Por
Hernán P Herrera
Centro
Cepa
Publicado originalmente en http://www.diagonales.com/4610-Cual-podria-ser-el-impacto-de-la-crisis-de-Brasil-en-la-Argentina-.note.aspx
A simple viste hay bastantes temas para
clasificar la respuesta. Por supuesto que es una mirada del escenario que surge
de un análisis personal.
1.
Devaluación. Nada indica que la Argentina vaya a
sufrir una corrida antes de saber qué pasa con las elecciones de 2019. Hay
margen para endeudarse por un tiempo más, lamentablemente.
¿Entonces por qué habría una devaluación
sin corrida antes de eso? Definamos los términos, una devaluación es un shock,
no puede ser de menos del 20% (¿ó del 15%?) por decir algo. Sólo por decisión
del gobierno podría modificarse, y eso tendría que ver con la decisión de
cambiar de modelo. Poco probable. A la Argentina le conviene sostener un dólar
que a partir de un punto acompañe los precios, sin presionarlos, pero nunca
apreciando la moneda local, porque esta lógica no sólo retrae la actividad, y
favorece, en el marco de desregulación financiera, la especulación; además sólo
se puede sostener con el ingreso de divisas, que con la actividad retraída,
sólo pueden entrar por deuda (recordemos que la carta FMI todavía no se jugó),
y esto en algún momento explota.
Entonces: no creo que haya una devaluación
antes de las PASO de 2019, cosa a su vez, que va conformando una bola de nieve
que es insostenible, sobre todo si es en conjunto con mayores compras al
exterior de productos terminados, sin regulación de precios, sin regulación
financiera para evitar capitales especulativos. Es una verdadera herencia
dramática la que consolida Cambiemos. O sea, devaluaciones pequeñas son muy
posibles, pero sin afectar el escenario de ingreso de capitales golondrinas
especulativos.
2.
Actividad. La actividad va a seguir el camino
actual. Mejorará un poquito empujada por el gasto público. Es una mejora
mínima, vinculada sobre todo a la baja base de comparación. De hecho la
industria en diciembre posiblemente termine peor que en diciembre de 2016,
consolidando un proceso de creciente desempleo. Esta mejora mínima no va a
llegar a la gente, y hasta es posible que no llegue a las estadísticas
agregadas, mostrando a fin de año una nueva caída del PBI con muy pocos
jugadores ganadores al interior de pocos sectores (sobre todo exportadores de
granos, empresas de servicios de luz, agua, y gas, algunos bancos, algunas
multis y algunas empresas amigas del presidente).
De cualquier modo, está claro que Brasil no
ayudará. La principal apuesta de un gobierno que quiere lograr una mejora en el
nivel de vida, debe estar hoy orientada a alguna estrategia de fortalecimiento
del mercado interno. Cosa que Cambiemos descuida.
3.
Empleo. Vinculado a los puntos anteriores. Se puede
esperar que todavía no caiga mucho, pero cabe suponer que sin un cambio de
modelo (con promoción industrial) no habrá un crecimiento en el empleo de
calidad de manera masiva, ni algún aumento (de producirse) podrá ser
sustentable si no hay fundamentos. Es verdad que la construcción deberá mejorar
respecto del horrible 2016. Y todavía puede ocurrir que las fuerzas liberadas
del mercado compensen en parte la caída de la demanda agregada en el mercado
interno. Pero nunca a un nivel que ayude al país a desarrollarse, sino sólo a
no caer más estrepitosamente.
4
Inflación. La inflación depende en esta época de
las decisiones de ajuste de tarifas del gobierno, que incide en la puja
distributiva (causa madre de todo proceso de suba de precios que dirime
cantidades, costos, ganancias y de nuevo precios), si no se ajustan más las
tarifas puede esperarse una baja en la inflación. Esta baja sería respecto de
2016. Posiblemente luego de las elecciones haya ajustes de tarifas, pero, lo
dicho, no del tipo de cambio.
Sin embargo es un error apuntar a moderar
la inflación con herramientas monetarias en medio del proceso de ajuste que
propuso el gobierno. El acierto hubiera sido la generación de acuerdos
productivos, fiscales, salariales, de exportaciones, entre todos los sectores,
productivos, sindicales, financieros, transnacionales, evitando con ello la
permeabilidad a las crisis externas, y buscando algún desarrollo. La inflación
-que nunca es buena en altos niveles- debe entenderse como una relación social
y productiva, no como una monetaria. Pero eso Cambiemos no lo entiende.
5.
Elecciones. Todo este escenario se juega además en
las elecciones de medio término que operan este año, arrancando con las PASO en
agosto. Se supone que no habrá medidas abruptas antes de ellas, pero tampoco
luego de ellas, esa es mi hipótesis: un empate en las elecciones, o por lo
menos la ausencia de la sensación temprana de derrota en 2019 para Cambiemos,
le permite mantener el modelo a Macri, profundizando el ajuste por el lado de mejorar
las ganancias de los sectores concentrados, pero sin cambiar la lógica de
valorización financiera con tasas por arriba de la devaluación del dólar. Todo
esto, en un tablero mundial donde Trump
sigue siendo una incógnita.
Finalmente, cabe destacar que Brasil no tiene sólo un problema institucional.
El golpe de Estado contra Dilma resultó en un golpe al modelo económico del PT,
con reformas que se suceden día tras día. Estas reformas están creando un
escenario de desempleo creciente. El malestar entonces no es sólo
institucional, sino que está también dado por un modelo neoliberal que destruye
el pequeño avance en el nivel de vida de muchos brasileños, no sólo los de
clase baja.

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