La "Gran disputa Gran" entre Lousteau y Moreno, es apenas una construcción política, apalancada y amplificada notablemente en y por los medios de comunicación. En líneas generales, no descubrimos nada señalando que ninguno de los dos actores tiene volumen político propio como para encarnar líneas de acciones divergentes, y mucho menos aún en el contexto de un gobierno que, al menos en esta fase de su desarrollo, reconoce un solo vértice y no permite estas boutades. Gobierno al que, por otra parte, ambos acceden sabiéndo de su estrechez de democracia interna, digamos, y sabiéndolo muy precisamente. Dejemos de lado entonces, al menos entre nosotros, amigos de Ramble, el costado de folletín de la cuestión. No decimos que el combate sea para la gilada, ni incluso que alguno de los dos o ambos "contendientes" este ofuscado con el otro y se ponga hasta renunciador...pero, nada de esto es sustancial. Una lectura rápida acerca de qué expresa uno y otro nombre en la construcción de la disputa político-mediatica (valga la redundancia) es a nuestro juicio, elemental: El nombre "Moreno", supone mayores niveles de intervención estatal que el nombre "Lousteau". Siendo así , esta disputa es decididamente inconsistente cuando no falsa, para dividir aguas al interior de un gobierno cuyo plexo decisorio ha demostrado que puede intervenir de manera ultra rígida así como dejar librada a su suerte - aún la más más abyecta - a grandes segmentos de la vida económica y social, según lo que marca el (su) tablero coyuntural. Si lo que se pretende con darle volumen imaginario a esta disputa es reconocer un "curso de acción previsible" en el sentido de "saber hacia donde vamos" finalmente en materia de activismo y regulación estatal, el resultado será frustrante. Estamos en presencia de un activismo estatal flotante, por llamarlo de alguna manera, donde la incertidumbre sobre el curso de la acción , más que un escollo a vencer , parece ser un objetivo a lograr por parte del gobierno. Entonces, take it easy.