Aún bajo diversos formatos de Estado, frente a la irrupción de proyectos conservadores la CGT se dividió en dos alas, una aliada al gobierno conservador y otra opositora, siempre con matices internos en ambos sectores.
Ahora mismo sobrevuela la posibilidad de fractura de la CGT. Nada nuevo.
Es ya una ley de formación y funcionamiento histórica de la organización gremial, atribuible tal vez ( hipótesis provisional) a la notable heterogeneidad ideológica y de proyecto de la dirigencia gremial, sobreimpresa a las notables asimetrías en el impacto sobre el mercado de trabajo de los proyectos conservadores.
Lo notable es que las etapas más operativas del Movimiento Obrero Organizado (MOO), las de mayor nivel de confrontación y mejores niveles de acumulación de poder y resultados reivindicativos específicos se dieron tras las rupturas.
La evidencia histórica muestra que para los sectores más dinámicos del MOO, la vieja unidad construida en etapas de flujo y ascenso económico social, resultó un lastre para los tramos de reflujo y retroceso socio económico y que tras las rupturas el polo más dinámico y confrontativo es el que finalmente restaura la unidad de la confederación.
Pablo Portillo
La Confederación General del Trabajo, fundada el 27 de setiembre de 1930, fue fruto de un acuerdo entre la dirigencia de los sindicatos socialistas y anarquistas, a los que luego se sumaron los comunistas, pero la unidad tuvo corta vida ya que cinco años después de su creación se produjo la primera división que dio lugar a la CGT Independencia integrada por socialistas y comunistas y a la CGT Catamarca, anarquista, que dos años después retomaría el nombre de Unión Sindical Argentina.
En 1942 se produjo otra ruptura que derivó en la constitución de la CGT1 y la CGT2. Con la aparición en el escenario político del coronel Juan Perón se inició un proceso de reunificación que se extendió hasta el golpe de Estado del 16 de setiembre de 1955, cuando la CGT fue intervenida y coexistieron tres agrupamientos, las 62 organizaciones peronistas, los 32 gremios autodenominados «democráticos» que apoyaban el golpe y los 19, de extracción comunista.
Recuperada la organicidad durante el gobierno de Arturo Frondizi, una nueva escisión se produjo cuando las profundas divergencias generadas por la dictadura de Juan Carlos Onganía derivaron en la constitución de la CGT de los Argentinos, una de las experiencias más democráticas y combativas del sindicalismo nacional. De las filas de la CGTA, cuyo lema era «Sólo el pueblo salvará al pueblo», surgieron dos líderes que tuvieron gran incidencia en las puebladas que signaron la resistencia a la dictadura corporativista y reaccionaria: Agustín Tosco y Raimundo Ongaro. La CGT Azopardo agrupaba a los gremios que adherían al colaboracionismo.
Durante el tercer gobierno peronista la unidad fue reestablecida, hasta que la entronización de la dictadura cívico-militar de 1976, que intervino y disolvió la CGT, reavivó las diferencias entre combativos–el Grupo de los 25– y los capituladores de la Comisión Nacional del Trabajo.
El regreso de la democracia en 1983 restituyó la unidad pero duró poco, porque resurgieron las diferencias, dando lugar a la CGT San Martín y la CGT Brasil, conducida por Saúl Ubaldini.
En 1991, un conjunto de gremios que se oponía a las políticas neoliberales del gobierno de Carlos Menem resolvió abandonar la central obrera y fundar un nuevo agrupamiento que retomaba las banderas de la democracia sindical y la independencia política, el Congreso de Trabajadores Argentinos (CTA), que más tarde sería bautizado Central de Trabajadores Argentinos. Por la misma época, aunque sin retirarse de la CGT, otros sindicatos constituyeron el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA) para enfrentar las políticas privatistas del menemismo. Lo que vino después forma parte de la historia reciente.
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