6/17/2019

templanza y el ocaso del márketing



Finalmente los números terminaron confirmando las encuestas, las expectativas previas y el clima que se respiraba en la provincia: con el 99,32 % de las mesas escrutadas, el peronismo y sus aliados en el Frente "Juntos" se impusieron al Frente Progresista Cívico y Social, y Omar Perotti será el próximo gobernador de Santa Fe, tras 12 años de administraciones protagonizadas por el socialismo.

Como lo marcaba el eslogan de campaña, un triunfo gigante, por donde se lo mire: en términos estrictamente provinciales, poniendo fin a una larga sequía del PJ en la provincia, y cortando la racha de triunfos de los oficialismos gobernantes en todo el país: el relato oficial del macrismo y sus socios radicales en la hoy extinguida "Cambiemos" (que volvieron a quedar terceros y muy lejos del pelea) que así lo apuntaba para bajarle el precio a los triunfos del peronismo en la mayoría de las provincias, sufre así un serio revés; y simplemente no sirve para explicar lo que pasó en Santa Fe este domingo. 

Lo que prevalece entonces como lectura en términos nacionales, es el inocultable declive electoral del gobierno nacional, y el ocaso prematuro de las "terceras vías": la derrota del socialismo es un durísimo golpe para la ya frágil construcción electoral de Roberto Lavagna; es de esperar que el golpe no sea de knock out, porque es necesario que persistan en el intento; y le drenen votos a Macri.


Pero antes de hablar de los demás, hablemos de nosotros: el triunfo es un premio más que merecido para el conjunto del peronismo santafesino, sus dirigentes y su militancia; porque supieron interpretar desde el vamos, con grandeza y generosidad, que "juntos somos más fuertes" era algo más que un eslogan: atrás quedó la serie de derrotas consecutivas porque nunca podía expresarse en las urnas al conjunto del voto peronista en Santa Fe, mucho menos convocar a otros sectores a sumarse.

Mérito en primer lugar de la militancia, que después de haber quedado cerca de la hazaña en el 2015, redobló los esfuerzos, y sin abjurar ninguno de sus posiciones particulares, supo poner lo mejor en beneficio del conjunto, para ganar. Mérito también de los dirigentes, que supieron interpretar el mensaje de unidad que venía desde abajo, y darle cauce. Dentro de ellos, un reconocimiento especial para Ricardo Olivera, el tipo que se puso al hombro la presidencia del PJ cuando era un hierro caliente que nadie quería agarrar, porque el partido no podía ni siquiera pagar los sueldos de sus empleados.

El es uno de los grandes artífices de la unidad, y por ende de la victoria que hoy disfrutamos todos; porque supone convocar con generosidad a todos los peronistas a su casa común, que era el partido, a la que habían abandonado porque no los contenía. Y con él, de todos los dirigentes que asumieron responsabilidades en la conducción del PJ en este período: por primera vez en muchos años, las puertas del partido estuvieron abiertas para todos; y pudieron darse cabida allí todas las expresiones del peronismo. El que no se arrimó fue porque no quiso, no porque se lo impidieran. 

Párrafo aparte para destacar a quien otras veces hemos cuestionado, por su ombliguismo: María Eugenia Bielsa despejó todas las dudas que pudieran surgir después de su derrota en las PASO y se sumó a la campaña, apostando a contener sus votos dentro del espacio; cosa que se logró con creces: el socialismo que se relamía pensando en los votos "bielsistas" que fugarían a Bonfatti, vio como sus propios militantes y adherentes en Rosario votaban por Roberto Sukerman (el candidato del PJ), disconformes con el triunfo de Pablo Javkin en la interna por la intendencia. 

Mérito grande también para Omar Perotti, cuyo estilo personal puede no agradar a más de uno, pero que no se puede discutir que produce resultados: se aferró a su libreto y su idea de campaña; y mantuvo durante todo el tiempo la templanza necesaria para no salirse de su eje, y arrastrarse al barro de la campaña sucia que planteó el socialismo; cuando tuvo la certeza que perdía. 

El conjunto del peronismo santafesino (y con él su candidato a gobernador) pueden sentirse orgullosos de haberles ganado a todo y a todos: a los aparatos combinados de los gobiernos nacionales, provincial y municipal utilizados con total impudicia hasta el día mismo del comicio, a las "fake news", a la pauta publicitaria generosamente regada en los medios provinciales y nacionales para alinearse con las premisas de campaña del oficialismo provincial y también nacional. Nada de eso les sirvió para impedir la derrota, y el triunfo del peronismo.

Perotti tuvo la inteligencia de plantear su propuesta en torno a tres ejes claves, que marcaron serios déficits de gestión del socialismo: la inseguridad, la falta de políticas activas para amortiguar los efectos de las políticas económicas del macrismo en la provincia, y las desigualdades en el acceso a los servicios básicos, como la salud. Y mientras él se concentraba en proponer, otros (como "Quico" Busatto, que encabezó la lista de diputados) salieron a pegarle al socialismo donde más le duele, y a replicar los brulotes de una campaña sucia que estaba destinada a fracasar; porque se podía palpar en la calle el hartazgo con un estilo de gestión marketinero, que se mostró incapaz de dar respuestas concretas a problemas graves que padecen los santafesinos.

El triunfo del PJ haciendo hincapié (entre otras cuestiones) en la inseguridad, demuestra que es un tema al que las fuerzas nacionales y populares no tienen que tenerle miedo, ni regalárselo a la derecha pura y dura: mientras Corral "bolsonarizaba" su discurso y hablaba de puertas giratorias, y los voceros "progres" del socialismo se horrorizaban por los afiches de Perotti, el candidato del PJ proponía la más progresista (si se nos permite la expresión, a la que no somos afectos) de las políticas en la materia: que el gobernador (al fin y al cabo, el jefe político de la provincia, por el voto de sus ciudadanos) conduzca efectivamente a la policía, la agencia armada del Estado a la que se le confiere el uso de la fuerza armada para proteger a los ciudadanos del delito; y no para montar quioscos en connivencia con el delito. 

Verdades simples sabidas por todos, pero olvidadas en 12 años de desmadre socialista en la materia, con una policía que siempre fue "atendida por sus propios dueños" en ese tiempo, y de la que surgieron cientos de jefes promovidos por el poder político en los tres gobiernos del FPCyS, que terminaron presos o procesados por vínculos con el narcotráfico o el crimen organizado.

En una provincia afectada como pocas en su entramado productivo por los estragos económicos del macrismo, Perotti habló de congelar tarifas y subsidiar la creación de empleo, frente a un gobierno provincial que no hizo más que aumentarlas (con y sin subsidios nacionales, durante 12 años, invariablemente), y que por el contrario, nada hizo para evitar la destrucción de puestos de trabajo, o el cierre de empresas, en especial Pymes industriales. Eso sí: no se privó de hacer campaña sucia hablando de cosas ocurridas hace 20 años, como la privatización del Banco Provincial.

Además de los méritos del PJ, el socialismo termina perdiendo víctima de sus propios errores y experimentos: el márketing permanente y el blindaje mediático que le hicieron perder contacto con la realidad, la paranoia conspirativa que les hacía ver una maniobra desestabilizadora detrás de cada crítica a su desastrosa política de seguridad, y por ende minimizar los problemas, y no darles respuesta; o la estrategia de la victimización ante la discriminación que dicen sufrir de la nación (siempre, sin importar quien la gobierne), porque encarnaban "un modelo distinto de hacer política". Con 12 años en el poder, se les perdió la aureola, y se acostumbraron a todos los vicios que el poder pone a mano: el que es lector habitual de éste blog, sabe que hemos documentado el proceso. 👇





(Sigue)


Para peor, a la fractura y pérdida de buen parte del voto radical desde que surgió "Cambiemos", el Frente Progresista le sumó la interna poco disimulada entre Lifschitz y Bonfatti: recordemos que esta campaña que termina en derrota tras tres triunfos consecutivos en las elecciones para gobernador, arrancó con Lifschitz despechado porque le frenaron el intento de reforma constitucional en la Legislatura, y amenazando a Bonfatti con plantarle un candidato en la interna. El experimento de la boleta única los terminó forzando a festejar el triunfo para la intendencia de la capital de una especie de Santo Biasatti bajas calorías, cuyo único mérito visible es haber conducido por años el noticiero del canal de aire local.

El absurdo de la reforma constitucional por la ventana, con una consulta popular lanzada por decreto, en una provincia que batía récords de muertes por hechos de inseguridad y violencia y récords de destrucción de empresas y empleos, no podía terminar de otro modo que con la derrota de un oficialismo provincial que perdió anclaje con la realidad que se movía a sus pies. Dicho sea de paso: Lifschitz terminó obteniendo 34.000 votos menos que Perotti, lo que desmiente la idea de que si le daban la oportunidad de reelegir, ganaba. 

Lo de "Cambiemos" es menos novedoso o singular: perdió otra intendencia en una capital de provincia, acompañó el declive general del oficialismo nacional en todo el país, y en números puros y duros quedó reducido al núcleo duro de votos, sin capacidad para interpelar ya a sectores que lo acompañaron el 2015 y 2017. Y eso tiene claras proyecciones nacionales: las mismas encuestas que terminaron acertando casi con exactitud las cifras finales de la elección provincial, le asignan una altísima intención de voto a Cristina en la provincia, y a la fórmula FF una ventaja de entre 18 y 20 puntos con la del macrismo...

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