8/17/2016

vuelve la patota lúmpen- oligarca ( aquí están, estos son los burdeles de perón)

Macri y el retorno del poder tradicional

La concurrencia del presidente Mauricio Macri a la inauguración de la muestra tradicional de la Sociedad Rural Argentina reavivó un debate central para el rediseño económico y social del país. En su discurso público, Macri se definió como hijo y nieto de productores rurales y recordó que se crió en el campo, intentando así una mimetización con el pensamiento más tradicional y la filosofía del hombre de campo. Ese discurso pone en evidencia la alianza estratégica de Cambiemos: menos industria y más sector primario, eje para la consolidación del bloque de dominación de intereses rurales y tradicionales por encima de las clases urbanas, tanto asalariadas como propietarias de actividades modernas con eje en la industria.

Por Arnaldo Bocco*
(para La Tecl@ Eñe)

Una búsqueda incesante de caracterizaciones han sido puestas sobre la mesa antes y después que asumiera el gobierno de Mauricio Macri. En la campaña electoral para muchas de las fuerzas integrantes del FPV era la puja contra un modelo que –para entonces- suponía una vuelta a los 90. Para otros, era algo más denso, con muchos rasgos y figuras muy vinculados al poder tradicional y a actores que balbuceaban las primeras políticas que podrían ser puestas en marcha ante un eventual triunfo de Cambiemos. Asociaban a personajes, estructuras políticas y liderazgos, más con un regreso al programa de Martínez Hoz con un entorno disimulado por asesores de campaña, que encubrían ese corpus con un manto de supuesto neodesarrollismo conservador menos industrialista que el verdadero Rogelio Frigerio y más primario exportador que el propio Frondizi.

Las cosas quisieron que Mauricio Macri (MM) triunfara en las elecciones, y en lo economico, al menos, el despliegue y batería de medidas con devaluación, regreso al atesoramiento en dólares como moneda de refugio, apertura de la cuenta capital del sector externo de la economía, reducción o desaparición de retenciones a las exportaciones de granos, y más tarde a la minería, aumento de la tasa real de interés hasta convertirla en garrote para disciplinar la inflación, reducción de empleo público y fuerte mensaje clasista sobre el contenido de esa ocupación y su virtual compromiso político, acuerdo con los capitales internacionales, negociación express en favor de los fondos buitres –rápida, cara, precipitada y poco transparente- y posterior aumento del endeudamiento externo hoy incrementado casi en 45 mil millones de dólares; en fin, un conjunto mayor aún de decisiones que ponen en el centro del análisis la pregunta ¿para quién y con quién gobierna MM? Cuál es su alianza de poder y qué grupo de los sectores dominantes ejerce el liderazgo y la atención del Presidente en el ejercicio diario de la política en tanto cuerpo regulado y programado de decisiones y construcción de un bloque de poder con discurso propio y captura de la hegemonía en el proyecto de largo plazo.

Si regresamos a la construcción de la política y la económica en particular, la mirada sobre la gestión Cambiemos requiere analizar contenido y estética de ese poder, y la primera conjetura que emerge en este momento, pasados nueve meses de gobierno, es quién aporta la mayor cuota de confort en esa gestión y con quién MM gobierna mejor representando a un sector de la clase dominante donde se erige como motor de un proyecto en sí y para sí –volviendo a categorías caprichosas del pasado pero válidas aún cuando sea para caracterizar a los actores en el poder.

Todo indica, prima facie, que MM siente un fuerte compromiso con “el campo” y que su fuente de inspiración es aquel conjunto de valores, políticas e identificaciones, que hacen de esa alianza la más vigorosa y la menos conflictiva, visto el resto de fracciones de clases convocados a gobernar. Muchos han encontrado en los directivos de empresas la constitución del núcleo duro de poder, pero en nuestra opinión esa tecnoburocracia ejecutiva, sin trayectoria pública y con métodos alejados del Estado, la hace transitoria y de ocasión, visto la necesidad primaria de conjugar un lenguaje común con los mercados y, de paso, transmitir a las demás fracciones del poder más estructurado, como el sistema financiero, las grandes industrias locales y extranjeras, sectores indirectamente ligados a los servicios, verbigracia, seguros, comercio exterior, etc; que quien gobierna explicita sin ambages el mundo de los negocios y su mensaje se hace con lenguaje de empresa y no de estado, de gobierno, como tradicionalmente las instituciones lo requieren.

Vale la pena volver sobre el punto inicial y observar en la primera jornada de agosto de 2016, en la inauguración de la muestra tradicional de la Sociedad Rural Argentina, SRA, la forma escogida por el gobierno de MM para comunicar su mensaje, la oportunidad de hacerlo después de una década y media de ausencia literal de un presidente en ese lugar, la cuidada escena que lo diferenciara de los pasos dados por Raúl Alfonsin, quien desplegó allí un discurso alejado de las tradiciones “del campo” y en las antípodas del peronismo, especialmente del kirchnerismo, cuyo programa para el sector vino siendo explicitado con la 125 y las políticas posteriores después del fatídico debate donde, institucionalmente, el conflicto se expresara en el Congreso y más tarde en las decisiones políticas destinadas al sector.

Si analizamos entonces el contenido del discurso del presidente Macri en la inauguración de la muestra de la Sociedad Rural, y si además reconocemos, como el mismo mandatario lo hiciera en la construcción de ese mensaje, el vínculo histórico y social del presidente con este sector podemos extraer en principio varias conclusiones, todas relevantes. Vamos por parte.

Todo comenzó esa mañana con la tapa del diario La Nación, que en aquel sábado puso en primera plana un título que señalaba que “alrededor del 90 % de los productores apoya al gobierno de Cambiemos”. Parecía que ambos, gobierno y “el campo”, necesitaban de ese acto, que reclamaban sellar un pacto que fueron construyendo a lo largo del tiempo, sobre el cual todos sin excepción, destacaban la centralidad del sector por encima del resto de los actores económicos.

¿Qué representa hoy la Sociedad Rural? Es básicamente una sociedad porteña, que reúne principalmente a actores y a dirigentes del complejo agroindustrial, empresas y pocas asociaciones de productores, con vínculos limitados con las sociedades rurales del interior, puesto que en su gran mayoría éstos se nuclean en Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). La Sociedad Rural en cambio, es un centro de poder más complejo que la representación del sector y de sus problemas frente al Estado. La Rural es un poder en sí mismo y concentra a grandes productores, ganaderos y empresas agroindustriales que están afiliadas en forma directa. Es una organización con agenda propia de largo plazo, con capacidad de lobby para hacer de su programa una expresión de una parte dominante de los actores del campo; es también, un club portador de valores históricos de esos sectores y entidad de segundo y tercer grado que representa un sector de intereses colectivos de una parte de la sociedad. Cosecha 150 años de vida, fue fundada por el abuelo de José Alfredo Martínez de Hoz, expresando hasta nuestros días la ideología más aristocrática de la oligarquía argentina más convencional. Se moderniza en lo externo, pero es muy conservadora en los valores y en su ideología.

¿Por qué es importante lo de MM en la Rural? Porque Macri, con su presencia y su discurso, volvió a vigorizar el pacto con el sector primario exportador, que hoy le provee una buena parte de las divisas y ha sido por lejos el más favorecido en estos 8 meses de gestión. Se estima que el campo recibió una suma de alrededor de 200 mil millones de pesos con la baja y la eliminación de las retenciones y la devaluación adoptada. Con los apenas 1500 productores que la Rural representa, o quizá menos, le basta para ejercer una hegemonía muy fuerte, puesto que cada vez que sus referentes se expresan, de alguna manera ponen en evidencia las demandas políticas cotidianas de ese sector. Y las expresiones de la Rural no son sólo económicas, como lo prueban los discursos expresados en ese mismo escenario por la entidad; allí el sector expresa sus opiniones sobre la institucionalidad en un sentido amplio, sobre la Justicia de modo equivalente, hasta temas muy profundos –viniendo del campo- como los derechos humanos o las políticas laborales. En este contexto, Macri en esa mañana de agosto de comunión con el campo, no hizo más que devolver gentilezas y avisar, para que no pase desapercibido, que siendo alguien del sector su gobierno se encaminaría a restituir la tasa de ganancia del campo y del complejo agroexportador, a partir de las políticas macroeconómicas aplicadas desde el 10 de diciembre de 2015 en adelante.

En su discurso público Macri se definió como hijo y nieto de productores rurales, recordó que se crió en el campo, en suma, se mimetizó con el pensamiento más tradicional y la filosofía del hombre de campo, con lo cual, uno de los debates que vuelve a recobrar valor es aquél que enfrenta al sector rural con el resto de la sociedad argentina, puesto que con la altísima tasa de ganancia del campo y el establecimiento de mecanismos que le significan una acumulación de capital con centralidad en el sector primario, este sector se termina apropiando de los ingresos globales pues el precio de los productos que se consumen en el mercado interno es más alto, la inflación que genera la recomposición se transfiere del ámbito urbano al rural, los salarios caen como consecuencia de una demanda popular de alimentos más caros, pasando al sector productor, que termina apropiándose de una tasa de ganancia muy superior al promedio de la economía.

Esto es fundamental para comprender los términos de un debate que existe en todo el mundo y que, curiosamente, en uno de los pocos lugares en que se expresa con crudeza y visibilidad, es en nuestro país. Desde la revolución industrial en adelante, el objetivo central fue la domesticación del campo. Quitarle la renta diferencial para que mediante mecanismos como los controles de precios y la aplicación de impuestos, los Estados se erigieran como árbitros en la distribución del ingreso y posibilitaran volcar esos fondos a la producción industrial, generando así recursos que impactaran en el desarrollo de los mercados internos de cada país. Como el campo siendo hegemónico representa un freno al desarrollo del mercado interno y a su correspondiente industrialización, ahí fueron los Estados los que con si intervención acotaron su poder, generando así condiciones para la estructuración de sociedades con mejores perspectivas para la emergencia de procesos de industrialización sostenibles. Como ejemplo, cito el caso de Corea, que ya en los años sesenta del siglo XX, tuvo un debate sobre su industrialización y su reforma agraria. Esa puja duró unos 15 años y finalmente fue el sector industrial el que constituyó las bases de la modernización económica reduciendo el rol del sector rural a proveedor de alimentos, y subsumido detrás de las políticas de desarrollo manufacturero de exportaciones de alto valor agregado industrial. El Banco Mundial, en los finales de los 80, denominó a esta confrontación y su resultado como el "Milagro asiático".

Al respecto, el campo como organización social en nuestro país argumenta y sostiene que la industrialización generalizada no es necesaria, pues quita recursos a un sector que estaría en condiciones de alimentar exportando los excedentes a 300 millones de habitantes, muchísimo más que los 45 que tiene la Argentina. La realidad demuestra que el campo ni siquiera puede alimentar a por lo menos un tercio de la población argentina, que está en una frágil situación socioeconómica, y por lo mismo las posibilidades de convertirnos en una potencia agroexportadora son, cuanto menos, discutibles. Nuestra realidad es muy distinta a la del Sudeste Asiático, a la de China, por caso, que lo primero que hace es alimentar al conjunto de su población. Estados Unidos, en los años posteriores a su independencia, tuvo también su puja entre la oligarquía sureña productora de algodón y los sectores de una burguesía moderna más ligados a la industrialización, provenientes del norte de la región de la nueva Inglaterra. En ese proceso, finalmente, resultaron triunfadores los actores modernos, logrando que en las zonas productoras de algodón creciera la industria textil y llegaran inversiones, se desarrollara el ferrocarril para que la población de esas regiones quedara con trabajo estable, y en el largo plazo dejaran de ser peones rurales o esclavos. En Brasil, el campo siendo un actor importante, tampoco tiene el poder y centralidad que ostenta en nuestro país dado que en ese país es la industria el sector centralmente más dinámico, y el sector financiero que con la manufactura se disputan el ingreso subordinando a las clases rurales. Pero en Brasil, la industria ha generado industriales, algo muy distinto a la Argentina, donde la mayoría de los hombres ligados a la industria también tienen fuertes intereses en la actividad rural.

El debate en Argentina está pendiente desde la derrota del kirchnerismo en la 125. Pero también señalamos que parte de esa derrota del kirchnerismo es no haber profundizado el desarrollo industrial, cuando lo abortó en 2010/2011, producto de la caída de la actividad del 2009, la posterior restricción de divisas que le siguió como consecuencia de la caída de exportaciones, y el uso de reservas para pagar deuda externa; todos pasos adoptados al mismo tiempo que Argentina necesitaba seguir profundizando el modelo de desarrollo iniciado en el 2003. No lo hizo, empezó a usar las divisas para afrontar la deuda y no puso énfasis en desplegar una política de desarrollo industrial por múltiples motivos, entre los cuales podemos citar la ausencia de un sujeto social que la llevara adelante.

Macri, en cambio, como queda demostrado, viene a recoger el saldo de esa derrota del kirchnerismo. Si el gobierno anterior apuntó al desarrollo urbano, a la creación de trabajo asalariado y a la formalización de los mercados laborales, al uso del gasto público para reordenar el aparato productivo mediante el salario y la inversión más exportaciones y la generación de superávit comercial también generado por la industria, producto de haber ganado mercados y haber apostado fuertemente al fortalecimiento del Mercosur; el gobierno actual viene a establecer en un sentido claramente opuesto, donde carecen de relevancia y centralidad tanto los asalariados como los industriales, un proyecto primario exportador donde el eje desplazado se transmite a los sectores rurales, a la productos de saldos exportables de la agricultura y la minería en un futuro, desactivando no sólo la industria sino su organización complementaria con las corrientes de producción y comercio como de obra pública dentro de los acuerdos regionales. MM avanza sobre otra integración regional mirando al Pacifico con el agro como aliado minimizando la integración industrial del complejo automotriz con el bloque regional latinoamericano como mercado. Cambiemos es menos industria y más sector primario, y eso es bloque de dominación de intereses rurales y tradicionales por encima de las clases urbanas, tanto asalariadas como propietarias de actividades modernas con eje en la industria.

En los años que vienen, la política se tiene que hacer cargo de este debate, lo tiene que recrear pues de lo contrario, el campo con su innegable capacidad de manejo y mediante los negocios que tiene con los medios - las exposiciones rurales, los escenarios creados a los productores de insumos agropecuarios, las cadenas ampliadas de valor donde la ruralidad arrastra a los servicios financieros en su conjunto, etc.- apuntará a imponer su clásico y añejo discurso, aunque remozado lo suficientemente como para lucir moderno y acorde con las jóvenes generaciones conservadoras que integran la Alianza Cambiemos.

La lógica pampeana, que es hegemónica en el centro del país - las llamadas zonas núcleo-, se ha extendido en las últimas décadas a Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Chaco, pues se han movido como consecuencia del progreso las fronteras agropecuarias.

En definitiva, como siempre ha ocurrido en la historia de las pujas por liderazgos y hegemonías, el debate es quién se apropia de la renta diferencial primaria, sea esta minera o agrícola, y cómo se distribuye el ingreso en función de la diversificación social y productiva. Macri ya resolvió, mediante su política macroeconómica la baja de retenciones, y devaluando le devuelve a este sector la posibilidad de ejercer liderazgo en contra de los sectores urbanos con holgados recursos financieros detraídos de asalariados, habitantes de los consumos populares y también industriales y servicios, que se desploman conforme se desactivan los incentivos del modelo anterior.

Ahora, en el gobierno y en la oposición, además de la sociedad civil, la política tiene la palabra

Buenos Aires, 15 de agosto

*Economista y docente universitario. Ex director del Banco Central de la República Argentina.

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acerca del lumpenaje político



La aparición en el video de apertura de la "patota menemista" operando en la SRA en los año 90 muestra de manera simbólica el apoyo de "sectores populares" a gobiernos neoliberales - condensados acá en el lúmpenaje violento - y es - insistimos - solo un símbolo del anclaje social que normalmente acompaña a los proyectos de exclusión. Articulación social que pone nuevamente en discusión el tema del lumpenaje político modelado bajo el formato de "organizaciones populares" y demases formatos "organizativos" ad hoc.

Lumpenaje no en orden a la definición sociológica tradicional de "lumpenproletario" construída en base al paradigma del desarrollo capitalista central , sino en el sentido más literario como resultado de la "beneficencia de agentes bonapartistas" , imagen retórica bellísima y de refinado humor, construída por Marx en el 18 Brumario :

" Bajo el pretexto de crear una sociedad de beneficencia, se organizó al lumpemproletariado de París en secciones secretas, cada una de ellas dirigida por agentes bonapartistas y un general bonapartista a la cabeza de todas. Junto a roués arruinados, con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, en una palabra, toda es masa informe, difusa y errante que los franceses llaman la bohème: con estos elementos, tan afines a él, formó Bonaparte la solera de la Sociedad del 10 de diciembre, «Sociedad de beneficencia» en cuanto que todos sus componentes sentían, al igual que Bonaparte, la necesidad de beneficiarse a costa de la nación trabajadora."

En el país estas sociedades de beneficencia son efectivamente formatos ad hoc, organizados para operar y así acceder a financiamiento público o muy eventualmente privado, sin otra legitimidad que la brindada por la ausencia de estado y la que estos grupos se autoadjudican con retórica romántica y normalmente constituyen uno de los soportes de base "popular organizada" del neoliberalismo.

2 comentarios:

guillermo p dijo...

Respecto del artículo de A. Bocco al que suscribo: "...remozado lo suficientemente como para lucir moderno y acorde con las jóvenes generaciones conservadoras que integran la Alianza Cambiemos", no hay caso, tarde o temprano muestran la hilacha.
De cualquier manera creo fervientemente que no tienen fururo. Son un espectro del S XIX.

Nando Bonatto dijo...

No me desdeñe caracho el rol revolucionario de los pools de siembra...los camaradas del PCR tienen claro el papel del campesinado patriota aliado al buenazo de Toty Flores