6/14/2015

brasil: una mirada al espejo retrovisor.

El 5º Congreso del PT, cuyas deliberaciones concluyeron el sábado en Salvador (Bahía), rechazó un cambio en la política de alianzas del partido, particularmente en relación al PMBD. La mayoría petista cerró filas en defensa del gobierno de Dilma. 

La política de alianzas y las medidas económicas del oficialismo fueron muy cuestionadas por el sector de izquierda del partido, que disparó contra el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, dirigente del PMBD, que lidera las iniciativas de la ola conservadora, tanto políticas como económicas. 

En el documento final del Congreso, consensuado entre la tendencia mayoritaria y Mensaje al Partido, se admite la necesidad de orientar la política económica hacia la recuperación del crecimiento, el salario y los derechos de los trabajadores, omitiendo, sin embargo, toda referencia al ministro de Hacienda Joaquim Levy, una de las figuras más atacadas por la izquierda y responsable del programa de austeridad que ha caracterizado el segundo mandato de Dilma. (SP) Incluimos en este dossier: 

El peor error es considerar que es imposible cambiar las cosas, Gilberto Maringoni La suba de los intereses atiende sólo al mercado y sacrifica a la población, Leda Paulani Primeros resultados del ajuste brasileño: presente sombrío, futuro incierto, Guilherme Mello Brasil: una mirada al espejo retrovisor. .

El peor error es considerar que es imposible cambiar las cosas 

Hay un sentimiento – que gana consenso – en estos tiempos ásperos. Se trata del nihilismo. El nihilismo siempre existió. Es hermano gemelo del cinismo, primo de la desesperanza y vecino del desaliento. Trabaja junto al escepticismo. Todos tienen un punto en común: consideran que no hay futuro. Que estamos todos jodidos y – principalmente – mal pagos. No hay nada que hacer. There is no alternative. El enunciador de las tesis nihilistas generalmente habla de "nosotros”, pero se refiere, en realidad, a una tercera persona indeterminada. 

La manifestación rastrera del nihilismo siempre concluye que el brasileño es así, que este país no tiene arreglo y que todo el mundo es un ladrón (especialmente los políticos, que nunca sirven). Brasil de hecho es una mierda, pregonan. El nihilista defiende el voto nulo. Dice no ser responsable de nada de lo que pasa aquí. En estos tiempos en que el gobierno de Dilma y el PT – que tantas esperanzas despertaron hace más de tres décadas aterriza - ¿forzado? ¿voluntario? ¿placentero?-, en la pista del neoliberalismo y provoca una decepción vertical, resurge con fuerza el nihilismo. Con una diferencia. Viene ahora como una supuesta explicación para el desastre. Y aparece con nueva ropa. Emerge como vertiente bien pensante, con notas al pié y bibliografía en las últimas páginas. Llega para decir que no se debe confiar en los políticos, en instituciones, y cita a teóricos iluminados de esa senda. 

Puede ser que propongan cambiar el mundo sin tomar el poder. Puede ser que denuncien a la “burocracia” partidaria – de izquierda, ¡claro! – en una lectura enrevesada de cánones weberianos o teóricos del “patrimonialismo” brasileño. Surge para decir que ninguna acción tendrá chance contra la ola ascendente ultraneoliberal, pues un ciclo se cierra, todo lo que fue construido en las últimas tres décadas terminó, que es preciso nuevas formas de hacer política (sin decir muy claramente de lo que se trata). No intente cambiar. No intente planificar. No intente organizar. Ni intente tentar. Ni intente, porque todo ya fue intentado y nadie dio en el blanco. Se terminaron las grandes narrativas. El mundo está fragmentado. 

La conducta llega a ser vista como chic. Genera personajes eternamente aburridos, clamorosamente chatos, pero con aura de sapiencia irrefrenable. Lo increíble es que frente a la crisis – política, económica, social y cultural – el nihilismo bien pensante nos reconforta. Alivia nuestra impotencia, funciona como bálsamo para nuestros fracasos y nos da la impresión de que ya hemos visto todo en esta tierra. Que ya nada es cierto, por lo menos el esfuerzo de buscar salidas nos es ahorrado. Usemos nuestro tiempo para otras cosas. Hoy, este es el principal enemigo a ser - racionalmente – combatido por quien quiere construir alternativas. 

El nihilismo mata voluntades, golpea la inteligencia y oscurece el futuro. No parece, pero nos desarma frente al avance conservador. Nos tira al piso frente a las Dilmas o Lulas, Temers, Cunhas, Renans, Alckmins, Richas y otros prestidigitadores de la vida pública. Nos lleva al fatalismo paralizante. Voy a decir aquí una cosa bobamente militante. Es hora de intentar. No intentar por deporte o por algún automatismo impersonal. Es hora de intentar, pues, como me decía un viejo comunista bauruense, Alberto de Souza (1908-1992), la teoría sin salida no nos sirve. Por más brillante que parezca. Escuchar sabios predicar que el mundo es una mierda y lo seguirá siendo, no paga la cera de los oídos que gastamos al escuchar ese discurso. El compañero Alberto tenía razones para hablar así. Encaró la Revolución de 1924 cuando apenas había dejado los pantalones cortos. Recorrió Brasil con la Columna Prestes. Fue reventado en la prisión, 1935, de donde salió para nunca más poder caminar. Se volvió un luchador y un organizador bravo y valiente. Ayudó en huelgas y movilizaciones. En el golpe de 1964 le robaron todos sus libros. Perdió amigos y camaradas. Pero pudo ver el resurgir democrático en los años 1970/80. 

En el fondo de su casita, en la periferia bauruense, sentado en una sillita de paja tomaba un palo y trazaba una línea en el piso de tierra, como un límite. -No sirve quien dice de aquí nadie pasa. La gente pasa o muere intentando. Es preciso transformar la derrota en victoria. Quien no hace eso, mejor se queda en su casa. Alberto no terminó la escuela primaria. Pero pensaba en grande. No leyó a Gramsci. Pero ejercitaba el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad como pocos que conocí. El mundo gira y la Lusitana rueda //1//. Salida siempre hay. Puede no estar a la vista. En ese caso requiere ser inventada. Usando las herramientas de siempre – organización, osadía, lucha, inteligencia – y sabiendo de qué lado se está. No es fórmula ni consejo. Requiere alguna práctica y un poco de habilidad. Nota: 1/ Publicidad muy popular en Brasil, hace ya unos años, de la empresa de mudanzas Lusitana. 

Gilberto Maringoni es periodista, profesor de Relaciones Internacionales de la UFABC. 

La suba de los intereses atiende sólo al mercado y sacrifica a la población 

En la visión de los ortodoxos de turno, la credibilidad es un bien de primera necesidad. El producto, claro, viene embalado con el rótulo de autonomía del Banco Central (BC), de preferencia en mandato discontinuado con respecto al mandatario electo por el pueblo. Para ellos sólo un Banco Central confiable lleva las expectativas inflacionarias al centro de la meta (4,5%), en 2016, y la diferencia entre ese valor y el que el mercado prevé para ese año (5,6%) mide la pérdida de credibilidad de la institución. (Ese BC, sostienen, no es digno de confianza, pues su presidente, Tombini, no entrega lo que promete). Pero eso todavía es poco: para ellos, la única forma de persuadir al “público” de que la economía será conducida con responsabilidad es que le equipo económico no se sujete al papel de marioneta, como habría ocurrido durante el primer gobierno de Dilma. No basta, entontes, un BC independiente del gobierno. 

Es el equipo económico en su conjunto el que debe serlo. Quien sabe, de esta manera, si a la par del presidente del BC, no fuese el caso de elegir también un ministro de Hacienda en mandato discontinuado con el mandatario electo. Así, el gobierno “gobernaría” y los responsables y celosos técnicos cuidarían de la economía. 

Levy sin amarras 

En otras palabras, imaginemos un Joaquim Levy sin amarras políticas, libre para recortar a gusto los gastos públicos, importando poco la profundización del círculo vicioso ya en curso – ajuste fiscal – caída del producto, caída de la recaudación, decae el resultado primario, más ajuste, y, junto con ese Levy, un presidente del BC igualmente libre para subir a gusto la Selic (tasa de referencia). Esa desconexión, total y absoluta, entre política y economía ¿no sería el paraíso de las finanzas y el paraíso fiscal? En el paraíso de las finanzas existente hoy en Brasil (de donde aún son expulsados todos los heterodoxos), hay una cuenta que se hace y otra que nunca se hizo. Lo que se hace: a cada aumento del 10% en el salario mínimo, los gastos del gobierno suben cerca de 25.000 millones (al final, en el lenguaje de nuestros celosos técnicos, cualquiera que estudia las cuentas públicas sabe que es insustentable la política de aumento persistente del salario mínimo por encima de la inflación). 

La cuenta que nunca se hizo

La cuenta que nunca se hizo: a cada aumento de un simple 1% en la tasa Selic, los gastos del gobierno suben cerca del R$ 14.000 millones. 

El primer aumento es puro despropósito, el segundo, necesidad incontrolable. odo pasa como si el dinero que paga el aumento del salario mínimo reventara las cuentas públicas, mientras que el otro, el que paga el aumento de la riqueza financiera, no provocara milagrosamente ningún mal (por el contrario, porqué además reduce la inflación, ¿cierto?). Los felices ciudadanos del paraíso de las finanzas (algunos pocos miles) disponen de ese dinero bendito, en tanto los millones de vivientes restantes sólo tienen a su alcanza el dinero que hace sangrar. Es forzoso concluir que “el público” para el cual son tan necesarias tales credibilidades y responsabilidad es bien reducido: se resume a los agentes del mercado financiero. Los celosos técnicos deben velar por ellos y por la producción del dinero milagroso. Lo que parece como una exigencia técnica, ignora que la economía es política, por implicar opciones, es presupuesto esencial del discurso que hizo triunfar en Brasil, hace más de dos décadas, el paraíso de las finanzas, en detrimento del país que abriga a los millones de vivientes restantes. 

Leda Paulani es profesora del departamento de economía de la FEA-USP. Folha de Sao Paulo 5-06-2015 

Primeros resultados del ajuste brasileño: presente sombrío, futuro incierto 

Después de cinco meses de cambios en la dirección de la política económica del gobierno, el ajuste fiscal y monetario puesto en práctica por el ministro Joaquim Levy y el Banco Central presenta sus primeros resultados. Antes de ir a los datos coyunturales de la economía brasileña y buscar entender su conexión con las actuales pautas fiscales, cabe repasar rápidamente los principales objetivos del ajuste recesivo puesto en marcha desde el comienzo del segundo gobierno de Dilma Rouseff: la recuperación del superávit primario contribuiría a la recuperación de las expectativas del mercado, tanto con respecto a la inflación como al crecimiento. 

El aumento del ahorro público ayudaría a reducir el ritmo de aumento de los intereses, que no estarían combatiendo el efecto del incremento de los precios solamente; mientras tanto, la reanudación de la confianza empresarial reduciría el interés de largo plazo, incentivando la inversión y en consecuencia, aumentando el crecimiento. La contratación fiscal sería expansiva, pasando por sólo un corto período recesivo necesario para recuperar la confianza en las políticas del Estado. Estos objetivos arriba citados, aparentemente no caminaron a su logro en estos primeros cinco meses. El ajuste fiscal, perjudicado por la caída de la recaudación como consecuencia de la desaceleración económica, está en estado terminal: es casi seguro . La inflación, impulsada por el incremento en los precios de las tarifas públicas, a partir de marzo, por la devaluación cambiaria acumulado en los primeros meses del año, ciertamente romperá el techo el techo de la meta y se cerrará el año por encima del 8%. 

El crecimiento económico es negativo y las perspectivas de recesión se amplían, impactando el mercado de trabajo, llevando al aumento del desempleo y a la disminución de los ingresos. Las expectativas de los empresarios no se recuperarán y no paran de caer, batiendo nuevos récord de mínima cada mes. El sector externo, la última esperanza de la recuperación económica del gobierno parece no responder a la devaluación del tipo de cambio y sigue con déficits preocupantes en las transacciones corrientes (aunque totalmente financiable por las inversiones extranjeras directas). En suma, la única variable que camina en la dirección prevista por el gobierno es la expectativa de la inflación y de las tasas de interés para 2016, que apunta a la caída de las previsiones, pero siempre sujetas a cambios dada las sorpresas alcistas de la inflación incluso en 2015. El costo de esa reducción, sin embargo, parece ser mucho mayor de lo que el gobierno espera, así como la duración de la recesión que se avecina. 

Resultados fiscales 

El resultado fiscal del gobierno central en marzo registró un superávit primario de R $ 1.463 millones, revirtiendo parte del déficit de $ 7.357 millones en febrero. Con estos números, el resultado fiscal del gobierno central fiscal acumulado en el años es positivo R $ 4.485 millones (contra resultado positivo de R $ 14,4 mil millones en el mismo período en el 2014), pero sigue siendo negativo en el acumulado de los últimos 12 meses, cuando registra un déficit primario de R $ 27,3 mil millones, o sea el 0,49% del PIB. El ritmo de ingresos se mostró en caída, habiendo pasado de R$ 86.5 mil millones en marzo de 2014 a sólo RS $ 82,6 mil millones en 2015, incluso con la ampliación de la participación de los impuestos indirectos aumentados recientemente por el gobierno (especialmente el IPI). En el acumulado del año, hasta marzo, en comparación con el mismo periodo de 2014 fue del 4.4%. Por el lado del gasto, hubo una reducción menos drástica, 0,8% en el año hasta marzo. Gran parte de la reducción del gasto, sin embargo, está ligada a los profundos recortes en la inversión pública, que significó un recorte del 26.7% en comparación con el mismo período en 2014, con el PAC (Programa Aceleración del Crecimiento) mostrando una reducción del 32,5% en relación a marzo de 2014. Con los resultados actuales, la meta de un superávit primario de R $ 55,3 mil millones, para el gobierno federal, establecida para 2015, es muy distante, en particular dada la recurrente caída de datos de los ingresos fiscales. 

El resultado fiscal sector público consolidado, que agrupa a que Estados, municipios y empresas estatales, fue sólo R$ 239 millones en marzo, dado el déficit de $ 1,1 mil millones de los gobiernos regionales y R$ 97 millones de las estatales. Hasta la fecha, el superávit es de R$ 19 mil millones (comparado con $ 25,6 mil millones del primer  trimestre de 2014) y el déficit primario acumulado en 12 meses se amplió de 0,64% a 0,7%. También aumentó el déficit nominal acumulado en 12 meses, pasando de 6.83% del PIB en febrero a 7.81% del PIB en marzo. Este conjunto de datos evidencia una situación esperada por algunos analistas, incluso con un pesado recorte en los gastos (concentrado en gastos de inversión y el gasto social), la caída en los ingresos no debe permitir el logro de la meta de 1.2% primario. 

Actualmente, los analistas más optimistas confían en la posibilidad de un superávit primario del 0,8% para finales de 2015, siempre y cuando sean aprobados los proyectos enviados por el gobierno acerca de la revisión de los derechos de los trabajadores y la quita de subsidios en la nómina de pagos. En caso de que la recesión se profundice, estas predicciones deben cambiar, reduciendo las expectativas de ingresos y el superávit esperado, lo que creará una nueva ola de presión al gobierno para más recortes en el gasto público. 

Inflación y política monetaria 

En el campo de la inflación, el Índice de Precios al Consumidor Amplio (IPCA-15) registró un alza del 1,07% en abril, un descenso en comparación con el índice del 1,24% verificado en marzo. El elemento principal para influir en el índice continua siendo el costo de energía eléctrica, que subió 13.02% (derivado de la puesta en vigencia de nuevas bandas tarifarias y del incremento de tarifas autorizado por el gobierno), responsables del 42% del IPCA-15 y 0,45 puntos en el índice total. Con este aumento, el grupo de viviendas mostró una aceleración de 2,78% a 3,66%, seguido por el aumento del grupo alimentos y bebidas 1.04% y 0.94% del grupo de ropa. 

Con este resultado, el IPCA-15 acumulado 12 meses fue del 8.22% en abril (mayor que el resultado de marzo, cuando el acumulado sumaba 7,9%), mientras era sólo del 4,61% en el año 2015. En respuesta, el Copom (Comité de política monetaria del Banco Central) decidió un nuevo aumento de 0,5% en la tasa Selic, llevándola al 13.25%, la tasa más alta desde diciembre de 2008. En sus consideraciones, el Banco Central repitió el comunicado anterior, dejando abierta la posibilidad de nuevos máximos en la tasa de interés. El aumento de los intereses en medio punto porcentual ya se esperaba en el conjunto del mercado, después de las declaraciones en ese sentido de miembros del Banco Central. Nuestra autoridad monetaria se vale de un fuerte ajuste monetario (con evidentes costos sobre las inversiones y la deuda pública, lo que deteriora los resultados fiscales nominales) para prevenir la propagación de golpes inflacionarios derivados del aumento de las tarifas públicas y de la reciente devaluación del tipo de cambio. Aun así, las expectativas son de que la inflación cierre el año alrededor del 8 %, retrocediendo sólo en 2016, cuando hay un conflicto entre las expectativas del Banco Central (que insiste en que la inflación caerá hacia la meta en 2016) y el mercado, que todavía proyecta una inflación del 5.6%, incluso con todo el ajuste monetaria y fiscal hasta entonces. 

Crecimiento económico y el mercado de trabajo 

En el campo del crecimiento económico, el IBC-Br, una especie de vista previa del PIB calculado por el Banco Central, señaló la expansión de la economía brasileña en febrero, contra la expectativa promedio de los analistas, que apuntaban a una caída del 0,2% en el indicador. 

Según los datos publicados por el Banco Central, Brasil presentó un crecimiento de 0.36% en la actividad económica en febrero, revertiendo la caída del 0,11 por ciento en el mes anterior, pero todavía no llega a compensar la caída del 0,57% observado en diciembre de 2014. En el acumulado de 12 meses, el IBC-Br presentó una variación negativa de 0,6%, peor que el dato de una caída del 0,38% de enero. La media móvil trimestral, sin embargo, demostró una cierta mejora, cayendo 2,18% en febrero después de la disminución del 2,7% en agosto. Para el final de 2015, el BC mantiene la estimación de una caída del 0,5% del PIB, mientras que el reciente boletín Focus advierte una caída mayor, del 1,01%. En el mercado de trabajo, la tasa de desempleo medida por la Encuesta Mensual de Empleo (PME) del IBGE se mostró alta en marzo, llegando alrededor del 6,2%. En el mes de febrero, la tasa era del 5,9%, habiendo partido de un 5.3% en enero. En marzo de 2014, la tasa fue del 5%. El aumento en la tasa de desempleo de marzo resultó en gran medida del aumento de la población desocupada, con el despido de 48.000 personas. 

La Población Económicamente Activa (PEA) también creció en este período, aumentando en 27 mil personas. Del lado del ingreso, se registró una caída del 2.8% en el rendimiento promedio de marzo respecto a febrero, con caída de 3% en comparación con el mismo mes de 2014. La posibilidad de un aumento significativo en la tasa de desempleo depende del rápido incremento de la PEA y de la disolución de los contratos colectivos de trabajo a mediados de año, así como la continuidad de la crisis en la industria de petróleo y gas, infraestructura y la construcción civil. Ya los índices de confianza presentan variaciones discrepantes: en la industria continúa el proceso de deterioro de las expectativas, con una caída de 3,4% en el índice de confianza industrial (ICI) calculado por la FGV (Fundação Getulio Vargas), alcanzando el nivel de 72,8 puntos (donde cualquier número por debajo de 100 indica retracción). En el sector de servicios, sin embargo, los resultados de la encuesta de confianza en abril, también de la FGV, mostraron una tendencia en el índice; que aumentó 4.2 por ciento, alcanzando los 85,9 puntos. 

Esta mejora se dio, en particular, por la recomposición de los índices de confianza a futuro, como resultado del enfriamiento de la crisis política y el fin de un riesgo de racionamiento de electricidad. Como regla general, tanto como la confianza de los empresarios como de los consumidores están en la cancha de pesimismo, batiendo registros negativos similares a los registrados en 2009, durante la crisis estadounidense. La recuperación de la confianza parece no tener lugar sólo por el anuncio de una reducción del déficit público, exigiendo medidas de recuperación económica más sólidas. 

Sector externo 

Balanza comercial de Brasil con el resto del mundo en la tercera semana de abril fue negativo en US$ 240 millones, resultado de exportaciones por US$ 3745 millones y las importaciones totalizando US $ 3985 millones. A pesar de mostrar una suba en la comparación semanal, pasando de un promedio diario de 721,9 millones de dólares, en las primeras semanas del mes, a un promedio diario de $ 749 millones en la tercera semana, el volumen de las exportaciones cayó en la comparación mensual y anual, habiendo caído el 5 por ciento en comparación con el mes anterior y pasado de una media diaria de 986,2 millones de dólares en abril de 2014 a sólo 733,2 millones de dólares en abril de 2015, un rendimiento 25.7% peor. La caída de las exportaciones alcanzó todas las categorías de bienes (básicos, semimanufacturados y manufacturados), pero resultó ser más pronunciada en la declinación de los productos básicos (29,4%), dada la caída en el precio de los productos básicos en los mercados internacionales. 

Por otra parte, el volumen de importaciones también presentó una reducción, pero de menor cuantía, con la caída del 22,8% en comparación con el promedio diario registrado en abril de 2014. El resultado más reciente amplió el déficit comercial brasileño registrado en el año, que alcanzó el valor negativo de US$ 5665 millones. Con estos resultados, el déficit en las transacciones corrientes alcanzó 4.22% del PIB en marzo, efecto también de la reformulación de la metodología de cuentas externas hecha por el Bacen, que amplió el déficit, pero también amplió el volumen de inversiones extranjeras directas que lo financiaban. Las perspectivas para el sector externo son la reducción gradual del déficit comercial, como consecuencia de la desaceleración en las importaciones. La esperanza de que una tasa de cambio más desvalorizada incentive las exportaciones parece ser irreal, dado el escenario de bajo crecimiento y la desarticulación de nuestras cadenas productivas, para no hablar del reciente movimiento de revalorización del tipo de cambio, que no apunta a una tendencia clara para el futuro y crea incertidumbres para los potenciales exportadores. Ya en la balanza de servicios, el cambio en el nivel de tasa de cambio comienza a tener efecto en la cuenta de los viajes internacionales, reduciendo nuestro déficit en el sector servicios. 

A pesar de esta ligera mejoría, todavía tomará algunos años para llegar a los niveles considerados saludable del déficit en las transacciones corrientes (algo próximo al 3% del PIB) en el actual escenario internacional, teniendo hasta entonces que ser financiados por la inversión extranjera directa y cartera. 

Conclusiones 

Los datos presentados aquí sobre la economía brasileña apuntan a un escenario de recesión, desempleo, alta inflación y pocos avances en la reducción del déficit público (en realidad, lo que se observa es una expansión del déficit nominal, dada la elevada tasa de interés). La promesa de que todos estos factores se revertirán este año parece cada vez más distante, siendo casi seguro que este cuadro negativo permanecerá hasta finales de 2015. Ya en 2016, en ausencia de cambios en la estrategia de la política económica actual, parece haber ningún factor de reversión estructural del ciclo recesivo en el que entramos, con el sector externo todavía muy debilitado (la revaluación del real, dada la elevación de tasas de interés domésticas y el mantenimiento de la tasa de interés estadounidense, tira por tierra cualquier expectativa de recuperación económica por la vía de las exportaciones) y con una demanda interna claudicante, dado el aumento del desempleo, la disminución de los ingresos y de las inversiones autónomas. Los signos de un paquete de infraestructura, en el régimen de concesiones públicas, parece ser la única buena noticia que podría animar algún aumento de la confianza de los empresarios, pero frente a la debilidad de las principales empresas nacionales es que se cuestiona la viabilidad de tales obras 

De positivo, queda la certeza de que 2016 mostrará una tasa de inflación inferior a la del 2015, así como una reversión en la trayectoria de alta de interés. Esta reversión, se combina con el mantenimiento de la devaluación del tipo de cambio y una rápida expansión de la inversión privada (nacional y extranjera) que puede, en teoría, sacar a la economía de su trayectoria recesiva a pesar de que todos los datos están hoy apuntando en la dirección opuesta. Lo más probable, sin embargo, es que 2016 se registre bajo crecimiento, alto desempleo e inflación más cerca del centro de la meta, un escenario que en nada ayuda a la construcción de un proyecto de desarrollo más inclusivo e igualitario. 

Guillerme Mello, es economista doctorado por la Unicamp e investigador del Cecon- IE/Unicam 18-05-2015, publicado en la revista Política Social e Desenvolvimiento 

Selección y traducción: Carlos Abel Suárez 

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