Por Fernanda Vallejos
La imagen de un presidente más aislado que nunca, balbuceando frases sin sentido desde el Foro Económico ¡en el Hotel Hilton de Puerto Madero! resultó sencillamente patética. La realidad de la Argentina estaba expresada en las calles impactantemente vacías, así como los establecimientos productivos, comercios, colegios, bancos, en una jornada de rotundo paro total de actividades.
La retórica presidencial, con un Macri “escondido” de la realidad del país que preside, fue la de un gobierno incapaz no sólo de dar respuesta a la dramática realidad que él mismo ha construido con políticas profundamente antipopulares e indiscutiblemente erradas, desde el punto de vista estrictamente económico, sino de reconocer esa realidad en la que, más allá de la pretensión marketinera de negarla, está inserto y que lo obliga -si aspira a conservar algo de su legitimidad en alarmante caída libre- a, al menos, ensayar algún tipo de iniciativa.
“Tenemos que profundizar lo que hemos hecho y las herramientas para que aumente la confianza”, dijo un Macri llamativamente fuera de foco. Agregó que “esto recién comienza” y alardeó de lo que parece ser la única preocupación gubernamental: “estamos bajando la inflación”.
Vamos por partes. Digamos, para empezar, que profundizar lo que el gobierno ha hecho hasta aquí, en 16 meses, y mejorar la confianza, es, sin dudas, un oxímoron.
En su primer año de gobierno, Macri introdujo a la Argentina, que venía de crecer 2,6% antes de que asumiera, en una acuciante recesión que el propio INDEC reconoció y estimó en -2,3%, con un fenomenal desplome del consumo producto de la pérdida de poder adquisitivo de los argentinos, frente a una inflación históricamente elevada que trepó al 41% y un gobierno empecinado en su política de cepo al salario que planchó la paritaria en 30%.
Lógicamente, a la contracción de la demanda, siguió el derrumbe de -5,5% de la inversión, poniendo blanco sobre negro que la supuesta “confianza” sobre la que el gobierno había fundado la llegada de la famosa “lluvia de inversiones” brilló y brilla por su ausencia. Nótese que la capacidad instalada ociosa de la economía (40%) alcanzó niveles escalofriantes que emulan a los de los peores años de la crisis, allá por 2002.
Hablando de confianza, el índice de confianza del consumidor que mide la Universidad Di Tella -que se viene desplomando sistemáticamente mes a mes- continúa señalando la pérdida de legitimidad del gobierno de Macri, cosa que también reflejan todas las encuestas de aprobación de gestión e imagen presidencial. En marzo, el índice cayó -15%, tras haber hecho lo propio en febrero donde se había hundido -10,8%.
Por supuesto que todo esto no fue magia. Es, lisa y llanamente, el resultado de las decisiones de política que adoptó el gobierno y que, de no mediar rectificación, continuará empujando a la Argentina, hacia el barranco de la recesión, la desocupación, la pobreza y la desigualdad, un combo explosivo para un gobierno que asumió débil, tras haber ganado en ballotage por apenas un punto de diferencia contra su competidor y que ya ha perdido el favor de vastos sectores que lo acompañaron en aquel momento.
El aislamiento del gobierno, impotente a la hora de mostrar a la sociedad algún resultado positivo, es francamente temerario. El relato, tanto del presidente como de sus principales alfiles en el gabinete, anunciando “brotes verdes” mientras sus políticas han secado y siguen secando los bolsillos de los argentinos se torna cada vez más insostenible y hasta la afiebrada imaginación de su gurú del marketing, Jaime Durán Barba, luce carente de creatividad.
Así, por ejemplo, mientras un INDEC cada vez más devaluado a los ojos de los técnicos y especialistas pero también del conjunto de la sociedad, informaba en enero, junto con la caída de industria, la construcción y el empleo, un tímido crecimiento de 1,1% en la actividad, el baldazo helado de realidad volvió a sacudir al gobierno con un golpe de K.O. ante la precipitación del nuevo y pronunciado hundimiento de la industria en febrero, abatida por el desplome de la demanda y la avalancha importadora, hasta el subsuelo del -6%. Lo que sigue, lo saben bien los trabajadores que pararon hoy: la profundización del deterioro del empleo industrial.
En el mismo mes de febrero, y siempre de acuerdo a los datos del propio INDEC, la construcción también confirmaba el sendero recesivo con un retroceso de -3,4% y, de nuevo, las consecuencias sobre el empeoramiento en el empleo sectorial. Una realidad, al fin de cuentas, que explica la masividad absoluta de la adhesión al paro general de este 6 de abril, que coronó un marzo de múltiples y multitudinarias manifestaciones de rechazo a las políticas oficiales.
En el mismo mes de febrero, y siempre de acuerdo a los datos del propio INDEC, la construcción también confirmaba el sendero recesivo con un retroceso de -3,4% y, de nuevo, las consecuencias sobre el empeoramiento en el empleo sectorial. Una realidad, al fin de cuentas, que explica la masividad absoluta de la adhesión al paro general de este 6 de abril, que coronó un marzo de múltiples y multitudinarias manifestaciones de rechazo a las políticas oficiales.
Hagamos un paréntesis sobre la cuestión inflacionaria, de la que se ufana el presidente.
Relativicemos, en primer orden, la supuesta baja de la inflación: de acuerdo con los datos del instituto estadístico porteño, febrero arrojó una inflación de 2,2%, situando la inflación anual en el 35,6%, algo menos que el 41% en que cerró 2016, pero una cifra lo suficientemente elevada como para justificar la lucha del conjunto de los trabajadores argentinos que reclaman la recuperación de los 10 puntos que los salarios perdieron contra la inflación en 2016, por un lado, y una mínima dosis de racionalidad por parte del gobierno a la hora de hablar de las paritarias 2017.
El surrealismo de la meta oficial es claro para el conjunto de la sociedad argentina, máxime cuando el ex CEO de Shell y actual ministro de energía ya anunció nuevos tarifazos más otros que están por venir y que tendrán renovado impacto inflacionario y sobre la calidad de vida de los argentinos, afectando no sólo a los usuarios residenciales (restándoles una nueva cuota de poder adquisitivo) sino sobre el conjunto de los actores de la producción y el comercio a los que la liberalización y dolarización tarifaria les ha restado competitividad, al punto de colocar a muchos al borde de la quiebra.
Pero enfaticemos sobre todo que, más allá del nivel inflacionario -inusitadamente alto, más para un gobierno que decía que venía a terminar con la cuestión-, la evolución de los precios, hija de las medidas oficiales, se torna insostenible a la luz de la política salarial que Cambiemos busca imponer y que el paro abrumador de hoy define, desde el punto de vista de los trabajadores, como sencillamente intolerable.
Hasta el lector más desprevenido puede notar que un gobierno hablando de paritarias del 18%, cuando sus políticas le sustrajeron 10 puntos al salario en el año anterior y cuando todas las mediciones, incluidas las del FMI y consultoras privadas afines al oficialismo, no esperan que la inflación de 2017 se ubique por debajo del 25%, es un gobierno que se coloca decididamente de espaldas a la enorme mayoría del pueblo argentino, pero que además está en el borde de la charrada.
Por cierto, la total pérdida de contacto con la realidad quedó expuesta hoy al límite. No sólo el grito atronador del silencio que impuso el paro masivo se colaba por las lujosas paredes del Hilton de Puerto Madero sino que la justicia hacía colisionar al gobierno de Cambiemos con su relato republicano y de defensa de las instituciones. El fallo judicial que obliga al gobierno de Macri a llamar a la Paritaria Nacional Docente, disparador de uno de los principales conflictos que hoy enfrenta el oficialismo, fue contundente. El poder judicial le ordenó al gobierno que se atenga al estado de derecho y le señaló que está actuando por fuera de la Ley mientras no convoque a la Paritaria, para lo cual le dio un plazo de cinco días.
La derrota, consagrada por fallo judicial, frente al colectivo docente, al que el gobierno había elegido como enemigo visible pretendiendo utilizarlo como potencial disciplinador para el resto de los trabajadores, le deja a Macri apenas dos opciones: o ensaya alguna respuesta que sólo podría estructurarse en el marco de la rectificación del brutal ajuste económico que sigue su política o se consagra a mantenerse aislado de la sociedad argentina y abocado a la tarea del desguace económico y patrimonial de la Nación, aceptando que la derrota contra los docentes es apenas el anticipo de una derrota segura en las urnas, de aquí a tres años vista.

1 comentario:
Es hora de JUICIO POLÍTICO.
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