12/03/2015

consignas, chicanas y guiones.


Més interpretaciones de la derrota del 22. 

Hugo M Yague 

Es muy pronto. Tanto, que como dicen sus encubridores conscientes o no, todavía ni asumió. Tiene el óleo de Samuel todavía fresco en la sien. Los cartelitos que lo muestran sonriente con distintos targets de la sociedad Argentina, aún no están desteñidos por el sol. Está en un cénit de popularidad. Sin embargo, es notorio (percepción subjetiva por cierto) que hay un clima de, cuando menos, prudencia, para no decir cagazo pronunciado, evidente, en su 51%. No hay la festividad del colectivo que se sacó de encima una tiranía, la creatividad, la potencia cultural que eso produce. Hay miradas de reojo, alguna puteada, mucha agresividad, cierta dosis de revanchismo verbal al menos. Pero lo cierto es que esa ecuación resulta en una cautela muy parecida al miedo.

Ese vaivén discursivo de la campaña, fortalece la incertidumbre. No fué el séptimo de caballería. La cuidada producción de sus asesores lo mostró como uno que dice y se desdice sin ponerse colorado. No hubo un programa, ni promesas concretas. Más bien consignas, chicanas y guiones genéricos cabalgando en el desgaste y las debilidades del Kirchnerismo, y las limitaciones de Daniel Scioli como candidato. El martilleo de los medios de comunicación (los propios también, degenerando en caricaturas extremas de otras mejores épocas), el fastidio general con zonas irreductibles del talante K, la sensación de que algo se había hecho viejo de pronto, y que nada dentro del “proyecto nacional y popular” tenía el desarrollo y la independencia necesaria como para renovar ese amesetamiento cultural y político, fué capitalizado casi inesperadamente por Mauricio Macri, que de él hablamos, claro.

Nadie, en la noche del balotaje porteño apostaba un mango por el candidato de Cambiemos. Salvo el (o los) incansable ThinkTank estético-electoral que lo reinventó esa misma noche como un posible refugio de lo mejor de la década ganada, pero a su vez el propulsor de medidas que desterrarían para siempre lo peor, construyendo incansablemente el paraíso artificial al que -finalmente- arrastraron a la campaña y al electorado. Sólo en esa fantasía superficial cuyas fronteras conoce de sobra el márketing, era viable imaginar un Macri que, pese a haber combatido políticamente con fiereza todas y cada una de las conquistas de la década ganada, ahora se había percatado de su valor y para eso era capaz hasta de ignorar el abucheo de sus acólitos, en miras al bien común.

La sonrisa de costado, las memes, los posteos en redes sociales, y toda una batería de menosprecios fueron la cantada respuesta de una militancia Kirchnerista vencida de antemano por los agudos y crecientes desacoples entre bases y dirigencia, la falta de vasos comunicantes con el imaginario social ajeno al activismo, la sobreactuada supremacía producto de la soberbia que se fué pegando a la piel después de la impecabilidad competitiva de una CFK que -oh- en esta ocasión no jugaba en el puesto en donde más rinde.

Cristina es, todos lo sabemos, un goleador implacable. Pero sucede que en este campeonato corto, tenía que jugar en la cueva. Y no rindió como cuando pisa el área rival. A su vez, Scioli -que jugó un partidazo, quizás el mejor de su vida política- era amonestado por las mañas del nueve que no era, y buscó resolver, quizás tarde, esa injusticia, al reclamarlo abiertamente en un debate al que llegaba como con cinco goles adentro y la cuevera en capilla.

Lo demás es historia reciente. Demasiado pronta como para conclusiones serias. Pero volviendo al tema del comienzo. Si, es notable esa sensación de que no hay ese clima, pongamos, de la UCR en el 83. Es claro que no se trata de un triunfo popular. Que no es un colectivo, un entramado cultural el que depuso una expresión arcaica agotada y sin futuro. No hay algarabía, vamos. Ese desenfreno activo que recorre el espinel de la militancia, los simpatizantes, y los curiosos cuando gana una expresión política que da fin a 12 años de continuidad del proyecto opuesto. Esa nota, esa quietud, esa alegría más parecida al “ahora cagate vos” se manifiesta episódicamente, en mensajes personales, en algún comentario puntual, pero no en esa avalancha festiva que suele coronar los triunfos electorales populares desde la elección hasta el cambio de mando.

Si, es notorio, también, que hay mucho “tras los muros oir se dejan sordos ruidos”. El Macrismo parece estar estudiando para un examen, al que no llegan de ninguna manera bien preparados. Van a Feliz Domingo y en cultura griega lo llevan a Claudio María Domínguez, en Folclore a Mercedes Sosa, en Meteorología a Cynthia Rachid, pero el bondi en el que se van a ir de viaje tiene -forzosamente- que tener lugar para los que pierdan también. Y ahí se le queman los pelpas. No hay manera que -con las recetas que ya sabemos- el colectivo alcance para todos. Lo peor de todo eso es que los que querían que participaran otros actores en el legendario preguntas y respuestas, son -virtualmente- un 50%.

Y en ese punto es donde se muestran más claramente las -tenebrosas- limitaciones del “modelo” de la oligarquía, aún en su versión concheto-con-responsabilidad-social que parece ser el modo en que Durán Barba pretende que funcione Mauricio. Se ha ganado una elección, si. Se ha desplazado una fuerza hegemónica después de 12 años. Ok. Pero, es el repechaje de Belgrano contra River. Tu mejor versión histórica apenas le ganó a la peor versión histórica del rival (en términos cualitativos al menos). NO DA, claramente, para tanta euforia. Pese a eso, se ningunea el resultado, pretendiendo que se ganó 5 a 1, en lugar de -pongamos- tomar nota del mensaje electoral, fortaleciendo algunas carteras con funcionarios exitosos. Se elige, alineándose con lo que se denosta, “ir por todo”. Se intenta desplazar de modo notoriamente antijurídico a Sabatella, Vanoli, Bauer. Se plantea la derogación y reemplazo de la actual Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, olvidando que el Congreso es -cuando menos- poco halagüeño al imaginario M, se rezonga contra los fallos de la Justicia que tanto se pretendió independiente. Y -finalmente- se percibe un escenario de disputa mucho más amplio que el que puede abarcar el joystick que le encantaba manipular a Durán Barba. Ahora, los propios “aliados” meten presión: por los cargos, por las retenciones, por las utilidades, por las políticas de cada área, por la rentabilidad, por... el calor de un verano que amenaza no encontrar ventilación suficiente.

Desde tiempos inmemoriales, la derecha resuelve sus inconvenientes a los golpes. De estado, y de cachiporra. Quien haya soñado con un Piñera Argentino, puede ir empezando la búsqueda nuevamente. La grieta llegó, se instaló y goza de buena salud. No dar cuenta positivamente de ella, ningunearla, pretender que no está porque la llenamos de globos amarillos, suele generar escarmientos que precedidos de atronadoras movilizaciones sociales, dan por tierra con las ilusiones pasajeras de una tarde de verano en el Jockey.

2 comentarios:

Diego dijo...

Aprovecho tu prestigioso blog para comunicar a todos los salames que descubrieron el verbo "denostar", que se conjuga como "costar". Así que nada de "denosta". Se dice "denuesta".

De nada. Aprendan, brutos, giles, la yuta, la yuta...

profemarcos dijo...

"Scioli -que jugó un partidazo" Claro, con unos compañeros que eran Casal, Berni, Granados,Miguel Bein, sus miles de policías y sus propias posturas de ultracatólico.