5/10/2022

uno de los dirigentes políticos que más se preparó para gobernar la provincia

 Sin reelección y con una oposición en alza, Perotti necesita otro relato






La clave es remontar la imagen que le forjaron los mismos medios que pauta generosamente: que nunca arrancó. Cómo enfrentará Perotti la amenaza de Juntos x el Cambio, la incógnita libertaria y la falta de una estrategia nacional del FDT.

Los moldes o estilos de conducción y construcción política del peronismo santafesino desde el retorno de la democracia, bien pueden asociarse a la impronta personal de quienes fueron gobernadores y un pequeño grupo de operadores y ministros claves. Tanto Vernet, como Reviglio, Reutemann y por sobre todas las cosas Jorge Obeid reprodujeron un formato clásico -no del peronismo- sino de la política argentina para acumular y ejercer el poder durante décadas. Sin importar si se trataba de partidos puros o coaliciones transversales y “movimientistas”, dinámica y conversada durante las campañas, vertical y dogmática para gobernar, pero con una estructura de uno o dos círculos concéntricos -léase también mesas chica y mediana- alrededor del líder que tomaba las decisiones estratégicas, las importantes, pero no todas. Y un dato particularmente importante por éstos tiempos: con un control profesional y centralizado de las relaciones con los dos grupos mediáticos tradicionales de la provincia, fuertemente articulados al círculo rojo santafesino. Tanto para repartir como para exigir.

El estilo de Omar Perotti, uno de los dirigentes políticos que más se preparó para gobernar la provincia, altera notablemente ése formato, porque su impronta personal es inefable, difícil de moldear y sus convicciones a prueba de cualquier contratiempo, justo en un momento en que el establishment local -asociado a los agronegocios y la industria con un sesgo fuertemente exportador- ha adquirido una extraordinaria autonomía respecto de la política, de la suerte que corran los gobiernos que pretenden imponer algún proyecto de desarrollo productivo o de control del delito asociado a los negocios que les sirven como fachada.

Y con los medios de comunicación que forman parte de ese dispositivo también, vale para el país y para Santa Fe, no importa cuánto sea el aporte publicitario o para espaciar las municiones que suelen disparar desde la línea editorial, poco importan los arreglos particulares con tales o cuales “formadores de opinión”, siempre los oficialismos terminan pagando las balas conque los ametrallan, aunque ofrezcan dinero y pruebas para obtener un trato más justo.

Dicho en términos muy claros, a los que nos prestan la provincia para vivir como santafesinos les resulta cándido eso de que “si al gobierno le va bien, nos va bien a todos” y también su exacto reverso. El gobernador lo sabe como nadie, dialogó siempre con los factores de poder, pero supo en pocos meses que recibía una provincia donde el poder político le pregunta al económico y mediático qué necesitan y por dónde va la cosa, donde las fuerzas de seguridad son casi el CEO del hampa y el PJ acostumbrado a “conveniar” con el socialismo, arrastraba un gran déficit de formación de cuadros con presencia territorial y si bien había muchas ambiciones deambulantes no había un proyecto ni de gobierno, de poder.

A la pregunta de “porqué Alberto perdió por 10 puntos y tuvo que retocar el gabinete y Omar, perdidoso también, no lo hizo en Santa Fe” la respuestas desde el gobierno son: “porque la derrota no se asoció a la gestión, esto no fue cuestionado, pagamos el costo de las contradicciones y los manejos de Buenos Aires” y “el peronismo viene de más de una década en donde la formación de cuadros sólidos no fue una preocupación, siempre hay nombres, pero cuadros de gestión son otra cosa”.

Entre la gestión y la gente...lo del MEDIO

Pero el relato difundido por los medios santafesinos para esa derrota y para criticar el discurso del 1 de mayo pasado está esculpido en piedra: “no hay proyecto, no hay gestión y por lo tanto tampoco resultados”. Justo eso a Perotti, al gobernador que le gusta ejercer como intendente, haciendo, encargándose personalmente de casi todo, con un sistema que desprecia los grupos de referencia, nada de círculos ni mesas chicas, medianas ni grandes, las comunicaciones y relaciones que establece el gobernador con sus ministros y su entorno es radial, de uno a uno.

Los que lo conocen y tratan a diario dicen que en 2021 esperaba ganar o perder por dos o tres puntos y que aún le duele esa derrota porque -con el descalabro económico y financiero heredado del socialismo sumado a la pandemia- se dedicó a reconstruir un estado duplicado y deficitario. Deficitario en más de $10.000 millones pero exitoso en la toma de decisiones porque armó una burocracia paralela y con un circuito administrativo muchas veces ilegal, sustentada en un festival de nombramientos; Obeid tuvo 299 en su pico y ya Bonfatti contaba con un plantel de 1000 funcionarios, triplicando esa cifra.

Durante los seis interminables meses del traspaso durante los cuales siguieron nombrando funcionarios por centenas, reprivatizaron el Banco de Santa Fe S.A a favor de Eskenazi, le prorrogaron la concesión del Puerto de Rosario a TPR (Vicentín) por 25 años más y le dibujaron el presupuesto, Perotti fue corrigiendo números y diseñando un modelo de gestión que recuperase soberanía económica y política, pero que la prensa local y nacional calificaron como “un ajuste” a la piamontesa.

“Más que la derrota de medio término, lo que le pesa a Omar es esa imagen que crearon, de ajustador, de ineficaz en la gestión y no tener un proyecto, que en el discurso del día del trabajador estuvo claro”, dicen en la Casa Gris. Aceptan algo que Marcelo Saín decía en voz alta (como siempre), que gobernar una provincia es de una escala completamente distinta a la que Perotti conocía hasta entonces y que se financia con pauta una campaña de desprestigio permanente. Pero también es cierto que el estilo del gobernador no ayuda, que debate el formato del ejecutivo con sus ministros más importantes pero termina haciéndose cargo de casi todo, el desgaste así está cantado.

Si algo aprendieron (habría que cambiar algo entonces?) Alberto Fernández y Omar Perotti durante éstos dos años es que la persuasión y las atenciones no domestican a los formadores de opinión pública, la prensa (no toda, pero sí buena parte de ella) pega para pautar y cuando pauta sigue pegando, porque participan de intereses superiores y permanentes que siguen haciendo negocios mientras los gobiernos pasan. ¿Hay margen para revertirlo?

El modelo sidecar y el futuro del perottismo





“La relación con Alberto está muy bien”, aseguran desde la Casa Gris / Foto: Télam.


Pese a un diseño electoral que liquidó cuatro candidatos potenciales para 2023 (Rossi, Sacnún, Lewandoski por techo bajo y Perotti porque la derrota lo deja lejos de impulsar alguna reforma constitucional) y produjo una derrota en las legislativas, en el gobierno provincial aseguran que “la relación con Alberto está muy bien, a los porteños les sigue costando mucho entender la realidad económica y política de Santa Fe y de la mayoría de las provincias del interior”.

Hay una debilidad intrínseca de la coalición gobernante que replica la nacional; las líneas internas y organizaciones vinculadas al FDT no establecieron ningún acuerdo programático. Omar Perotti fue el candidato porque gana la interna y medía mejor, se distribuyeron cargos y se lotearon ministerios de manera horizontal, generando casos extremos de ingobernabilidad como en “Temaikén”, que es el modo en que funcionarios gubernamentales se refieren al Ministerio de Desarrollo Social…”porque ahí están todas las especies”.

Si a eso le suma -descontando una reforma constitucional hoy inviable- la dificultad para conducir las dos cámaras legislativas, el asedio del MPA que fue creado por Obeid pero repleto de militantes y dirigentes nombrados por el Frente Progresista para garantizar la impunidad de sus funcionarios y las tensas relaciones con la Corte Suprema de Justicia provincial, el panorama desde el punto de vista institucional es muy delicado para el Frente de Todos. Un dato extra lo constituye un ministro clave con aspiraciones a ocupar una banca legislativa provincial y que intereviene en todas las decisiones, incluso las que exceden sus incumencias..

Pero existe la convicción de que se sale, del atolladero y la pandemia, redoblando la gestión y los anuncios de obras. “Recibimos una provincia fundida y hoy tenemos una relación económica de equilibrio que nos permitió recuperarnos rápidamente y tener un plan de 5 obras estratégicas con las que Obeid soñó y el socialismo no hizo, son obras que reconfiguran la provincia a futuro”.

Podría decirse entonces que incluso considerando el “modelo sidecar”, de relaciones radiales y a distintos niveles que el gobernador díficilmente corrija, no existen problemas de planificación ni gestión, sino en la logística para concretarla desde que se toma una decisión, desde que autoriza y controla el gasto hasta que se ejecuta, un sistema complejo de controles ideal para momentos en los que hay que superar el déficit, pero hoy la provincia tiene las cuentas en equilibrio e incluso en situación superavitaria.

En la casa gris sobran funcionarios que no sólo diseñaron esos mecanismos durante las gestiones de Obeid sino que conocen las deficiencias de los circuitos administrativos generados durante los 12 años del FAP, y pueden rediseñarlos para que la gestión fluya.

Un destacado miembro del gabinete provincial asegura que “los alineamientos y relaciones más o menos estrechas con el kirchnerismo y la tensión con el albertismo son cuestiones menores, para que se entretengan los editorialistas políticos, la clave para recuperar al mejor Omar es que nos reconcentremos en la gestión en términos reales. El acueducto interprovincial Córdoba-Santa Fe y la planta potabilizadora de Santa Fe es agua para 20 años y que va a beneficiar a 1.200.000 habitantes, nadie entiende la magnitud de semejante obra, hoy nadie puede conectar una manguera de media pulgada”.

También forman parte de la fiebre electoral permanente las candidaturas de Roberto Mirabella o Celia Arena, es el modo de perpetuar la presencia del perottismo en cargos formales, pero la clave pasa por “hacer política y relatarla mejor” mientras se gasta lo que se recaudó y recuperó en los dos primeros años. Dos palabras que para Néstor y Cristina Kirchner eran claves: construir poder y relatarlo, movimientos sin los cuales no hay gestión ni artilugio electoral capaz de darla vuelta y evitar una derrota.

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