1/08/2016

fundamentos teóricos del ceofascismo - gérard duménil y dominique lévy





La aparición
en la escena pública de un gobierno dominado por CEO de grandes empresas en posiciones estratégicas, genera inquietud y promueve interrogantes teóricos sobre su caractearización. 

Nominado inicialmente como Geofascismo el actual formato gubernamental, vale detenerse en algunas reflexiones teóricas que permiten intentar coneptualizar la nueva etapa abierta el pasado 10 de diciembre en el país. 

Leemos al respecto:


Preguntas planteadas a Gérard Duménil y Dominique Lévy ( por Bruno Tinel). 


1. Su obra se titula « The crisis of neoliberalism ». A pesar de que un número de ‘Actuel Marx’ fue dedicado a esta noción, ¿podrían explicarnos brevemente qué es para ustedes el neoliberalismo? ¿En qué sentido se trata de un fenómeno de clase? ¿Cómo se puede hablar de «éxito» del neoliberalismo ? 

El número 40 de Actuel Marx (2º semestre 2006) que nosotros habíamos coordinado se titulaba «¿Fin del neoliberalismo?». Contenía, efectivamente, un conjunto de exposiciones relativas a la naturaleza, las contradicciones y el porvenir del neoliberalismo. Por lo que toca a nosotros, no era la primera exposición que hacíamos de la naturaleza de este fenómeno, desde mediados de los noventa es un tema central de nuestra investigación. ¿Se podía pronosticar el fin del neoliberalismo? 

Plantear la cuestión era ya manifestar la conciencia del carácter necesariamente limitado en el tiempo de esta fase de la historia del capitalismo, pero, a decir verdad, ninguno de los colaboradores de este número de la revista había previsto las modalidades de un fin parecido, ni su rapidez ni su violencia. Pero bueno, estamos aquí, el liberalismo está en crisis y no se recuperará. El neoliberalismo es una fase del capitalismo en la que entró en el transcurso de los años 70 y 80. Es un hecho político, en el que toda la economía ha sido arrastrada, cuyo objetivo era acrecentar los ingresos de las clases superiores. Se puede incluso hablar de una “restauración” en la medida en que los ingresos de estas clases habían estado contenidos en el curso de los primeros decenios de la posguerra. A la vista de este objetivo, el neoliberalismo ha sido un éxito formidable en la medida en que los altos ingresos se vieron enormemente incrementados. 

Es de común notoriedad que el neoliberalismo ha estado en el origen del espectacular aumento de las desigualdades en Estados Unidos, en Europa y en la periferia. Los medios utilizados son bastantes familiares. Una nueva disciplina se impuso a los trabajadores: condiciones de trabajo más duras, un estancamiento (o regresión) del poder adquisitivo, una erosión de los sistemas de protección social… Las empresas fueron gestionadas en interés exclusivo de los accionistas. Hasta el año 2000, las tasas de interés fueron muy superiores al alza de los precios. Las políticas apuntaban al estricto control de la inflación mucho más que al pleno empleo.

Los mecanismos financieros fueron objeto de una desregularización salvaje. El libre cambio fue impuesto por los gobiernos, al igual que la libre circulación internacional de capitales, lo que permitió el desarrollo de las sociedades internacionales por todo el planeta. Estos dos últimos aspectos constituyen lo que se ha convenido en llamar «la mundialización neoliberal». Este orden social invirtió el de los primeros decenios de la posguerra. A pesar de la violencia imperialista de aquellos decenios (guerras coloniales, guerra de Vietnam,…) y de la destrucción del planeta, este periodo mostró ciertos rasgos sociales «progresistas», con diferencias importantes en cada país: aumento del poder adquisitivo de la gran masa de asalariados, reglamentación financiera, políticas industriales y de empleo, etc. 

2. Han hablado ustedes de «clases superiores». ¿Podrían precisar este concepto? Ustedes se interesan por la estructuración de las clases dominantes desde hace muchos años. ¿Quiénes son, a la postre los que se han beneficiado del neoliberalismo? ¿Qué entienden por «Finanzas»? 

Una de las particularidades de nuestro marco analítico es la importancia que se da a la clase de los cuadros , lo que en Estados Unidos se llama «managers» en la teoría del capitalismo de gestión. Para nosotros, el «encuadramiento » define una relación de clase, no solamente la propiedad de los medios de producción. En este terreno, compartimos con Jacques Bidet la tesis que ve en la organización un factor de clase al lado de la propiedad, incluso si la conceptualización no es idéntica. Nuestra visión es ternaria: las clases capitalistas, los cuadros y las «clases populares», con lo que designamos a los obreros y empleados. Por clases superiores entendemos las clases capitalistas y los cuadros. Estas son las clases que se han beneficiado del neoliberalismo La posición de los dos componentes no es la misma. 

En el establecimiento del neoliberalismo, las clases capitalistas han asegurado un cierto liderazgo. Lo que nosotros llamamos «Finanzas», son los sectores superiores de las clases capitalistas y las grandes instituciones financieras. Son estas finanzas las que han llevado la lucha por la afirmación del orden neoliberal. Pero esto no hubiera sido posible sin la colaboración de las clases de cuadros, particularmente de los cuadros financieros, que han llegado a ser progresivamente actores primordiales del cambio, de lo que nosotros llamamos el «compromiso neoliberal». Una vez más, hay que hacer mención aquí a las diferencias notables según los países. Por ejemplo, por razones históricas, esta adhesión de los cuadros ha sido más lenta en Francia que en Estados Unidos. 

3. ¿Entre su libro «Crise et sortie de crise» y «The crisis of neoliberalism» ha evolucionado su análisis de clase del neoliberalismo? ¿En qué se basa la alianza, o «la hibridación», de la que hablan en su libro entre estos diferentes sectores de la clase dominante? 

Digamos que el análisis se ha profundizado. Hemos desarrollado esta problemática desde hace tiempo en el plano teórico, pero el nuevo libro fija los primeros «clavos empíricos». 

En el análisis del reparto del valor añadido, por ejemplo, la evolución de los altos salarios es un fenómeno empíricamente crucial. En Estados Unidos no se observa una bajada de la cuota de los salarios y esta particularidad remite a dinámicas diferentes de bajos salarios y altos salarios (no solamente de « muy altos»). No se puede razonar en un marco analítico que opone los sectores de la plusvalía al valor de la fuerza de trabajo, considerando la masa de los salarios globalmente. La problemática binaria ya no funciona. Hay que distinguir: los beneficios (cuya parte en el valor añadido ha crecido), los altos salarios (cuya parte también ha aumentado) y los salarios de la gran masa de trabajadores (cuya parte ha disminuido). En esta recuperación, el marxismo tiene todas las de ganar. 

La crisis actual subraya bien la importancia de las clases de los cuadros en el capitalismo contemporáneo. Dentro de la crítica de los abusos del neoliberalismo, la estigmatización de los salarios muy altos, los paracaídas dorados, los bonos de los traders [operadores de bolsa], es un tema principal. Sin embargo quedarse ahí, realmente no es ver más que la punta del iceberg. Y sobre todo, es difícil hablar de un futuro post-neoliberal sin entrar en estas lógicas. En el análisis de la relación entre los sectores superiores de las clases capitalistas y de los cuadros, hablamos de «hibridación» en referencia a los mecanismos que observamos en la cúpula de las jerarquías de clase: «capitalistas» generosamente remunerados en sus salarios y altos gestores que entran masivamente en la propiedad del capital debido a sus muy elevados ingresos. Estas intersecciones dentro del plan de las remuneraciones se combinan con ciertas superposiciones en las funciones. La teoría y la empírica de estos mecanismos están aún por hacerse. 

4. El libro toma muy en serio una tipología de los órdenes sociales fundada en las dominaciones de clase y los compromisos correspondientes, ¿podrían describirnos sus líneas maestras? 

Todo parte de una visión ternaria de las estructuras de clases: capitalistas, cuadros y clases populares (empleados y obreros). Llamamos “orden social” a una configuración de poderes de clase, dominaciones y compromisos. Un primer criterio es la localización del compromiso: entre las clases capitalistas y los cuadros, o entre estos últimos y las clases populares. En el primer caso, el compromiso se establece hacia la Derecha; en el segundo, hacia la Izquierda. El compromiso neoliberal se analiza pues como un compromiso a la Derecha, y el de la posguerra, como un compromiso a la Izquierda. Se puede cruzar ese compromiso con un segundo. En cada uno de los casos, ¿qué clase del compromiso asume el liderazgo?

Por ejemplo, en el neoliberalismo, las clases capitalistas han tenido un papel dirigente. Hablaríamos de un compromiso «a la Derecha». No se puede excluir un compromiso así, hacia la derecha, bajo la dirección de los cuadros, un orden social de «Centro-Derecha». Simétricamente, se puede designar el compromiso entre los cuadros y las clases populares como de Centro-Izquierda si las clases de cuadros asumen el liderrazgo, como fue el caso después de la Segunda Guerra mundial. Una dirección popular significaría un compromiso verdaderamente de Izquierda.

5. Ustedes distinguen neoliberalismo, globalización y financiarización ¿En qué difieren estos tres conceptos? ¿En qué aspecto la noción de imperialismo les parece aún pertinente para analizar el neoliberalismo? 

Globalización y finaciarización remiten a procesos históricos, característicos del capitalismo en general. El neoliberalismo es una fase del capitalismo. Si hay a menudo confusión, es porque el neoliberalismo provocó una aceleración de los dos mecanismos primeros. De alguna manera, se puede decir que el neoliberalismo ha despertado los viejos demonios capitalistas que el orden social de la posguerra no había exorcizado de verdad. Los acuerdos de Bretton Woods, en 1944, habían hecho que se admitieran las limitaciones al comercio internacional y a los movimientos internacionales de capitales. Pero Estados Unidos no aceptó realmente este nuevo marco y trabajó, sin descanso, para sobrepasarlo. La razón es simple y tiene que ver con la segunda parte de la cuestión: el imperialismo. 

La posguerra nunca dejó de ser imperialista y, como tal, el nuevo orden social difícilmente podía acomodarse con restricciones al despliegue del capital a nivel mundial. Algunos países, por ejemplo en América Latina, desarrollaron desde el periodo de entre- guerras, modelos de «industrialización por sustitución de importación», que implicaban protección. Eso no podía convenir a los países más avanzados. La respuesta a la segunda parte de la pregunta se resume en pocas palabras: «globalización neoliberal» significa «imperialismo en la era neoliberal». 

6. Ustedes analizan la crisis del neoliberalismo como la cuarta crisis estructural desde finales del siglo XIX. ¿Qué diferentes tipos de crisis puede conocer nuestro sistema económico? ¿Qué es una crisis estructural? ¿Puede imputarse la crisis actual a una caída en la tasa de ganancia en Estados Unidos como sugiere una cierta ortodoxia marxista? 

Marx ya había hecho mención de periodos de gran perturbación como consecuencia de las caídas de la rentabilidad del capital. Este concepto remite a distintas situaciones de las «crisis» periódicas que marcan el ciclo económico, lo que en adelante se llamaría recesiones. Nosotros llamamos a estos periodos de varios años «crisis estructurales», otra manera de decir «grandes crisis». Pero las crisis de rentabilidad no son las únicas crisis estructurales, el capitalismo también puede atravesar crisis de otro tipo que nosotros llamamos «crisis de hegemonía financiera». 

Desde finales del siglo XIX podemos distinguir cuatro crisis estructurales: la de los años 90, la de 1929 y los años 30, la de los años 70 y la crisis actual. Dos de estas crisis pueden ser imputadas a fases de caída de la tasa de ganancia, la primera y la tercera, pero no la de 1929 y la actual. En estos dos últimos casos, la tasa de ganancia entraba en fases, aunque no muy acentuadas, de restablecimiento. Estas dos crisis tienen en común ser continuación de periodos de hegemonía financiera, es decir, de fases en las que las clases capitalistas (apoyadas por el poder de sus instituciones financieras) dominaban en exclusiva, o casi. 

La primera hegemonía financiera fue la de la nueva gran burguesía de principios del s. XX, que fue delegando ampliamente las tareas de gestión a los cuadros (el efecto de la revolución gerencial) y con el apoyo del nuevo sistema financiero. La segunda hegemonía financiera fue el neoliberalismo. En ambos casos, estos órdenes sociales fueron interrumpidos por crisis caracterizadas por la destrucción de una buena parte del sistema financiero y una muy fuerte bajada de la producción. 

Los mecanismos propios de las crisis de hegemonía son distintos de los de una crisis de rentabilidad. Estas crisis son la expresión del carácter insostenible de prácticas que conducen al levantamiento de todas las barreras a la extensión del dominio capitalista y al enriquecimiento sin límite de estas clases. Es el común denominador entre 1929 y la crisis actual. Desde el punto de vista de sus bases sociales, la diferencia principal entre las dos crisis de hegemonía es el papel cada vez mayor jugado por los sectores superiores de las clases de cuadros.


7. ¿Cuáles son los componentes principales de estas prácticas insostenibles? 

Hay dos aspectos principales. Se trata en primer lugar de la nebulosa de los mecanismos ligados a la financiarización, la globalización financiera y la búsqueda, por todos los medios, de altos beneficios. El segundo elemento, absolutamente propio de Estados Unidos, tiene que ver con la trayectoria económica (macroeconómica, podríamos decir) de este país, concretamente el crecimiento del endeudamiento (nacional o exterior). Es el encuentro de estos dos conjuntos de mecanismos, por medio del boom inmobiliario, lo que explica la crisis y da cuenta de las modalidades que ha revestido. 

8. La idea de los excesos de la finaciarización y de la globalización, como factor de la crisis, es fácil de comprender. Pero ¿en qué sentido no era viable la estrategia de las clases dominantes de búsqueda de altos beneficios? Ustedes adelantan la idea de que la exigencia de altos rendimientos más allá de todo límite, condujo a un «excedente ficticio». ¿Qué entienden por esto? 

En cierta manera, se puede decir que los dos primeros elementos, financiarización y globalización, son medios puestos en práctica para llegar al tercero, la creación de beneficios muy altos en el vértice de la pirámide social. Los límites que el New Deal y la posguerra habían puesto a los mecanismos financieros, a la mundialización financiera (uno de cuyos aspectos es el establecimiento de paraísos fiscales) y a la expansión de las sociedades transnacionales, fueron gradualmente levantándose, ya desde antes del neoliberalismo, pero con una celeridad enorme durante los dos o tres decenios que duró el neoliberalismo. Estas prácticas eran la expresión de los objetivos de clase neoliberales. 

De hecho el mismo neoliberalismo tiene su historia y, desde los difíciles años 80, terribles incluso para algunas regiones del mundo, estos procesos se aceleraron en los años 90 y se embalaron en los años 2000. Hablamos aquí de cosas conocidas: la formidable desregulación, las innovaciones financieras que de ello se derivaron, el crecimiento de las inversiones financieras dentro de cada país del mundo, el crecimiento de las inversiones de sociedades transnacionales (las inversiones directas), etc. Poco a poco se ha ido formando un marco imposible de dominar, tanto por los «mercados» como por las instancias centrales. 

Los procedimientos contables (sobre todo la evaluación de activos según los valores observados en los mercados o calculados mediante modelos matemáticos), la salida de activos de riesgo de los balances de las sociedades financieras, son otras tantas prácticas que hicieron que los cálculos de rentabilidad vinieran a ser ficticios al mismo tiempo que justificaban el pago de ingresos individuales delirantes (dividendos, altos salarios, primas,…). 

Estamos aquí en el límite entre la ceguera colectiva y la estafa. La desregulación y la preponderancia de los mecanismos globales sobre los mecanismos nacionales (como en la determinación de las tasas de interés) hicieron que las autoridades financieras perdieran (por su propia actuación) el control de estos mecanismos… Son cosas que describe y sopesa nuestro libro


2 comentarios:

Nando Bonatto dijo...

A leer el libro enterito,porque lo reproducido invita a ello

Unknown dijo...

Dos observaciones:

- La periodicidad de entre 35 a 40 años entre las crisis del sistema económico mundial

- La primera crisis de "hegemonía financiera" se cerró con la segunda guerra mundial. Actualmente, sumergidos en la segunda crisis de este tipo me resuenan las palabras del Papa Francisco indicando que estamos entrando en la tercera guerra mundial.