Hoy se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de Arturo Jauretche, (1901). El concepto de "sociología de estaño", con el que se lo ninguneaba en la la universidad, no pudo sin embargo opacar su trascendencia. Y no pudo lograrlo, no porque no fuera cierto aquello que se le "imputaba" --Jauretche mismo acuñó el término "de estaño" para caracterizar sus reflexiones--, sino por resultar estrictamente verdadero, genuino.
Una de las categorías más populares y persistentes del estaño jauretchiano fue su resignificación del término "medio pelo" como "lugar equívoco" normalmente transitado por los mass media, impulsados por su tendencia al atavismo cultural.
Dice
Jauretche que
"el medio pelo está constituido por aquella (clase o segmento) que intente fugar de su situación real en el remedo de un sector que no es el suyo y que considera superior. Esta situación, por razones obvias, no se da en la alta clase porteña que es el objeto de la imitación; tampoco en los trabajadores ni en el grueso de la clase media. El equívoco se produce a un nivel intermedio entre la clase media y la clase alta, en el ambiguo perfil de una burguesía en ascenso y sectores ya desclasados de la alta sociedad". Las condiciones materiales de existencia de este equívoco respecto de la ubicación social, hoy han estallado por el aire. La sociedad es bien distinta de la que dio contexto a la escritura de Jauretche; las clases medias, las porteñas incluidas a las que específicamente se refiere, se han pauperizado al extremo de lo imaginable, y su vida material no permite demasiadas fantasías supra clase.
Sin embargo, persisten trazas dominantemente culturales de aquel malentendido. Muchos de estos fantasmas del viejo medio pelo, aún sobrevivientes, se dieron cita hace poco, por ejemplo, en ciertos argumentos que en el despliegue máximo del conflicto con los segmentos agrofinacieros propalaban con furia para las cámaras de TN los ahora nuevamente ecológicos "Vecinos de Caballito tapados por las fucking torres", o las hordas neonazis que ya se sienten otra vez inseguras, de los "Vecinos autoconvocados de Belgrano R contra los negros destripadores".
Pero no solamente ellos.
Recuerdo en este momento a mi abuela Doña Ángela, en muy lejanos días --en el matusalénico tiempo en que aún los sectores medios podían soñar con ir al cielo junto a Amalita--, aquella viejota, hija de inmigrantes genoveses mortos di famme, nacida en la "república" de La Boca, gorila acérrima y lectora de La Prensa de los días de plomo.
La recuerdo y extraño también, cuando con fruición entablabla, con un servidor, diálogos desopilantes en los tempranos años setenta, en plena euforia del swamp rock de la tendencia:
Yo: Cuchame..., para que leés esa mierda, ¿tenés campos vos, abuela?
Doña Ángela: Pero nene, y a vos qué te diooo Peróóóón, ese hijo de puta que metió preso a tu padre, qué te dio, eh...?, mal hijo!
(Mi padre fue un joven bancario que cayó en cana en la huelga de 1951, la policía brava lo maltrató bastante y muy indignamente...; eso marcó --y lo comprendo-- , la pelambre de la familia López de por vida, guau! Doña Ángela cerraba siempre sus frases anti pocho extendiendo la o de peróoon y recordando mis escasas virtudes histórico-filiales.)
Todo muy lejano y entrañable...
Es hora de terminar este ya extenso post con una cita del periodista Héctor Zimmerman, extraída de su libro Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato, donde cuenta cómo nace el término "medio pelo", luego popularizado por Jauretche: “ La frase nació en Perú, en épocas de la Colonia, cuando los miembros de la clase pudiente se hacían traer de Cádiz unos sombreros, entonces de moda, fabricados con el pelo de castores elegidos cuidadosamente por su brillo y longitud. Los de menor calidad se confeccionaban con los castores de pelo inferior, lo que hoy llamaríamos outlet de esas prendas. Eran sombreros que por ser hechos con animales de pelo más corto lucían mucho menos. Esa diferencia de calidad en la prenda se extendió a sus portadores, relegados así a una condición social de segunda. El pelaje ya lo denunciaba: era gente de medio pelo" .
Salute, Don Arturo!