2/02/2016

devaluación y baja salarial: aquello que macri intenta hacer y no puede? o puede ...

Leemos sobre una aproximación al derrotero que hoy intenta seguir el gobierno macrista, realizado con la ventaja de su claridad conceptual y anticipación - el escrito es de noviembre del 2015- , no sujeto entonces a los vaivénes de la gestión cotidiana efectiva, que por lo general termina - como mínimo- borronéandolo todo más allá del relato progrecínico del compañero Avelluto y su comparsa.

Argentina: La voluntad política, la lógica económica y las correcciones macro que nos esperan


Por: José Fanelli (CEDES)
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De manera optimista, algunos analistas han argumentado que una depreciación de la moneda no sería excesivamente inflacionaria debido a que los productores ya han pasado a los precios los efectos esperados de la devaluación. Esta afirmación está en contradicción con la evidencia empírica en relación con la evolución de los precios relativos durante el año. Utilizando las fuentes alternativas al INDEC que están disponibles se observa lo siguiente.

En primer lugar, si la devaluación esperada se hubiese traspasado ya a los precios ello debería reflejarse en primer lugar en la evolución de los bienes transables. Sin embargo, en lo que va del año el precio de los alimentos evolucionó por debajo o a la par del valor de bienes no transables típicos como es el caso de varios servicios como educación o salud. En cuanto a las importaciones, muchas se han comportado como bienes no transables debido a la enorme protección de que han gozado gracias a las DJAI y otras intervenciones. Lo que ocurrió es de libros de texto (ignorados por las autoridades, no sabemos si a propósito); el gobierno fijó cupos para importar cada vez más rígidos y, por lo tanto, los importadores se apropiaron de beneficios extraordinarios por la vía de subir los precios. Así, no está claro cuánto de la suba de precios de los bienes importados se debe a anticipaciones de la devaluación y cuánto a apropiación de una renta extraordinaria creada por el gobierno.

En segundo lugar, antes que a las expectativas de devaluación, es mucho más simple atribuir buena parte del incremento de precios de los bienes no transables al hecho de que los salarios, dependiendo de la rama, han estado subiendo por encima o en línea con la inflación durante el año.

En tercer lugar, más allá de la cuestión de si existe una especie de pass-through "adelantado" es evidente que un motor fundamental de la inflación durante el año ha sido una emisión monetaria que se ha ido descontrolando a medida que lo requería un déficit fiscal que no paró de aumentar. Las restricciones de oferta combinadas con una política fiscal y monetaria expansiva sin dudas han creado inflación impulsada por la demanda.

Un punto clave es el siguiente. Si la hipótesis del adelanto en el traspaso de la devaluación a los precios fuera cierta, ello querría decir que en algún momento X de este año los precios empezaron a subir más rápido al hacerse cada vez más evidente que habría una corrección cambiaria. Pero el salario real no cayó, por lo que también los salarios habrían tenido éxito en incorporar la devaluación esperada. Ahora bien, si finalmente el gobierno devaluara todo lo que fue anticipado por firmas y trabajadores, a lo sumo el tipo de cambio real quedaría en el mismo lugar que estaba en el momento X. O sea, la devaluación no traería ninguna mejora en el tipo de cambio real que existía en el momento X y que ya en ese momento había dejado al país con cepo y sin reservas. La conclusión es que si hubo efectivamente traspaso adelantado desde el momento X en adelante, habrá que devaluar, por una parte, todo lo que se incorporó a precios y salarios desde el momento X en adelante y, por otra, todo lo que era necesario devaluar para corregir el tipo de cambio real atrasado que ya existía en X.

De lo anterior surge un hecho que está en cierta medida en las antípodas de la hipótesis del traspaso adelantado de la devaluación: si los precios no transables estuvieron subiendo de la mano de la inflación salarial y la expansión monetaria e igualando o superando el ritmo de incremento de los precios de los alimentos, eso significa que estamos terminando el año con más y no con menos distorsión de precios relativos. La brecha de tipo de cambio real, lejos de achicarse, se ha agrandado. Esto sugiere que habrá presiones inflacionarias significativas luego de la corrección.

Será imposible controlar las expectativas inflacionarias sin recuperar autonomía monetaria. De aquí que una condición necesaria para el éxito de un programa de estabilización es eliminar la actual dominancia fiscal. Para un Banco Central que no posee reservas, la única forma de controlar un ataque especulativo es la de manejar la liquidez en moneda local, lo que anticipa que probablemente habrá un período de tasas de interés altas como medida precautoria. Ese período será más corto cuanto menos se tarde en controlar las expectativas de inflación. Es decir, cuanto menos se tarde en hacer creíble la política monetaria, lo que a su vez depende de la capacidad para neutralizar creíblemente la amenaza de dominancia fiscal.

Para eliminar la dominancia es necesario reducir la demanda de financiamiento monetario de la tesorería, que ha llegado a niveles inmanejables. Para lograrlo, seguramente habrá que recurrir a una combinación de reducción del déficit –para lo que reducir subsidios tarifarios es una condición sine-qua-non– y nuevo financiamiento. Por esto último es central volver a los mercados de crédito y hacerlo sin tener que pagar tasas usurarias como las que ha venido pagando el gobierno por algunas recientes colocaciones. Es posible si se encuentra la forma de negociar la cuestión de los hold-outs. Pero también seguramente se intentarán otras vías complementarias vía organismos internacionales o negociaciones directas con otros gobiernos.

Independientemente del grado de traspaso y de la inflación, lo que es verdad es que el final del proceso sólo se dará cuando ocurra una cosa. Cuando ocurra que el costo salarial en dólares se reduzca lo suficiente como para poner el salario en línea con la productividad, de forma que la economía recupere su competitividad. La medida en que ese cambio del salario en dólares se convierta también en una caída del salario real dependerá de la forma en que reaccionen los precios no transables. Si estos suben poco luego de la devaluación, el salario real caerá menos. Y eso tendrá lugar sólo si las firmas no transables aceptan una caída en sus márgenes de ganancia.

¿Y cuando ocurre que las firmas no transables aceptan una rentabilidad menor? Hay dos circunstancias básicas: cuando no venden porque hay recesión o cuando enfrentan una competencia mayor de las importaciones, lo que se produce cuando aumenta la apertura de la economía. En cuanto a la primera circunstancia, la experiencia indica que los cambios en los precios relativos tienden a generar fuerzas recesivas y, en cuanto a la segunda, la eliminación del cepo va a dejar automáticamente la economía más abierta al eliminar los cupos de hecho que hoy existen. Así, cuanto menor sea el nivel de actividad y mayor la apertura menos va a caer el salario real. Claro que hay que considerar dos puntos adicionales: la recesión por sí misma deprime el salario real y, además, la apertura genera desocupación. Un factor que puede jugar a favor en cuanto a la recesión es el efecto riqueza positivo de que gozarán quienes han estado acumulando dólares en estos años.

En lo relativo al manejo de las consecuencias para perdedores y ganadores, más allá de las iniciativas en el plano político para evitar que la acción colectiva juegue en contra de la estabilidad, es clave volver a generar empleo. Y como el sector público está muy limitado financieramente, esa tarea estará fundamentalmente a cargo del sector privado. Las políticas públicas deberían tener una "obsesión" por lograr que la creación de empleos genuinos llegué lo más rápido posible. La experiencia previa no es mala. Luego de la crisis de 2002 la economía se recuperó generando empleo a tasas tres o cuatro veces más altas que la necesaria para ocupar a los que se incorporaban al mercado de trabajo y siguió creando empleo a muy buen ritmo hasta que los precios y las intervenciones empezaron a hacer lo suyo.

Podría pensarse que, como hoy la tasa de desempleo es baja –el gobierno de manera poco creíble afirma que está por debajo del 6%–, será difícil que el empleo privado se expanda sin generar presiones en el mercado de trabajo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la tasa de desempleo se mide sobre la base de una tasa de actividad muy baja, debido al efecto de trabajador desanimado. El potencial de expansión de la población económicamente activa por tal motivo puede asumirse que es sustancial. Además, hay que considerar que el sector público dejará de ser el gran demandante de trabajo que ha venido siendo. En relación con esto, las propuestas de campaña de poner en práctica planes ambiciosos de construcción de infraestructura parecen más que atinadas considerando su potencial para crear empleo y mejorar la competitividad de manera simultánea. Por supuesto, el éxito dependerá de la creatividad para conseguir financiamiento e involucrar al sector privado en esos planes.

En suma, todo lo que se puede anticipar es que la corrección del tipo de cambio real y los subsidios tarifarios es inevitable y que las autoridades deberán estar muy alerta justamente porque los "detalles" –incluyendo las reacciones políticas– son muy difíciles de prever. Puede ser útil pensar nuestra economía en términos de la situación que los economistas llaman de "filo de la navaja": la economía se viene desplazando por un sendero de tanta inestabilidad que la situación podría evolucionar en sentidos opuestos con gran facilidad. Esto es así en la medida que es muy difícil evaluar cómo y con qué intensidad cambiarán las expectativas. Pero lo que está claro es que si las autoridades se dan maña para dar señales claras de que la políticas económicas se mueven en el sentido correcto, muestran real cuidado en proteger a los grupos más vulnerables –por ejemplo, vía tarifas sociales– y privilegian la búsqueda de consensos políticos será más fácil guiar las decisiones de los agentes y de los grupos con capacidad de acción colectiva en función de recuperar el crecimiento.


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3 comentarios:

Erkekjetter Silenoz dijo...

Ja ja ja...

¿de dónde sacó al pascuato este oiga?
"Así, cuanto menor sea el nivel de actividad y mayor la apertura menos va a caer el salario real. Claro que hay que considerar dos puntos adicionales: la recesión por sí misma deprime el salario real y, además, la apertura genera desocupación" ¿¿¿¿????
Para terminar redondeando que el ajuste es "inevitable"

E' joda e'to..... como González Fraga que dijo que el sinceramiento tarifario es DEFLACIONARIO.....

Militonteando el ajuste ja ja...

Saludos

Artemio López dijo...

bueno es una posicion ideológica dura.

hosebe dijo...

Mas que una posición ideológica dura, a esta altura parece una tremenda burrada, siendo suave. ¿Estos tipos estudian? Hoy el presidente digo que hace unos días, el no sabia lo que es un HUMEDAL, y es INGENIERO. Che Bullrich hay que controlar las escuelas privadas.