El desbarajuste inflacionario de 2018 tuvo una magnitud difícil de predecir hace un año atrás. A la espera del último número correspondiente a diciembre, ya se tiene la seguridad de que estamos ante el año de mayor aumento de precios desde 1991. Claro que la principal razón de estos aumentos es el salto cambiario exorbitante del 100%, cifra que no se observaba desde la salida de la convertibilidad.
Una de las particularidades de esta mega devaluación tiene que• ver con su incompleto traslado a precios. Dada la imposibilidad de la demanda interna de hacer frente a aumentos de precios tan desacoplados de las variaciones salariales, aún se verifica un efecto latente de “inflación reprimida” en la economía.
A su vez, hay fuertes heterogeneidades y asimetrías en el proceso inflacionario vigente. Lejos de registrarse una uniformidad en los aumentos de precios, algunos productos registran incrementos muy desacoplados del promedio general. Entre los que más suben, se encuentran los bienes primarios propios del consumo alimentario básico. Se trata de bienes de baja elasticidad, que típicamente no pueden ser sustituidos por otros o postergados en su consumo ante aumentos de precios. Los bienes alimentarios básicos componen una proporción mayor del consumo de las familias que conforman los segmentos socioeconómicos más bajos.
Por lo tanto, subas descomedidas en estos productos tienen impacto directo en los indicadores de pobreza y de indigencia. Hay una vinculación directa entre aumento de tipo de cambio y• precios de los alimentos, y en este proceso devaluatorio está cada vez más latente. En la presente infografía, indagamos en los aumentos de precios de los alimentos en los últimos meses. A partir de un relevamiento de precios, computamos las principales subas del mes de diciembre, y las vinculamos a los aumentos en el resto del año. Además, evaluamos diferentes medidas de ingresos en relación al precio de los alimentos.
Del muestreo de productos cuyo precio se midió en diciembre, se encuentran aumentos promedios del 4,3%. Esto establece un piso alto para la inflación del último mes de 2018 y un consolidado proyectado para los alimentos del 64%, esto es, más de 15 puntos sobre la inflación espera. Es el detalle por productos, se registraron en diciembre subas considerables en huevos (+17,8%), yerba mate (+6,3%), hamburguesas congeladas (+6,0%), fideos secos (+5,2%), salchichas (+5,0%), dulce de leche (+4,8%) y harina (+4,4%).
Estos aumentos traslucen un proceso asimétrico que se• separan de la inflación promedio general. Por caso, el rubro “leches, lácteos y huevos” del IPC aumentó 2,6 puntos más que el promedio en 2018 (12,8 puntos más en dos años), el rubro “café, té, yerba y cacao” subió 13,2 puntos más en 2018 (16,7 más en dos años), “aceites, gracias y manteca” trepó 15,3 puntos más en 2018 (13 más en dos años) y “pan y cereales” creció 15,5 puntos más en el año (15,8 más en dos años).
Por su parte, en el canal mayorista, el índice general se• incrementó 11,2 puntos más que los insumos agrícolas. La contracara de este proceso es la rotunda caída del poder adquisitivo de los salarios. Expresado en términos de canastas básicas alimentarias, en el último año las jubilaciones medias perdieron 1,6% en términos de capacidad de compra, la asignación por hijo perdió 6,6% y el salario mínimo cayó 10,2%

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