieron, sin nunca comprar la propaganda soviética ni su contraparte capitalista. No se priva de analizar la crianza privilegiada de las intelectuales soviéticas —Krúpskaya y Kolontái venían de familias aristocráticas, mientras que Armand había crecido en el seno de una familia de clase media acomodada y casarse con un aristócrata hizo que tuviera una vida todavía más cómoda— ni la diferencia de más de dieciocho años entre Armand y su joven amante (dato maquillado en los archivos oficiales soviéticos).

Tampoco pasa por alto la cooperación de Kolontái con Stalin, que, además de sus sueños políticos, terminó matando a muchos de sus camaradas, amigos y amantes más cercanos. Por otro lado, y más importante teniendo en cuenta los prejuicios de los lectores occidentales, Ghodsee también reconoce con claridad las conquistas de estas sociedades comunistas por las que estas mujeres trabajaron infatigablemente: mejoras sustantivas en la expectativa de vida y en los niveles de alfabetización, reducciones igualmente drásticas de la mortalidad infantil, oportunidades sin paralelo para mujeres que estudiaban ciencias y matemáticas y un sistema de educación robusto desde el jardín de infantes hasta el posgrado. En general, las mujeres gozaban de más igualdad con los hombres en los países comunistas que en cualquier otra parte del mundo.

Aunque este libro no está escrito pensando en una audiencia académica, la experiencia de Ghodsee en la región y sus décadas de investigación dotan a la obra de un grado de autoridad considerable y de un nivel de detalle que pocos autores podrían alcanzar. Además del conocimiento profundo sobre el tema, Ghodsee también tiene una capacidad notable de sintetizar largos años de estudio y canalizarlos en una escritura agradable para aquellos que no tienen ningún conocimiento previo. Todos los capítulos son fascinantes, pero la relación personal de Ghodsee con Lagadinova, la menos famosa del grupo —además de su conocimiento específico del socialismo y del feminismo búlgaro— otorga a ese capítulo un valor especial. De hecho, en 2017, Ghodsee también había escrito un obituario para Lagadinova en Jacobin, donde la definió como «la feminista más fascinante que hemos conocido». Y antes de su muerte la entrevistó a esta ex heroína de guerra muchas veces durante un período de siete años. De esta manera, ambas desarrollaron una amistad personal —solían asistir juntas a la ópera— y pasaron una década revisando archivos importantes en conjunto.

Ninguna de las valquirias rojas era perfecta en ningún sentido, y son muchas las críticas que cabe dirigir contra los regímenes opresivos en los que militaron y trabajaron, pero su compromiso y las conquistas no fueron menos extraordinarias y tenemos mucho que aprender de esta lectura honesta.

Ghodsee termina el capítulo sobre Kolontái con una cita que destaca la importancia de aprender sobre la vida de estas mujeres. «Uno debe escribir […] para otros», escribe Kolontái a modo de justificación por el libro en el que publicó su autobiografía, «para esas mujeres lejanas y desconocidas que vivirán en el futuro. Dejemos en claro ante ellas que, después de todo, no fuimos héroes ni heroínas. Pero creímos apasionada y ardientemente. Creímos en nuestros objetivos y nos dedicamos a ellos. A veces fuimos fuertes y otras veces fuimos muy débiles».

deja que conozca el mundo de hoy ...


¿Cuál es el mundo real?
Democracias débiles en un mundo en intenso cambio


Por Daniel García Delgado*

Director del Área Estado y Políticas Públicas de la FLACSO Argentina


Introducción


El análisis del rumbo y orientación estratégica del país hoy por hoy no puede estar disociado de integrar una visión global, la disputa por el formato del poder mundial, sea por la ratificación de la hegemonía y la unilateralidad, o por el surgimiento de una multipolaridad más cooperativa, vinculada al ascenso de China, las BRICS y el sur global, y qué oportunidades y riesgos trae ello para nuestro país y región.

Pero también tiene que ver con interrogarse sobre ¿dónde estamos parados?, ¿hacia dónde vamos y hacia dónde queremos ir? En todo caso, sobre cuánto puede salirse de cierto voluntarismo sobre el rumbo al que deberíamos ir efectivamente, pero que no parece ser así. Porque las decisiones políticas del gobierno han tomado derivas que, junto con la pandemia, una polarización política, judicialización, generan situaciones de desconfianza, debilidad de las democracias. En realidad, estamos yendo hacia otro lado del que pensábamos debíamos ir, de modelo de democracia y desarrollo sustentable e inclusivo. Lo cierto es que el sistema decisional del Ejecutivo democrático del Frente de Todos y el poder fáctico han llevado de una u otra forma a tomar otro rumbo del que parecía debía ser, de la promesa electoral[1]. Necesitamos entonces interrogarnos sobre si ¿es posible realizar un equilibrio, entre el realismo de lo que efectivamente está pasando y, a la vez, mantener esperanzas de proyectos democráticos inclusivos y sustentables?

Democracias débiles y amenazadas

Ahora bien, ¿por qué lo de democracias débiles o amenazadas? Si bien estamos en una época especial, de aceleración del tiempo, del tiempo corto y de lo efímero en que vive la mayor parte de la gente y que la pandemia acentuó junto a una mayor desigualdad; y si bien ya se habían ensayado conceptualizaciones sobre la democracia que no coincidían con las expectativas mayoritaritas, creemos que nos debemos una caracterización más actual luego de las democracias “de baja intensidad” de G. O´Donnell[2], que hacían referencia más a la orientación al consumo de la libertad de los modernos que a la esfera pública.[3] Proponemos así el concepto de democracias débiles y amenazadas en otro sentido, menos institucional y procedimental y más orientado a un sentido sustantivo.

Esta debilidad ya comenzó en los setenta, con el ascenso del neoliberalismo autoritario, el comienzo del capitalismo especulativo de financierización y concentración; luego continuado por las privatizaciones y desindustrialización del Consenso de Washington, donde se despojó al Estado de numerosos instrumentos de regulación por el menemismo; y luego, por la inflación, aumento de la pobreza, pérdida de calidad de vida y del endeudamiento del neoliberalismo tardío de Macri. Ahora, en esta segunda década del siglo XXI, se acentúa por diversas razones y en casi todos los países de la nueva ola progresista, ya sea por esta fuerte asimetría entre poder fáctico y el institucional democrático, o sea por anteriores desguaces de capacidades, por un capitalismo de concentración, especulación y fuga capaz de condicionar las orientaciones más distributivas, por una ‘rebelión de las élites’ con bajo compromiso con sus sociedades; y todo eso acentuado por la globalización. También por un Poder Judicial que incorpora una nueva doctrina del derecho, el lawfare[4], y actúa como partido de la derecha o, directamente, como gobierno de los jueces por encima de la política.

En esta segunda ola progresista de la región, luego del neoliberalismo tardío, estas democracias no hacen mucho de lo prometido en sus políticas públicas y, al mismo tiempo, están sujetas a su carácter cíclico/pendular. Son débiles en su capacidad de acumulación de poder, de transformación económica-social o de modificaciones progresivas en términos de reducción de la pobreza o mejorar la distribución del ingreso. Un ejemplo reciente puede servir, el de Boric en Chile, de un líder de una coalición que había empezado con mucha fuerza y es debilitado por la derrota del referéndum sobre la misma Constitución que lo había promovido. También débiles e inciertas en su posibilidades de reelección de los diferentes gobiernos progresistas a diferencia de la primera ola, así como de mantener el apoyo de la coalición social inicial durante un ciclo más largo.

Un primer punto explicativo de la conceptualización adoptada es la asimetría de poder que se observa entre el poder fáctico altamente concentrado judicial, comunicacional y articulado en una estrategia de no admitir regulaciones, de libre mercado y reducir el Estado, con el poder institucional y democrático. Estas democracias débiles se deben, en parte, a la configuración de liderazgos seducidos por un estilo político consensualista, de gestionar y tomar decisiones, como canto de sirena que les dice que les irá mejor con la moderación, el diálogo y el consenso con los grandes empresarios e intereses, sin considerar en algunos casos el conflicto inherente a la política en relaciones de poder, derechos, o simplemente en favor del bien común.

Debilidad porque las recetas heterodoxas -el logos que guiaba las coaliciones progresistas o nacional populares- decaen en su incidencia y poder de apelación en la medida que el modelo de desarrollo que se va gestando no es ya de mercado interno y consumo creciente -que era el 70% del PBI en etapas anteriores-. Es un nuevo modelo de exportación de commodities e industria, de economía del conocimiento y recursos naturales estratégicos con bajos salarios y que tiende al bajo crecimiento y a la reducción del consumo para evitar mayores importaciones. Esa debilidad y fragilidad de la democracia está relacionada también a su carácter de ser sociedades dependientes y endeudadas.

Los ganadores de este proceso democrático son la soja y los bancos. ¿Qué se hizo del saldo comercial de los primeros años exponenciales de las exportaciones agropecuarias y las reservas existentes?, se pregunta Horacio Rovelli. La principal explicación es un informe que circula en los despachos oficiales que le pone cifras a un dato que es admitido en el Banco Central: un grupo de empresas, de las más importantes de la Argentina, accedieron a dólares baratos para cancelar la deuda que habían contraído en los años del macrismo y para sus importaciones. Energéticas, bancos, constructoras, alimenticias y firmas del sector de la comunicación accedieron a nada menos que 23.710 millones de dólares. En segundo lugar, el impacto monetario no es menor, dado que se absorben los pesos emitidos para pagar $200 por el dólar soja a una tasa del 75% anual nominal y que, efectiva, ronda el 100%. A esa tasa aumentan las inmovilizaciones (encajes remunerados del BCRA), que solamente comparando con el mes anterior, son de casi 1,2 billones de pesos. El sistema financiero expande en un mes (30 días) casi 1,2 billones de pesos las inmovilizaciones que los bancos cobran sin correr ningún riesgo, sólo por tener la autorización para captar depósitos del público. Se dan vuelta y se lo prestan al BCRA a una tasa mayor y ganan la diferencia.[5]

También incide la avidez empresaria que aumenta los alimentos generando una inflación por oferta más que por demanda. La falta de solidaridad ante situaciones afligentes y concepción de propiedad absoluta de sus bienes, divisas o grandes producciones acentúa esta democracia con libertades e individualismo crecientes, pero sin igualdad. Y si bien varias voces han advertido sobre la responsabilidad empresaria en los aumentos donde hay márgenes de ganancias excesivas, gran parte de los aumentos de precios provienen de la puja distributiva, una puja que no está impulsada por los salarios, sino por la avidez de ganancia empresaria y por falta de autoridad del Estado para poner un límite a la misma. La puja se produce porque las empresas, especialmente las más grandes que se mueven en mercados altamente concentrados, aumentan sus precios para captar el mayor poder de compra de los salarios ante cada recomposición o para reducir el margen de sus proveedores, en especial las pymes, y la suba de los subsidios.

Por último, nos dejan estas democracias débiles y amenazadas, tanto por el lawfare como por el intento deliberado de proscribir la posible candidatura de la vicepresidente -como ya se realizara con anterioridad con Lula en Brasil-, como con la posibilidad de una incitación a la violencia para la resolución de los conflictos. Más aún, el intento de magnicidio, la falta de colaboración del sistema judicial con la investigación, y hasta la falta de diálogo político de la oposición para establecer estándares donde se sujete la competencia política en el 2023 dentro de ciertos parámetros de convivencia pacífica, son también elementos amenazantes. Y si el poder económico ha alcanzado un nivel de ejercicio que neutraliza la vocación del Estado para establecer un régimen de distribución del ingreso (tipo 50 y 50), “la democracia afronta debilidad porque el mercado, al que deberían establecérsele reglas y definiciones de la ciudadanía, se ha vuelto un ámbito que la determina en lugar de ser determinado por ella”.[6]Democracias con situaciones sociales y culturales crecientemente complicadas

El modelo en que hemos entrado sale del imaginario heterodoxo, neodesarrollista, kirchnerista, para entrar en otro, ortodoxo. No de mercado interno sino externo. Entrando en la situación social que sigue la tendencia de un modelo de crecimiento con precarización, de salarios bajos de línea de pobreza, con el crecimiento del PBI, de las tasas elevadas de ganancia de las empresas de sectores específicos: la economía del conocimiento, el sector industrial automotriz, el modelo agroexportador, del de maquinaria agrícola, pero junto a un mercado interno que va para atrás, que va a ser perjudicado por las proyecciones presupuestarias a la baja del gasto público, de la inversión y salarios y del PBI.

Al respecto, el CEPA (Centro de Economía Política Argentina) elaboró un informe que llega a la concluyente verificación de que las principales firmas industriales y de servicios, en el período 2015-2022, “tuvieron una rentabilidad extraordinaria al tiempo que se reducían sus costos laborales. Es decir, ganaron más y pagaron menos salarios”, mientras CIFRA-CTA muestra una caída de salarios en promedio superior al 20% en términos reales desde enero de 2017 a junio de 2022. Este Centro calculó que la participación de los trabajadores en el ingreso cayó entre el primer trimestre de 2016 al primero de 2022 del 54.2% del ingreso al 46,9% del mismo, mientras que los apropiadores del excedente avanzaron desde el 42,2% al 47,8%. Así, la evidencia que se puede leer muestra que la participación en el excedente de las mayores empresas avanzó mucho más, significando transferencias de excedente también desde sectores menos concentrados del empresariado a otros más poderosos.[7] Si a eso le sumamos los datos del INDEC con un índice de pobreza de 36,5 % se trata de unos 17 millones de personas en todo el país cuyos ingresos no alcanzan para satisfacer sus necesidades básicas. Asimismo, diversos informes coinciden en que los recortes para reducir el déficit en 2023 afectarán servicios sociales y prestaciones previsionales.[8]

El incremento de la conflictividad social que se observa en los sectores populares y trabajadores va en lógico crecimiento y forma parte de este dilema democrático. Se expresa en varias dimensiones: el impacto de la inflación la principal demanda popular, nunca resuelta; sobre los ingresos de los trabajadores informales y de la economía popular. Se asocia a los reclamos, acampes y cortes de ruta de los movimientos sociales de izquierda (Polo Obrero, CCC) y de la economía popular; por el aumento del Salario Complementario y ampliar el cupo de Potenciar Trabajo del Ministerio de Desarrollo Social, el conflicto de los neumáticos, de camioneros y el aumento de la pobreza e indigencia (Informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA), y en el deterioro de las condiciones de vida y un riesgo cada vez mayor de implosión social en el inicio del verano, aumento de la violencia en los barrios, en las familias y, finalmente, el riesgo de la anomia y la expansión del narcotráfico.

A esto se suma lo directamente provocado por la derecha. En CABA, Larreta se salió de la modalidad ‘paloma’, y pasó a la categoría de halcón, y puede disputarle a Macri la pole position de la próxima campaña. Esto le fue muy útil en el conflicto escolar, en que no ofrece canales de diálogo y justifica la judicialización del conflicto. Vuelve a utilizar la educación como eje articulador de su discurso y grieta con respecto al Gobierno y al Frente de Todos. En la última toma de escuelas por problemas de viandas, pasantías de baja calidad y ausencia de inversión en infraestructura, le sirve para aumentar la tensión entre la visión de poner ‘mano dura’ ante el presunto caos estudiantil, que asocia a todas las formas de protesta social existentes. Es decir, el jefe de gobierno de CABA se ofrece como garante del orden y del fiel cumplimiento del logos de AEA, que puede sintetizarse en la no intervención del Estado en los mercados, propiedad privada absoluta y una posición de dureza sobre cualquier conflicto social que pueda cuestionar el orden de cosas establecido.

Esto pone de manifiesto dos elementos culturales que interactúan en simultáneo: los discursos del odio, y la tendencia a la desilusión política. Porque junto con esta declinación social los medios hegemónicos incrementan una cultura del odio por operadores especializados que facilitan la introducción de clivajes divisores, fragmentarios y hasta de violencia en la sociedad. No es fácil gobernar en estas situaciones. Esto es una continuidad de la batalla cultural iniciada por el macrismo en su anterior período gubernamental, de cambiar el ethos más igualitario y pro Estado configurado en el contrato social del Estado de Bienestar y la creencia en la justicia social y no en la meritocracia, pero con aumentos crecientes de la intensidad de los cuestionamientos antiinstitucionales que llevan a manifestaciones neofascistas, antidemocráticas, como de las que hemos sido testigo estos meses y cuya eclosión fue el intento de magnicidio. A su vez, estos grupos son alimentados por sus consignas y análisis, que les da identidad, orientación y propósito a vidas inciertas.

En segundo lugar, se revela una escisión creciente entre elites políticas de la coalición de gobierno y organizaciones populares a la hora de definir leyes. Un problema de crisis de representación; de la decepción que invade los ánimos y que alimenta la desconfianza en la democracia[10]. De esta disociación sobre que en gobiernos populares sus funcionarios deberían hacer otra cosa, que los gobiernos cumplan con sus programas o incorporen demandas, o se pueda influir en las decisiones y leyes; mientras las elites políticas se autonomizan –como, por ejemplo, en las luchas por el espacio público ante convocatorias que no son vinculantes[11]-. En realidad, el malestar social se canaliza más que hacia las empresas y grupos concentrados, hacia las autoridades públicas y a los referentes políticos a los que perciben como responsables de la situación de falta de respuesta. Ya se experimentó este síndrome en las PASO del 2020 y esta percepción sigue profundizándose, con lo que se genera una creciente bronca hacia la clase política que se expresa en algunos casos con apartamiento, escepticismo, con derivas de voto extremo o apatía. La disolución del demos que, además, se acentúa cuando se observa el sistema político como un juego de egos que buscan posicionarse para los próximos escenarios, que les permitan mantener sus posiciones de poder. Así, el diagnóstico de un proyecto integrador nacional de destino común tiende a desaparecer tras el proyecto individual.

Al mismo tiempo, para resolver los problemas de ingreso en los empleos, de las condiciones de vida de los sectores populares, los gobiernos no parecen tener respuesta en el escenario que se ha constituido tras la brusca salida del Ministerio de Economía de M. Guzmán dejando al país al borde de un abismo, como por las condiciones internacionales adversas. Asimismo, los condicionamientos macroeconómicos del FMI, en sus políticas y revisiones, presionan hacia una lógica de ajuste de ir a un bajo crecimiento del PBI para el año próximo, de suponer que la emisión genera inflación y, por tanto, de no emisión y búsqueda de reducción del déficit.

Esta orientación ha estado apoyada políticamente por el gobierno de AF, el Ministro de Economía actual, el de Massa, que no es un neoliberal clásico, pero es una resultante del abismo creado por la orientación de M. Guzmán y su intempestiva renuncia. También sabe, por conveniencia o creencia, de las necesidades para estabilizar un país, de salir del abismo sin vender su racionalidad a la avidez de los cazadores de dólares que operan en los intersticios de los mecanismos de control. Pero lo cierto es que las orientaciones progresistas, tanto políticas de un sindicalismo más combativo, o movimientos sociales como el de derechos humanos y de la economía popular, y pymes, aparecen como piezas sueltas de una fuerza sin articulación propia, o tratando de rectificar un bloque que va en otra dirección. No habría un proyecto estratégico articulador entre estas partes y eso forma parte del país real y de la democracia débil.El liderazgo moderado y el debilitamiento del Frente de Todos.

El presidente A.F. probablemente sea un buen armador, articulador y componedor de conflictos, pero carece de dimensión estratégica y de visión agonística de la política. Más allá del buen desempeño que el gobierno nacional tuvo en la pandemia con el Estado presente, decisiones tomadas con relación al FMI, el caso Vicentín, la derrota autoinfligida en las PASO con ajuste; la legitimación del endeudamiento fraudulento sin un intento de negociación más fuerte, fueron aumentando la desilusión con la conducción. Como señala R. Aronskind, “La debilidad y la falta de convicción que el gobierno mostró frente a diversas dificultades, desde las políticas de protección económica en la pandemia hasta Vicentin, el dragado del Paraná, la defensa de las reservas del Banco Central, la admisión pasiva del insólito crédito del FMI, el control de la inflación especialmente en alimentos, la continuidad de la fuga de capitales por diversos medios, no hizo sino profundizar su debilidad en relación a los factores de poder privados”. [12]

Asimismo, y en esta misma dirección, un colectivo de artistas e intelectuales del kirchnerismo señalan un momento significativo que atravesamos. Uno en que “La política gubernamental ha llegado a su punto más trágico, la preparación de escenarios donde no se realizan anuncios. Es la práctica fallida de anticipar políticas que no se concretan: el mismo Gobierno genera las expectativas y la defraudación de las expectativas. Es el instante cruel donde la moderación se transforma en impotencia. Donde deciden bajarle la intensidad a la política y, como efecto no deseado, suprimen la política. Proponen ir despacio, pero terminan inmóviles. Pretenden hablar suave pero se vuelven inaudibles. Todo lo que se presenta moderado termina siendo débil y sin capacidad transformadora”.[13] Pero el riesgo de esta orientación de culto candoroso al consenso como forma ideal de gobierno es alto. La derecha, en cambio, cree fervientemente en la lucha de clases, defiende sin tapujos sus intereses y, a la hora de gobernar, lo va hacer sin preocuparse por construir un imposible consenso.

También, luego del alegato espectacularizado del fiscal Luciani contra CFK en la causa de Vialidad que se lleva a cabo contra la vicepresidenta y que busca proscribirla, y mucho más luego del intento de magnicidio, parecía que no existía otro referente político electoral más potente que CFK. Nadie del Frente de Todos podía concitar la audiencia que dio en su defensa y la expectativa que generan sus palabras. Sin embargo, la tregua en el Frente de Todos tras la llegada de Sergio Massa y el atentado a Cristina Kirchner terminó, y Alberto Fernández comenzó a mostrar poder de daño para abrir una negociación. El presidente y su entorno acumularon una serie de movimientos que dan cuenta del fin de la supuesta armonía a la que había llegado el oficialismo en varias decisiones.

La silenciosa intención oficialista de suspender las PASO se choca con las palabras del presidente Fernández que dijo que quería primarias en todas las candidaturas en el momento que desde el kirchnerismo consideraban innecesario que se hablara de ese tema cuando estaban analizando la posibilidad de hacer todo lo contrario. Se trató de un misil de la Rosada a la estrategia electoral de vastos sectores del peronismo que podrían darle chances de retener el poder el año que viene. Luego, empujó a la CGT a rechazar la idea de la propia Cristina en alianza con los sectores más combativos de la CGT, pidiendo una suma fija para levantar los salarios que están en la base de la pirámide. Así “los gordos de la CGT” se opusieron porque argumentaron que si el Estado intervenía ellos se quedaban sin su rol y hasta llegaron a decir que se ponía en riesgo la paritaria, tradicional herramienta de lucha obrera, exigiendo en cambio la reapertura de las paritarias.[14] Y, finalmente, queda en la ingravidez hasta ahora las características y representatividad que tendrá el acto del 17 de octubre, después de haber considerado una presentación protagónica suya en Tucumán.

Lo cierto es que la orientación moderada del presidente “dialoguista” de evitar todo conflicto no tendió a generar sinergia, a fortalecer la coalición como un todo, a generar unidad, sino favorecer lo contrario, una cesura interna con dos líneas enfrentadas dentro del Frente, empoderar al poder fáctico y tomar distancia de su base social. Y es parte de un error estratégico del presidente pensar que es él el líder del Frente y del peronismo o, en todo caso, aceptar la seducción del establishment y su obsesión de que el kirchnerismo es parte del problema y no de la solución para gobernar el país.

En el oficialismo creen que las maniobras del presidente desnudan su intento de negociar las listas para el año que viene y para que sepan que todavía puede hacer daño. Entonces la pregunta que surge es: ¿Cómo pararse frente a esta posición anti CFK de Alberto, siendo que CFK puede ser la candidata con más posibilidades de triunfar en la contienda electoral del 2023? Así, en la democracia débil, es todo un dilema el que se afronta para evitar la derrota del 2023, el que no se apoye a la candidata más competitiva. Pero la deriva del pensamiento de AF es salir impoluto del gobierno como de un presidente que aprendió bien las reglas del neo-institucionalismo de no conflictuar con el establishment y quedar guarecido de que lo imputen por cualquier cosa, salir incólume en todo caso de su retiro del gobierno. El dilema debilita la democracia y no queda claro cómo se lo resuelve.¿Lo regional como esperanza?

Tal vez el triunfo de Lula en el ballotage pueda modificar en algo expectativas para la izquierda y lo nacional popular en lo regional, de un reforzamiento de una alianza que en el pasado generó mucha sinergia. Pero lo cierto es que los resultados de la primera vuelta no obedecieron ni a las predicciones de las encuestas de opinión que lo daban ganador en primera vuelta, ni a las expectativas de sus partidarios -el 48,36% de Lula frente al 43,25% de Bolsonaro-. El jefe petista no pudo asegurar su victoria y el ultraderechista dio la sorpresa superando la intención de voto que se le atribuía. La polarización funcionó a pleno y mostró un Brasil dividido casi por mitades. El ballotaje del domingo 30 de octubre se presenta abierto con una leve ventaja para Lula. Si los sondeos y encuestas indicaban una ventaja de entre siete y diez puntos, esa ha sido la primera victoria de Bolsonaro. Pero la segunda y más contundente victoria se dio tanto en la formación de lo que será a partir de 2023 el Congreso como en los gobiernos provinciales.

La verdad es que el abyecto y desequilibrado Bolsonaro sorprendió por cómo obtuvo resultados especialmente positivos en todo el país. A excepción del nordeste pobre, de donde Lula salió para seducir y conquistar todo el país, Bolsonaro ganó en todas las demás regiones, exceptuando a Minas Gerais en el sudeste[15]. Observamos que parte de los síntomas de las democracias débiles de los que considerábamos que Brasil se preservaría, ya están presentes allí también. La derecha y la extrema derecha han avanzado social y culturalmente estos años. La democracia se ha fragilizado tanto que la apoliticidad de la sociedad lleva a aceptar como indiferente cosas que antes eran inaceptables, sea porque había más conciencia de clase, más proyecto comunitario o idea de bien común. El neoliberalismo en sus tres diversas olas ha terminado generando una sociedad fragmentada, polarizada y sin ethos común.

No obstante, también es probable que Lula pueda ganar en el ballotage dentro de un mes y dentro de su espacio de poder y proyecto apueste por la integración regional para que esta pueda reconstituirse de forma de configurar un polo que les de identidad, defensa de sus intereses e impulso para una multipolaridad más cooperativa y no de imposición. Porque un Brasil con Lula a la cabeza probablemente propiciará una alianza continental que iría desde el México de Andrés López Obrador hasta la Argentina de Alberto Fernández, articulando con los gobiernos de Luis Arce Catacora en Bolivia, Gabriel Boric de Chile o el más reciente de Gustavo Petro de Colombia. Incluso sumaría a la Venezuela de Nicolás Maduro y mismo a la Cuba de Miguel Díaz Canel. Este realineamiento podría potenciar a Brasil y a los países de la región en el escenario internacional, tanto en vínculos con otras potencias mundiales como China y Rusia, así como el posicionamiento en organismos internacionales, como el FMI y el Banco Mundial, marcando una línea que propone el desarrollo frente al mero ajuste fiscal como respuesta económica. [16]

Pero lo cierto es que Argentina si bien estuvo presente en las elecciones de este fin de semana en Brasil, no lo hizo en el papel que creía, de acompañar el nuevo empuje progresista del país más importante de la región. Es que la perspectiva de Lula es que el acuerdo que cerró Alberto con el FMI es malo, y que probablemente el peronismo pierda las elecciones en el 2023 en manos de Larreta. La lectura de Lula sobre el acuerdo con el FMI no es sólo una retórica electoral que dice puertas afuera, sino que es parte de un debate interno: “El acuerdo fue malo, es claro. No pudieron poner en marcha un plan económico de estabilización ni controlar el aumento de la pobreza. Es una tragedia”.[17]

La guerra híbrida y la transformación global

A la vez, estamos en un continente en disputa entre EEUU y China, en un mundo en disputa, entre Occidente y BICS, y Sur Global; y esta nos complica económica y políticamente. En primer lugar, la guerra disparó los precios de la energía, que obligaron a gastar cerca de 4700 millones de dólares más al Estado en importación solo este año. Recién con la terminación del oleoducto Néstor Kirchner, dentro de un año, el autoabastecimiento estará listo. También elevó los precios de los alimentos, “la renta inesperada” está aún sin cobrar y, siendo un país productor de estos, no se pudo superar el chantaje de este sector para vender “dólar soja”. “El tipo de inflación actual tiene así su raíz en esta lógica de recomponer lo perdido durante el kirchnerismo y, en segundo lugar, en las condiciones internacionales de suba general de precios de los commodities, por la pandemia primero y, principalmente, por la guerra ruso-ucraniana después. La tercera causa a tener en cuenta es la escasez de dólares provocada por el endeudamiento intencional que el gobierno de la plutocracia del poder concentrado provocó. Esa carencia de divisas presiona sobre los mercados de los dólares financieros y el del dólar ilegal, ampliando la brecha con el dólar oficial, situación que genera expectativas devaluatorias que incentivan los aumentos de precios de insumos importados y algunos otros precios”.[18]

La suba de las tasas de interés en EEUU también problematizan a una sociedad endeudada con el FMI, en lo interno con las Leliq, hacen difícil que vengan capitales a invertir y que no se pueda salir de este cerco financiero que la estanca. Podemos activar recursos naturales estratégicos como el litio y el gas y los alimentos, pero ello necesita de empresas públicas nacionales que le den coherencia y orientación, y que no queden esas riquezas a merced de las multinacionales y el extractivismo, para que esas riquezas no sean fugadas o eludan impuestos. El problema es doble para Argentina, porque esas empresas como Techint, en el caso del gas, y aún peor en el litio, tienen un sistema de elusión fiscal y fuga de divisas. Porque esas empresas que generan recursos en el país los llevan a Uruguay y no pagan impuestos, pero además fugan capitales, desfinanciando al sector externo y siempre necesitado de dólares[19]. Además, sin industrialización de estos recursos, sin soberanía sobre la Hidrovía y nuestras exportaciones principales, una historia de chantaje por las divisas y de primarización vuelve a repetirse.

No obstante, el mundo en esta confrontación entre Occidente y China y su vinculación con Rusia y el Sur global ha entrado en una etapa de cambios sin precedentes que pueden modificar el esquema de poder geopolítico, económico y financiero que ha dominado las últimas décadas el mundo; y por qué no decirlo, siglos. Es, por lo tanto, la posibilidad de aumentar nuestras oportunidades para un desarrollo sustentable inclusivo con aumento de la soberanía. Particularmente, si se apoya en los recursos naturales estratégicos y en la formación de un bloque regional para la multipolaridad[20].

Es una época de transformaciones sin precedentes en las cuales los países de América Latina tienen que encontrar un lugar que potencie sus posibilidades y les permita generar un polo en la multipolaridad. Como señaló Xi Jimping en el cierre del encuentro de Sarmarcanda: “El mundo está experimentado cambios acelerados no vistos en una centuria, y ha entrado en un nuevo período de incertidumbres y transformaciones. La sociedad humana se encuentra en una encrucijada y afronta desafíos sin precedentes. Bajo las nuevas circunstancias, la OCS debe encarar con valentía las vicisitudes internacionales, captar la tendencia de los tiempos, reforzar la solidaridad y la cooperación y promover la construcción de una comunidad de futuro compartido.”[21] Algo de esta visión hermenéutica, de articulación y cooperación deberíamos aprehender en América Latina.

Reflexiones finales

Hemos intentado mostrar el mundo real de la Argentina casi a fines de 2022; el de la democracia débil que en parte también es característica de los países que configuran la segunda ola progresista de América Latina, pero que en nuestro caso tiene particularidades propias. Y hemos tratado de salir de la habitual tensión entre voluntarismo y posibilismo pragmático, entre esperanza y decepción, sin dejar de plantear un dilema que se presenta a este formato democrático.

No obstante, nada está cerrado y también existe capacidad de la política, de movilización popular para zafar del dilema en que se ha estancado la democracia débil, para buscar la fórmula de salida hacia un fortalecimiento de una democracia más sustantiva y no solo procedimental. Podemos verla en tres perspectivas interconectadas. En el espacio regional, la mencionada posibilidad del triunfo en el ballotage de Lula y la concreción de un bloque regional de nuevas condiciones, más concretas y menos ideológicas, y con moneda única que es clave. En perspectiva de las tendencias actuales a una mayor regionalización, estados de nivel continental, “en el mundo por razones no solo económico-comerciales sino también de seguridad, la unidad continental parecerá ser el único camino de viabilidad real de nuestra región”. [22]

Segunda, en el global, se trata de tener una lectura de los signos de los tiempos de una transformación geopolítica y económica que se está produciendo y en la que ha quedado cuestionada la hegemonía de occidente. Y la transformación resultante de ello no puede menos que suscitar, por un lado, riesgos, pero también posibilidades, sobre todo para nuestros países en parte sometidos a esa hegemonía, unipolaridad y subordinación. Es un proceso, no es de un día para otro, es una articulación de lo nacional con lo regional y lo global.

Y, en lo nacional, porque fundamentalmente queda claro para la resolución del enigma que planteamos que ninguna medida liberadora de retenciones segmentadas, de actuar sobre los formadores de precios para tomar políticas drásticas que frenen la desposesión la inflación y recompongan los sueldos, o cualquier modificación redistributiva, no será tomada actualmente en cuenta por AF. Que el dilema en que nos encontramos solo será posible de modificar con cambios en las relaciones de fuerza en el mundo real, tanto dentro del Estado, como en la relación del Estado con el mercado. Básicamente con pasar en el Frente de Todos para la competencia del 2023 del liderazgo formal al real; de cambiar los gestos protocolares y el discurso moderado por la voluntad política transformadora articulada a la organización popular. Y esta resolución es importante no solo para nuestra sociedad y en términos electoralistas, sino para nuestro deseo de justicia, de trabajo digno y de felicidad, y también para la región y su proyecto emancipador.

Notas 

[1] Véase: García Delgado, D y Ruiz del Ferrier, C. (Comps.). (2019). En torno al rumbo. Pensamiento estratégico en un tiempo de oportunidad. Buenos Aires: FLACSO Argentina.

[2] Recordamos las denominaciones de Guillermo O´Donnell sobre democracias ‘de baja intensidad’ en el marco del neoliberalismo de los ‘90, donde parecía la ciudadanía delegar en las elites la decisión y esta dedicarse al consumismo. También O ´Donnell (1994) consideró que la reducción de la democracia a las elecciones era una patología latinoamericana, la “democracia delegativa”. También observamos preocupación en las sociedades centrales respecto de la posibilidad de llegar al poder populismos de derecha, o con proclividades autoritarias. Adam Przeworski, en ¿Qué esperar de la democracia? Límites y posibilidades del autogobierno, Siglo XXI, 2022

[3] Amplia bibliográfica de autores contemporáneos clásicos ofrece reflexiones sobre la calidad de la democracia: “Los desafíos de la democracia” de J. Portantiero; “La democracia y los ricos” de José Nun o “¿Polis ilusoria, democracia irrelevante?” de M. Garretón, Carlos Vilas, entre otros.

[4] Véase García Delgado, D. Notas de coyuntura: Sección Papeles de Coyuntura | ANTE UNA COYUNTURA DECISIVA. Reflexiones en torno al rol del Poder Judicial y del movimiento social. 09 de septiembre de 2022. Buenos Aires: Área Estado y Políticas Públicas de FLACSO Argentina. Disponible en: http://politicaspublicas.flacso.org.ar/analisis-de-coyuntura/

[5] Ver Horacio Rovelli, “Como por arte de magia”. Unos 38.000 millones de dólares de reservas desaparecen mientras el Estado Nacional garantiza la renta a sojeros y bancos y reduce el gasto y la obra pública en el Presupuesto. En, El cohete a la Luna, 03-10.22

[6] Guillermo Wierzba, ¿Qué gobierna el Gobierno? Resulta indispensable reabrir un rumbo instituyente que permita recobrar y ganar nuevos instrumentos de intervención en la economía. El cohete a la Luna, Sept. 2022

[7] CIFRA, Informe Septiembre 2022.

[8] Según el estudio realizado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), el cálculo de gastos y recursos del año que viene se basa en creer que el gasto público del ejercicio todavía en curso se reducirá fuertemente en relación al del año anterior.

[9] Jesica Gentile, coordinadora del Colectivo Socioambiental Red Eco Socialista, señaló que. “Sigue existiendo la misma orientación de hace 10 años de seguir ralentizando por la clase política alqo que democráticamente han decidido las comunidades con un proyecto de ley consensuado por más de 300 organizaciones, donde están universidades públicas, científicas, asambleas y asociaciones medio-ambientales. Es crucial proteger nuestros principales aliados para enfrentar la crisis climática como son los humedales”

[10] Véase de P. Rosanvallon (2006). La contrademocracia. La política en la era de la desconfianza. Buenos Aires: Manantial.

[11] Ver María Caferratta, “No quieren que haya ley”. En Pág. 12, 30-09. También, véase: L. Paramio (Comp.). (2015). Desafección política de gobernabilidad: reto político. Madrid: Instituto Universitario investigación en estudios latinoamericanos. Universidad de Alcalá CAF- Banco desarrollo de América Latina.

[12] Ricardo Aronskind, “Deconstruir el Frente para la Derrota”, La Tecla @Ñ

[13] Carta de los artistas e intelectuales K contra la inacción de Alberto Fernández: “La política ha llegado a su punto más trágico”. Facebook: Roberto Tito López, Edu (Cides); Yo marcho por Cristina (Somos 202.000); Grupo VLV. Viralizando la verdad.

[14] La vicepresidenta apuntó contra las empresas alimenticias que, según afirmó, “han aumentado muy fuerte sus márgenes de rentabilidad”; cerca del ministro afirmaron que están en sintonía, La Nación, 29 de septiembre de 202201:44, Mariano Spezzapria

[15] Eric Nepomuceno, “Victoria de Bolsonaro y de la ultraderecha”, Opinión, Pág. 12, 3-10-22

[16] Ricardo Romero, “Cara o ceca que pone en alerta a la región”, en Tiempo Argentino, 3-09-22, pág. 23

[17] Elecciones en Brasil, LPO, 29-09-22. “Lula cuestionó el acuerdo de Alberto con el FMI y cree que el peronismo va a perder las elecciones”.

[18] Cf Wierzba, op. cit.

[19]. Ver de Alejandro Gaggero y Gustavo García Zanotti, “Gasducto al paraíso: la estructura off shore del Grupo Techint en Uruguay”. Conicet-Fundación Friederich Ebert.

[20] Véase García Delgado. D. Papeles de coyuntura: “Guerra híbrida y geopolítica del sur” de 02 de septiembre de 2022. Buenos Aires: Área Estado y Políticas Públicas de FLACSO Argentina. Disponible en: http://politicaspublicas.flacso.org.ar/analisis-de-coyuntura/

[21] Jorge Elbaum, “Expreso de Oriente. La respuesta de Rusia y China a la OTAN”, en el Cohete a la Luna, Sept. 2022

[22] Mariana Vázquez, “Lula: condición necesaria pero no suficiente para reactivar el Mercosur”, Cenital.com. 03-10-22