11/27/2019

la enumeración insoportable

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Ni el flaco perdón del diablo – Por Julián Axat

En este artículo Julián Axat indaga sobre las mentalidades y prácticas que deja instaladas el macrismo dentro del Estado como argamasa inconsciente en ciertas burocracias, para deporte cotidiano de los cuerpos que quedan y no tuvieron la capacidad de resistírsele.


Por Julián Axat*
(para La Tecl@ Eñe)

La ausencia de vacunas, el hambre…la falta de soluciones habitacionales, la derogación del protocolo de abortos punibles, la persecución a migrantes, el hambre…la legitimación del gatillo fácil a través de la doctrina Chocobar, el empobrecimiento masivo de la población, el hambre…la reducción de las jubilaciones, la falta de medicamentos, el hambre… el endeudamiento histórico, el desmantelamiento de estructuras de contención social en los territorios… el hambre, la anulación de prestaciones a la discapacidad, el blanqueo de capitales de familiares, el hambre… la persecución vía lawfare de opositores políticos, el sobrendeudamiento de los sectores populares, el hambre…, el crecimiento de la indigencia y la mortalidad infantil, la desocupación creciente, la intervención de las FFAA en seguridad interior, el hambre… el deterioro de las escuelas, la falta de insumos en los hospitales; el hambre… el hacinamiento en las cárceles, la inflación galopante, el desfinanciamiento y desguace del fondo de garantía y sustentabilidad, la teoría de los dos demonios recargada, el hambre… la desaparición de Santiago Maldonado, los tarifazos, el hambre… el hambre… el hambre…

La lista es larga y podríamos seguir, pero es el hambre el que siempre cruza. El hambre lo que acicatea la enumeración hasta hacerla insoportable. Y es lo que queda como resto y herencia cruda-dura de una forma de hacer de la política que se va y que podría ser clasificada como “tipos” de políticas públicas para hacer y practicar el malestar desde el Estado: a) las políticas que han abandonado un hacer de protección; b) las que han desmantelado formas estatales de protección social; c) las que han encubierto situaciones para que el pueblo no se entere implicando enriquecimiento de unos pocos; d) las medidas que directamente han generado y permitido enriquecimiento de pocos, e) las que han avalado formas de crueldad directas o indirectas sobre vulnerables u opositores políticos; e) las que han sustituido o reemplazado formas de contención-protección de vulnerables por formas de control y crueldad; f) las que han postergado en el tiempo la resolución de situaciones humanitarias al punto de que esa postergación ha generado resultados irreversibles en personas; g) las que han otorgado y reconfigurado áreas de poder para la persecución social y política; h) las que directa o indirectamente han generado las condiciones sociales para debilitar variables básicas de la economía y la sociedad, generando una desigual distribución de la riqueza.

El retroceso económico, social, político y simbólico, ha sido una forma de gestionar el mecanismo estatal durante cuatro años. El daño es mayúsculo y recae completo como un hacha sobre los tejidos sociales más débiles (y sus mediaciones). Pues el Estado es, acaso, un mediador social que gestiona los conflictos -de clase y sectoriales- a través de sus burocracias políticas y administrativas heredadas. Y el Estado no es un ente neutro. Es un campo de batalla constante que hegemoniza el que gobierna y gestiona, pero que posee todo tipo de resistencias internas/externas.

En ese montaje, el espíritu del neoliberalismo no reviste solo en una forma de gestionar la economía capitalista como secuencia de sus conflictos de clase generales, sino una manera de re-organizar la estatalidad en función de las relaciones sociales concretas y sus variables en cada coyuntura de avance-retroceso frente a la masa de la población. Habrá -o no- conquistas sociales, cumplimiento de los derechos constitucionales, si es que el Estado satisface activamente (positivamente) desde sus burocracias y sus políticas, el cumplimiento de los derechos declamados.

De Max Weber, hacia acá, el rol de las burocracias estatales ha sido hacer posible, a través de la gestión, la realización de los derechos básicos; es decir, poner en funcionamiento la accesibilidad a través de mecanismos estatales amigables, simples, dolientes, rápidos. Sin mayores escollos o laberintos que atravesar a esos personajes humanos disfrazados del ente llamado Estado. La crítica a las teorías de la burocracia Weberiana, han venido de la mano de la “jaula de hierro” devenida totalitaria o frías maquinarias deshumanizantes. Ese malestar cultural, casi civilizatorio, hoy se ha entroncado con modelos empresarios (management) con énfasis en la urgencia por abandonar un modelo fordista burocrático, para gerenciar la escasez, agilizar y disminuir los costos de la administración.

El Estado es entonces una empresa de vida burocrática, preparada y pensada para administrar la escasez de lo que deja y permite hacer-avanzar al Mercado. Pues el “neo-management” no es antiburocrático, sino que corresponde a una nueva fase, más sofisticada, “más individualizada”, más “competitiva” de la racionalidad burocrática” (1).

Es así que todas las gestiones ministeriales nacionales actuales, contienen en su memoria burocrática de estos cuatro años un acervo de situaciones que se han acumulado y sedimentado como un habitus recargado en las estructuras institucionales de la desidia y la crueldad, pero también del olvido, la corruptela y la estupidez moral neo-gerencial. A esto llamo aquí “banalidad del mal macrista burocrática” que, para no mezclarla con el pelaje de los asesinos de escritorio del nazismo que tan bien describió Hanna Arendt; diré que se trata de un tipo de cultura por banalidad del mal específica: “indolente” o –simplemente- “canalla”.





Banalidad construida como frío cálculo gerencial, pero también como dispositivo de revanchismo y odio. Recargado de idiocia moral (2) y simple negación del dolor de los demás (3). Especialmente odio a los desposeídos y de toda forma de justicia social que los represente (el peronismo, claramente como sentimiento de gorilismo y odio de clase), bajo el concepto o denominación de aporofobia, fenómeno descripto por algunos filósofos como “detestación por los más pobres” (4). Sentimiento ideológico de algunos sectores de élite operadores dentro y fuera del Estado, y que crece y se expande –paradójicamente- hacia los mismos sectores que la padecen (5).

De esa materia están hechos las primeras, segundas y terceras líneas de la gestión macrista. Y esta es la crítica a la razón indolente que debemos llevar a cabo por estos días para de-construir de alguna forma el tipo de sistema estatal pergeñado durante estos cuatro años y la herencia simbólica que dejará en sus prácticas.

Atento a la tierra arrasada que dejan, no puedo dejar de advertir que esos son los valores o ethos del que están compuestos como cuadros políticos que empapan hacia bien debajo de las estructuras administrativas (simples empleados intermedios o de atención al público) sus modos de hacer y cumplir con sus servicios.

Aquí haría alguna distinción de matices dentro de estas estructuras de sentimiento burocráticas de los serviles a esa cúspide de poder que les marca la línea de su racionalidad política instrumental. Están los canallas y crueles, que les toca el papel de malos y vengativos, y les queda muy bien por el «physique du rôle» en Ministerios para ejercer la maldad con mayor ahínco. En términos de política pública, el legado que dejan es una inmensa burocracia para ejercer la maldad y generar malestar social; y como bien señala Esteban Rodríguez Alzueta en un interesante artículo publicado por estos días, desmontarlo implicará todo un esfuerzo descomunal de diálogo (6).

Pero también están los cuadros políticos canallas imbricados en roles inescrupulosos, como parte de los Ministerios de finanzas y economía, de minería y ganadería. Los que habiendo asegurado un patrón de acumulación financiero, también han asegurado sus pingüe negocios a costa del pueblo; es decir, el “gobierno de los CEOS”, como bien lo señala Ana Castellani en un gran trabajo sobre la racionalidad burocrática de estas elites (7).

¿Cómo hacer para desmontar esta parafernalia estatal, poniendo en evidencia los procedimientos sutiles que llevaron a contraer deudas, blanquear fortunas, generar reglamentaciones internas aun secretas para escamotear los desvíos? ¿Cómo hacer para que el funcionariado de carrera que quede, haya comprendido la magnitud inmoral de lo que le han hecho formar parte? ¿Quién ha realizado el trabajo sucio en las burocracias?

Están los que miran para el costado, y saben demasiado. Pero están todos aquellos que además de canallas e inescrupulosos, podemos llamar los idiotas morales y negadores del dolor ajeno. Los antediluvianos de la política social que cumplen roles de reduccionismo, desmantelamiento, el abandono, la desidia y crueldad indirecta, y que conforman, al decir de Pierre Bourdieu, la mano izquierda del Estado: la seguridad social, desarrollo social, trabajo, salud, etc.

En estas áreas estatales, el legado es mucho más sutil, pues va desde suspensión en la tramitación de asignaciones, jubilaciones hasta directamente no otorgamiento de un trato humanitario, entrega de comida, subsidios, ajuste a salarios, etc. Aquí las líneas de un buen gobierno será refundar lo social, como lograr sinergias para volver a plegar el Estado a contener las necesidades más inmediatas, atender aquello emergente y a punto de desbordar: lo alimentario, lo sanitario, las prestaciones más básicas para que las vidas recuperen la dignidad, y recompongan la cadena productiva. Volver a fortalecer el tejido social.

Vuelvo a la idea de que el Estado es un campo de batalla. Durante los cuatro años de Macrismo existió una lucha interna dentro de las burocracias nacionales, en la que resistieron miles de trabajadores y trabajadoras, que trataron de impedir ajustes, se negaron a políticas de indolencia, a todo tipo de desmantelamientos; y en muchos casos, a fuerza de esas resistencias sostuvieron sus puestos de trabajo y líneas de gestión favorables a los sectores populares.

Estos oasis de supervivencia dentro de la estatalidad que, gracias a su astucia y todo tipo de estrategias persistieron, resultan piezas claves para reflexionar sobre las formas de gestionar el porvenir del Estado.

Pero más allá de estas excepciones internas, este artículo se pregunta sobre las mentalidades y prácticas que deja instaladas el macrismo dentro del Estado (las que pudo insertar) como argamasa inconsciente en ciertas burocracias, para deporte cotidiano de los cuerpos que quedan y no tuvieron la capacidad de resistírsele.

El tipo de racionalidad neoliberal instalada hacia dentro de las carreras y plantas administrativas sin nivel de politización, un tipo de mentalidades insufladas de enemistad y amoldadas al revanchismo hacia “los otros” más vulnerables de la población.

El legado del Macrismo hacia dentro de las burocracias es un espíritu que sedimenta y no será fácil de quitar. Está empapado de neoliberalismo en sus modos de hacer y pensar. Es bastante automático, y –no casualmente- eso ha pretendido insertar el concepto de “modernización” gerencial del Estado, desde el Ministerio de Modernización.

Desde la cúspide política, hasta los primeros niveles estamentales ministeriales, hacia los niveles intermedios e inferiores, nos lleva a pensar en cómo interrumpir esos eslabones y poleas contaminadas de su banalidad indolente y que no han podido resistir o criticar. En especial los procesos internos de expedientes, cuerpos, mostradores y autogobiernos que funcionan en el día a día como máquina de firmas digitales. Entrenados en la respuesta fría, aséptica y mecanizada, o el mero silencio administrativo.

Dispositivos que escriben sobre la piel de los condenados de la historia, las siempre víctimas sociales, como juego de tipo kafkiano (con perdón del enorme Franz Kafka) en las prácticas e imaginarios de sus burocracias gerenciales del Estado.

Pues aun cuando los cargos y cuadros políticos se recambien con la nueva gestión de Alberto Fernandez, no será nada fácil desandar esas dinámicas estatales de la noche a la mañana. El sedimento de las burocracias queda y, más temprano que tarde, hay que quitarlo del camino con fuerza jacobina o pragmática hábil.

En esto, los perfiles elegidos como ministeriables, deben ser pensados profundamente a partir del tipo de burocracia y la maldita herencia que en ellas se van a encontrar. El cambio de cultura política debe ser también un cambio de cultura en la gestión estatal de la mediación social.

*Poeta y abogado

Referencias:

Sigo aquí a Boltanski, L. y È. Chiapello. 2002. El nuevo espíritu del capitalismo. Madrid: Akal
Retomo aquí a algunos autores para pensar la banalidad del mal dentro del neoliberalismo macrista: a Norbert Bilbeny, para quien un imbécil moral es un individuo que es incapaz de comprender los principios y valores morales y es incapaz de tomar decisiones y actuar en concordancia con ello. Los idiotas morales pueden ser muy astutos y funcionar perfectamente como hábiles sinvergüenzas. Pueden ser directivos de controladoras transnacionales, pueden ser jefes de estados, parlamentarios o ministros o fiscales y por supuesto, pueden también ser generales (véase: El idiota moral: la banalidad del mal en el siglo XX, Barcelona. Anagrama, 1993). El mismo concepto sobre indolencia de las burocracias, pero apuntado a los operadores de la salud mental, trabaja Christophe Dejours, en La banalización de la injusticia social, Topia, Edit. 2006.
La idea “ante el dolor de los demás” está tomada de la obra de Susan Sontag, sobre la capacidad del espectador de fotografías que representan sufrimiento y horror, de sentir dolor ajeno a través de las imágenes, especialmente a través de los medios de comunicación para guiar o enfocar la atención pública. También ha sido usada en nuestro país por la psicoanalista Silvia Bleichmar, en su obra Dolor País y despúes… (Edit. El Zorzal, 2002), texto que aborda la cuestión de los burócratas indolentes, pero resultado de su preocupación por la incidencia de la realidad económica sobre el psiquismo, del saqueo sufrido por el país en 2001 a manos de sus corporaciones (la financiera y la política).
Sobre la aporofobia: https://canalabierto.com.ar/2018/11/27/aporofobia-el-neoliberalismo-ensena-a-odiar-a-sus-victimas/
“… el invento más eficaz que se le puede atribuir al capitalismo es la fabricación de pobres de derecha…” https://www.nuevaeranet.com.ar/locales/nota-el-invento-mas-eficaz-del-capitalismo-es-la-fabricacion-de-pobres-de-derecha-dijo-ragendorfer-54432.html Véase también: https://elpais.com/elpais/2018/10/09/opinion/1539102091_173002.html
“NO SERÁ MAGIA, SINO EL DIÁLOGO”, véase: https://www.elcohetealaluna.com/no-sera-magia-sino-el-dialogo/
7. “El gobierno de los CEOs. Equivalencia entre elites económicas y políticas en el gabinete de Mauricio Macri (2015-2018)”:https://www.vocesenelfenix.com/content/el-gobierno-de-los-ceos-equivalencia-entre-elites-econ%C3%B3micas-y-pol%C3%ADticas-en-el-gabinete-de-m

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