6/30/2016

schmid: de vías navegables a salomónico hacedor de sindicatos




Schmid: "Se acrecientan los despidos, pero no me animo a decir un número"

Rosarino, se inició gremialmente en Vías Navegables (embarcados) hace más de 30 años. Luego creó el Sindicato del Personal Embarcado de Dragado y Balizamiento.


De profesión, dirigente gremial. En la etapa actual, equilibrista, ni a favor ni en contra del gobierno nacional. Juan Carlos Schmid, cuadro intelectual del sindicalismo argentino, número dos de Hugo Moyano en la CGT, analizó para La Capital el momento político y gremial que vive la Argentina, a seis meses de gobierno macrista.

Jefe máximo del Sindicato del Personal de Dragado y Balizamiento desde hace 23 años, no se candidateó de manera explícita pero íntimamente sabe que tiene chances de convertirse en el secretario general de la CGT unificada, que surgirá en agosto próximo. "Todo se define en los últimos cien metros", puso distancia el rosarino, que mantiene su casa familiar en la zona oeste de la ciudad pero que, de lunes a viernes, se instala en la Capital Federal.

Al caracterizar la nueva etapa política, consideró que todavía "no está claro" si el gobierno de Cambiemos "es neoliberal, si lleva adelante un ajuste, tampoco si hay o no despidos masivos en la Argentina".

"Vemos una tendencia a los despidos, pero no tenemos los números", afirmó en su despacho de una pulcrísima sede central del sindicato, en la calle Piedras al 1600, en el barrio porteño de Barracas.

—Tras el enorme acto de las centrales obreras unificadas del 29 de abril parecía que el sindicalismo lo iba a condicionar fuerte a Mauricio Macri, pero no pasó nada...

—Han comenzado a aparecer desde el Ejecutivo medidas de naturaleza social: consejo del salario, pago a los jubilados, voltereta en revisar el cuadro tarifario que deja al desnudo la impericia del gobierno nacional. Además, no dijimos que íbamos al paro, esas fueron interpretaciones.

—¿La CGT cuestiona las formas del gobierno nacional, la dirección de las políticas, o ambas cosas?

—Ambas cosas. En cuanto a la dirección, a seis meses todavía no podemos decir con certeza cuál es el rumbo de las políticas económicas. Necesitaríamos un poco más de tiempo.

—Entonces, ¿para la CGT no estamos en presencia de un plan orientado en la ortodoxia económica, de ajuste, neoliberal, que transfiere recursos de la base de la pirámide social hacia sectores concentrados?

—No lo tengo claro todavía, a pesar de que aparezcan los primeros síntomas en todos los lugares, con problemas de ordenamiento de la economía. Lo que ellos llaman sinceramiento. De todos modos, se trata de un gobierno poblado por hombres que vienen del sector empresarial, que tal vez sepan sobre el éxito de conducir una compañía pero no tienen la vara social para saber qué ocurre con esas medidas en los sectores más vulnerables de la Argentina. Le hemos dicho al gobierno que está actuando sobre un país desigual, que viene desde hace años y no desde hace seis meses.

—Luego del acto sobrevino el voto por amplias mayorías parlamentarias de la ley doble indemnización para los despidos, tras lo cual llegó el veto presidencial.¿Por qué la CGT se quedó callada por entonces?

—Aparecen interpretaciones, incluso de compañeros del sindicalismo, que no se condicen con lo que expresamos en el acto. El documento del acto lo leí yo y no decía que íbamos al paro. Antonio Caló y Hugo Moyano fueron medidos en sus discursos. Es cierto que hubo un veto, pero también es cierto que aparecieron algunas medidas como la convocatoria al consejo del salario, que estaba programada para agosto, y que se adelantó. Luego, las del IVA para los jubilados. Creemos que fueron una respuesta, insuficiente, pero en un sentido distinto a las medidas que se habían tomado hasta ese momento. Nuestra visión es tratar de influir en los acontecimientos políticos del segundo semestre, y eso no se resuelve con un paro. Aunque tampoco está totalmente descartado.

—¿Cómo se pondera la pertinencia de una huelga? ¿Por qué ahora no y a otros gobiernos sí?

—Ahora estamos en recesión y un paro perjudicaría más las cosas, sobre todo al sector informal. Además, necesitamos construir una alternativa. Las medidas que necesitamos son todas de naturaleza política para cambiar el rumbo.

— Si las políticas económicas llevan a la recesión, y ésta perjudica a los trabajadores, ¿cuándo y cómo es el tiempo preciso de la lucha política de la CGT?

—Hay que decir que la CGT está en tránsito a la unificación y que estamos enfocados en esa tarea. Luego, necesitamos un diagnóstico concreto, económico y social. No creo que haya reactivación en el segundo semestre. Necesitamos un diagnóstico confirmado, ver qué ocurre con las mediciones de despidos porque venimos de un apagón informativo y luego, si amerita, un plan. Que no es un paro de 24 ó 48 horas. Con una huelga sola no hacemos nada.

—¿La CGT necesita una estadística oficial para saber si hay despidos o no?

—Hay datos de despidos en muchas partes, pero las partes no hacen un todo. No me animo a decir si tenemos 300, 400 mil despidos o más. No lo sabemos todavía, pero nuestra percepción es que se acrecientan.

—Habló de la reunificación de la CGT, ¿por qué ahora? ¿Qué situación novedosa en el país crea condiciones para esa instancia o, en todo caso, la hace necesaria?

—Primero, se terminan los mandatos. Luego, tenemos un nuevo gobierno, que además no es peronista.

—El fin de los mandatos parece un tema formal, la decisión de unificar sí tiene novedad y volumen político.

—No, no, para nosotros el fin de los mandatos es siempre importante. Además, los distintos sectores de la CGT consensuamos posiciones por el impuesto a las ganancias, el sistema tributario y la necesidad de ir hacia una nueva ciudadanía fiscal y que dejen de pescar en el balde del trabajo registrado. También advertimos sobre la inflación, que debía bajar. Lo tercero: nuestra firme convicción de que no tengamos condicionamientos para el derecho a huelga, por la amenaza latente de los servicios esenciales, un modo de condicionar a los gremios del transporte.

—Ya que nombra esas tres cosas, ganancias, inflación y derecho a huelga, ¿puede ser que estén igual o peor que el año pasado?

— Sí, pero hay que decir que en 2015 ya estábamos mal. Ahora estamos peor.

—¿Qué opina del fallo de la Corte Suprema que dispone que sólo lo gremios pueden decretar una huelga, no una comisión interna o la línea interna de un sindicato?

—El de la Corte es un fallo salomónico. Hay una ofensiva global contra el derecho a huelga. Creo que el derecho a huelga, si bien es individual, se ejerce de manera colectiva. Si paro solo, o una rama de la actividad y la otra no, voy a la derrota y me rajan. Se trata de un fallo que va en diagonal y que produjo críticas tanto de la CGT como de la CTA, incluso habiendo nombrado por primera vez a los sindicatos "simplemente inscriptos", que son los que no tienen personería. Por lo demás, en la lucha sindical, además tener la razón, hay que conseguir una correlación de fuerzas favorable, sino el paro fracasa.

—¿Y cuál es la crítica principal de la CGT al fallo?

—Muchos compañeros creen que el derecho a huelga lo deben ejercer sólo los sindicatos con personería, no los "simplemente inscriptos".

1 comentario:

Roberto Oscar iglesias dijo...

lo unico que pido que le den unos anteojos porque nada lo ve claro