El kirchnerismo se definió como un movimiento político a partir del ejercicio del poder, de la vida estatal, de la creación o financiación de medios. Sin una estrategia de rearmado y con arrestos individuales de organización, se torna imposible prever si el kirchnerismo como tal tiene futuro.
Néstor Kirchner llegó al poder sin una estructura ni un programa demasiado explícito. Seguramente los tiempos no lo permitían, pero hay allí una marca de origen que vive a futuro. Los rumbos a seguir fueron decididos una vez que se ocupó el Estado. Se podría decir que la historia kirchnerista es una vida estatal.
La Cámpora es un movimiento surgido desde arriba que luego fue incorporando militantes de base. Lo mismo sucedió con los medios afines, surgidos –salvo el caso de Página/12- al calor de la propaganda oficial.
El nombramiento de alguien como Sergio Szpolski a la cabeza de la estrategia kirchnerista de comunicación muestra una fe ciega en que ese proyecto tenía una larga durabilidad garantizada. No importaba armar medios a futuro con una presencia importante que sobrevivieran a las eventuales derrotas electorales. Estrategia cuya factura pagan hoy los trabajadores de prensa que no cobran y que seguramente perderán su empleo. Y a eso se suma, y no menos importante, que en el terreno de la información no existen hoy espacios sólidos que estén en condiciones de contrarrestar la andanada de la prensa oficialista.
Se puede pensar que tampoco existe una estructura política capaz de definir los rumbos de ejercicio opositor sino que, de manera inmediata a la derrota, empezaron el desmembramiento y las fugas, tras no haber resuelto con antelación los caminos a seguir, más teniendo en cuenta que se sabía con exactitud lo que iba a hacer el macrismo después de su victoria.
El menemismo, con ciertas diferencias, también se definió como movimiento a partir del ejercicio del poder. Una vez entregado el mando a De La Rúa, el menemismo empezó a languidecer y tuvo su definitiva acta de defunción con la decisión de Menem de no presentarse a la segunda vuelta con Kirchner –una decisión que fue cuestionada por sus principales espadas, entre ellos Alberto Kohan y Carlos Corach. Hoy el kirchnerismo debe enfrentarse a la práctica de vivir sin el poder e incluso sin territorio (los gobernadores han entrado en una especie de solipsismo y deciden sus posiciones de acuerdo a los intereses de las economías provinciales).
No pareciera haber una estrategia de rearmado y todo termina quedando librado a arrestos individuales y a protestas sectoriales que no encuentran una estructura que las pueda articular. Tampoco la había antes de la derrota pero la gran articuladora fue Cristina, quien ha optado por una estrategia de tono bajo, poco ambiciosa, como lo revela el proyecto de la fundación Patria.
Imposible prever si el kirchnerismo como tal tiene futuro. Lo que parece cierto es que no ha aprendido a moverse políticamente sin el Estado.
Buenos Aires, 4 de marzo de 2016
*Periodista

3 comentarios:
"Imposible prever si el kirchnerismo como tal tiene futuro. Lo que parece cierto es que no ha aprendido a moverse políticamente sin el Estado".Wait and see dicen los del norte, mira la que pasa en Brasil cuando tocan a Lula, mira los actos a los cuales ya Macri no puede ir, mira lo de ayer en Mendoza, no es kirchnerismo es empoderamiento . Cristina hablo bastante sobre esto.Parece que al autor de la nota no le quedo claro
En Brasil, el PT aún es gobierno. Lo que deja tu comentario en ridículo. A militar con la propia ahora.
La nota pretende descubrir algo que es obvio: cualquier gobierno que se enfrente en mayor o menor grado al establishment va a depender del manejo del estado que será su única herramienta para intentar enfrentar al poder concentrado.No es por lo tanto,algo que caracterice al kirchnerismo.Y la mirada un poco apresurada sobre el resultado final cuando solo van un par de meses,no me parece muy seria.
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