2/02/2018

la grieta generacional


Rejuvenecer España

'El muro invisible', de Politikon, es un sólido estudio sobre el incierto porvenir de España por la ruptura del pacto entre generaciones


La Navidad es un momento de encuentros y evocaciones familiares, especialmente en un país donde la familia sigue teniendo tanto peso simbólico. Sus cenas son ya una fábrica de tópicos sobre nuestras dificultades para ponernos de acuerdo, especialmente entre generaciones. Más allá de los chistes, en España tenemos un severo problema de desencuentro entre cohortes de españoles que viven en condiciones cada vez más diferentes, usan criterios de valoración cada vez más alejados, hablan idiomas casi paralelos y tienen dificultades y expectativas muy distintas. Mientras que la crisis territorial y de encaje plurinacional, la socio­económica o la democrática han recibido gran atención —la brecha entre mujeres y hombres comienza a ganar también, afortunadamente, peso en la agenda—, la grieta que se ha abierto entre generaciones ha sido poco tratada, discutida, investigada.
En España, la crisis y su fanática gestión terminaron de romper un maltrecho “pacto intergeneracional” —las estructuras de compromiso y protección social que trenzan los esfuerzos de cada generación con la anterior y la posterior, la base material de la solidaridad nacional— hasta el punto de convertirnos, de forma acelerada, en un país hostil para sus jóvenes. Por eso es tan pertinente El muro invisible, el ensayo del colectivo de sociólogos y politólogos Politikon.Habría sido fácil caer en la tentación de hacer un manifiesto por la juventud o un ajuste de cuentas generacional. Sin embargo, nos encontramos con un estudio de sólida base empírica que muestra genuina preocupación por el futuro de España —incierto porvenir aguarda al país que alumbra una juventud sin futuro—. Una rica mirada multidisciplinar atraviesa todos los capítulos, con el trabajo extra que supone una obra colectiva pero no fragmentada y, sobre todo, con una admirable perspectiva comparada no solo en relación con generaciones anteriores, sino, sobre todo, en relación con Europa: preguntarse por qué los españoles sufrimos determinados problemas —el desempleo y la precariedad, el abandono y fracaso escolar o la dificultad para formar una familia— en mayor medida que el resto de jóvenes europeos es un reto que entronca con la mejor tradición regeneracionista de nuestra historia.

Ningún país puede afrontar su futuro con vigor si no es capaz de reunir en torno a códigos, horizontes y derechos a sus mayores y a sus jóvenes

Si el primer bloque del libro justifica estadísticamente la hipótesis de la ruptura del pacto intergeneracional, la segunda parte aborda la necesaria reforma de los pilares centrales de nuestro modelo de sociedad: un mercado laboral marcado por la dualidad y la persistencia del desempleo, un sistema educativo que no garantiza la igualdad de oportunidades y un modelo de bienestar y pensiones sostenido sobre dos instituciones en crisis, como son el empleo y la familia.
En los últimos años, el Partido Popular ha mantenido, con fines electorales y cortoplacistas, una promesa imposible: que las pensiones se podían mantener intactas mientras se trituraban las condiciones sociales y laborales de quienes tienen que mantenerlas. El desenlace de esta política suicida ha llegado este mismo mes, cuando por primera vez el Gobierno ha tenido que recurrir al endeudamiento para hacer frente a la paga extra de los pensionistas, una vez liquidada la conocida como hucha de las pensiones. Comprobamos así que el pacto intergeneracional no puede cumplirse a medias, que cuando la juventud apenas puede sostenerse a sí misma, difícilmente puede cargar con el coste del sistema de pensiones.
No se trata solamente de que los salarios —y con ellos las aportaciones a la Seguridad Social— hayan caído sustancialmente desde la crisis, sino que además la pirámide demográfica se estrecha año a año. Hay que decirlo con rotundidad: formar una familia se ha convertido en un deporte de riesgo. España ha pasado de ser, hace 40 años, uno de los países europeos con más natalidad a estar hoy en el vagón de cola. Como documenta sobradamente este libro, no es una cuestión de voluntad, sino el producto de una carrera de obstáculos marcada por la falta de ayudas a la emancipación, el alto precio de la vivienda, la proliferación de empleos “inseguros y atípicos” o la ausencia de escuelas infantiles gratuitas. La consecuencia de esta hostilidad hacia las familias por parte del Gobierno que decía defenderlas es una tasa de pobreza infantil cercana al 40%, que se concentra especialmente en los hogares monoparentales y por tanto en las mujeres. Algo que no solo debería estremecernos, sino también preocuparnos, pues la pobreza no se cura con la edad. Decía Esping-Andersen que la reforma de las pensiones debiera empezar por los niños; haríamos bien en tomar buena nota de ello.

La situación es producto de una carrera de obs­táculos: falta de ayudas a la emancipación, alto precio de la vivienda, empleos inseguros...

Cabría hacer tres aportaciones de carácter más crítico a los autores. La primera de ellas se refiere a la ausencia de datos segregados por comunidad autónoma, que no solo ofrece una imagen homogénea de España que por desgracia está lejos de la realidad, sino que además dificulta el necesario aterrizaje de muchas de sus propuestas al marco competencial vigente —­por ejemplo, la propuesta de blindar un suelo de financiación para la educación es inseparable de la necesaria reforma del modelo de financiación autonómica—. En segundo lugar, se echa en falta una mayor atención a las propuestas de renta básica que están explorando ya, con resultados interesantes, buena parte de nuestros socios europeos y que la propia ­OCDE recomienda a España para hacer frente al lastre de la desigualdad y los bajos salarios. Una medida, además, plenamente coherente con los principios de universalidad, igualdad y sostenibilidad defendidos por los autores como pilares del bienestar en el siglo XXI. Por último, a la hora de analizar la traducción política de la brecha generacional, sorprende la ausencia de un tema ampliamente tratado por los autores en otras ocasiones, como es la reforma de nuestro sistema electoral a fin de evitar la infrarrepresentación de las provincias donde se concentra la mayor parte de los jóvenes y facilitar así la apertura de una discusión política más seria sobre la cuestión generacional en nuestras instituciones.
He insistido en otras ocasiones, desde esta misma tribuna, en que la tarea política primordial en España, la que tiene verdadero carácter revolucionario, es recomponer el orden roto desde arriba por la avaricia y la incompetencia de las élites tradicionales. Volver a tejer un acuerdo social que cierre las principales fracturas que hoy dificultan aunar esfuerzos en pos de un rumbo colectivo. Este libro es una contribución sólida para situar en la agenda una de las fracturas más conocidas pero menos discutidas: la que se da entre generaciones. Ningún país puede afrontar su futuro con optimismo y con vigor si no es capaz de reunir, en torno a códigos culturales, palabras, horizontes e instituciones y derechos comunes, a sus generaciones mayores y más jóvenes. Si no restablece un diálogo entre lo mejor de lo que ha sido y lo mejor de lo que puede ser. Este debería constituir, desde ya, uno de los pilares de la conversación española que necesitamos para recomponer por abajo un proyecto de país justo, incluyente y rejuvenecido.
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La edad y el comportamiento electoral

GANAR POR EL VOTO JOVEN


Por Eduardo Chávez Molina Pablo Molina Derteano

La edad del votante influyó tanto en las presidenciales argentinas como en las de Estados Unidos o en el referendo por el Brexit. Con los números, los sociólogos Eduardo Chávez Molina y Pablo Molina Derteano analizan el comportamiento de los sub 30 y aseguran que con una mayor participación el resultado hubiera sido diferente. Cómo se mueve la generación que participa en marchas, expresa sus opiniones y denuncias por Internet, disfruta y promueva la hibridación cultural, pero se muestra renuente a la representación política tradicional.
El caso de Argentina. La derrota del kirchnerismo, en noviembre de 2015, no sólo se dio por escaso margen (Macri 51,3%; Scioli 48,7%; una diferencia de 2,6%) sino que fue el primer ballotage con todas las posibles polarizaciones que se pudieran despertar en la opinión pública. Aún hay muchas variables a considerar, pero podemos avanzar en una: el grupo etáreo. Y, como vimos en las elecciones presidenciales de España y de Estados Unidos o en el referéndum por el Brexit, encontramos del lado de quienes perdieron a los y las jóvenes, la generación del milenio como se les conoce en muchos ámbitos. Inversamente, los mayores de 50 años jugaron para el lado de los ganadores. Aunque la edad es un factor complejo que agrupa muchas cosas es un buen punto de partida.
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En base a ello, y observando la composición demográfica del país, donde claramente se ven señales de envejecimiento de la población, (CELADE/CEPAL, proyecciones poblacionales), y observando los datos podemos apreciar que el grupo de 30 hasta 50, representa el grupo de mayor proporción poblacional, seguido del de 50 años y más; por sobre el grupo de 16 a 29.

Si “modelizamos” que cada grupo participa activamente en los procesos electorales, obviamente los adultos y adultos mayores tienen mayor peso de representación electoral.

Con respecto a nuestra variable observada, los datos de la boca de la primera vuelta son reveladores. Hay una clara diferencia de las preferencias electorales en base a la edad. A tal punto que los votantes menores de 30 años hubiesen hecho ganar a Scioli en la primera vuelta (muestran una preferencia de 41,8% sobre el 29% de Macri). Tiende a disminuir en el grupo de 30 a 50, pero mantiene una diferencia mayor al promedio, pero ya en la primera vuelta, los mayores de 50 años dan una victoria categórica a Macri, del 40,9 a 31,2%.

Luego, al observar la segunda vuelta, nuevamente el candidato del FPV gana en la franja etaria hasta 30 años, muy leve en la franja de 31 a 50 años, mientras que los mayores de 50 años, votaron masivamente por Macri, alcanzando casi el 60% de los votos.

A un año del año del ballotage podemos observar:
***Un corte generacional que se profundizó en los últimos años y se aprecia claramente en las elecciones 2015, tanto en la primera vuelta como en el ballotage (situación que no había sucedido en las elecciones presidenciales 2003, 2007 y 2011).
***La impronta de las generaciones alberga explicaciones sobre los resultados electorales de España, Estados Unidos y la consulta del Brexit.

***El envejecimiento de las poblaciones y la búsqueda “conservadora” de las generaciones adultas mayores.

El voto hacia el candidato kirchnerista, basado en estudios de grupos de discusión (Ipar, Baravalle entre otros), se argumentó en la apreciación positiva de su capacidad de incorporar población ampliando derechos y curiosamente valorando en positivo la capacidad de conflictuar a los grupos económicos, y su capacidad de politizar sus decisiones, a partir del compromiso colectivo expresado en la movilización política callejera. Obviamente se constituyeron en los elementos más cuestionados por los votantes macristas, principalmente en la población mayor de 50 años.

Participan de marchas, expresan sus opiniones y denuncias por Internet, disfrutan y promuevan la hibridación cultural, pero se muestran renuentes a la representación política tradicional. El voto en blanco de los menores de 30 en la segunda vuelta en las elecciones presidenciales en Argentina es más del doble de los de las otras franjas etáreas. En el caso argentino, esta franja de jóvenes se muestra con gran rechazo no sólo a aquellas medidas que suponen algún impacto negativo en sus condiciones de vida sino también en relación a regresiones en torno a valores más asociados a los Derechos Humanos y a la democracia.

Recientemente, se han difundido estudios de las consultoras Poliarquía, Isonomía y Management & Fit sobre la imagen de gestión del gobierno de Mauricio Macri en franjas que van desde Abril de 2016 hasta el mismo mes de 2017 (La NACION, 30/04/2017). Los datos de la consultora Poliarquía dan cuenta de la importante baja en la imagen positiva del presidente. Esta caída es más evidente entre la población joven, pero también muestran cómo el grupo de 50 años o más logra revertir parcialmente esa tendencia.

Gráfico 1: Distribución por edad de quienes aprueban la gestión de Mauricio Macri
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Fuente: Management & Fit, La Nación.

Es interesante observar la evolución de estas mediciones. El Gráfico 1 muestra una importante polarización. Cuando en noviembre de 2016, la gestión de Mauricio Macri parecía estar en su momento más bajo de aprobación para quienes tienen los 18 a 29 años; entre los adultos mayores estaban en su segunda medición más alta de la serie. A su vez, si observamos el gráfico 2 (teniendo en cuenta que se trata de fuentes distintas) puede verse que en un período cercano a noviembre de 2016 – el mes siguiente – la aprobación era pareja para los que tenían menos de 40 años y los que tenían 40 y más. En Abril de 2017, la tendencia de imagen positiva se redujo drásticamente para los de menos de 40 años. Justamente, el 1 de abril se dio una marcha “autoconvocada” en apoyo de la gestión de Macri, frente a supuestos “intentos golpistas”. Un dato no menor es que las imágenes de TV mostraron una importante mayoría de adultos mayores. Inclusive en el programa Animales Sueltos del 6 de abril, el conductor Alejandro Fantino se lo señaló al ministro de Educación Esteban Bullrich. “(…) algo que me llamo la atención. Que hubiese poca pendejada”, le advirtió el hombre de los medios.

Nuevamente, las mismas coordenadas que se advirtieron en otros países pueden ser utilizadas para el caso argentino. Aunque en el caso de las elecciones argentinas, hay obligatoriedad de voto. Pero además las diferencias generacionales se entrecruzan con experiencias diferentes: el divisor puede ser la crisis de 2001 y la apreciación de lo que puede llegar a impactar a los jóvenes una profundización del neoliberalismo en la Argentina. Para los jóvenes argentinos, como la inmensa mayoría de jóvenes de los países seleccionados, comienza a mostrar conductas particulares.

Algunas ideas. Empezar a considerar la edad como un factor de incidencia no sólo a la luz de los datos presentados sino también porque hay un marco poblacional de mayor envejecimiento. Comparativamente la población de adultos mayores en los padrones electorales va a tender a ir creciendo. A su vez, en países noratlánticos, la falta de participación de los jóvenes en las elecciones acrecienta esa tendencia.

La irrupción de dos “generaciones” con paradigmas opuestos en el uso de la información y la concepción de la política, la cual se refuerza en una generación adulta mayor con tendencias a un mayor conservadurismo que se consolidaría por la vía de elecciones formales, frente a una población más joven que tiene una tendencia de política más basada en el movimiento y la vigilancia de los derechos sociales, políticos y humanos.

Es probable que a la luz de la información, aunque limitada, en el caso argentino estemos presentes ante una “grieta” más en la disputas de las hegemonías discursivas del país y donde por primera vez desde que se puede ampliar la información electoral, se aprecia claramente un voto y una intención electoral, fuertemente diferenciada por las generaciones.

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