4/06/2017

polarización, confrontación y antagonismo


“Cualquier espacio de tercera vía está vedado”



Artemio López 800 por 500


Artemio López, analista político y director de la Consultora Equis, conversó con Abramos la Boca acerca de la coyuntura política nacional y de las perspectivas que de ella surgen.

López sostuvo que las movilizaciones de marzo “demuestran que el nivel de polarización de la sociedad argentina es muy alto y similar al de 2015. No hay manera de sintetizarlo, cualquier espacio de tercera vía está estructuralmente vedado. Confrontan dos modelos que no tienen nada en común. Esto se vio tanto en las movilizaciones sindicales, como en las que se vieron inicialmente con la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner como referencia, y también en la movilización del primero de abril que mostró un nivel de confrontación con las banderas de la experiencia nacional democrática del primer peronismo y del kirchnerismo, sin dejar lugar para medios caminos”.

Luego detalló que la marcha de apoyo al gobierno de Mauricio Macri “excedió las expectativas del propio oficialismo. Reafirma lo que comenté antes, y el fenómeno es secular. Hay un sector social muy vasto que se identifica con las ideas popular democráticas de inclusión y distribución del ingreso, pero también hay un sector social muy numeroso que las rechaza y confronta con ellas cuando reconocen un gobierno que los satisface en sus valores. Entonces no debe sorprender que tengan esta cantidad de apoyo”.



En relación al posible escenario electoral de octubre próximo López sostuvo que proyectos intermedios como el de Sergio Massa “tienden a desaparecer. Argentina funciona a través de confrontaciones, aunque por suerte ahora lo hacemos a través del Estado de Derecho. No se cómo van a constituirse las candidaturas de este año, pero los liderazgos de Macri y Cristina son ordenadores. El problema de la polarización es que precisamente los candidatos tienen que saber hacerse cargo de ese estado de la opinión pública. Solo desde la confrontación plena se obtendrán resultados electorales contra este modelo que ha provocado el más grave daño en los sectores populares desde la recuperación democrática”.

Por último y en cuanto la interna peronista opinó que “las disidencias con Cristina son de sectores marginales y dirigentes que no tienen representatividad en términos de votos. La polémica y los dirigentes no tiene nada que ver con lo que existe en la opinión pública. El liderazgo de Cristina no está basado en lo que opinan los dirigentes de ella, sino en el vínculo que estableció con la comunidad. Tampoco hay espantarse, porque parte de la vida de los dirigentes es opinar y analizar”.

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3 comentarios:

Marcelo J. Tull dijo...

Este tema es interesantísimo para analizar.- Es verdad que la polarización (o grieta) está totalmente expresada y que los dos modelos no tienen nada en común.- Con lo de que cualquier otra posición está vedada, no estoy de acuerdo.- siempre hubo en Argentina varios partidos políticos que se expresaban cada cual a su manera.- Y allí estaban conviviendo con el peronismo y el radicalismo, partidos mayoritarios y, por supuesto, las extremas izquierdas y derecha.- ¿Qué pasó entonces aquí? ¿Cuáles son las razones de la polarización? Para mí, fue que el peronismo kirchnerista hizo las cosas de manera tal que muchísima gente se volcó a él.- Y no fueron tan malas, pues el que apoya a algo a conciencia y con afecto, no lo hace a tontas y a locas, como aquel que se guía por el odio.- Muchos vieron (vimos) que ese era un espacio donde no solo los que tenían dinero podían mantenerlo sino que también los de la parte de debajo de la pirámide podían aspirar a crecer.- Y lo hicieron.- Saquémonos de la cabeza las taradeces de los medios y veremos una Argentina donde, persona a persona, hubo un crecimiento que solo se vio hace 70 años.- Con errores, con alguna cosa turbia, con cosas que no se hicieron pero el crecimiento de la mayoría de la sociedad fue evidente.- Eso y la defensa del país ante los degenerados del exterior y sus esbirros domésticos, el amor a la patria (que algunos tildan de patrioterismo barato mientras aceptan que se regalen las Malvinas o que vengan los yanquis e ingleses con sus militares) y tanto que hizo/hace que mucho compatriota ADORE a CFK y a NK.- No son los planes ni los choripanes ni todo el credo conservador del tilingaje sino los hechos de gobierno del 2003 al 2015.- Luego de 12 años de ir desapareciendo por esos motivos el resto de los partidos moderados (por acción del gobierno y por su propia torpeza) y viendo que si ganaba Scioli eran 16 años seguidos y con Cristina en 2019 pasaban a ser 20 años, a todos esos llamados progresistas les agarró la diarrea.- Hubieran perdido igualmente por las razones nombradas, pero allí apareció el grave error del kirchnerismo: el enemigo de los medios.- Se lo cercó al multimedios del cáncer Magnetto como correspondía para que cediera ese poder corrupto y criminal que acapararon en 50 años, pensando que con la Ley y la lógica moral alcanzaba.- Pero estos degenerados, que hacía 10 años al menos buscaban sacarse de encima al gobierno elegido que impedía mantener sus negociados espurios, se alió con otros de su calaña, invirtió fortuna en Tribunales y en un par de personajes mediáticos, como Lanata y trató de generar una oposición ganadora como quien compra en el supermercado.- Así brotaron el Faunen y Massa, sin éxito.- Ante su ineficacia (porque, repito, la sociedad seguía en gran parte con el peronismo), le apuntó a la lacra que quedaba: Macri.- Allí puso todas sus cartas, hizo encausar a todos sus experimentos del Faunen y Massa hacia ese rumbo, incrementó los fondos en mentiras mediáticas y terminó finalmente ganando con ese 2 %.- Esa, creo, es la explicación de la grieta en la política actual en mi país.-

oti dijo...

Sí, pero, me parece que algo hay en común entre los 2 modelos que confrontan. Paso a explicarme.

Artemio, nosotros, los que reivindicamos la última gestión de CFK, debemos reconocer que tenemos algo en común con la gestión actual: no se producen excedentes económicos verdaderos, es decir, que no sean productos de las redistribuciones de ingresos progresivas o regresivas sino de los efectos de las mejoras técnicas, tecnológicas y científicas aplicadas a la producción. Reconozco que no es esto un problema solamente de Argentina sino también del mundo entero, en distintos grados.

Creo que esta cosa que tenemos en común con ellos atraviesa toda la historia económica argentina bajo el modo del enfrentamiento entre oligarquismo vs. populismo y sus diversas formas de expresión política a lo largo de la historia.

Sin embargo, tenemos una diferencia bastante fundamental con ellos: nosotros nos preocupamos y ocupamos de dicha falencia y queremos llevar la economía para el lado en que se pueda resolverla. En cambio, ellos dicen que se preocupan por eso pero -bien sabemos- en realidad no se ocupan de resolver esa falencia. El endeudamiento, el ingreso de capitales externos, etc., etc. no sirven para resolver la falencia de excedente, solo simulan un excedente que en realidad no existe. Esto, también es, en gran medida, un problema del mundo entero: ¿si se hubieran creado tantos excedentes, sobre todo en los años ‘90 como usualmente muchos dicen, entonces, por qué se derrumbó tan fácil la economía en tantos países?.

En esta perspectiva, la tarea que nos conduzca a poder producir verdaderos excedentes (sin redistribuciones negativas del ingreso ni endeudamiento) es mucho más difícil para nosotros que para ellos (que no se ocupan verdaderamente de eso, solo lo simulan).

En la concepción que nosotros sostenemos el Estado debe impulsar la educación, la ciencia y la tecnología para que su desarrollo derive en mejoras productivas que benefician a toda la sociedad y, especialmente, a los sectores más humildes. Pero eso es muy difícil y requiere más tiempo de lo que duran 1, 2 o 3 períodos presidenciales.

oti dijo...

Termino con el comentario anterior.

En mi opinión, el gobierno de NK estuvo muy atado a la necesidad de recomponer los daños que produjeron tanto la crisis convertible como la salida devaluatoria de Duhalde-Remes.

La salida devaluatoria, en el preciso contexto en que se dio, provocó una caída sustancial del salario (sobre todo en U$S) al mismo tiempo que habilitó implementar las retenciones a las exportaciones del agro, lo que permitió disponer de “excedentes” (en rigor pseudoexcedentes) que sirvieron para recomponer y subsanar durante 5, 6 o 7 años todos los daños que se le infligió a amplios sectores sociales a causa del desastre convertible y el desastre de la salida devaluatoria (que no fue calificado así, lejos de eso, tuvo más o menos buena prensa) de ese otro desastre. El famoso TCRA y C (tipo de cambio real alto y competitivo) y los “superávits gemelos” era todo consecuencia de que se habían reducido mucho los costos y se podía disponer de ese “excedente” (pseudoexcedente), sumado a la mejora del precio de los bienes exportables.

El primer gobierno de CFK siguió más o menos con la misma lógica, pero en él ya se estaban incubando las condiciones para un reconocimiento trascendente: que una vez subsanados los daños y recuperado el nivel precrisis (1998) iba a hacer necesario avanzar sin recurrir a los expedientes conocidos de los ajustes, la desocupación y la caída del salario real.

Este reconocimiento se empezó a traducir política y económicamente recién durante el segundo mandato de CFK (control de cambios, control de capitales, modificación carta orgánica BCRA, etc., etc.), cuando ya no se habló nunca más del TCRA y C ni de los superávits “gemelos”. No pocos quedaron descolocados en esta etapa porque seguían pensando en términos de la etapa anterior y era imposible reeditar esas condiciones sin violentar el requisito que se había autoimpuesto la jefa: “los números deben cerrar con la gente adentro”.

Esto tuvo consecuencias políticas notables y alarmó a los sectores del establishment, por una razón muy sencilla. Sin el expediente de hacer pagar las crisis económicas a los asalariados y al conjunto de las clases populares, solo quedaban una combinación de 2 alternativas: profundizar la redistribución progresiva del ingreso (progresivo para el trabajo, “regresivo” para el capital) y la intervención del Estado para direccionar la inversión hacia determinados sectores, todo ello con el objetivo de mejoras sociales para el conjunto de las clases populares.

Detrás de toda la campaña mediática sistemática contra el 2° gobierno de CFK y el correlativo ascenso de la figura de MM está esa sencilla prevención. Para el establishment era cuestión de vida o muerte detener esas alternativas que priorizaban que el flujo del dinero iba a la “energía del sistema” (lo que cuesta reproducirlo o lo que cuesta mantener, dentro de determinadas condiciones, a las clases populares).