10/10/2006

NO FUIMOS SOLDADOS

El problema de este libro arranca por el título. En efecto, si "fuimos soldados", para Marcelo Larraquy hubo una guerra, y si hubo una guerra a poco de andar terminamos acá. No fuimos soldados, fuimos guerrilleros, que en democracia, algunos cometimos delitos por los que debimos y debemos ser juzgados y tras el golpe de estado del año 1976, junto a miles de militantes políticos y ciudadanos sin ningún compromiso partidario, fuimos también víctimas del terrorismo de estado, asesinados, violados y desparecidos, nosotros y muchas veces nuestras familias, padres, madres, pareja e hijos. Es un título más largo, pero creo, más ajustado a la verdad histórica, verdad construída paciente pero firmemente a lo largo de más de 23 años ya, en los estrados judiciales, obviamente. Y a propósito de este ser soldados, recientemente a Ramble llegó este comentario firmado por Daniela Guitierrez, hermana de una detenida desaparecida con motivo de este post respecto a los 30 años del golpe militar, que quisiera compartir. " Ahora que veo toda esta lista me pregunto ¿quién será el que apretó el gatillo y mató a mi hermana antes de cumplir 20 años?¿por qué no puedo saber quién fue?¿no se le haría la noche un poco más corta si pudiera decirnos a cada uno "fui yo, murió así o asá, dijo ésto o aquello...". A veces cuando veo fotos de los represores pienso que estos hijos de puta encima de todo lo que me quitaron, encima callan, no tienen huevos para contarnos la historia. Yo sólo eso quiero saber para que cuando mis hijos me preguntan quién la mató pueda decir "fulano de tal" y "está preso". Ese tipo (esos tipos) no deberían tenerme miedo, mido 1,65 y peso 50, mis ojos escucharían sin parpadear cada detalle y después, a veces creo que hasta podría olvidar."

7 comentarios:

Diego F. dijo...

Muy buen post Artemio, lo que me asusta un poco es que en los medios masivos se los trate tan bien a los que van a defender el genocidio. Se que es una cuestión de forma, pero no se debería dejar pasar comentarios como los que esgrimen los defensores de la usurpación armada al Estado. Ultimamente se sientan en las mesas de debate de tv, defensores del genocidio y víctimas del aparato terrorista del Estado como si tuvieran la misma entidad, como si sus verdades fueran igualmente ciertas.
Creo que es clarísimo que la sociedad repudia a estos asesinos y no es casual que no puedan andar por la calle sin que los escrachen, por eso veo con un poco de temor la manera en la que se los expone públicamente.

No hay dudas acerca de lo maligno del regimen genocida, debería estar fuera de toda discusión en programas formadores de opinión, ya que son una basura y como tal deberían ser percibidos.
Me pregunto si el dios al que le rezó la basura de Etchecolatz al momento de oir su merecida sentencia lo perdonaría.

¿A quién le robaría un bebe, luego de torturar y matar a la madre, Jesus?

No tienen perdón ni de dios ni del pueblo, morirán sintiendo el repudio que ellos mismos engendraron con su odio.

APARICION CON VIDA DE JULIO LOPEZ YA.

Saludos

Hard Core dijo...

La Justicia es la Justicia y un duelo es un duelo. Es la diferencia entre las paz y el odio. Que lastima que esta mujer aun tenga odio. Porque, justicia tiene.

Artemio López dijo...

hard no veo odio, si desesperación y desconsuelo, los estragos del crimen con impunidad y mucha incertidumbre y además veo el paso del tiempo, vertiginoso que traslada su inquietud a los hijos y veo un círculo q no ofrece salida sin juicio y castigo.es un horror.

G.F. dijo...

Yo tenía un profesor que siempre nos mostraba las fotos de la cara de los comandantes en jefe mientras los juzgaban y la cara de los criminales nazis, la coincidencia era increíble, tenían las mismas caras y miraban siempre para el techo y la vista perdida y el siempre decía que lo que pensaban era: Que estúpidos que son, vamos a volver, cada vez aprendemos y mejoramos nuestras tecnicas, capaz somos nosotros o capaz son otros, pero volver, volvemos. La verdad que uno los ve en los juicios que hay hoy y es cierto, la cara que tienen y las metodologías parecen ser las mismas, esperemos que no vuelvan, DEPENDE DE NOSOTROS. Sls. Gonzalo.-

Marcelo Camisay dijo...

Es muy interesante la Pàgina que remitis Artemio.
Se habla claramente de una "Guerra",de la "en una guerra interna contra la subversión rural, que buscaba apoderarse de una parte importante del territorio nacional",y desembocamos en el famoso Operativo Independencia,que deja estos nùmeros.
Contra quien combatìo el Ejercito Argentino?.
Segùn sus propios datos la espeluznante cifra ( que pondrìa coloradas a las FARC,ETA,IRA,y cualquier organizaciòn terrorista de verdad en Medio Oriente),de.....69 de mìnima y la terrible de.....129 de màxima.
Con Pelotones de asalto de.....16 guerilleros y un màximo de ......72.

Ahora entiendo....
Con esas cifras ,30.000 muertos es poco Artemio,estos rojos con ese nùmero,se hacìan de la Nacion en pocos dìas!!!!!
Recordamos la arenga del doble Agente del Batallon 601 del Ejercito,Mario Firmenich,que en la selva les dijo a esos 16....
-En dos dìas en Tucuman,en 15 en la Panamericana...en un mes en la Casa Rosada!!!!

Por otro lado,es realmente vergonzosa la documentaciòn que se ofrece como evidencia ( da risa)
Y por otro lado NINGUN papel oficial del Ejèrcito,no parte de guerra,no detenidos,no prisioneros.

Al fin y al cabo estimado Artemio,este tema deberìa ser,si de una guerra estamos hablando,del trato de prisioneros de guerra,que en el caso del "vencedor",viola la Convencion de Ginebra de Trato al prisionero,con penas que llegan a la carcel ademas,in extremis,al fusilamiento.

Cada vez que me sumergo en la dècada del 70,màs claro me parece todo.

Me voy a llevar el cadàver de Peròn a un barrio obrero y vuelvo....

marcelo camisay
http://vt-suena-mal.blogspot.com/
mail:mcamisay@fibertel.com.ar

Diego F. dijo...

Esto lo había posteado en mundo perverso, pero creo que viene al caso. Es la refutación del fiscal Strassera en el juicio a las juntas sobre que esto "fue una guerra". Es increible que sea tan vigente a 20 años.

Particularmente deleznable resulta el argumento de la "guerra sucia", esgrimido hasta el cansancio como causa de justificación.

Se nos dice así que esto fue una guerra --a la que para cohonestar los inhumanos procedimientos utilizados en su desarrollo se califica como no convencional-- y que en todas las guerras se producen episodios crueles, que aunque no queridos son su consecuencia necesaria.

En primer lugar, creo necesario dejar claramente establecido que aquí no hubo tal guerra. Tengo muy buenas razones en abono de esta afirmación, y daré sólo unas pocas.

Ninguno de los documentos liminares del proceso habla de guerra, y ello resulta por demás significativo. Porque resulta obvio, señores jueces, que si los tres responsables militares del alzamiento del 24 de marzo de 1976 hubiesen creído que estaban emprendiendo una guerra, cualesquiera fuesen los calificativos que les mereciera, no hubieran omitido esa circunstancia en la proclama revolucionaria.

El gobierno argentino asumió ante los foros internaciones una cambiante actitud que se puede resumir de la siguiente manera:

Primero, mientras se llevaba a cabo el proceso represivo más violento, negar la existencia de los hechos que internacionalmente se denunciaban. En una segunda etapa--que va aproximadamente de 1978 a 1981--relativizó la gravedad de los hechos y puso el acento en que la Argentina era víctima de una campaña internacional orquestada por la subversión desde el exterior. Finalmente, recién en 1981, en momentos en que la represión había disminuido cuantitativamente, el gobierno argentino comenzó a hablar en los foros internacionales de que había habido una "guerra no declarada"... En este contexto, cabe recordar que recién el 17 de setiembre de 1981, el entonces embajador ante los Organismos Internacionales en Ginebra, Gabriel Martínez, declaró ante el Grupo de Trabajo sobre desapariciones forzadas o involuntarias de personas que "los años 1976 a 1978 habían constituido un periodo muy particular de guerra no declarada". Es evidente la reticencia e incredulidad que este tipo de afirmaciones provocaron en la comunidad internacional.

Pero además, qué clase de guerra es ésta en la que no aparecen documentadas las distintas operaciones? Que carece de partes de batalla de lista de bajas propias y enemigas; de nominas de heridos; que no hay prisioneros como consecuencia de ningún combate, y en la que se ignoran las unidades que tomaron parte... Qué clase de guerra es ésta en donde los enfrentamientos resultan simulados, y en la que en todos los combates las bajas sólo hallaron en su camino a los enemigos de las fuerzas legales, que no tuvieron una sola baja. Porque resulta extraño, señores jueces, que una banda de subversivos militarmente organizados, que contaba con armas modernas, no cause a las tropas represoras ni siquiera un herido, mientras todos sus integrantes mueren. Las únicas muertes que pueden contabilizarse en las fuerzas del orden en su gran mayoría, fueron consecuencia de los atentados criminales a que me he referido al comienzo, y en los intentos de copamientos de unidades también ya reseñadas. Pero estos últimos fueron combates leales.

Se puede considerar acción de guerra el secuestro en horas de la madrugada, por bandas anónimas, de ciudadanos inermes?

Y aun suponiendo que algunos o gran parte de los así capturados fuesen reales enemigos, es una acción de guerra torturarlos y matarlos cuando no podían oponer resistencia?...

Es una acción de guerra ocupar las casas y mantener a los parientes de los buscados como rehenes? Son objetivos militares los niños recién nacidos?

Se puede equiparar el saqueo del ajuar de una casa con la incautación del parque de artillería enemigo? "Me robaron todo, desde el calzón de mi señora hasta el magiclik de la cocina", relato el testigo Hugo Pascual Luciani.

Son éstas las consecuencias desagradables no queridas de toda guerra?

Pueden hechos de esta naturaleza compararse con los efectos de un bombardeo aéreo a objetivos militares, que necesariamente causan muertes de inocentes?

No señores jueces, ésos no fueron episodios no queridos pero inevitables. Fueron actos criminales comunes, que nada tienen que ver con la guerra. Pero aceptemos ahora, por vía de hipótesis, la teoría de la guerra, tan cara a los acusados, y comprobaremos que sus situaciones, lejos de mejorar, se ven moralmente tanto o más comprometidas.

Porque, señores jueces, tal como es aceptado sin reservas por el orden jurídico internacional, cierta clase de hechos, por su profunda inmoralidad y fundamentalmente porque exceden las necesidades del combate, para convertirse en crímenes de lesa humanidad, no son permitidos ni siquiera en la guerra.

De acuerdo con estos principios, nuestro país ratificó los cuatro convenios de Ginebra de 1949, que establecen mínimas reglas humanitarias para el trato y la protección de civiles y combatientes en caso de conflicto armado.

Estos cuatro convenios tienen un articulo tercero que es común, aplicable a los conflictos armados internos, por el que las partes se obligan a:

Tratar con humanidad, sin distinción alguna de carácter desfavorable, basada en la raza, color, religión o creencias, sexo, nacimiento o fortuna, o cualquier otro criterio análogo, a las personas que no participen directamente en las hostilidades, inclusive a los miembros de las Fuerzas Armadas que hayan depuesto las armas y las personas que hayan quedado fuera de combate por enfermedad, herida, detención o cualquier otra causa. Expresamente quedan prohibidos: Los atentados a la vida y la integridad corporal, especialmente el homicidio en todas sus formas, las mutilaciones y los tratos crueles, torturas y suplicios, la toma de rehenes, los atentados a la dignidad personal; especialmente los tratos humillantes y degradantes, las condenas dictadas y las ejecuciones efectuadas sin juicio previo emitido por un tribunal regularmente constituido y provisto de las garantías judiciales reconocidas como indispensables por los pueblos civilizados. La falta de observancia de estos principios constituye infracción grave a los convenios y, como tal, según la doctrina internacional, crimen de guerra.

Por otra parte, los calificativos de "sucia" y "no convencional" carecen de entidad jurídica y son, por lo tanto, irrelevantes a la luz del derecho aplicable. Lo contrario llevaría a aceptar que un neologismo no fundado en norma jurídica alguna, puede alterar el derecho positivo conforme los intereses de quienes lo invocan.

La guerra es algo ya de por sí lo suficientemente horroroso como para admitir el calificativo de sucia por añadidura. Esto es un eufemismo para tratar de encubrir actividades propias de pandilleros antes que de soldados...

Se llega así, señores jueces, a la formulación de una alternativa de hierro: O no hubo guerra y estamos frente a una manifestación de delincuencia común, o la hubo, y entonces enfrentamos a criminales de guerra.

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Saludos.

Marcelo Camisay dijo...

Excelente.
Lo pido prestado y lo posteo en mi Blog.
Gracias

marcelo camisay
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mail:mcamisay@fibertel.com.ar