Una mirada sobre la evolución de la cuenta "turismo y viajes" leemos en Analytica , que más allá de sus chicanas opositoras muestra la magnitud del fenómeno ( 8.000 millones de dólares para este año) y la necesidad de contención inmediata.
La caída de las reservas Internacionales no se detiene: finalizaron octubre en USD 33.446 M, con una pérdida acumulada cercana a USD 10.000 M en el año. Ésta es la peor performance desde 2001. Si bien la mayor parte de la reducción se debe a los pagos de deuda pública, lo más preocupante es la tendencia crecientemente deficitaria en el mercado cambiario.
De hecho, tras adquirir poco más USD 1.200 M en el primer
semestre, cuando aprovechó la mayor liquidación de divisas del agro,
desde julio el Banco Central vendió más de USD 3.000 M, la mitad en el
último mes.
En un esquema de control de cambios como el actual, es importante
tener en claro cuáles son los distintos canales de fuga de dólares. Es
conocido que el marcado deterioro del balance cambiario se origina en el
hecho de que el superávit comercial, en baja por las mayores
importaciones de combustibles, no alcanza a cubrir la creciente demanda
de moneda extranjera para pagar deuda y para gastos computados en la
cuenta “turismo y viajes”.
Ahora bien; ¿qué sucede en esta cuenta, hoy acusada como la culpable
de buena parte de los problemas del sector externo? En las estadísticas
disponibles del Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) del BCRA es
notable su fuerte deterioro en los últimos tres años: de un superávit de
USD 1.400 M en 2010, en 2011 cayó a USD 300 M, acelerando esta
tendencia en 2012 cuando pasó a un déficit de casi USD 3.000 M. Para
este año Analytica proyecta un rojo no inferior a USD 8.000 M en la
cuenta “turismo y viajes” del MULC.
Conviene dejar en claro qué conceptos se incluyen en la cuenta:
abarca tanto la demanda de dólares para abonar paquetes turísticos como
los consumos en dólares realizados a través de tarjetas de crédito, que
suponen tanto el retiro de efectivo en un cajero automático en el
exterior como bienes y servicios adquiridos en dólares en el extranjero.
La novedad es que también incorpora las cada vez más dinámicas compras
por internet (e-commerce).
Una porción del creciente déficit que refleja esta cuenta se explica
porque previo al cepo cambiario, los argentinos demandaban directamente
las divisas y no informaban si las utilizarían para viajar o para
ahorrar; las estadísticas del MULC incorporaban esta demanda bajo el
concepto de “formación de activos externos”, comúnmente llamado “fuga de
capitales”.
Una forma alternativa y más detallada para evaluar el comportamiento
de las cuentas externas, como la de viajes y turismo, proviene de la
información del Balance de Pagos (BP). A diferencia del mercado (y
balance) cambiario que registra las transacciones en moneda extranjera,
el BP utiliza el criterio de residencia y en lugar de un registro, es
una estimación. A pesar de estos aspectos metodológicos, el resultado de
ambos enfoques es el mismo y se refleja en la variación de las reservas
internacionales.
En lo que respecta a la cuenta “Viajes” del Balance de Pagos, incluye
todos los bienes y servicios adquiridos por un residente en el exterior
y de un no residente en el país utilizando una amplia encuesta en base a
la cantidad total de turistas que entran y salen del país (no sólo los
que vacacionan sino también los movimientos en las zonas fronterizas)
por lo que es una mejor estimación que la Estadística de Turismo
Internacional que publica el INDEC todos los meses. Esto permite una
mejor comprensión de la dinámica del sector dado que no importa cómo se
pague el bien o servicio.
Otra virtud de la información provista por el Balance de Pagos es que
también incluye el “mercado blue”. Supongamos el caso de un turista
extranjero que ingresa al país y en lugar de liquidar las divisas en el
mercado oficial de cambios a $ 5.90 los cambia en la conserjería del
hotel a una cotización superior. En ese caso, el MULC no registraría
ninguna operación pero el BP sí: podrá cruzar información de los
consumos en el hotel y al mismo tiempo computar la formación de activos
externos de un residente. Vemos que ambos casos las reservas
internacionales no cambiaron. Si un turista argentino utilizara la
tarjeta para sacar dólares de un cajero automático en el exterior, el
balance de pagos estaría en condiciones de distinguir lo que destinó
para servicios de lo que dirigió al ahorro en moneda extranjera.
Por estas razones la cuenta “Viajes” del BP no refleja en 2013 una
tendencia al déficit tan drástica como el MULC. Es más; esta cuenta del
BP sigue la tendencia al deterioro del resto de las cuentas del sector
externo, siendo tan deficitaria como lo fue durante la convertibilidad
(0.6% del PBI), por el simple hecho de que el gasto total de turistas
extranjeros en el país cae más rápido de lo que lo hacen los gastos de
turistas argentinos en el exterior.
La información provista por el Balance de Pagos es contundente, y
contraría los datos del MULC: en la actualidad, no habría un “boom” de
argentinos viajando al exterior. De hecho, en lo que va del año el BP
muestra una caída de 8% (básicamente a Uruguay y Brasil), aun cuando
aumenta 7% los turistas a los Estados Unidos, Europa y Asia. El aumento
del número de turistas argentinos al exterior comenzó en 2005, antes del
cepo, y es una tendencia que parece haberse estabilizado en sus
cantidades.
De acuerdo a las estadísticas del MULC del BCRA, como dijimos, en
2013 el déficit de la cuenta “turismo y viajes” sería de USD 8.000 M.
Para el balance de pagos, de USD 1.500 M.
Evidentemente, la diferencia
no puede computarse estrictamente sobre el sector turístico. De hecho,
estimamos que unos USD 1.000M provienen de la menor liquidación de
dólares de turistas extranjeros en el Banco Central (por el diferencial
cambiario) y el resto a distintas formas que los argentinos encontraron
para eludir el cepo: los retiros de efectivo con tarjetas de crédito, y
las compras con plásticos en el exterior, tanto en viajes como en sitios
web desde la propia Argentina (comercio electrónico). Aquí no sólo
aparecen los individuos, sino también numerosas empresas. A través de
e-commerce, el año pasado en Argentina se hicieron transacciones por
alrededor del USD 2.600 M, sólo superado en la región por Brasil (USD
25.000 M) y México (USD 6.000 M). Ello incluye transacciones en el
mercado doméstico (supermercados, librerias, etc.) como así también en
el extranjero (pasajes de avión, Ebay, Amazon, Itunes, etc.).
El problema básico es que el cepo fue creado sólo para impedir el
ahorro en dólares, pero no se convirtió en una restricción real para el
gasto en esa moneda. En consecuencia, lo que antes era fuga (ahorro)
ahora se canaliza hacia otras vías de consumo.
Los intentos del gobierno para frenar el drenaje de divisas por
consumos de tarjetas de crédito evidentemente no están dando resultados.
El recargo (a cuenta del impuesto a las ganancias y bienes personales)
fue establecido en octubre del año pasado y pasó del 15% al 20% seis
meses más tarde. Como la brecha con el dólar “blue” siguió aumentando,
la medida estuvo lejos de ser exitosa: sigue siendo “rentable” el retiro
de dólares en cajeros del exterior, a pesar de las restricciones que
impusieron las emisoras de tarjetas de crédito (por cada una, USD 100
por trimestre en países limítrofes y USD 800 por mes en no limítrofes).
El gobierno analiza alternativas para moderar el drenaje de las
reservas del BCRA. Desde aumentar el recargo (negado hasta ahora por la
AFIP), hasta desdoblar el mercado con un dólar turista (proyecto
resistido por el BCRA) o bien imponer un cupo anual de gastos con
tarjeta en el exterior, al estilo Venezuela. También se estarían
evaluando otras opciones, como el pago de los consumos con tarjeta a la
cotización de algún bono utilizado para las operaciones de “contado con
liqui”.
En el fondo, cualquier medida de este tipo confirma la fragilidad
creciente del sector externo. La Argentina no está generando dólares
suficientes para atender las distintas demandas, proceso que termina
afectando el nivel de reservas del Central y aumentando la percepción de
riesgo sobre la economía argentina.
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