11/20/2015

yo creo que ellos vienen por todo, nosotros vamos por más, nunca menos...


En el año 2001, con 20 años, tuve mi primera participación en política: fui a tirar piedras a la plaza de mayo y a pedir que se vayan todos.

Empecé a estudiar economía, porque necesitaba entender qué estaba pasando. No podía creer que todo lo que me rodeaba fuera de terror. Teníamos una rotiseria con mi viejo, que toda su vida fue mozo en el congreso y en ese entonces un "plan económico" le había bajado el 13% del salario. En casa mi vieja hacia fideos casi todos los días y yo, que entendía bastante poco de lo que era estar corto de guita, me quejaba y le decía que dejara de cocinar siempre lo mismo.

La rotiseria se fundió. Recuerdo que a los obreros de la construcción les parecía muy caro el simple de milanesa y nos pedían que armemos algo más barato. Arroz con pollo. No les alcanzaba ni para pollo con arroz.

Creo que el día más triste no fue cuando cerramos, sino cuando la venta más grande que hicimos en un mediodía nos la pagaron con un Lecop, que resultó ser falso. Aún hoy, después de haber estudiado durante más de diez años economía, sigo sin entender ese problema: todos los Lecops eran falsos.

Yo seguía estudiando y trabajaba de noche para poder juntar 50 mangos por jornada y así bancar la facultad. Mi viejo una vez me dijo "nos fundimos, pero por lo menos vos vas a saber explicarme por qué".

Ahí me dí cuenta que ni siquiera eso. En la facu mucho no me explicaban por qué todo lo que decían esos libros que fotocopiabamos no funcionaba en mi país. Que el mercado todo lo arreglaba. Que había que bajar los sueldos para aumentar el empleo. Parecía un chiste de mal gusto.

Empecé a "militar" en la facultad, buscando esas respuestas a las desgracias de todos. Ahí por 2005 encontré a un tipo muy raro. Daba economía marxista y microeconomia y decía que el mercado no arreglaba nada. Que se necesitaba un estado presente que planificara, porque sino el que te planificaba era el mercado.

Al final del cuatrimestre discutí algunas cosas con él y me ofreció ser su ayudante de cátedra. Era ad honorem (gratis), porque la facultad no tenía presupuesto para pagarle ni a los profesores. Me gustó la idea, porque entendí que necesitaba trabajar mucho más para entender lo que nos pasaba.

En ese mismo año empezaron a pasar cosas raras. Un tipo muy particular, desalineado y desconocido le daba una patada en el traste al FMI, el foco de todas nuestras críticas "académicas". Por primera vez empecé a leer el diario con algo de interés. También le iba a decir No al ALCA y por primera vez esos economistas díscolos de la UBA empezábamos a sentir que la corríamos de atrás.

En el año 2007 conseguí mi primer trabajo como economista. Era un trabajo "en blanco". Hasta ese momento, todos mis trabajos habían sido en negro, hasta el primero, en el que vendía por teléfono servicio de telefonía larga distancia muy barato porque el mercado se había "desrregulado". El trabajo en blanco también implicaba tener una cuenta en el banco por primera vez.

Siete años después de mi primer cuenta bancaria, en el 2014, el gran diario argentino informaba que yo tenía una cuenta en Suiza, como parte de una operación multimillonaria de fuga de divisas encabezada por el HSBC. La información de las cuentas correspondía al año 2006. El gran diario argentino nunca publicó mi desmentida y el periodista tampoco acudió a la mediación, donde me hubiera gustado explicarle que yo en el año 2006 tenía 25 años y trabajaba en negro, por 50 pesos la jornada. Y que mi primera "cuenta" la tendría, repito, en el 2007. Varios compañeros sufrirían luego operaciones como esta. Ese profesor de la facu que me explicaba que el mercado no era la solución a nuestros problemas, sería acusado de cobrar un sueldo de $400.000 por mes en la recuperada YPF. Sin embargo, su rol en YPF era ad honorem, igual que esa ayudantía mía pero, esta vez, la gratuidad de su trabajo no respondía a la falta de presupuesto, sino a nuestras convicciones.

Esas mismas convicciones fueron las que me llevaron a formar parte de un gobierno que implementó en la práctica esas políticas económicas que nosotros escribíamos en los pizarrones de la UBA. En 2011, recién llegado me tocó participar en la recuperación de nuestra petrolera de bandera. Nuestro ingreso a la compañía estuvo lleno de nervios. No sabíamos qué nos esperaba. Nunca voy a olvidar esos minutos iniciales. Apenas ingresamos, la responsable de seguridad de la compañía nos acompañó al ascensor. Su seriedad y la tensión del ambiente eran casi equivalentes. Hasta que luego de que se cerró la puerta del ascensor, se me acercó al oído y con un tono cómplice me dijo "Los estábamos esperando".

Ese día pensé que nosotros, los jóvenes, también habíamos estado esperando hacía tiempo una cosa fundamental: que la política volviera a creer en nosotros. Porque yo nunca creí eso de que "los jóvenes no creen en nada". No, no. Los jóvenes siempre creímos en la política. El problema era que la política había dejado de creer en nosotros. Pero eso cambió.

Siempre digo que nosotros, los jóvenes que volvimos a la política gracias a esas transformaciones, cumplimos la mayoría de edad el 27 de octubre de 2010. Y a partir de ese día, nos empezamos a hacer cargo de transformar nuestros país. Mucho, poco, algo. Pero de intentar en base a nuestras convicciones. Que pueden estar bien, o pueden estar mal, pero por lo menos son eso, nuestras.

Entre esas transformaciones me tocó también participar del diseño del PROCREAR, porque nos parecía que un programa de viviendas era una buena forma de incluir y crecer. Un año después de eso, el Gobierno publicitaba el PROCREAR en la tele. Había beneficiarios de todo el país y uno de ellos era de Santa Rosa, La Pampa. Me emocioné hasta las lágrimas al reconocerlo. Jugaba a la pelota en un campito en esos veranos de mi infancia. Vivía en una casa muy humilde con sus padres. Ahora, en un "tres ambientes".

Hace cuatros años, esos mismos economistas díscolos de la UBA empezamos a pensar en un programa de inclusión juvenil. Lo hicimos como un ejercicio académico, pensando en lo increíble que sería poder lograr que los jóvenes dejarán se ser llamados Ni-Ni y que el Estado por fin les diera una oportunidad.

El 20 de diciembre de 2013, 12 años después de que estuviera tirando piedras pidiendo que se vayan todos, ese mismo profesor de la facultad que decía que el mercado no lo arreglaba todo, me confirmaba que ese sueño, el PROGRESAR, se iba a volver realidad. Y solamente dos años después, ya son 954.000 los jóvenes que hoy pueden PROGRESAR.

Si te llegó este mensaje es porque nos conocemos. Sabés quién soy, de dónde vengo. Por ahí hace mucho que no nos vemos y no nos hablamos. Perdón, han sido unos años muy intensos. Y seguramente hemos cometido muchos errores. Pero el único que no cometimos fue el de hacer algo que pueda ir en contra de las mayorías. A veces nos salió mejor, a veces peor.

Te escribo estas líneas porque te quiero pedir que el domingo vayas a votar a favor de lo que vos creas que es lo mejor. No vayas a votar en contra de nadie. Andá a votar con alegría y con orgullo. Pensá que pibes como yo no hace mucho tiempo dieron la vida por votar. Sabé que eso que algunos llaman el relato, no es nada más ni nada menos que la historia de miles y miles de personas, como la mía por ejemplo, que cambiaron para mejor. Quería que lo escucharas de mi propia boca, porque sabés quién soy y lo que me costó hacer algunos de mis más lejanos sueños una realidad.

Yo, el domingo, voy votar a Daniel Scioli. Lo voy a votar sin dudar. Lo voy a votar con felicidad y con mucha expectativa. Lo voy a votar porque estoy seguro que hay que optar por ese tipo de país. Lo voy a votar porque lo milité, porque veo lo que hay en frente pero, sobre todo, veo lo que hay por delante. Hay que seguir avanzando, hay que corregir los errores, hay que profundizar los aciertos y hay que entender que no hay hombres o mujeres mágicos. Hay países que deciden avanzar y otros que deciden retroceder. Y eso se decide todo los días. El domingo es un día más. Pero es uno bien importante.

Yo creo que ellos vienen por todo. Me puedo llegar a equivocar. De lo que estoy seguro, es de que nosotros, nosotros vamos por más, nunca menos.

Emmanuel.

4 comentarios:

Rodrigo Ariel Pizarro dijo...

hermosas palabras

Jorge Devincenzi dijo...

Excelente!

profemarcos dijo...

¿efectividad de la campaña hecha por el pueblo mostrando los logros del gobierno de Cristina y el miedo a Macri sin hablar de los logros propios de Scioli cómo gobernador?

claudio maxl dijo...

"Yo, el domingo, voy votar a Daniel Scioli. Lo voy a votar sin dudar. Lo voy a votar con felicidad y con mucha expectativa".
Mi expectativa es q Scioli "vote" a este ekipo economico y su proyecto d pais. (ekipo economico tan alejado d Bein, Blejer, Marangoni como el contrabandista PRO_cesado d Cristina, je).