1/24/2021

nada justifica ningún desánimo ni pesimismo

Balance 2020: Un bote en el mar convulsionado por el poder mundial y la pandemia – Por E. Raúl Zaffaroni y José Manuel Martínez


Los autores de este balance del año 2020 vivido bajo la pandemia mundial provocada por el Covid-19, afirman que estamos en un bote en el mar convulsionado del poder mundial, y dentro del bote nos encontramos ante el cruce de dos modelos de sociedad y de estado: un gobierno que brega por un modelo “social y democrático de derecho”, y un “tardocolonialismo” que pugna por el modelo de “estado atrofiado”. El balance incluye una reseña de todas la medidas y leyes que el gobierno argentino implementó durante la pandemia y que fueron omitidas o tergiversadas por los medios hegemónicos de comunicación.


Por E. Raúl Zaffaroni* y José Manuel Martínez**

(para La Tecl@ Eñe)



El poder financiero del hemisferio norte somete a toda Latinoamérica a un “tardocolonialismo” que, a diferencia de los colonialismos precedentes, no ocupa territorios, no acuerda con oligarquías locales ni aliena a nuestras fuerzas armadas con doctrinas disparatadas.

Desde la “financiarización” de la economía, el poder del norte lo ejercen los ejecutivos de las corporaciones transnacionales, quienes para obtener más renta en menos tiempo (lo que deben hacer para que no los echen), se ven forzados a cometer “macrodelitos”, hasta configurar la mayor “macrocriminalidad organizada” del planeta, que oculta sus beneficios y los de sus agentes locales con un servicio de reciclaje encubridor en los refugios fiscales.

Para subordinarnos, esta “macrocriminalidad” instala monopolios mediáticos en nuestros países, que equivalen a los partidos políticos únicos de los totalitarismos de entreguerras, encargados de generar las candidaturas de sus agentes locales y llevar adelante sus campañas electorales. Una vez que los agentes locales tienen los gobiernos, descapitalizan estados, privatizan los servicios públicos, venden o regalan las empresas estatales y, finalmente, endeudan astronómicamente a los estados y los someten a los tribunales del prestamista.

En el caso argentino, la grosera glotonería de los agentes locales les hizo perder la elección en 2019 y tuvieron que entregar el gobierno, pero como era de esperar, esto no desbarató a los partidos únicos mediáticos ni a sus cómplices en las estructuras de poder, como el judicial.

En esas condiciones pasó el 2020 en nuestro país, mientras el mundo se convulsionaba con la pandemia y sus efectos llegaban a nosotros. Los glotones desplazados del gobierno, pero con el poder intacto del partido único de medios y el judicial, emprendieron una campaña permanente de obstrucción, estigmatización, difamaciones, noticias falsas, pero con particularidades, que no sabemos si son preocupantes o positivas.

En efecto: no es una publicidad conservadora, siguiendo la línea tradicional de quienes siempre quisieron mostrarse como racionales y serios, aunque nunca lo hayan sido, sino que promueve las mayores irracionalidades: desacreditación de la ciencia médica, apertura a cualquier fantasía, versiones desopilantes, denuncias de conspiraciones mundiales, todo mezclado y confundido y sin aportar nunca la menor prueba de nada de lo dicho.

Al parecer esto es reflejo de algo mundial, pues el regalo de reyes del 6 de enero en el norte es un buen ejemplo, al que se suma el desastre brasileño y quizá un previsible ocaso de los imitadores del rubio con jopo.

Por un lado, este abrazo de la publicidad tardocolonial a todas las irracionalidades, desde neonazis hasta “terraplanistas” y esperadores de UFOs, puede anunciar un futuro distópico, es decir, un totalitarismo algo parecido a los de entreguerras pero planetario, pero por otro, es posible que la pandemia no haya hecho más que acelerar lo que era inevitable y había dicho Francisco: “esto no se sostiene”. Puede ser que esta insensatez publicitaria responda al temor de quienes sienten que su poder se resquebraja. El final está abierto y los argentinos estamos aquí, en el fondo del mapa.

En esa circunstancia, tener el gobierno no es tener el poder y, en el curso del año 2020, la agresividad de los agentes de esa macrocriminalidad del norte no se detuvo, permanece intacta, soberbia, desfachatada, obstaculizando todo lo que puede al gobierno, descaradamente mentirosa y arriando a todos los irracionalismos posibles, alimentando odios “gorilas” como nunca, difamando a todo vapor.

El espacio comunicacional que deja el partido único mediático lo ocupa el periodismo que defiende la racionalidad del gobierno, pero pasa la mayor parte del tiempo en responder los disparates del partido único, en tanto que dedica muy poco espacio a difundir lo que el gobierno hace, es decir, que el partido único marca la agenda de la comunicación más racional.

Sin embargo, el gobierno ha hecho mucho. Entre otras cosas, quienes firmamos este artículo no sabemos si lo podemos hacer gracias al gobierno, porque no dudamos que si tuviésemos al de 2015-2019, quizá se hubiese hecho aquí lo mismo que en Brasil frente a la pandemia y, en esa ruleta rusa, podríamos no estar ahora en este mundo. 

Pero más allá de esta circunstancia afortunada, los medios deberían difundir hechos del gobierno, como la tarjeta “Alimentar” que, si bien se lanzó antes de la pandemia y porque la administración tardocolonial había dejado hambre en nuestro país –que es exportador de alimentos-, debió ampliarse durante la pandemia para que a ningún habitante le faltara un plato de comida. Es innegable que esto aportó muchísimo a la compra de alimentos en los sectores más vulnerables.






La “Asignación universal por hijo” fue un programa creado en octubre de 2009 y que reconocía como antecedente una iniciativa de Eva Perón que planteaba una “renta básica universal” en “La razón de mi vida”, donde proponía dotar a las mujeres de un ingreso desde el día de su matrimonio, con el objetivo de reforzar los lazos de familia. Planteaba también la posibilidad de asignar otro monto a las mujeres por cada hijo nacido y otras situaciones, hijos con discapacidad, etc.

Cuando se lanzó este programa en 2009, no faltó un copión local de las críticas norteamericanas a Obama, que dijo que ese dinero se iría en alcohol y drogas, o que las mujeres embarazarían para cobrarlo. Lo cierto es que, el año pasado, la pandemia reforzó la necesidad de este programa y actualmente se calculan en unos 3.600.000 los niños beneficiarios. Esto está salvando inteligencias, porque nadie ignora (salvo los comunicadores del partido único de medios) que la carencia de proteínas en los primeros años impide el normal desarrollo neuronal, entre otros problemas de crecimiento.

Otra de las prioridades fue la recomposición del poder adquisitivo de las jubilaciones que, en los cuatro años de administración tardocolonial, habían perdido más del 25%. Se otorgaron aumentos por decreto y se sancionó la “ley de movilidad”, que establece cuatro aumentos por año, con la fórmula aplicada en la administración anterior al desastre de 2015 y se restableció la entrega gratuita de medicamentos, que el tardocolonialismo había suspendido.

El congelamiento de las tarifas de electricidad y gas preservó el servicio mientras la pandemia asediaba. La Telefonía celular, Internet y el cable de TV son hoy servicios públicos con tarifas preservadas para los usuarios. Todos estos congelamientos y la regulación estatal de los potenciales aumentos terminaron con un abuso que había llegado a límites inadmisibles, para beneficio de los amigos del poder de la anterior administración.

En otro orden, se sancionó la ley de economía del conocimiento y se ampliaron las fronteras de la tecnología creando al mismo tiempo puestos de trabajo. Al área de Ciencia y Tecnología se le restituyó su rango de ministerio y se aportaron recursos para reactivarla. El brillante desempeño de los científicos argentinos durante la pandemia, por ejemplo, con el tratamiento con plasma de infectados curados o el desarrollo del “suero equino hiperinmune” exime de mayores comentarios.

Agreguemos que en medio de la mayor crisis mundial se puso en órbita un satélite que brinda datos para la producción y el clima, desarrollado íntegramente en la Argentina, retomando el proyecto satelital que la administración tardocolonial había abandonado.

Un vivo reclamo de las mujeres, impuesto por la más elemental racionalidad, fue atendido al declarar seguro, legal y gratuito al aborto, pese a que muchos insistían que “no era el momento”, mientras mujeres pobres fallecían por efecto de abortos sépticos. Sin decisión política, continuarían estas muertes ante la indiferencia total, como suele suceder cuando las víctimas son pobres, mientras los sectores de mayores ingresos tenían acceso a abortos seguros en clínicas.

En el plano económico, después de la “pandemia política” de la administración anterior, la Argentina logró ordenar la deuda con los acreedores privados. Cuando pase la década que iniciamos, se verá que esto nos ahorró nada menos que 38.000 millones de deuda. Gracias a esta negociación, se evitaron pagar 7.000 millones de dólares en concepto de intereses en 2020.






A diferencia del gobierno tardocolonial, que pretendía que “volvíamos al mundo” porque su presidente dialogaba animadamente con el payaso del jopo rubio, en el curso del año pasado se recuperó el rol del país en el concierto internacional. Argentina estuvo en el G 20 fijando sus posiciones y se involucró en la preservación de la democracia y los derechos humanos en la región. El comportamiento frente al golpe de estado boliviano y la acogida de Evo Morales y García Linera en nuestro país, permitieron a Bolivia recuperar su democracia y fueron un ejemplo para el mundo. Es innegable que lo actuado en este plano durante 2020 deja atrás el bochornoso papel de la anterior administración, de su disparatada entrega de soberanía, del patético personaje con chistes de futbol y balbuceos incoherentes en los foros internacionales, con el Libertador “angustiado” por separarse de España y Rivadavia trayendo sus restos.

La salud pública se jerarquizó desde antes de la pandemia, devolviéndole el rango ministerial, pero generada la emergencia, el sistema de salud destartalado que había dejado la administración tardocolonial, fue rápidamente reparado. Se pusieron en operación hospitales construidos antes de 2015, que no habían sido inaugurados, se construyeron y habilitaron centros de emergencia en todo el país. El sistema sanitario, hasta este momento, está superando la crisis adecuadamente y a ningún argentino le faltó la asistencia médica que necesitaba.

La pandemia obligó a tomar medidas para preservar las fuentes del trabajo registrado, creándose el ATP (“Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción”), que jugó un papel fundamental para evitar el desborde del índice de desempleo. Al mismo tiempo se impulsó la obra pública para favorecer que la economía no se detuviera.

También la previsión de la doble indemnización por despido fue un importante elemento disuasivo para evitar las “limpiezas” que suelen darse, sobre todo en los contextos de crisis y en las grandes empresas

Con el “Aporte Solidario y Extraordinario para ayudar a morigerar los efectos de la pandemia” (ley 27.605), se requirió el auxilio en la emergencia de los que más tienen, que se resistieron hasta el final con su habitual mezquindad, difundieron las peores mentiras y ocultaron que se trata de una medida tomada en varios países e incluso allí alentada por los propios empresarios. No se ahorraron apelar a “fantasmas comunistas”, en un despiste histórico que también los caracteriza. 

El “Ingreso Familiar de Emergencia” (IFE) impidió que una parte de los sectores más vulnerables de la sociedad cayeran en la indigencia. Pero también se procuró ayudar a los sectores medios y a los profesionales independientes, con créditos a “tasa 0” que empezarán a pagar este año. También a las empresas endeudadas se les concedieron moratorias para que el Estado no las asfixiase.






Todo esto que, por cierto, no es poco, tiende a reconstruir el camino hacia un “estado social de derecho”, emprendido en los años anteriores al 2015, pero interrumpido y desbaratado por la “pandemia política” que comenzó ese año, con el pretexto de que esto y nuestra legislación laboral impedían la “lluvia de inversiones” que, obviamente, nunca llegó, aunque se produjo una “sangría de deuda” en que desaparecieron 86.000 millones de dólares, que no están en obras, sino en los refugios fiscales de la “macrocriminalidad”. 

Sin duda que mucho queda por hacer, pero contra todas las previsiones y mentiras, ha comenzó la vacunación y, ojalá pueda llegarse a la meta de que a mediados de este año tengamos a media población vacunada. Otro punto por resolver es que, si bien se bajaron 20 puntos porcentuales en la inflación, sigue siendo uno de los principales problemas, dado que es un veneno productor de distribución inequitativa del ingreso.

Lo cierto es que estamos en un bote en el mar convulsionado del poder mundial, y dentro del bote estamos en el cruce de dos modelos de sociedad y de estado: un gobierno que tira hacia el modelo “social y democrático de derecho” y un “tardocolonialismo” que pugna por el modelo de “estado atrofiado”.

Este último pretende que el “dios mercado” lo regula todo y que lo mejor es derogar toda legislación laboral (con el eufemismo “flexibilización”) y todo beneficio social, porque es la única manera de ser atractivos al capital productivo. Es significativo que este modelo no lo promueva el capital productivo, sino el financiero. 

Disputamos entre estos dos modelos mientras en la región los pueblos de toda la vertiente del Pacífico se movilizan, la macrocriminalidad del norte cruje y no sabemos del todo a qué mundo saldremos después de la pandemia, que parece tener un efecto revulsivo quizá semejante a la última guerra mundial. Cuando esa guerra terminó, el discurso dominante tenía los ecos del estado social de Roosevelt, se tipificaba el genocidio y se proclamaban los Derechos Humanos. Después esta tónica cambió, cuando los “sabios economistas” de adueñaron el Premio Nobel y comenzó la adoración del “mercado”, intocable por la política, supuestamente demagógica e ignorante de las leyes de su “ciencia económica”. Ahora, estos “científicos” se volvieron “antivacunas” y “terraplanistas”.

Es obvio que quedan otras tareas pendientes en la Argentina: la “justicia” del “lawfare” está intacta, pero la salud de la democracia demanda hacer algo, modificar la absurda e irracional estructura de ese poder del estado, algunos de cuyos integrantes incurrieron en manifiestos delitos de prevaricato. Hay algunas decenas de presos por persecución política, cuya situación se debe resolver, quizá con una amnistía, una comisión de la verdad, no sabemos, pero es menester resolver la cuestión, porque un gobierno republicano y democrático no puede tener presos por persecución política. Los partidos únicos de medios están intactos y, naturalmente, son incompatibles con el modelo de democracia plural que queremos. El poder tardocolonial está en plena acción y es altamente peligroso.

Pero nada de eso justifica ningún desánimo ni pesimismo, pues mucho se hizo en 2020 y estamos en lucha, como siempre, como toda Latinoamérica desde hace quinientos años. Y Túpac Amaru y Evita vuelven y, por más que los partidos únicos mientan, al volver siempre son millones. 


*Raúl Zaffaroni, Profesor Emérito de la UBA-

**José Manuel Martínez, Licenciado en Ciencias Políticas

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