11/30/2019

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El descubrimiento de Iemanjá


El 30 de noviembre sucederá la Noche de los Templos. Y uno de los lugares a visitar será el templo dedicado a Iemanjá, un culto perseguido por la dictadura y denunciado por el padre Grassi. Hugo Watenberg, pai del culto, desmiente leyendas negras y oficia ritos donde la alegría ocupa un lugar privilegiado.

No existe el pecado, ni el demonio, ni el infierno. Eso fue lo primero que le interesó a Hugo Watenberg de la religión africanista. Cuando habla de su familia judía narra una batalla ganada, como si la conversión hubiera sido su mayor triunfo o la posibilidad de una nueva familia donde – de algún modo- reencontrar a su madre. Hugo Watenberg no es un pai umbanda. Hoy, a los 60 años, es Baba Hugo, hijo de Iemanjá, una de las cinco personas que trajeron la religión africanista a la Argentina. Su apellido debería haber sido Vatenberg, si no fuera porque su padre tuvo que huir de los nazis en Rumania. Con falsos documentos rusos y la V cambiada por la W, emigró como tantos, pero se rehusó a reemplazar también la N por M para darle a su apellido un origen alemán.

Yo la N la sigo teniendo¾ explica Hugo y conserva en esa letra, como lo hizo su padre, algo de su origen. Vestido íntegramente de blanco, incluido el polar, sandalias y medias, en una pequeña sala del templo, rodeado de esculturas de ébano que representan a Iemanjá. Su hermano mayor se convirtió al catolicismo para casarse, el del medio es judío ortodoxo y Hugo, el menor, apenas alcanzó la mayoría de edad se ordenó como sacerdote africanista tradicional en Porto Alegre, hace 39 años.

Cuando su madre murió, Hugo tenía 14 años. Si ya hubiera sido africanista, habría podido creer, como ahora, que cada persona tiene un Ori en la cabeza, que ese Ori es una guía, similar a un “ángel de la guarda”. Que el Ori proviene de la masa energética creada por Olodumaré, único dios de los africanistas. Que a ese Ori hay que asignarle un orixá, un santo para que lo cuide. Hugo habría pensado a su madre como un Egum, la representación de los espíritus que ya no tienen cuerpo. El Ori tarda siete días en regresar a la masa energética para luego retornar al mundo material en otro ser vivo. No es reencarnación. El Ori que vuelve es energía reasignada, sin marcas de la vida anterior.


Foto. Natalia Zito

La religión es energía pura, dice Hugo. No hay infierno para quien no llevó una buena vida. El Ori queda suspendido en el bajo astral, una suerte de resto, de lastre. Del bajo astral, los peligros del mundo. Si la familia de Hugo hubiera sido africanista, la ceremonia habría comenzado un día y habría finalizado a las 12 de la noche del día siguiente, con cantos, sacrificios y comida. En el cajón, Adela habría salido con los pies hacia adelante, calzada y con su ropa blanca de religión. La habrían balanceado para hacer lo que se denomina teteco, para que el Ori se desprenda de este mundo con alegría. Para los africanistas, morir es volver a casa.

Pero cuando tenía 14 años, Hugo pertenecía a una familia judía patriarcal en la que los hombres hacían dinero. La panadería del padre creció hasta tener seis repartos que abastecían a pueblos vecinos de Alberti. Las divisas también trajeron compra y venta de propiedades. Adela ayudaba en la panadería y se ocupaba de los hijos. Pero a sus 49 años, un cáncer hizo que Hugo perdiera algo más que a su madre. Al poco tiempo, por alguna razón que prefiere callar, Hugo se fue a Buenos Aires, con unos familiares de Recoleta, a los que llama con esa paradójica distancia. El 25 de abril de 1977 Videla ya era presidente de facto. Hugo tenía 18 años, ojos celestes bien redondos y el porte de Freddie Mercury, pero con bigote rubio y todavía más elegante. Estaba con cuatro amigos en un templo, que no era más que un departamento con un altar. Había algo de amor o de familia en esa amistad de apellidos judíos.

Estaban levantando una ofrenda a Ogum, el orixa de la energía. Si alguien tiene falta de trabajo o voluntad, para los africanistas, debería hacer una ofrenda a Ogum. Esa noche, Hugo y sus amigos terminaron metidos en un Falcon y más tarde encerrados en algún lado de Corrientes y Billinghurst. Cuando su padre se enteró, no buscó un abogado, ni quiso tener noticias, nadie sabe siquiera si tuvo miedo. Lo más liviano, lo que Hugo se atreve a contar es que, además de los golpes, los ponían desnudos frente a un caño con lluvia, les tiraban un pedazo de jabón y cuando estaban enjabonados, les cortaban el agua ¿Vos sos Huguito, el hijo de Adela? ¿Sabes quién soy yo, qué haces en la macumba?¾ El médico lo transportó a sus 8 años, cuando todavía tenía madre y los santos no eran necesarios. Adela se atendía con este doctor De los Santos. Hugo la veía subir a un pedestal -así lo llamaría él- y mientras le aplicaban inyecciones esclerosantes en las piernas, él comía caramelos. El 13 de junio de 1977, luego de casi 50 días detenidos, Hugo y sus amigos se salvaron gracias a que el doctor dijo que eran judíos buena gente. La familia es absolutamente todo para la religión africanista, todos somos familia.

Hugo se separó hace muchos años, no dice cuántos, ni de quién y en eso hay historias que también prefiere callar. No tuvo hijos. Sin embargo, dice “mi hijo” cuando habla de los hijos de la religión y es notorio el gozo, tanto como cuando lo llaman baba o pai (padre). Fanático de River, con foto en facebook de camiseta firmada por el plantel. Fuera de lo religioso se sonroja con gestos que no consigue dominar. Llegó a ponerse el despertador para ver a Del Potro a las 5 de la mañana. Le gusta el teatro y todo lo escénico. En su casa, dice, es un tipo normal. Todo está impecable, como él, jean, camisa, el jarrito de leche, las masitas, el brillo de las estatuas de ébano sobre los muebles laqueados. Estatuas que representan a Iemanjá, el cordón umbilical de la religión como familia. Baba Hugo fue invitado por primera vez al Tedeum del 25 de mayo de 2018 y tiene estrecha relación con el INADI en asuntos de diversidad cultural. No obstante, le negaron cinco micros para trasladar fieles a la Fiesta de Iemanjá en Mar del Plata. Estoy de acuerdo con la separación de la iglesia católica del Estado. Creo que el Estado tiene que tener relación con todas las religiones, pero no hacerse cargo de ellas. Nosotros somos la religión más pobre del país. Pero no estoy de acuerdo.


Foto. Natalia Zito

A Hugo Watenberg no le incomoda responder sobre su economía y la del templo, al contrario, de pronto parece un contador. ¾He tenido despensa y un tiempo me dediqué a la venta de indumentaria, pero hace 10 años que ya no. Tenemos dos maneras de sostenernos. Una es el templo y otra, el sacerdote. El templo se mantiene por los socios y todo aquel que se asiste religiosamente. El sacerdote prepara sacerdotes. Ellos me dan un axe, donación. El sacerdote es sostenido por su familia religiosa. La donación es por acto religioso, luego mensual y de por vida. Cuando Hugo dice que tiene mucha familia y casas de religión, se refiere -entre otras cosas- a entradas de dinero. Luego aclara que él es un referente muy conocido, que la realidad es que hay sacerdotes que son choferes de colectivo. La cuota actual de los hijos de religión es $350 mensuales. El que no puede pagar, no lo hace y el que puede más, aporta.

Yo soy un obispo en esta fe. Tengo 39 años de sacerdote. Pago monotributo como presidente de la institución. Si me jubilo, voy a cobrar $8800. Mientras que un obispo católico se está jubilando con $48000. No sé si me explico¾ No hay datos oficiales, entre otras razones, porque mucha gente prefiere no decir que es africanista por miedo a la estigmatización, pero se dice que en Argentina hay tres millones de personas que practican estos cultos. La sede central del Reino de Iemanjá B’omí cuenta, según sus propios datos y solo la sede de Hugo, con 1600 hijos de religión. Queda en el límite entre Villa Luro y Parque Avellaneda, esas zonas de Buenos Aires donde el tiempo es de pueblo. Es herencia del padre, como el departamento de Caballito donde vive. El Reino tiene además otras 32 filiales en todo el país. Aunque muchos textos antropológicos expliquen que los sacrificios para las ceremonias equivalen a la preparación de carne kosher, que cortan la vena para que el animal de corral no sufra y que eso es legítimo en la cultura occidental. Aun así, el saber popular todavía asocia umbanda y africanismo con rituales satánicos. Hugo le atribuye gran parte de esa mala fama a la campaña que, según dice, el Padre Grassi emprendió en 1992. Ese año, apareció una joven, Liliana, descuartizada en Paso del Rey, cerca de lo que entonces era La casita, donde Grassi cumplía su “labor pastoral”, antes de “Felices los niños”. Grassi afirmaba en televisión que, dado que la madre y otro allegado a la víctima eran umbandistas, era probable que el asesino fuera el Pai Carlos en ocasión de un sacrificio religioso. El Pai Carlos estuvo detenido durante tres meses. Al poco tiempo de salir en libertad, falleció de un paro cardíaco.


Foto. Natalia Zito

No tenemos problemas con la gran mayoría de las religiones. Solo con dos: la Iglesia Universal y una de las ramas Evangelistas. Los de la Iglesia Universal están constantemente hostigando en televisión. Son todas mentiras. Nunca han tenido una prueba de nada. Toda una payasada¾ Dicen que, en Salto -cuenta Hugo- la mañana previa al día de Pancho Sierra, los de la Iglesia Universal llenan el pozo del aljibe frente al cementerio con una manguera. Al día siguiente, venden la botella de “agua milagrosa”.

La fiesta de Iemanjá es el mayor orgullo de Hugo Watenberg, el momento en el que ostenta el volumen de su creación: el Reino Iemanjá de B`omi. Se realiza cada primer domingo de febrero en Mar del Plata, desde hace 35 años y fue declarada de interés cultural y turístico. B’omi significa -en idioma yoruba- del agua. Por asociaciones de fonética y significado, Hugo traduce Iemanjá como la madre cuyos hijos son los peces. De ahí el agua y las ofrendas al mar. El último febrero Hugo logró reunir frente al mar, según el informe oficial, a 12.000 personas para rendirle culto a a Iemanjá, la madre de los orixás, a su madre.

argentina 2020




El futuro presidente Alberto Fernández llevará adelante una negociación del pago de la deuda con “un ida y vuelta de señales” en la que buscará “una ventana de tiempo” que le garantice “tener más oxígeno presupuestario para retomar una agenda de crecimiento”, pronosticó hoy el economista Sergio Chouza.

El investigador y docente de las universidades de Buenos Aires y Avellaneda admitió que esa negociación “no depende sólo de la voluntad endógena de nuestro país” y que una quita del capital sólo sería “una segunda opción” a considerar por la futura administración.

En declaraciones al programa Números Primos, emitido por AM1420 Con Vos, Chouza manifestó que “es indiscutible que el paradigma económico va a cambiar” en relación con el del presidente saliente, Mauricio Macri, ya que habrá “una política fiscal más generosa del lado del gasto” que si se la aplica criteriosamente no tendrá efectos inflacionarios debido a que en la actualidad “hay un consumo reprimido muy importante”.


El financiamiento de ese mayor gasto público sería financiado principalmente con un aumento de las retenciones al agro a través de una “segmentación inteligente” que reconozca las diferencias en los cultivos y las regiones.

En ese sentido, Chouza sostuvo que “hay margen para recuperar poder de fuego” ya que hoy “el peso de las retenciones en relación con el PBI está 1 punto debajo de 2015 y 2 puntos debajo de 2011”, por lo que consideró posible “recuperar un punto del producto en recaudación sin mayores inconvenientes”.

“Según el Censo Nacional Agropecuario, el 1% de los productores tiene más del 30% de la superficie de explotaciones agropecuarias. Pensar que no podemos avanzar sobre eso no es fiscalmente justo”, aseguró.

Por último, Chouza sintetizó un trabajo reciente que realizó para la UNDAV, en el que precisó que Macri dejará su gobierno con más del 80% del total de la deuda nominada en moneda extranjera, unos veinte puntos porcentuales más que en el inicio de su gestión.

Al respecto, distinguió tres características del proceso de endeudamiento de los últimos 4 años: el incremento del monto (tanto en valores absolutos como relativos), el cambio de composición (con una mayor participación de compromisos en moneda extranjera) y la compresión de los plazos, a raíz de la renegociación del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que implicó un adelantamiento del esquema de devolución.

el malestar anti-democrático

Cultura democrática: ¿en recesión?

Un viejo adagio dice que no hay democracia sin demócratas. El sociólogo Ezequiel Ipar analiza la cultura democrática tras el crecimiento de las tendencias autoritarias a nivel regional y mundial.



Por: Ezequiel Iparezequielipar
@elpaisdigital.com.ar


La idea de democracia entendida como auto-gobierno de la ciudadanía depende de una trama de disposiciones intersubjetivas, recursos cognitivos y orientaciones valorativas compartidas que podemos llamar: cultura democrática. Sus principios, que promueven una asociación libre de dominación y la participación igualitaria de los ciudadanos en la formación de la voluntad política, se traducen en disposiciones morales y epistémicas que exigen respetar (y/o entender como útil) la libertad de los otros y ser solidario con (y/o entender como útil) las decisiones surgidas de la participación igualitaria en los asuntos públicos. 

Cuando queremos ver qué está pasando con la cultura democrática en este tiempo, en definitiva, tenemos que preguntarnos qué está pasando con la libertad y la solidaridad en nuestras sociedades. Para esto, los relevamientos de opinión pública pueden resultar útiles, si los leemos con algún cuidado y los complementamos con investigaciones que no se queden en la superficie de los problemas. En lo que sigue voy a analizar dos casos que conozco bien y he estudiado con alguna profundidad: Argentina y Estados Unidos, intentando ampliar el panorama a otros países en los que la cuestión de la cultura democrática se ha vuelto urgente: Bolivia, Brasil y Chile. 









Comienzo mostrando el contraste que se puede leer en la ronda de encuestas de Americas Barometer (gráficos 1 y 2) entre dos modos de interrogar por las preferencias democráticas o anti-democráticas. En los dos casos observamos preferencias explícitas, pero sólo cambiando la modulación de la pregunta, cambia la capacidad de registro: en un caso (gráfico 1) se pregunta en abstracto si la democracia es el mejor régimen político, en el segundo (gráfico 2) simplemente se agrega una justificación para un golpe militar (por ejemplo: desborde de inseguridad), y las diferencias son notables para todos los países. Esta comparación evidencia lo complejo que resulta la medición de tendencias anti-democráticas y justifica los reparos que se deben tener al momento de leer los enunciados más abstractos e ingenuos sobre cultura democrática. 

El gráfico 1 nos muestra un panorama limitado, con un problema de tendencias anti-democráticas concentradas en dos países Bolivia y Brasil), de un modo errático. El gráfico 2 nos muestra un problema más amplio y sistemático, ya que en todos los países — no solo en Bolivia y Brasil — aparece al menos un cuarto de la población que en determinadas situaciones justificaría un golpe militar. 

El segundo paso que podemos dar consiste en buscar más allá de la superficie: ¿qué está pasando con la valoración de la libertad y la solidaridad política? Y preguntándonos al mismo tiempo por la existencia de sesgos o particularidades que puedan explicar estos fenómenos de retroceso democrático. Esta misma encuesta posee una serie de preguntas (d1 a d5) que sirven para construir un índice de intolerancia o autoritarismo político, ya que miden el respeto que cada individuo tiene por las libertades de los disidentes al momento de votar, postularse a cargos públicos, dar discursos en TV, protestar pacíficamente, así como su aceptación de la posibilidad de que los homosexuales ocupen cargos públicos. 

Si combinamos este índice de autoritarismo político con la pregunta explícita sobre valoración de la democracia obtenemos una categorización más adecuada para medir la situación dela cultura política democrática. Voy a llamar: demócratas a quienes valoraron positivamente a la democracia y, al mismo tiempo, no manifestaron disposiciones autoritarias hacia los ciudadanos que tienen posiciones disidentes; desilusionados a quienes no valoraron positivamente a la democracia, pero no manifestaron disposiciones autoritarias; pseudo-demócratas a quienes valoraron positivamente a la democracia, pero manifestaron disposiciones autoritarias; y antidemocráticos a quienes no valoraron positivamente a la democracia y manifestaron disposiciones autoritarias. 

Los gráficos 3 y 4 nos van a ayudar a responder a la pregunta de este artículo: ¿estamos frente a un proceso abstracto de recesión en la cultura democrática o enfrentamos el crecimiento de una derecha autoritaria que lesiona las bases de la sociabilidad democrática? 





Estos datos, que son consistentes con otros que surgen de esta misma encuesta y de otros relevamientos, muestran que las tendencias no-democráticas constituyen el problema principal tanto en la Argentina, donde representan un tercio de la ciudadanía, como en Estados Unidos, que son un cuarto. En ambos países, por el contrario, el grupo delos ciudadanos desilusionados con la democracia no expresan el principal problema de la cultura democrática contemporánea. 

Por otro lado, vemos que los grupos anti-democráticos (o pseudo-democráticos) han crecido y se han concentrado progresivamente en alternativas políticas de derecha, que comienzan a estar internamente determinadas por estas orientaciones y disposiciones de sus votantes. Evidentemente, la situación general es compleja porque cada país procesa estas tendencias a través de instituciones, tradiciones y arreglos partidarios diferentes. También es cierto que este malestar anti-democrático lo podemos encontrar, con distintos grados, en todas las fuerzas políticas. Pero el rasgo principal de este proceso lo constituye el creciente ascendiente que tienen los grupos anti-democráticos dentro de los partidos políticos de derecha, que se expresa inmediatamente como un debilitamiento de la tolerancia y la solidaridad que están en la base de la cultura política democrática.

Se ha abordado este problema de la radicalización de la derecha siguiendo el rastro de los discursos de odio y la re-emergencia de prácticas discriminatorias, que pasaron a formar parte de los rasgos distintivos de las políticas identitarias de una “nueva” derecha o derecha alternativa. Todas esas investigaciones son valiosas y urgentes, pero tal vez el concepto abstracto de odio (se puede odiar un género musical o un plato de comida, como se odian a los seres humanos que migran desesperados o a quienes alguien considera “naturalmente” inferiores) termina resultando confuso o no nos sirve para explicar lo fundamental en términos políticos. 

Tras haber estudiado este fenómeno en Argentina durante los últimos 8 años creo que lo que enfrentamos no es solo la politización del odio, sino el fomento y la utilización política de la crueldad: el deseo de que el otro sufra, más allá de cualquier racionalidad o cálculo utilitario. La fórmula que encontramos cuando hacemos estudios sociológicos cualitativos dice recurrentemente: “yo lo haría sufrir antes de hacerlo llegara la muerte / me gusta hacerlo sufrir / mi deseo sería primero castrarlo y luego que muera desangrado”. 

Quienes funcionan como objetos más frecuentes de estas representaciones crueles pueden variar, pero fundamentalmente se concentran en: migrantes, los pobres (asistidos), otros grupos étnicos, otras nacionalidades, miembros de colectivos LGTBIQ y las mujeres. Todos estos grupos o individuos se transforman en objetos de disposiciones crueles a través de racionalizaciones más o menos elaboradas: “vienen de otro lado”, “no son como nosotros”, “pretenden cambiar nuestra forma de vida”.

Sin dudas, debemos ser prudentes cuando interpretamos los usos políticos de la crueldad. De hecho, el psicoanálisis tiene mucho para aportar al momento de intentar realizar una comprensión no-moralizadora de la dinámica psíquica de este tipo de sadismo, la historia nos aporta consideraciones fundamentales para situar en el tiempo las especificidades de estos procesos y la ciencia política puede prevenirnos de las generalizaciones rápidas que dejan a un lado los procesos institucionales, pero desde el punto de vista del análisis sociológico esta politización de la crueldad justifica la atribución de un “parecido de familia” con las derivas totalitarias de la derecha en el siglo XX. 

Para analizar este tipo de procesos, no alcanzan los interrogantes de las encuestas periódicas tradicionales. Intentando complementar estos enfoques, voy a analizar una encuesta que realizamos desde el GECID (Grupo de estudios críticos sobre ideologías y democracia, UBA-Conicet) en el año 2018 en la provincia de Buenos Aires. Este estudio contenía una serie de enunciados ideológicos, así como preguntas sobre preferencias políticas. En el diseño de esos enunciados queríamos medir, entre otras cosas, las tendencias anti-democráticas en un nivel subyacente. En el gráfico 5 podemos observar los resultados de esta articulación entre algunos elementos del campo ideológico y del campo político.



Volvemos a encontrar en el gráfico 5 (correspondencias múltiples), ahora con más nitidez, algunas de las causas del deterioro de la cultura democrática que analizamos anteriormente. Vemos también cuáles son los elementos del campo ideológico que están socavando la tolerancia y la solidaridad entre los ciudadanos. De los cuatro enunciados ideológicos, tres están de cierta manera investidos de la disposición cruel que hoy caracteriza a las derechas autoritarias: “que los pobres no reciban ayuda del Estado”, “castigar con la fuerza”, “hay que trabajar más y hablar menos”. El cuarto enunciado medía simplemente las tendencias tecnocráticas de la ciudadanía: “como la economía es compleja, mejor que decidan los expertos y no los políticos”. Y lo que se observa en el gráfico 5 es una fuerte articulación entre las posiciones más intensas de los tres enunciados ideológicos autoritarios con un perfil de candidato político como el que representa en Argentina el actual presidente Mauricio Macri. En torno a estos contenidos, la nueva derecha autoritaria se vuelve un grupo homogéneo, se expande y pretende hacerse fuerte en la vida política de las democracias capitalistas, sin reflexionar sobre los efectos que esta deriva produce sobre la cultura democrática de la sociedad. 


* Ezequiel Ipar: Investigador Adjunto Conicet/Prof. Sociología UBA // Director del GECID (Grupo de estudios críticos sobre ideologías y democracia, UBA-Conicet) // Miembro del Ocop (Observatorio crítico de la opinión pública, CCC)

sobre la reducción del centro político


Socialdemocracia, liberalismo progresista y extrema derechaEntrevista a Wolfgang Merkel

Socialdemocracia, liberalismo progresista y extrema derecha  Entrevista a Wolfgang Merkel

¿Qué está pasando con la socialdemocracia europea? ¿Cuáles son las tendencias y los debates más visibles de la izquierda democrática? ¿Cuáles son las distintas formas en las que los progresistas pueden enfrentar a la extrema derecha? Sobre estos temas y sobre la actualidad europea y la realidad alemana, opina en esta entrevista el politólogo Wolfgang Merkel.

En las encuestas de opinión, una mayoría de los alemanes declara que no puede expresar abiertamente opiniones políticas. ¿Qué relación tiene el embrutecimiento del debate público con esta percepción?

En Alemania, como en la mayor parte de los países occidentales (no en Europa del Este), existe un claro dominio liberal del discurso público. Este apuesta a las libertades individuales, la igualdad de género y la política climática contra el calentamiento global. El horizonte es cosmopolita. Desde el punto de vista normativo, no puede esgrimirse nada en su contra.

Pero con la hegemonía viene también, no pocas veces, la hybris. Los líderes de opinión provenientes de las elites y las clases medias urbanas con alto grado de educación formal también reivindican como suya la moral correcta en sus debates. Ya no se trata de más o de menos, no se trata de debate, consenso y acuerdos. Se trata de dominio, de moral o inmoral, verdadero o falso, correcto o incorrecto. Tertium non datur. Es el mundo dicotómico de la moral justiciera. Pero también se trata de exclusión. La exclusión amenaza no solo a racistas y xenófobos. También amenaza a todos aquellos que no usan la terminología correcta y argumentan de manera conservadora o reaccionaria.

El embrutecimiento del discurso público tiene así, por lo menos, dos fuentes: en primer lugar y principalmente, el populismo de derecha, que traspasa conscientemente las llamadas líneas rojas, por convicción o con astucia estratégica. Ahí se ha instalado un gramscianismo de derecha. Los liberales de izquierda, con su hybris intransigente y su anhelo de exclusión, son la otra fuente. Ambos bandos polarizan el debate. Pero un debate genuinamente democrático debe ser radicalmente abierto y pluralista (Laclau, Mouffe, el propio Gramsci) y no permitir únicamente la moral «correcta» que traza estrechas líneas rojas.

¿Cómo se relaciona este hallazgo con el éxito de los extremos políticos?

Me niego a hablar automáticamente de extremos en plural. Probablemente haya una extrema izquierda violenta en el páramo intelectual de los autonomistas. Pero esa izquierda no existe en Alemania en forma de partido. Die Linke no es hoy un partido extremista, si alguna vez lo fue en la República Federal de Alemania. El extremismo está representado en Alemania particularmente por fracciones de las «elites» de Alternativa para Alemania (AfD): el «Ala» (la facción más extremista de AfD) y sus archipiélagos extraparlamentarios deben mencionarse aquí en primer lugar. AfD es, ante todo, el resultado de las fallas en la representatividad de los partidos tradicionales. Pero su éxito es alimentado también por los discursos autorreferenciales y apartados de la realidad del tercio superior de la sociedad. El tercio inferior (en educación) no se ve representado allí y busca una «voz». Esa voz es lo que ofrecen los populistas de derecha de todos los países.

La reducción del centro político, ¿es una tendencia que podría detenerse?

No es tan sencillo. Por ejemplo, los Verdes ciertamente no están en el centro de la línea de conflicto cultural entre el cosmopolitismo y el comunitarismo chovinista (solo una variante del comunitarismo), sino en el polo cosmopolita. Desde el punto de vista socioeconómico, se han corrido fuertemente al centro. Allí conforman el nuevo y joven centro político. En cierto sentido, con la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Merkel, el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), los Verdes y el Partido Democrático Libre (FDP), el centro político cuenta ya con demasiados partidos. Esto (casi) le ha costado la vida al SPD. El SPD se quedó observando pasivamente en el centro cómo Die Linke se afirmaba en el espacio político de la izquierda. Y en el eje cosmopolita, el SPD es menos creíble que los Verdes. El centro político no es débil, sino que está superpoblado en el sentido de una representación pluralista más equilibrada. La tendencia que, en mi opinión, resulta imparable, es el declive de los partidos populares. Esta tendencia es secular y se da en toda Europa.

La característica esencial de un partido popular es la aspiración de conectar ámbitos sociales y políticos. ¿Hay algún ejemplo en el mundo donde esto siga ocurriendo?

Casi no hay, ni en Alemania ni en Europa. Esto tiene que ver con la estructura competitiva bidimensional de las democracias occidentales: la dimensión socioeconómica y la cultural y sociomoral. El partido Ley y Justicia (PiS) en Polonia y Fidesz en Hungría lo han logrado relativamente bien en el eje de conflicto socioeconómico. En el eje cultural, permanecen en el ámbito sociomoral del catolicismo reaccionario, el nacionalismo y el iliberalismo. La CDU conserva aquí cierto atractivo para el viejo centro y también para diferentes estratos sociales. Pero su poder de atracción se está erosionando notoriamente. Y esto es porque ya casi no tiene llegada a los grupos de derecha y conservadores de derecha. Estos se han convertido en el botín de AfD. El SPD ya no es dominante en ninguna clase, en ningún estrato y en ningún ámbito. Eso no es lo único que ha hecho que el SPD haya dejado de ser un partido popular. Los furiosos ataques de algunos líderes socialdemócratas alemanes a la socialdemocracia danesa, que está volviendo a parecerse al típico partido popular tradicional de centroizquierda, muestran una peligrosa mezcla de intolerancia, incapacidad para aprender y desubicada hybris moral.

Y sin embargo, los partidos de centroizquierda están esforzándose por contrarrestar su pérdida de gravitación. ¿Ve aquí tendencias programáticas generales en el plano internacional?

No detecto ninguna tendencia general. Actualmente tienen éxito partidos socialdemócratas que son muy diferentes entre sí. En primer lugar, los socialdemócratas portugueses. Han gobernado con éxito en una coalición de izquierda y amortiguado bien las exigentes medidas que la euroausteridad impone a la sociedad. Sus socios de coalición más pequeños garantizaban una cierta identidad cultural de izquierda en el gobierno, mientras que el Partido Socialista podía presentarse como abogado socioeconómico de los desfavorecidos. Los socialistas españoles parecen estar recuperando la memoria de su identidad socioeconómica de izquierda y muestran sus posturas progresistas en la política de refugiados y climática. En la política de refugiados, sin embargo, lo hacen en un país con un número bastante pequeño de inmigrantes y refugiados en comparación con Alemania, Suecia o Austria.

Luego están los socialdemócratas daneses. Han cerrado fuertemente las fronteras a los refugiados y solicitantes de asilo a la manera tradicional danesa, pero simultáneamente han mantenido, e incluso ampliado, un Estado de Bienestar intacto y redistribuidor. Más que los suecos. En este aspecto son los que mejor encarnan en Escandinavia la tradición socialdemócrata del folkhemmet tal como nació en Suecia a fines de la década de 1930. Después están los suecos. Se han expresado con cautela en cuestiones de refugiados, pero actúan como pioneros en política climática, cuestiones de género y otros temas de la modernidad cultural. Me parece inevitable que los socialdemócratas de todos los países vuelvan a posturas de izquierda en política fiscal, económica y social. Creer que se puede ser más verde que los Verdes en cuestiones posmateriales es incorrecto, y al SPD pronto podría costarle los últimos votantes del sector obrero.

En muchos lugares, los partidos también están experimentando con nuevas ideas de participación. ¿Ve en este aspecto fenómenos prometedores?

Los partidos democráticos hoy ya no pueden mantenerse alejados del debate sobre las llamadas innovaciones democráticas. Estas van desde la (vieja) idea de los referendos, pasando por los consejos de ciudadanos, los townhall meetings, los deliberative mini-publics y la idea algo desesperada de hacer atractiva para el siglo XXI la demarquía de la antigua Grecia. Mi opinión es que estas «innovaciones» a veces son adecuadas como complemento de la democracia representativa. Pero no son un sustituto. En particular, deben pasar una prueba de tornasol. No deben ser socialmente selectivas. Y la mayoría lo es. Puede considerarse como regla general para la participación política que cuanto más exigentes cognitivamente son estas nuevas formas de participación, más excluyen a los estratos (educativos) más bajos. Incluso cuando no sea lo que quieren sus abogados: los experimentos democráticos, si se implementasen masivamente, tienen todo lo necesario para crear democracias elitistas. Incluso más elitistas que lo que ya son hoy en día. La participación actual de dos tercios amenazaría con convertirse en una democracia de un tercio.

Los temas que encienden las divisiones sociales parecen estar cambiando constantemente. ¿Cómo se explica este cambio?

Esto tiene algo que ver con la apertura de las sociedades democráticas. Surgen nuevos problemas o son construidos discursivamente y se los coloca en primer plano. Los debates públicos empeoran cuando siempre se ofrecen los mismos temas, políticas y soluciones. Los nuevos partidos en ascenso son especialmente los que deben buscar nuevos temas, si los temas viejos ya están siendo utilizados por los viejos partidos. Los Verdes son, con sus fuertes políticas posmaterialistas, un ejemplo clásico. Desde principios de la década de 1980, las han puesto en un primer plano de sus discursos. El innegable cambio climático combina perfectamente con la carpeta de políticas de los Verdes y su innegable credibilidad en cuestiones ambientales. Pero también dudo de que la cuestión climática continúe teniendo esta presencia en los medios si el calentamiento global no empeora dramáticamente. Tampoco la política climática dominará los discursos políticos durante años.

El economista político germano-estadounidense Albert O. Hirschman ha comparado la cambiante atención que deparan los discursos en la política con un movimiento pendular entre la búsqueda de intereses privados y la pasión por lo público, la res publica. Este movimiento pendular hará también que cambien los temas en los que el discurso público y la política hagan énfasis en el siglo XXI. Pero incluso los temas viejos pueden ser reciclados. Lo estamos experimentando en una nueva edición del nacionalismo. En este caso, la lógica discursiva sigue un vacío de representación que han dejado las elites tradicionales. Aquellos que ya no quieren hablar del Estado-nación (con ropaje democrático) no deberían sorprenderse del neonacionalismo con carcasa no democrática.

El tema del clima actualmente parece contribuir a la polarización. ¿Cómo podría ser una oferta política convincente de los partidos de centroizquierda en este tema?

Es evidente. La dimensión ecológica de la política climática debe estar acompañada por un reparto social de los costos. Por ejemplo, la fijación de precios para las emisiones de dióxido de carbono afecta únicamente a los estratos más bajos. Los estratos más ricos pueden hacer frente fácilmente al cargo adicional y luego podrían eventualmente ser recompensados con el privilegio de un menor tráfico vial y aéreo. En el SPD ya hay proyectos para una política socioecológica de este tipo. El SPD debería seguir ampliándolos. Además, la política climática debe ser internacionalizada. Si Alemania y Escandinavia la impulsan en soledad, no se gana nada a escala mundial. Hay que convencer a China, la India, Estados Unidos, Brasil y Rusia. Si esto no sucede, tampoco tendría efecto una intensificación de la deficiente política climática alemana en la lucha contra el calentamiento global. Y en lugar de una política con efectos concretos, estaríamos poco menos que dándonos una vanidosa palmadita en el hombro.

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Wolfgang Merkel es director del Departamento de Democracia y Democratización del Centro de Investigación de Ciencias Sociales de Berlín (WZB), jefe del Rule of Law Center del WZB y profesor de Politología Comparada e Investigación de la Democracia en la Universidad Alexander von Humboldt de Berlín.











¿Puede la socialdemocracia tener una línea dura con los inmigrantes?

11/29/2019

una mirada sobre la nueva etapa

INFORME MENSUAL
DE COYUNTURA



CLAVES DE LECTURA


Los rígidos controles de cambio impuestos por el gobierno luego de las elecciones generales han comenzado a hacer su trabajo. En las últimas semanas, el estrés cambiario ha tendido a disminuir, el deterioro de las reservas internacionales se detuvo y el Banco Central volvió a asumir una posición compradora en el mercado de cambios.

Estas circunstancias permitieron moderar el sesgo contractivo de la política monetaria, lo cual se materializó en una baja de las tasas de interés y en una flexibilización de las metas monetarias. 

La pax cambiaria, junto con el hecho de que se haya aflojado parcialmente el torniquete que el Banco Central puso al crédito desde el último trimestre del año pasado, reducen el peso de la mochila que venía cargando la economía real.

Sin embargo, los riesgos que deben enfrentar las autoridades entrantes en el muy corto plazo no son menores. En primer término, la efectividad de los controles de cambio que recibirán como herencia es decreciente, lo cual eventualmente planteará la necesidad de adecuarlos.

A lo anterior debe sumarse el hecho de que, con los mercados de deuda cerrados, el Banco Central volverá a tener que recurrir a la emisión monetaria como vía de financiamiento, lo cual podría presionar sobre la brecha cambiaria y acelerar la necesidad de reconfigurar los controles.

En segundo lugar, en la medida en que la renegociación de la deuda se mantenga abierta, las reservas volverán a entrar en tensión en los primeros meses del año que viene.

En este sentido, cualquier estrategia que tienda a redefinir el perfil de la deuda deberá ser consistente no solo con los fundamentos financieros de la economía -nivel de deuda, precio de los bonos, etc.- sino también con la política fiscal, que a su vez va a estar condicionada por el fuerte deterioro que han sufrido en los últimos años las condiciones de vida de la población.

En los primeros meses del gobierno entrante, la gestión de este fino equilibrio será clave para lograr retomar un sendero de crecimiento económico sólido en la primera mitad del mandato presidencial.


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empleo: todas la caídas están ligadas al desmoronamiento del mercado interno

El empleo de calidad aceleró su derrumbe y cayó a su menor nivel en siete años


Se perdieron 140.000 puestos en relación de dependencia en un año


por Juan Strasnoy Peyre







En pleno derrumbe de la economía, la destrucción de puestos de trabajo asalariado formal del sector privado se aceleró en septiembre, al caer 0,4% contra agosto y 2,2% interanual, de acuerdo a los datos del SIPA, que presentó el Ministerio de Producción. Esto significa que 22.700 personas quedaron en la calle durante ese mes, en el que se contabilizaron 138.700 puestos menos que un año atrás. Se trata del tercer peor dato mensual de los últimos once años en la categoría conocida como "empleo de calidad", ya que reconoce todos los derechos laborales y brinda mayor estabilidad.

Con este declive, la cantidad de asalariados privados, que en los meses previos ya se ubicaba por debajo del nivel de 2013 y 2014, retrocedió hasta alcanzar el mismo nivel del último cuatrimestre de 2012. Es decir, llegó a su peor nivel en siete años, un período en el cual la población creció entre 7% y 8%. Sólo durante los cuatro años de Gobierno de Cambiemos se perdieron casi 200.000 puestos de calidad al pasar de 6.238.000 en septiembre de 2015 a 6.042.000 en el mismo mes de este año.
En el mismo período, el empleo registrado total tuvo un muy leve crecimiento del 1% (contra un 4% de expansión poblacional) a raíz de la creación de 127.000 cupos laborales. Estos números muestran una tendencia a la precarización: mientras los trabajos privados plenos de derechos cayeron 3,1%, el empleo en el Estado creció 4%; la cantidad de monotributistas, 10,5%; y el trabajo doméstico, 12,3%; mientras que los registros de autónomos y monotributistas sociales no mostraron grandes variaciones.

Para peor, los datos de la Encuesta de Indicadores Laborales, un predictor del SIPA que también difundió ayer el Gobierno, muestran que en octubre la tendencia empeoró. Según las 3.500 empresas consultadas, el mes pasado la cantidad de puestos de trabajo privados cayó 2,6% interanual y 0,4% mensual.
Sectores

El subsecretario de Desarrollo Productivo, Bernardo de Astarloa, vinculó los malos datos de septiembre a la caída de la economía, que ese mes fue del 1,6% mensual sin estacionalidad. "Las actividades que explican casi toda la caída son las ligadas al mercado interno", señaló, en alusión a la profundización del deterioro del consumo y del poder de compra a raíz de la devaluación de agosto.

De los 138.700 puestos de calidad perdidos en el último año, 134.100 corresponden a los cinco sectores que más personas ocupan, todos ellos muy ligados al mercado interno: el comercio expulsó 41.300 trabajadores (el 3,6% interanual); la industria manufacturera, 51.300 (4,5%); las actividades inmobiliarias y empresariales, 6.400 (0,8%); el transporte, 16.000 (2,9%); y la construcción, 19.100 (4,2%).

En particular, se destaca la actividad fabril, que arrastra una sangría ininterrumpida durante toda la gestión de Mauricio Macri, en la que se destruyeron 158.000 empleos, el 12,5% del total. Mientras que la construcción, la rama más volátil a los ciclos económicos debido a su convenio colectivo de trabajo más flexible, expulsó 11.400 obreros sólo durante septiembre.

hay un progresismo de izquierdas y otro de derechas

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Golpe en Bolivia: la ruptura del campo progresista – Por Jorge Alemán

La novedad que el golpe contra Evo revela es la ruptura interna del campo progresista, que mediante nuevos discursos juzgan lo sucedido en Bolivia no como un hecho irreductible y antidemocrático, sino como un mero episodio que es susceptible de ser criticado desde distintos ámbitos.


Por Jorge Alemán*
(para La Tecl@ Eñe)


No hace mucho tiempo atrás un golpe militar constituía un límite infranqueable. Hombres y mujeres de distintas corrientes políticas y teóricas condenaban sin atenuantes el golpe de Estado. Incluso la Unión Europea, por su propia conformación histórica condenaba, aunque fuera implícitamente, la práctica golpista. Ahora Europa, después de manipular hasta el hartazgo el tema Venezuela para descalificar a los proyectos democráticos de izquierda, acepta a la presidenta golpista sin objeciones.

Pero la verdadera novedad es la ruptura interna del campo clásicamente «progresista»

Actualmente, distintos discursos que se definen como progresistas o no admiten de entrada ser de derechas, constituyen nuevos lugares de enunciación. 

Esta es la novedad que el golpe contra Evo revela; existen nuevos discursos que juzgan lo sucedido en Bolivia convirtiéndose en instancias metahistóricas que pueden enjuiciar el golpe no como un hecho irreductible y antidemocrático sino como un mero episodio que es susceptible de ser criticado desde distintos ámbitos. 


En el mismo tiempo que se producen los hechos más dramáticos y sangrientos del Golpe, se analizan los «errores» del gobierno destituido. Incluso subrayando que así se cumple de verdad con el espíritu crítico. Por ello comprobamos que demócratas, psicoanalistas, marxistas, feministas, etc., sienten la obligación de aportar su crítica y la minuciosa enumeración de los desaciertos del gobierno caído.

En otros tiempos, sensibilidades muy distintas confluían con facilidad en la condena al Golpe. El Golpe ha dejado de ser un límite; un sector progresista muy importante se reconoce en el deber de discutir y evaluar las cualidades supuestamente negativas del Presidente caído. De este modo se pone entre paréntesis el engranaje mundial que gestiona el Golpe y se analiza la caída del Gobernante por sus propios errores «antidemocráticos».
Esta nueva ruptura, en el que se puede denominar el campo progresista, pone en cuestión el propio término. O habrá que admitir la nueva realidad incómoda y que está a la vista en todo occidente: que hay un progresismo de izquierdas y otro de derechas. Quizá sea un síntoma más de la incompatibilidad entre Capitalismo y Democracia. En el Capitalismo, la democracia es todo y nada a la vez, y por tanto, cada discurso marca su horizonte privilegiado mientras los antagonismos reales se diluyen.

*Psicoanalista, escritor y poeta. Su último libro publicado es «Capitalismo. Crimen perfecto o Emancipación».

11/28/2019

la avenida del centro conduce a la derecha




El candidato Luis Lacalle Pou fue reconocido como vencedor de las elecciones presidenciales de Uruguay por su principal contendiente, el oficialista Daniel Martínez.

A falta de una declaración oficial de las autoridades electorales, Martínez reconoció que la tendencia en el recuento de votos hace previsible el triunfo de su adversario.

"La evolución del escrutinio de los votos observados no modifica la tendencia. Por lo tanto saludamos al presidente electo Luis Lacalle Pou, con quien mantendré una reunión mañana. Agradezco de corazón a quienes confiaron en nosotros con su voto", escribió Martínez en Twitter.

"Seguiremos defendiendo la democracia con más fuerza que nunca", añadió.

Los uruguayos acudieron a las urnas el pasado 24 de noviembre para definir la elección presidencial en la segunda vuelta, con Lacalle Pou contendiendo por el conservador Partido Nacional, y Martínez por el izquierdista gobernante Frente Amplio.

méxico: continuidades

México: La desconcertante política fiscal de AMLO

Alejandro Nadal

 

Mientras la economía mexicana permanece en un estado de letargo, el gobierno mantiene una postura pasiva en materia de política macroeconómica. No es lo más conveniente para un gobierno cuyo proyecto es llevar a cabo una transformación de gran calado en la sociedad mexicana. El mejor ejemplo de esta pasividad se encuentra en el terreno de la política fiscal.

En una entrevista poco después de su nombramiento, al titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público se le preguntó si habría un estímulo fiscal, dadas las condiciones de estancamiento de la economía mexicana y el negativo entorno internacional. La respuesta del secretario Arturo Herrera fue contundente. Nos lo prohíbe la ley, dijo. Su argumentación fue aceptada sin más. El entrevistador no preguntó de qué ley estaba hablando.

El secretario de Hacienda tiene que haberse referido a la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria (LPRH), aprobada en 2006. En síntesis, esta norma establece en su artículo 17 que los montos de ingreso y gasto contenidos en el proyecto del Presupuesto de Egresos deberán contribuir a alcanzar la meta anual de los requerimientos financieros del sector público. Ese artículo es anticonstitucional, porque invade la soberanía del Congreso al convertir los requerimientos financieros del sector público en piedra de toque de toda la política fiscal.

Este artículo de la LPRH entroniza la noción de superávit primario como objetivo sagrado de la política fiscal. Esto significa que en el balance primario, que compara ingresos y gastos sin considerar las cargas financieras, debe generarse un superávit para pagar esas cargas financieras. Y como la idea de realizar una reforma hacendaria es tabú para el pensamiento neoliberal, ese superávit primario sólo puede lograrse recortando el gasto, lo que ha conducido al estancamiento en las inversiones en materia de salud, educación y medio ambiente.

Muchos comparan las finanzas del gobierno con las de un hogar cualquiera, y señalan que no se puede vivir por encima de los recursos que se reciben. Esto es una tontería, porque los hogares no tienen la facultad de recaudar impuestos o cobrar por servicios públicos. Pero si seguimos con esa analogía tendríamos el ejemplo de una familia que decide recortar su gasto en salud, alimentación y hasta la escuela de los chicos con tal de dejar un remanente para pagar los intereses de la tarjeta de crédito. No sería un panorama muy saludable.

Pero la misma LPRH establece una excepción importante. En el artículo 17 (párrafo cuarto) señala que en casos excepcionales se puede prever un déficit en el presupuesto, aunque esto quede sujeto a una disciplina consistente en justificar esas razones excepcionales, cuantificar el monto de financiamiento necesario para cubrir el déficit y el número de ejercicios fiscales y acciones necesarias para eliminar dicho déficit.

Esta excepción permitió que el balance primario entre 2009 y 2016 arrojara un déficit primario. El estímulo fiscal para enfrentar los efectos de la crisis de 2008 no fue del todo adecuado, pero por lo menos sirve para desmentir al titular de la SHCP cuando señala que la ley prohíbe al gobierno instrumentar un estímulo fiscal.

Si el gobierno actual prefiere seguir jugando la carta del superávit primario, así debería señalarlo. El presupuesto para el año entrante contempla un superávit primario equivalente a 0.7 por ciento del PIB. No sólo no es un presupuesto contracíclico, sino, a final de cuentas, es uno que mantiene los lineamientos de la política de gasto neoliberal.

La política económica del gobierno de AMLO se encuentra en una gran contradicción. El gobierno se aferra a un objetivo estratégico que consiste en una transformación de dimensiones históricas. Pero esto no se ve reflejado en su postura de política macroeconómica. A escala sectorial hay algunas excepciones, pero tampoco se observa un esfuerzo por cambiar la matriz productiva del país.

Todo parece indicar que en el segundo año del sexenio de López Obrador el crecimiento también será muy bajo. Si para el tercer año la economía no repunta, ni los ingresos petroleros ni la recaudación permitirán mantener el ritmo en los programas sociales que hoy constituyen la columna vertebral del proyecto. Los resultados positivos que se puedan alcanzar serán pasajeros. A la postre, la desatención a la política macroeconómica tendrá efectos desastrosos para este sexenio.

Y no hay que engañarse. La reasignación de gasto para cubrir los programas sociales del gobierno son un muy bien recibido paliativo para la gente más castigada por el neoliberalismo. Pero no son, ni de lejos, un estímulo fiscal, ni la forma de romper de manera durable con la trampa de pobreza que hoy mantiene atenazada a la mitad de la población del país.

Este paquete de política económica para el año que viene, el primero del que es totalmente responsable el gobierno de López Obrador, contiene elementos de continuidad asombrosa con la política macroeconómica de los gobiernos neoliberales.
 
Economista. Miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.
Fuente:
https://www.jornada.com.mx/2019/11/20/opinion/022a1eco

motivo de orgullo: el peronismo y el campo popular en su conjunto han demostrado mantener intacto su instinto de supervivencia y su capacidad de sorprender

La derecha tiene quien la calle

Escribe Rubén Mayer |


Hay una parte importante de la sociedad que no se siente incómoda con la desigualdad social y que en estos años ha desplegado muestras de clasismo y discriminación hasta llegar al voto calificado. La llegada al poder del Frente de Todos abre una expectativa de recuperar la fe en la política y promover otro tipo de vínculos.

La derecha tiene quien la calle
Foto: Claudia Conteris

Como esos partidos con muchos goles de ambos lados, con emociones y estados de ánimo cambiantes, así está Sudamérica. La inusual combinación de novedades contradictorias con sensaciones de déjá vu se la está haciendo difícil al progresismo cuyo principal desconcierto pasa por tratar de comprender las razones detrás del comportamiento electoral de sectores importantes y muchas veces mayoritarios de la población; y aún más importante, cómo ganar la delantera para dejar de correr desde atrás frente a las continuas movidas de la derecha conservadora, un poder que ha cambiado el pelo pero no las mañas, se ha hecho más sólido y su funcionamiento está cada vez más aceitado a la hora de coordinar movimientos y estrategias.

Planteada así la situación regional, a nivel local el desafío más grande para el próximo gobierno del FdT pasará por cómo habrá de pararse y cómo podrá gestionar sus políticas socioeconómicas frente a un contexto tan complejo e incluso hostil.


Argentina del Centro

En función del resultado de las últimas elecciones, el mapa del país quedó claramente dividido en 3 franjas. La del medio, la Argentina del Centro, es la de la Pampa húmeda, conformada por Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza. Si sumamos la Capital Federal, hay una clara representación de los sectores de mayores ingresos, a muchos de los cuales no les ha ido bien con las políticas del macrismo pero han encontrado allí su zona de confort.

Muchos votantes de Cambiemos reconocen que la gestión de su gobierno ha sido desastrosa y decepcionante y algunos, como Grobocopatel, admiten que con el kirchnerismo estaban mejor. “Ahora estamos peor pero más contentos”, declaró.

Si no fueron logros de gestión, si por el contrario empeoraron indicadores tan sensibles como la pobreza y la desocupación ¿cómo consiguió Cambiemos alegrar a sus (muchos) votantes?, un sentimiento cuya explicación sobrepasa en mucho a su prehistórico antitiperonismo/antipopulismo. Y dando un paso más: ¿de qué manera en las últimas décadas se ha formateado el pensamiento y la sensibilidad de amplios sectores de la sociedad de modo de tolerar y hasta justificar la desigualdad?, un fenómeno que por otra parte trasciende nuestras fronteras.

Pasión por la desigualdad

“A pesar de lo que afirman sus principios, nuestras sociedades “eligen” la desigualdad”. Así comienza el libro de Francois Dubet, ¿Por qué preferimos la desigualdad? Aunque digamos lo contrario.

Procesos definitivamente desigualitarios en diferentes partes del mundo fueron llevados adelante no sin apoyo popular. Desigualdades en todos los ámbitos: en la educación, en la salud, en la vivienda, en la seguridad social. Una desigualdad incluso geográfica: entre los barrios de una misma ciudad, entre ciudades de una misma provincia y entre regiones de un mismo país.

Dubet no desconoce el hecho de que los ricos sean cada vez más ricos y que las rentas rindan más que el trabajo obedece a los mecanismos económicos y financieros que caracterizan al neoliberalismo y que han puesto a los gobiernos contra las cuerdas y a merced de sus intereses. Nada de esto ignora Dubet, pero no acepta excusas y advierte sobre el riesgo intelectual de pensar en un regreso a “aquellos buenos tiempos” del Estado de Bienestar. Prefiere sostener y remarcar que la intensificación de las desigualdades observada a partir de los 80 procede de una crisis o debilitamiento de las solidaridades. “La pasión por la igualdad no es tan fuerte como se supone…se elige no reducir las desigualdades”.

Neoliberalismo y clase media: nada como ir juntos a la par

Aclaración necesaria: dado que la clase media es un conglomerado particularmente heterogéneo, el análisis y los comentarios a continuación aplican sólo a un sector de la clase media, a ese sector, que el lector bien sabe y conoce.

Hay toda una serie de ideas y creencias que a ese sector de la sociedad le sirve como marco de referencia y para la construcción de un sentido común que le permite sostener, con dosis tolerables de culpa, que la desigualdad se justifica y es aceptable.

A lo largo de estos últimos 4 años Macri, sus funcionarios y sus representantes periodísticos en los medios no escatimaron comentarios y adjetivos ofensivos y denigratorios dirigidos a los movimientos sociales, a los pobres e inmigrantes, generando así las condiciones y el permiso que necesitaba un vasto sector de la clase media para salir del closet de la corrección política y dar rienda suelta a sus más bajos instintos con un repertorio reaccionario que no dejó afuera siquiera al voto calificado.

La estigmatización y culpabilización de los segmentos de la población más desfavorecidos y excluidos del sistema en particular opera así como un modo de y una excusa para liberarse del deber de solidarizarse con quienes más lo necesitan y con quienes compartimos el mundo.

Cansados de la democracia

Los sectores más pudientes necesitan menos de la democracia que el resto de la sociedad. A la hora de votar pueden resignar parte de sus aspiraciones económicas a favor de otros principios o “valores”. Es un voto que se fundamenta en otros parámetros, diferentes a los que estábamos acostumbrados, lo que en una primera lectura lo torna incomprensible (para la mayoría de la población, quedó bien claro, la variable económica sigue siendo la más importante a la hora de votar).

La antipolítica (“son todos lo mismo”, en su versión coloquial) representa el cansancio y el fastidio con la impotencia de la política, y en definitiva con la democracia y sus instituciones. Cansados de los esfuerzos que demanda, por inútiles, para recomponer el balance de fuerzas y acabar con las injusticias, una porción significativa de la sociedad busca por otros caminos. De lo cual los gobiernos populares también son responsables y deben hacerse cargo.

Que no decaiga

Hay razones que permiten ser (moderadamente) optimistas. Apenas 6 meses necesitó el peronismo y sus aliados para derrotar a Cambiemos. Lo logró en primera vuelta, con casi el 50% de los votos y a contramano del rumbo de la mayor parte de la región. Para ello fue necesario, o mejor dicho imprescindible, diseñar una propuesta electoral interesante e inteligente. Una decisión que carga varios méritos, entre ellos el de haber aprendido de varios y costosos errores del pasado. Hay en esta experiencia una oportunidad para aprender también de las virtudes.

La mayoría de la sociedad demostró tener reflejos rápidos, un descreimiento del relato ficcional del oficialismo y un escepticismo frente a la abrumadora manipulación mediática.

La democracia argentina tiene una solidez que debiera ser motivo de orgullo y que es consecuencia de la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, de la militancia política y sindical, de amplios sectores del campo popular y de la sociedad en general. Y no precisamente de muchos de los que hoy se consideran Defensores de la República y que en los peores momentos de las dictaduras se llamaron a silencio, escondiéndose debajo de la cama o recostándose incluso del lado oscuro del mostrador.

No dejar de recordar además, que tomando el periodo que va desde el 2003 en que asumió Néstor Kirchner al 2023 en que Alberto Fernández termine su (¿primer?) mandato, serán 20 años dieciséis de los cuales habrán sido conducidos por gobiernos populares. La proporción se invierte, girando a la derecha, si se analizan los primeros 20 años (1983-2003) después de recuperada la Democracia.


Volver mejores, o sea

Deliberadamente como estrategia electoral y tal vez para hacerse de algo de su carisma, varias veces durante la campaña Alberto eligió recordar a Alfonsín, incluso habló y gesticuló como Alfonsín. Esperemos que gobierne de otra manera.

Este y otros, especialmente el segundo plano de Cristina, fueron intentos claros de ahuyentar los temores al kirchnerismo de un sector del electorado al que era necesario seducir si se pretendía ganar las elecciones. Funcionó.

Sin embargo, hay en la consigna y en la promesa de Volver mejores algunos riesgos o problemas en puerta. No es muy complicado proyectar que el FdT gobernará con un láser en la frente de un segmento de la sociedad y especialmente de buena parte del poder mediático que seguirá cada uno de sus pasos en particular en lo relacionado a la corrupción, un blanco fácil que suele dejar el peronismo. Un punto sobre el que no hay margen para volver a mirar para otro lado. Por otra parte, Alberto también será mirado de reojo por aquellos que lo votaron y aguardan con expectativa conocer en la práctica en qué consiste eso de volver mejores. Unos temen un tinte demasiado conservador, otros demasiado parecido a la etapa kirchnerista.

La tarea no es sencilla: el nuevo gobierno deberá dejar atrás ciertas hábitos y costumbres, ciertas prácticas históricas del peronismo que reclaman una urgente superación porque no constituyen su esencia (y hasta la comprometen) y porque abandonarlas no la amenazan. Esencia que deberá ser adaptada no sólo al contexto internacional sino especialmente y con urgencia a las nuevas demandas y preocupaciones sociales. Mutaciones sociales y culturales que deberán ser interpretadas correctamente porque es ahí y no en los medios donde se va a jugar la suerte y la continuidad de su proyecto. Hacer jugar la ideología menos en las palabras y más en políticas concretas.

La mayoría de la sociedad espera que el poder político sea capaz de congeniar honestidad, profesionalismo y capacidad de gestión, son 3 de 3 requisitos que sin concesiones deberán cumplir todos aquellos que sean nombrados para ocupar los cargos más importantes. Tampoco hay aquí margen para repetir improvisaciones y criterios dudosos de selección.

Es un desafío enorme y casi imposible para el próximo gobierno porque estamos siendo testigos de una combinación desgraciada: en tiempos en que el poder político ha perdido prestigio, potencia y capacidad para mediar en la relación entre el pueblo y los grupos de poder, la sociedad es ahora mucho más exigente con sus dirigentes que en otras épocas. Es lo que hay.

Antes de seguir, no quisiera dejar sin decir que también es necesario que una vez en el gobierno, el FdT sea más exigente con los ciudadanos, menos complaciente, menos paternalista. Pero primero es lo primero, está claro.

A pesar de todo, el peronismo y el campo popular en su conjunto han demostrado mantener intacto su instinto de supervivencia y su capacidad de sorprender, un capital que no se ha devaluado con el paso del tiempo.

El pueblo se equivoca pero repara: en pocos años votó un cambio drástico del rumbo, hasta cierto punto un retorno a las fuentes. Alberto Fernández y el FdT han conseguido generar expectativas, que considerando de dónde venimos no es poca cosa.

Hay de dónde agarrarse. Sin embargo, debe quedar en claro que no hay margen para malversar esta nueva oportunidad de construir una sociedad más justa, menos desigual y en la que sean fácilmente reconocibles las mejores virtudes de la democracia.