6/25/2019

allanamiento ...





Allanamiento 

Hoy anduvo la muerte buscando entre mis libros alguna cosa... Hoy por la tarde anduvo, entre papeles, averiguando cĂłmo he sido, cĂłmo ha sido mi vida, cuánto tiempo perdĂ­, cĂłmo escribĂ­a cuando habĂ­a verduleros que venĂ­an de las quintas, cuando tenĂ­a dos novias, un lindo jopo, dos pares de zapatos, cuando no habĂ­a televisiĂłn, ese mundo a los pies, violento, imbĂ©cil, abrumador, esa novela canallesca escrita por un loco... 

Hoy anduvo la muerte entre mis libros buscando mi pasado, buscando los veranos del 40, los muchachitos bajo la manguera, las siestas clandestinas, los plátanos del barrio, asesinados, tallados en el alma... 

Hoy anduvo la muerte revisando mi abono del tranvĂ­a, mis amigos, sus nombres, las noches del CafĂ© Montevideo, las encomiendas por la Onda con olor a estofado, revisando a mi padre, su Berreta, su Baldomir, revisando a mi madre, su hemiplejia, al Uruguay batllista, a ArĂ­stides querido, a mis anarcos queridos bajo bandera, bajo mortaja, bajo vinos y versos interminables... 

Hoy anduvo la muerte revisando los ruidos del telĂ©fono, distintos bajo los dedos Ă­ndices, las fotos, el termĂłmetro, los muertos y los vivos, los pálidos fantasmas que me habitan, sus pies y manos mĂşltiples, sus ojos y sus dientes, bajo sospecha de subversiĂłn... 

Y no hallĂł nada... 

No pudo hallar a Batlle, ni a mi padre, ni a mi madre, ni a Marx, ni a ArĂ­stides, ni a Lenin, ni al PrĂ­ncipe Kropotkin, ni al Uruguay ni a nadie... ni a los muertos Fernández más recientes... 

A mĂ­ tampoco me encontrĂł... 

Yo habĂ­a tomado un Ăłmnibus al Cerro e iba sentado al lado de la vida... PasĂ© frente al Nocturno y la vida habĂ­a pintado unos carteles... PreguntĂ© en una esquina por la hora, y en la bolsa del hombre que me dijo la hora iba la vida, junto con su almuerzo... 

Hoy, dejarĂ© las puertas y las ventanas de mi casa abiertas... y la noche entrará por todas las ventanas de mi casa, por todas las ventanas de todo el barrio, por todas las ventanas de todos los cuarteles y de todas las cárceles, por todas las ventanas de los hospitales... la noche entrará, cabeceando, saltará para adentro, sombra a sombra a la luz del farol... y se echará en el piso como un perro... y aguardará hasta la madrugada... 

Hoy, dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas, para siempre...

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