En el post de ayer señalábamos que la creciente centralidad que ocupa la inflación en el discurso de la oposición , es tributaria no del estado de opinión pública, que no registra el fenómeno inflacionario como problema importante pues aún no observa pérdida de su poder adquisitivo, sino del paradigma ideológico (llamémoslo ortodoxo, conservador , neoliberal o de derechas, todos sinónimos en estas pampas) donde se organiza , de manera dominante, la mirada opositora. Sin embargo, debemos matizar el análisis, para no repetir el fundamentalismo conceptual que criticamos, aunque en sentido opuesto. Ciertamente el fenómeno inflacionario actual, tiene efectos diferenciales muy asimétricos, según sea el quintil de ingresos del hogar . Para el caso del 40% de la población más pobre (primero y segundo quintil), la inflación 2007 efectivamente superó el 20% anual. Al respecto, en el cuadro que abre el post se observa la composición del IPC desgaregado por rubro y quintiles. Como se ve, el peso de los alimentos aumenta a medida que desciende el quintil. Así las cosas si en el promedio el peso de los alimentos en la estructura del IPC implica el 31,29% del total, para un hogar del primer quintil de ingresos (el 20% de la población más pobre) alimentos insume el 46,6% de su índice de precios de consumo. Contrario sensu, sobre el 20% más rico de la población distribuída por quintiles de ingreso, el rubro alimentos supone apenas el 23,6% de su IPC específico, asumiendo la mitad del peso que observa el rubro en el primer quintil. Sobre una hipótesis inflacionaria del 17% promedio anual y un 25% de Canasta Alimentaria, tal como proyecta nuestra CBE , el IPC desagregado por quintiles es el que muestra el cuadro de apertura en la franja inferior. Como se señala, el IPC pasa del 22% promedio anual para el primer quintil al 13% anual para el 20% más rico. No cabe dudas entonces que el impacto inflacionario traccionado por alimentos, como es nuestro caso, promueve efectos regresivos, si no se corrigen y esto es indudable y necio negarlo. Sin embargo, aplicar centralidad absoluta al fenómeno hasta instituírlo como el primer problema nacional, parece al menos un exceso, sobre todo cuando la historia nacional reciente muestra que el patrón distributivo de mayor regresividad observado en la historia argentina desde que se dispone de mediciones, fué construído durante la década de los años noventa con inflacion cero o, incluso, deflación de precios. Peor aún para los fundamentalistas del discurso anti-inflación, las mejores participaciones de los trabajadores sobre el PBI se dieron, como ya lo señala hasta el flaco Spinetta ! en contextos inflacionarios con pleno empleo, extensa organización y lucha sindical asociada, a pesar de lo que opine Marquitos Aguinis. Por lo tanto, la inflación es efectivamente un problema a tener en cuenta e impacta negativamente en la base de la pirámide social. Pero de ahí a convertirla en el principal tema...