De pibe trosko a cadete de la Rosada, la explosiva biografía mediática de Pedro Rosemblat
Texto: Facundo Baños / Fotos: Rocío Ruete
Pedro Rosemblat tiene 27 y está metiendo un caudal de laburo que es prácticamente impensable para un pibe de su edad. No porque alguien de 27 no quiera trabajar tanto, sino porque no es habitual que las oportunidades se presenten tan de golpe y se amontonen así. Es una situación un poco caótica pero definitivamente dichosa, y curiosamente contrastante con la realidad que describe cada vez que se pone el traje de alguno de sus personajes, o cada vez que se enciende el cartel de “aire” en la radio y puede expresar las cosas que siente. Respalda con carisma su presente laboral y también con honestidad, y con esa virtud importante que es no creerse gran cosa.
Un buen uso de las redes y un espíritu creativo posiblemente no alcancen, pero son virtudes que reclama esta época. Pedro dispara esas armas y le agrega humor y contenido político. Está complacido de formar parte de una generación que recuperó la inspiración en la política como un factor transformador. Todo lo que hace, dice, tiene que ver con eso.
– ¿Cómo era tu vida cuando armaste el fanpage del Pibe Trosko?
– El Pibe Trosko surge después de un 24 de marzo, era 2012, habíamos ido a la plaza con unos compañeros y ahí estaban como siempre todas las expresiones políticas, marchando. Todos cantábamos contra la dictadura y los milicos menos la izquierda que, en ese momento, estaba muy empecinada con el “Proyecto X”, que era un armado de espionaje que ellos denunciaban que estaba liderado por Nilda Garré y Sergio Berni. Entonces se la pasaron cantándoles a ellos: Nilda, recordemos, militante montonera, detenida y torturada. En ese momento yo era muy twittero, muy fan de Twitter, pero siempre desde mi cuenta personal. Tenía seguidores como cualquiera, nada de otro mundo. Esa noche levanté la cuenta y pegó al toque. Estudié Derecho en la UBA hasta el año pasado, pero ahí no hay presencia de la izquierda prácticamente, muy poquita.
– ¿Por qué Derecho?
– En realidad, nunca me lo cuestioné. Cuando era chico decía siempre que iba a ser abogado. Cuando crecí un poquito me empezó a interesar la política. Mi vieja no es universitaria, es vestuarista, y mi viejo es director de teatro, así que no iba por ahí la cosa. En paralelo a eso, cuando terminé el secundario empecé a participar en una asociación civil que todavía existe y ahora mutó en un portal, que es Política Argentina, que arrancó siendo una ONG que venía a fomentar el debate político entre la juventud. Pero viste que a los 18 años uno tiene que decidir qué va a hacer el resto de su vida, y es bastante difícil eso, ¿no? Ahí pensé que era Derecho. La carrera siempre me gustó, de hecho, si la tuviera que volver a elegir, probablemente lo haría. Después, bueno, empecé a encontrar en el humor y en los medios una oportunidad. Lo que me costaba era abandonar, no la tranquilidad, pero sí la apuesta segura de la carrera tradicional, y dar ese paso de decir “voy a dedicarme al humor”. En esa forma de proyectar sí puede ser que haya algo de la familia, o algún mandato más social. Lo que sí me decían mis viejos es que tenía que estudiar. Pero es complicado sostener el ritmo del laburo y el estudio. Me quedé en la mitad de la carrera, más o menos, pero ya está.
– ¿Antes del Pibe Trosko ya te armabas esa clase de textos más extensos, o todo se reducía a los 140 caracteres?
– No, antes no. Yo diría que fue ahí, porque el Pibe Trosko se pasa a Facebook y se me abre esa posibilidad de extenderme. De chico siempre me gustó escribir cuentos, relatos, micro relatos, ponele, ese tipo de cosas, pero no lo había vinculado con las redes sociales. Cuando murió Néstor hice pública una carta que había escrito y esa fue la primera vez que tomé dimensión de la viralidad, de algo que llega a oídos de personas que no formaban parte de mi entorno. La segunda experiencia ya fue con el Pibe Trosko. Me explotó. En una semana ya tenía más seguidores que yo, que le venía metiendo a Twitter desde el mundial de Sudáfrica, que fue cuando lo tomé como una práctica habitual. Pero el Pibe Trosko fue trosko dos meses, después ya era cualquier cosa que a mí me sirviera para putear a la oposición. Además, yo nunca tuve mucho contacto con ese mundo de la izquierda: lo mío era más prejuicio e intuición. Y en ese momento la gama de la izquierda creía que el Pibe Trosko era el otro, y lo tomaba como objeto de burla: los del PO decían que era del PTS, los del PTS decían que era del MST, y así. Se iban pasando la pelota. Pero siempre fue con buena onda. Ahora me cruzo con Myriam Bregman en C5N y tengo la mejor, y ella sabe que yo hacía ese personaje. Creo que Del Caño también sabe y alguna vez nos vimos en Del Plata, y también tenemos buena onda.
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