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10/27/2008

el huevo de la serpiente blanca

Recibimos este texto desde Argentina Densa que queremos compartir.
Un escritor del siglo XVIII sostuvo que el patriotismo era el último recurso de los canallas (hay diferentes versiones de esta frase pero la idea principal es esa). Como corolario de esta sentencia se puede considerar que ante la falta de un oportuno enemigo de la patria, "la seguridad" pasa a ser el mejor recurso de los canallas.
Nadie puede negar que inseguridad es un problema que existe y preocupa a buena parte de la sociedad, ni que los ciudadanos tienen derecho a exigir a los gobiernos de todos los niveles vivir en una ciudad, una provincia, un país más seguro.
Pero también es innegable que la derecha (como expresión política de las clases dominantes) está usando canallescamente la tragedia de una familia derivada de un hecho policial para parir una nueva movida de su campaña destituyente contra la presidenta Cristina Fernández.
Y así como hace unos meses hicieron de la defensa de la renta extraordinaria de los grandes productores agropecuarios una "causa republicana", hoy se montan al reclamo de mayor seguridad para atacar una gestión de gobierno que los molesta, sobre todas las cosas, por una de las premisas centrales que guían su accionar: la decisión de que el Estado juegue un papel protagónico en la sociedad promoviendo el bienestar general por sobre los negocios particulares, una política que el establishment local no acepta y combate con todos los recursos disponibles, como lo demuestran los golpes de estado del '55, el '66 y el '76.
Entonces, a los representantes y alcahuetes de los sectores hegemónicos del país cualquier bondi los deja bien para volver a la década pasada. Incluso la defensa de la timba financiera de las AFJP con los ahorros previsionales de millones de argentinos es una buena causa para ellos (total, después hacemos como siempre, socializamos las pérdidas y, como ya está pasando ahora con las jubilaciones privadas, el Estado termina pagando la fiesta de unos pocos).
Que los acomodados actúen en defensa de sus intereses y privilegios entra dentro de la lógica política; lo paradójico (aunque no inexplicable) es que tanto tilingo de clase media crea que las banderas de esta minoría son las suyas y la del país todo, y que tantos necios que dicen pertenecer al campo popular y exhiben ardorosamente una identidad progresista y de izquierda jueguen infantilmente en el bando de quienes luchan por volver al modelo neoliberal.
Digo que esta situación es paradójica pero no inexplicable porque para entender las causas que sustentan esta contradicción basta con ver quiénes son los propietarios de los grandes medios de desinformación. Así será fácil entender las razones por las cuales diarios, revistas, radios y canales de televisión actúan configurando la opinión pública mediante la ampliación hasta el hartazgo del discurso de numerosos lobbistas disfrazados de periodistas (algunos llevan décadas atentando contra gobiernos constitucionales), de las proclamas huecas de dirigentes políticos irresponsables que matarían a su propia madre con tal de llevar agua a su molino y de las argumentaciones de los técnicos económicos que también desde hace décadas nos viene diciendo todo lo que está mal y nos dieron como panacea a nuestros males las recetas de Martínez de Hoz y Cavallo (ya sabemos sus resultados).Duele darse cuenta de que nuestra sociedad, una vez más, está incubando el huevo de la serpiente.