7/06/2014

"yo pienso igual que mi marido"



La reivindicación de género de Evita era contundente y en estado práctico , también elaborada , compleja, persistente y superior a la observada en los socialismos realmente existentes entonces y aún hoy, si alguno así se denominara todavía!

Afirmación de género que queda muy clara conceptualmente en este discurso, dado casi en el fin de sus días.  Capaz de hacerse cargo del vínculo amoroso con Perón, no renuncia sin embargo a su autonomía en el "sí , lo merezco", al tiempo que se zambulle en el "amor de su pueblo", aguas que solo parecían propicias para EL líder. Complementa y también compite Evita , en un plano que como el amoroso, sabemos que no es joda. 

No es de extrañar entonces el sacudón que Eva propicia sobre la ideología jurídica dominante con consecuencias de notable trascendencia: El voto femenino como mecanismo de perdurabilidad del peronismo y conquista de género, que para Evita eran una sola y misma problemática. Lo personal y lo político.

Sobre otras (otras?) vicisitudes de género, leemos a Miriam Lewin :


–Acentúa el “casi”...
–Es que en estos casos, las leyes fueron más rápidas que la evolución del prejuicio. En aquella época, nosotros teníamos una sexualidad bastante libre en apariencia, pero éramos absolutamente pacatos, moralistas. Y teníamos el mismo prejuicio contra los homosexuales, prejuicio que siguió muy vigente en aquellas sociedades que nosotros teníamos como modelo. 

En la Cuba socialista, por ejemplo, hasta hace muy poco: Mariela Castro, la hija de Raúl, tiene el Centro Nacional de Educación Sexual que fue un refugio para aquellas mujeres y hombres que eran homosexuales perseguidos. Claro que a mí me resulta muy difícil condenar nuestros prejuicios en aquella época. Incluso los prejuicios que existían con respecto a los roles que teníamos que cumplir hombres y mujeres. No dejo de admitir, por supuesto, que las organizaciones revolucionarias eran machistas, pero toda la sociedad era machista. Y a las mujeres militantes, los hombres de esas organizaciones nos decían que nos íbamos a liberar cuando llegara la revolución. Que la revolución socialista iba a terminar redimiéndonos. 

–Que la cosa pasaba por aguantar un cachito más.... 
–Claro. No tenían sentido los reclamos feministas porque el socialismo iba a terminar con todo eso. Pero veamos, setenta años después de la Revolución de Octubre, yo fui a hacer una encuesta por las calles de Rusia en ocasión de unas elecciones. Y mientras los hombres contestaban por quiénes pensaban votar, las mujeres respondían, inevitablemente, y bajando la vista, “yo pienso igual que mi marido”. Si con setenta años de revolución no pudieron desembarazarse de esto, ¿qué podemos esperar nosotros? El socialismo no garantiza los derechos de las mujeres de por sí. 

–Usted dice que la sociedad cambió, en su gran mayoría. Esto parece cierto, se insiste, en su gran mayoría, con relación a la homosexualidad, pero no en cuanto a la sexualidad. Da la sensación de que se sigue creyendo, junto con Mirtha Legrand y un considerable porcentaje de la sociedad, que las violaciones no existieron ni existirán jamás...
–Bueno, pero eso ocurre...

–Pero ocurre también dentro de la militancia.... 
–A eso voy. El libro refleja situaciones muy disímiles. Violencia sexual con todos sus matices. Cada centro clandestino de detención tenía su peculiaridad. En algunos, las mujeres eran para los oficiales, en otros eran para los suboficiales y para la oficialidad quedaban los bienes materiales. En todos, el cuerpo de la mujer era el botín de guerra, pero se accedía a ellos con mayor o menor violencia física. En algunos centros clandestinos de detención hubo casos que tienen la característica del abuso sexual. 

–¿Cómo es eso? 
–El abusador sexual no viola. El abusador sexual privilegia, aísla, demoniza a su víctima y cuando su víctima tiene su voluntad arrasada y no tiene a quién recurrir en su fragilidad, ahí ejecuta el abuso. Los niños que son víctimas de abuso sexual denuncian muchos años después porque se sienten culpables y avergonzados. Porque tienen la fantasía de que ellos podrían haberse resistido. 

Lo mismo les ocurre a las mujeres que pasaron por estas situaciones en los centros clandestinos de detención. Nos olvidamos que las mujeres que, a cambio de ese sexo no deseado, no requerido, no buscado, obtuvieron una llamada telefónica para comunicarse con sus hijos menores que no sabían si estaban vivos o no, si habían sido arrojados a un orfanato o los habían matado. O por llamadas a sus padres ancianos. O por una mejor ración de comida. O por una promesa de sobrevida. Entonces, si estas mujeres sienten todavía, muchos años después, que no está completo el proceso por el cual se identifican como víctimas, es muy difícil que denuncien. Eso es lo que les pasa a las víctimas...

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