7/04/2016

estamos muy bien ...


Del canibalismo de los muchos al canibalismo entre los pocos: hacia un país inviable



Por Mónica Peralta Ramos *
El estancamiento de la producción y la especulación financiera han engendrado en el primer mundo un torbellino cuyas fuerzas centrípetas golpean, como esquirlas, a la periferia. Este vértigo constituye el contexto en el que se ancla, y encuentra sus límites, el proyecto del actual gobierno. El análisis del impacto de estas turbulencias sobre la estructura de poder local configura un camino que conduce al talón de Aquiles del gobierno de Macri. En lo que sigue abordaremos las principales políticas económicas aplicadas a lo largo de los últimos seis meses analizando los conflictos que provocan, no solo a nivel social sino, principalmente, en el seno de los sectores más poderosos de la economía. Esta pugna sin resolver impone severos límites al gobierno y lo conduce a un callejón sin salida. Se reitera así la paradoja que ha signado la historia argentina desde sus orígenes: los que más tienen no pueden conciliar sus respectivos intereses inmediatos ni pueden hacer concesiones al resto de la sociedad. En lugar de ello, “van por todo”, canibalizan al país entero y en el proceso se comen los unos a los otros. Esta nota intenta abordar el análisis de este conflicto que –más allá de la subjetividad de los actores involucrados– se enraíza en la estructura de poder global. Desde nuestra perspectiva, configura un punto débil, un ojo ciego que empuja al país hacia una encrucijada sin salida. Conocer este punto débil implica, como lo sugiere el mito griego, la posibilidad de cambios decisivos en las relaciones de fuerza que saturan nuestro presente.
La Argentina tiene una estructura de poder basada en el control monopólico/oligopólico de sectores de importancia estratégica para el conjunto de la economía. Estas relaciones de poder constituyen un nudo gordiano que impide tanto el desarrollo nacional como la inclusión social sustentable. La inflación descontrolada, la corrida cambiaria, y la fuga de capitales son los lazos de este nudo gordiano. Estos lazos contribuyeron a la derrota electoral del peronismo en diciembre de 2015. Por ese entonces, una fuerza política apoyada por los más poderosos y por sectores populares y de clase media urbana / rural logró finalmente llegar al gobierno a través de elecciones. A pesar de su legitimidad de origen y del apoyo irrestricto que los medios altamente concentrados le brindan, las políticas de este gobierno erosionan su credibilidad. Ponen en evidencia una polarización creciente entre los que tienen más y los que tienen menos y echan leña al fuego de los conflictos de intereses entre los más poderosos.
Este gobierno dice que se propone alcanzar la pobreza cero. Sin embargo, las primeras medidas adoptadas han dado lugar a una multiplicación de la pobreza. A fin de “sincerar” la economía se eliminaron las retenciones a las exportaciones, se devaluó un 40 por ciento y se unificó al tipo de cambio en 14 pesos. Esto dio lugar a un violento aumento del precio de los alimentos y a la consiguiente caída del poder adquisitivo de los salarios. Además, se eliminaron los controles de cambio y las restricciones a las importaciones y se aumentaron las tasas de interés y las comisiones de los bancos. Así, el cambio de precios relativos y el aumento de las comisiones y de las tasas de interés “liberaron” en las dos primeras semanas una masa de ingresos a ser transferida desde los que menos tienen hacia los que más tienen. No todos los poderosos quedaron satisfechos con estas medidas. Mientras las organizaciones del campo aplaudían una transferencia hacia su sector estimada en 2000 millones de dólares, la remarcación de precios continuaba y exponentes de los exportadores industriales exigían la elevación del dólar a “por lo menos 16 pesos”. Asimismo, los exportadores de cereales mostraban su reticencia a liquidar sus divisas. La perspectiva de una nueva “liberación” de ingresos a partir del aumento de los precios de los combustibles y de la inminente eliminación de subsidios a las tarifas públicas aceleraba la “formación de precios” y su dolarización, a lo largo y a lo ancho de la economía.
Hacia fines de enero, en un contexto cada vez más caldeado por protestas callejeras y reclamos por la caída de los salarios, despidos masivos y el cierre de pymes, el gobierno convocó a las grandes empresas de todos los sectores de la economía a una reunión para “analizar la situación del país pensando en trabajar en la búsqueda de consensos que signifiquen mejoras en los índices de la economía nacional” (comunicado de la Jefatura de Gobierno). La reunión no logró los objetivos buscados y en febrero la inflación y la dolarización continuaban su curso y el dólar alcanzaba los 16. Poco tiempo después, organizaciones empresarias del campo protestaban ante una inflación que ya se “había comido” la mejora de ingresos obtenida en diciembre y alertaban sobre la enorme diferencia entre lo que se pagaba a los productores agropecuarios por sus productos y el precio final al que estos llegaban al consumidor. A su manera, apuntaban contra el control monopólico en puntos estratégicos de las cadenas de valor de los productos alimenticios. Muy poco después, se anunciaron aumentos superiores al 1000 por ciento en las tarifas eléctricas y otros similares correspondientes a las tarifas de gas y agua. Esto provocó un clamor social en todo el país. Mostró además que la pelea por la apropiación de ingresos se daba también entre empresas y con intervención directa del ministro de Energía, conspicuo representante en el pasado de la empresa multinacional ahora beneficiada con sobreprecios, y poseedor de una cuota de sus acciones.
Desde un inicio, la “apertura al mundo” fue la música de fondo de estas políticas. En otra nota hemos visto que este es un mundo dominado por la especulación financiera y el endeudamiento creciente. Un mundo donde el default está a la orden del día, donde más de 30 trillones de dólares de deuda pública tiene rendimientos negativos y buena parte de las actividades financieras tienen su rentabilidad degradada. Es un mundo donde la especulación con el valor de las monedas es cada vez más importante y donde el carry trade con el dólar (i.e. endeudamiento en dólares para especular con bonos, acciones etc., denominados en otras monedas) supera los 9 trillones de dólares. Para abrirnos a ese mundo el gobierno acudió al endeudamiento externo e insertó al carry trade en las entrañas del mercado financiero local.
Hacia el mes de marzo la deuda con los fondos buitre se saldaba adjudicándoles ganancias del orden del 1600 por ciento. Además se contraía deuda nueva por valor de 25 mil millones de dólares a tasas de interés fluctuando en torno al 8 por ciento. El enorme aumento de las tasas de interés y la liberación de los movimientos de capital aceitaban la bicicleta financiera y atraían a los capitales “golondrina”. Con tasas de interés de las letras Lebac fluctuando en torno al 38 por ciento, y un dólar estable o a la baja, estos capitales golondrina se aseguraban ganancias rápidas y extraordinarias. Sin embargo, cualquier cambio en la relación entre la tasa de interés local, la inflación y el tipo de cambio, al implicar mayor riesgo de pérdida de ganancias, iría a revertir el vuelo de las golondrinas. Esto obligó al BCRA a mantener un dólar planchado o a la baja, algo que fue resistido por los grandes tenedores locales de divisas y, en particular, por los exportadores y los bancos. También lo obligó a controlar la inflación, algo que como hemos visto, le resultó imposible de lograr.
Pronto fue evidente que el esperado aluvión de capitales golondrina llegó a la bicicleta financiera pero la afluencia de dólares no pudo evitar la “timba” desencadenada por la esporádica retención de la liquidación de divisas por parte de los exportadores y grandes tenedores de divisas. Esto obligó al BCRA a intervenir a partir de febrero en el mercado de cambios y a adoptar con poco éxito distintas medidas tendientes a armonizar el vuelo de las golondrinas, la veleidad de los grandes tenedores de divisas y las alternativas de la bicicleta financiera. Por otra parte, estos procesos lo obligaron a emitir pesos y derivaron en un aumento del déficit fiscal que, contradiciendo los postulados neoliberales, en mayo superaba al heredado. Asimismo, el BCRA se vio obligado a mantener las tasas de interés muy altas, cerrando así la posibilidad de inversión directa y de crecimiento de la producción y del empleo.
Estos seis meses muestran que el gobierno no pudo doblegar la inflación (42 por ciento anualizada), ni la corrida cambiaria ni la fuga de divisas: solo en el primer trimestre perdió por este concepto 3300 millones de dólares. Muestran además que “orden” y “sinceramiento” implican en la “lógica” del proyecto oficial: recesión, sustitución de producción interna por importaciones, achicamiento del mercado, empobrecimiento creciente de la población, mayor endeudamiento externo, y creciente fuga de capitales. Una lógica semejante intensifica todos los conflictos sociales y desemboca en un país inviable. Ante la invasión de importaciones y dólares golondrina los grandes capitales invertidos localmente remarcan precios y dolarizan, especulan con la bicicleta financiera y llegadas las circunstancias se convierten en grandes importadores y/o fugan capitales. Asimismo, el endeudamiento externo significa inexorablemente crecimiento exponencial de los intereses de la deuda externa. Esto, sumado a la recesión, al achicamiento de la producción y del mercado interno y a la caída de los precios de nuestras exportaciones –condenados a la baja por tiempo indeterminado por la coyuntura económica internacional– desembocará en mayor endeudamiento para pagar la deuda vieja y en un default no lejano. Por otra parte, ante el caos impuesto a las finanzas internacionales por la reciente salida de Gran Bretaña de la comunidad europea es posible esperar que el vuelo de las golondrinas bien pronto se convierta en el pesado aleteo de buitres sobrevolando los activos y recursos naturales del país. La tragedia de la Grecia de los últimos tiempos muestra las consecuencias nefastas que tienen estas políticas.
En un campo minado de conflictos y sin posibilidad de crecimiento genuino el gobierno impulsa la división de la oposición, y acude al engaño, la confusión y la anestesia de la población. Sin embargo, hay límites para el relato oficial. La naturaleza de los conflictos sociales saca a la luz del día la estructura mafiosa que corroe al poder económico y a las instituciones del país. De ahí la necesidad impostergable de crear un espacio de reflexión sobre el momento que vivimos y sobre el pasado inmediato que condujo a este presente. Un espacio que, superando el sectarismo y los enfrentamientos estériles, permita articular –de abajo hacia arriba– alianzas entre sectores sociales diferentes que tienen un interés común: el desarrollo nacional con inclusión social sustentable.
* Socióloga.

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